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viernes, 28 de julio de 2017

Aquellos Tiempos







Así nomás y de repente, un día todo cambió. La vida cambió. En aquellos tiempos, todo parecía un contrasentido. Todo era difícil. Los viejos aires fueron reemplazados por un ambiente sofocante. Lo que antes nos unía, la familia, la amistad, el respeto, la decencia, la honradez, todo eso se rompió. Fue un jarrón de fino cristal que de pronto se cayó de la mesa. Daba la sensación de que todo sentimiento de humanidad se había olvidado. El rencor. El resentimiento. Las injusticias. Las divisiones. La mentira. Y sobre todo la codicia. Esos parecían ser los nuevos valores. Las ideas del prójimo y del buen vecino se esfumaron. En aquel entonces solo había malas compañías. Nos habíamos convertido en una sociedad de enemigos, criaturas rabiosas y odiosos que con sus garras se torturaban entre sí. Un infierno donde los propios condenados eran los primeros cómplices del mismo pavoroso tormento que los agobiaba. O por lo menos, así era como se sentía el mundo en aquellos tiempos.  ¡Y pensar que todo aquello empezó con la idea de crear un paraíso! Todo el mal residió en el hecho de pretender impartir justicia fomentando el odio entre hermanos. No se logró el paraíso. En su lugar, se logró la ruina. De ese sueño tan prometido, solo quedaba, entre la sangre y la mugre, los vidrios rotos en el suelo. Una cruel estafa, eso fue todo aquello.


Un trágico y gigantesco error fue cometido. Unos timadores, con sus  nocivas supercherías y su retorica engañosa, embaucaron a una masa incauta. Nunca vimos ese Dorado de igualdad y paz que se ofreció.  Solo obtuvimos un futuro incierto y un presente fantasmal. La avaricia de unos y la ingenuidad de muchos causaron aquella pesadilla. Todos, tanto los que creyeron en las charlatanerías de esos bandidos como los que no, caímos en el abismo, un abismo cuyo fondo parecía no tener final. La destrucción no fue solamente de caracter externo. También fue en lo interno. Las heridas llegaron al alma. Ya no había personas. No había personas ni en las casas ni en las calles. Solo sombras de personas, seres aturdidos y confundidos que deambulaban entre los escombros tratando de sobrevivir en medio de una realidad de angustia, muerte y miseria. El país que algún día tuvimos ya no estaba. Se lo habían robado.¡Qué cosa tan terrible es extrañar a tu país aún viviendo en él! En aquel país, todos éramos exiliados. Estuviéramos fuera. Estuviéramos dentro. No importaba.  Sí, era la nostalgia. Más que los lugares, se extrañan determinados tiempos.  Siempre se desea  volver a ese periodo en particular donde uno fue feliz.  Siempre se quiere  la tierra donde un día la vida se amó. Siempre anhelamos recrear esos instantes de plenitud y calidez que vivimos en el pasado, instantes que con frecuencia asociamos a un espacio singular. "País": una palabra  que utilizamos cuando en realidad queremos decir hogar. En aquellos años, lo que  aspirabamos realmente  era recuperar nuestro hogar perdido. Simplemente eso.


Eran  los tiempos finales de la tiranía en Venezuela. Sus días ya estaban contados. Su caída era inminente.  Era un periodo de héroes y villanos, de triunfos y fracasos, de pobreza y riqueza, de sueños y  tristeza,  de locura y reflexión. Eran momentos  de aciertos y desaciertos, de esperanza y frustración, de lucidez e ignorancia, de lucha y apatía,   de mucha nobleza y  mucha  maldad. Todo era verdad. Todo era falso.  Era una época dura donde la luz y la oscuridad se entrecruzaban.

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 28 de Julio 2017 en la Columna Entre libros y montañas






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lunes, 24 de julio de 2017

Penumbra







La eterna penumbra.
El castillo destruido.
El terror de un sueño  gris.
El grito infinito de la noche.  
Un negro ejército sinfín.
El rugido poderoso de la bestia.
El miedo, la soledad.
La  oscura y orgullosa batalla.
Nube terrible y de espanto.
La tierra se estremece.
La guerra en el cielo está cerca.
Los demonios, sus carruajes.
Un latir de lanzas y metales.
El fuego, las flechas y el llanto.
La  lluvia, la duda  y el fango
La amargura, la nada y el fin.
Así son mis días sin ti.


Gustavo Godoy

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viernes, 21 de julio de 2017

Los Cantos de la Sirena






Mi historia, que a la vez es la historia de muchos, es simplemente un absurdo. Fue mi culpa, la suya  y la nuestra.  Ahora, que la ilusión se esfumó y veo todo más claro, puedo narrar lo que pasó. Necesito contarlo todo.  No es un relato hermoso pero  es sincero.


Un día en algún lugar y bajo circunstancias muy peculiares conocí a una mujer. Mi primera impresión de ella fue modesta. Físicamente, no era mi tipo. Y desde un principio me pareció una niña mimada. Sin embargo, había algo en ella que me llamaba poderosamente la atención. Luego de un par de encuentros casuales, la empecé a detallar. Por un lado, era una criatura creída, egoísta e inconforme, cuyo narcisismo resaltaba. Pero por otro, también fue cierto que era un ser sensible, inseguro y seductor, cuyo encanto hechizaba. Y así, de repente, su magnética persona, tan saturada con contradicciones y extremos, despertó en mí una curiosidad. He ahí la primera señal del peligro que me aguardaba y debo confesar que yo me lo busque.


Fue de ese modo como decidí invitarle un café para saber más. Quería averiguar sobre este interesante personaje. Luego de un par de evasivas y múltiples esperas, aceptó a mi invitación. Pero lo hizo con altivez, halagada y a la vez algo ofendida. Muy extraño. Puedo haberse negado pero, a fin de cuentas, aceptó. Francamente, su actitud principesca siempre me pareció ridícula pero yo tercamente seguí adelante con ese sin sentido. La curiosidad me dominaba. Entonces, asumí todo el asunto con una sonrisa burlona. Al fin y al cabo, una puerta se abría y yo la aproveche sin pensarlo.


Tanto esa como las demás citas que le siguieron confirmaron mis sospechas. A pesar de que todo transcurrió con normalidad, mi intriga fue creciendo cada día porque sentía en ella algo inquietante, algo perturbador. Detrás de su fachada amable, resuelta y divertida se escondía una soledad desesperada, una vida llena de miedos, secretos y dudas. Había algo roto. Estaba herida. Yo quise ayudarla. Sus temores, tan intensos y profundos, me atraían y yo pensaba en ella sin medida. Sus ansias de amar eran tan fuertes como su frígida convicción de no hacerlo. Se acercaba a mí y se alejaba de mí, de modo intermitente. Esa vacilante alternancia entre interés y desdén me enloqueció. Aquel juego macabro que inicialmente solo fue un mero entretenimiento se transformó con el pasar del tiempo en una obsesión, un capricho insensato cargado de agitaciones, decepciones y tonterías. Caí en la trampa sin salida de quererla sin querer. Un merecido castigo por mi descuido.


El amor es un acero misterioso y despiadado. El amor, cualquier amor, siempre nos revela nuestra pequeñez desnuda. Por eso es que a veces causa heridas tan profundas. ¡Se parece tanto a la locura! Es ilógico y enigmático. La vida deja de ser nuestra para ser de otro, de alguien que muchas veces no le importamos. ¡Triste realidad! Ahora, después de tantos años perdidos, solo me queda el amargo sabor de haber malgastado mi tiempo en ese solitario amor secreto. Tanta angustia, tanta ingratitud y tantos desvelos por nada. Una pena, la verdad, la de esta trágica ironía de haber amado tan apasionadamente a esa mujer, una mujer desagradable que en realidad nunca me gustó.


Gustavo Godoy


Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  21 de Julio  2017 en la Columna Entre libros y montañas


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viernes, 14 de julio de 2017

Una Vida Junto a Ti







Anoche soñé contigo. Soñé que vivíamos juntos en un país lejano. Tú estabas bellísima. Teníamos una linda casa de techos naranjas y caminos de piedra. El jardín era hermoso. Teníamos un árbol de limón, aunque no era muy generoso. El huerto cada día era más variado. Ya casi no comprabamos hierbas en el mercado. Había muebles afuera y plantas adentro. Todo era cómodo, suave y abierto. No provocaba salir a la calle. Yo tenía espacio para mis libros y tú, la cocina que siempre quisiste. Nos costaba trabajo mantener el orden pero de algún modo siempre lo lograbamos. Nada del otro mundo pero sí a un nivel aceptable. Aunque no lo creas, tú eras la más responsable de los dos. Yo me esforzaba aunque caía con facilidad en las distracciones. Pero tú me recordabas mis deberes, a veces dulcemente, a veces no tanto. Yo cuando me lo proponía hacía un gran trabajo. Pero debía seguir tus instrucciones exactas para que todo terminará en sana paz. Tú te veías contenta. También eras muy paciente y tolerante conmigo. De hecho, éramos muy felices. Ya no estábamos solitarios por el mundo. Éramos compañeros.


Usábamos el mismo champú y el mismo gel de baño. Pero tú siempre olías mejor. Los fines de semana los dedicábamos estrictamente a holgazanear. Comíamos tus deliciosas creaciones y descorchábamos una buena botella de vino. Veíamos películas una detrás de otra, y escuchábamos música sin parar. Siempre tenías en algún lado suministros de tus ricas galletas de chocolate y algún postre. De vez en cuando salíamos de fiesta  todo la noche. Bailábamos, bebíamos y celebrábamos con los amigos en algún lugar especial. En las vacaciones, nos íbamos de campamento a las montañas para regenerarnos. Todas las noches conversábamos bastante, siempre acostados en la cama o en el sofá grande de la sala mientras yo te acariciaba el cabello. Sin falta, nos saludábamos siempre con un beso y un abrazo. Era nuestra norma. A veces,  discutiamos y nos enojábamos. Pero a los días recapacitamos y lo hablamos. Teníamos nuestros acuerdos. Y nos prometimos siempre ser muy sinceros y muy respetuosos entre nosotros. Tratábamos de no imponernos muchas reglas. Lo importante era que la cosa funcionara y nos sintiéramos bien. Todo era válido pero si lo acordábamos como equipo.


Teníamos dos hijos y un perro. El mayor tenía seis. En el físico salió a mí, aunque tenía tus ojos y tus gestos. Era muy reservado y serio. Siempre veía nuestras infantiladas con una risueña desaprobación como el hombre maduro que era. Sus aficiones eran los dinosaurios y las miniaturas. Era muy tranquilo e inteligente aunque cuando se ponía bravo la tierra temblaba. El perro era de él aunque, a pesar de nuestro trato, nosotros éramos los que atendíamos sus desastres. La bebé tenía cuarto. Se parecía a ti en casi todo. Era muy traviesa y poseía grandes dotes de artista. Tuvimos que crear un taller de arte para ella en la casa con pinturas, materiales y objetos para que se pudiera expresar libremente. Ella era la que realmente le ponía  disciplina a la casa, de otro modo un tanto liberal. Da risa pero era cierto. Los dos eran hermosos y tiernos como su madre. Y los adorábamos con locura.

Anoche soñé contigo. Soñé que decidimos compartir una vida juntos. Soñé que por fin decidimos aplicar nuestras exóticas ideas y que realmente sí funcionaban. Cada día nos queríamos más y cada día éramos mejores amigos. No todo era fácil, pero nos teníamos el uno al otro. Yo no sé qué significa este sueño que tuve. No sé si fue un vistazo al futuro o la simple ilusión de algo que nunca ocurrirá. Pero la verdad es que no imagino realizar este sueño con otra que no seas tú. ¡Qué linda sería una vida junto a ti!


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  14 de Julio 2017 en la Columna Entre libros y montañas






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martes, 11 de julio de 2017

Entrevista Prensa Upel Impm






Universidad Pedagógica Experimental Libertador 
Prensa Upel Impm, Caracas 11.07.17



Gustavo Godoy, entre libros y montañas


Gustavo Godoy es un joven escritor, activista Social y Político e intelectual venezolano, que se destaca por su actividad literaria acompañada de acciones sociales como la preservación del monumento a la Paz.


Desde muy joven, experimentó una profunda inconformidad con la sociedad que le rodeaba, Tal vez por eso, desarrolló un carácter solitario y soñador y gracias a esa naturaleza perezosa y distraída que le caracterizaba, desatendía con regularidad los deberes.


Entonces, su madre Yvonne Peña de Javier, consideró imprudente darle el derecho a un televisor en su habitación, pensó que ver televisión estimularía su acentuada tendencia a la distracción. Ello lo obligó a evaluar en que ocupar su tiempo y como tenía acceso a la vieja biblioteca de su padre se convirtió en un lector insaciable de libros, lo cual le permitió comprender muchísimo mejor todo lo que leía en los libros y todo lo que pensaba, con el tiempo se convertiría en un joven escritor que goza de una alta aceptación y estima en su ciudad natal.
Actualmente vive en su casa de montaña en los Andes Venezolanos (Trujillo, Trujillo), escribe todos los viernes la columna “Entre libros y montañas” publicada por El Diario El Tiempo de la ciudad de Valera en Venezuela es colaborador de Revistas y medios alternativos en países como Costa Rica, Alemania, Argentina, Venezuela, entre otros.

Godoy, nos cuenta que La literatura, sobre todo la narrativa y la poesía, normalmente es apreciada por su valor estético, es una de estas cosas que se valoran por sí mismas y carecen como tal de utilidad, sin embargo, “también es evidente que la literatura es importante en otro sentido, la literatura nos sensibiliza, nos refina y nos abre a un mundo de posibilidades. Nos vuelve más críticos y más exactos. Agranda nuestro universo interior y exterior. Es una rebeldía ante lo considerado normal. No admite dogmas, ni pensamientos únicos. En ese aspecto, es muy útil porque está asociada a la libertad. Es una aliada eterna de la democracia y el antitotalitarismo”.

“Leer debe ser un acto voluntario; no se debe plantear como una obligación” expresa el joven escritor. “Cuando uno habla de la literatura con pasión, la gente se contagia. Si la sociedad presta más atención a los escritores y a sus obras, más lectores nacerán”. El problema es que ahora lo intelectual ocupa una posición periférica y por ello en la actualidad, la literatura es presentada como una actividad tediosa que solo atrae a una extraña y aburrida minoría.

“Es cierto que muchos jóvenes no leen literatura. Yo creo que una de las razones es la escuela, porque allí son obligados a leer libros de poco interés para ellos. Por ejemplo, El Mío Cid, La Ilíada, Doña Bárbara. Esos libros no motivan mucho al lector joven y novato. Hay otros libros que seguramente serían más estimulantes. Hay que conocer cuál es el interés de estos jóvenes lectores y así poder crear espacios para la lectura y la discusión con libros apasionantes, seguro más jóvenes se convertirían en asiduos lectores”

El columnista del diario El Tiempo, expresa que la imaginación, el lenguaje y la emoción son elementos estrechamente relacionados a la literatura. La retroalimentación entre estos es constante y, la brevedad, la simplicidad y la emotividad son tres palabras que podrían describir mi obra. La intención de este estilo es el derribar las barreras en el escritor y el lector creando un ambiente de intimidad y empatía. De esta manera, la literatura se convierte en una experiencia significativa.

“Existen elementos de forma y técnica, pero lo más importante es el alma del texto. Este debe transformar al lector de alguna forma. Debe causar asombro. Debe despertar emociones, dudas e inquietudes en la fibra del lector”

En relación a la Educación Universitaria, el joven escritor expresa que la educación universitaria necesita más conversación. En otras palabras, el educador debe dejar de ser una autoridad, o un simple representante de un aparato burocrático, para convertirse en un compañero. El estudio debe ir directamente a la fuente. Y estas tienen que ser sometidas a la crítica y al debate. Entonces, la literatura en su sentido más amplio es un pilar de este proceso. La universidad no solo debe ocuparse de producir trabajadores con conocimientos técnicos. También es un espacio para el mejoramiento personal. Debe formar seres pensantes. En este esfuerzo, la literatura es clave.

Como escritor y lector ¿cuáles recomendaciones puede darle a todos aquellas personas que quieran iniciarse en la lectura de una u otra forma? Primero, deben convertirse en lectores y re-lectores de buenos libros, no necesariamente los libros de moda. La calidad es más importante que la cantidad. Se debe escoger bien y luego hay que leer lento, acariciando los detalles. Estudiar el texto con paciencia. Releer mucho. También sería genial que mantengan un diario donde pueden anotar sus experiencias y conclusiones. Usar el diccionario. Y para perder la timidez inicial, es necesario entender que el escribir es algo muy subjetivo. Si eres sincero y te gusta a ti probablemente está bien. Los detalles técnicos son problemas de forma, no de fondo. Estos se pueden solucionar fácilmente con un editor que ayude a corregir, pero nunca las debilidades respecto a los aspectos técnicos, deben frenar una actividad que es mucho más elevada que las reglas de la real academia.


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viernes, 7 de julio de 2017

De las Relaciones y Otros Meollos



Existimos personas que, aunque aparentemos ser sociales, de hecho, somos grandes solitarios. Tenemos amigos,  muchos conocidos y diversas ocupaciones pero guardamos un secreto.  Vamos a las fiestas, a los cafés y a los matrimonios como todos los  demás pero participamos en todo eso con escepticismo y desconfianza. Sonreímos, hablamos  y convivimos entre la gente  pero siempre algo distraídos  y ausentes. Recorremos inadvertidos la multitud como  un explorador  de otro planeta que se mezcla entre los nativos disfrazado de igual pero que en el fondo sabe perfectamente  que no pertenece a ese lugar. Somos espectadores incrédulos  que habitamos el mundo desde  la distancia a pesar de estar sumergidos en él.   Incluso de vez en cuando podemos salir con alguien para jugar al romance ocasional, esas nubes pasajeras  que vienen y se van. Esos amores eternos, llenos de muchas promesas y pocos compromisos, que se caracterizan por su brevedad y su falta de esfuerzo.  Esos  momentos gratos y  perecederos que cuando se vuelven muy reales e intensos los convertimos en pasado. No es que no queremos caminar de la mano, desayunos los domingos y viajes  a la luna con alguien especial dentro de un feliz para siempre. En realidad, es otra cosa. En el fondo, deseamos amar a alguien pero le huimos a esas uniones insustanciales que distan mucho de ser conexiones genuinas y profundas. Preferimos respirar un  aire  independiente que caer presos   con personas no disponibles emocionalmente que confunden la comprensión, el cariño y el compañerismo con el cálculo socio-económico, la posesión y el reproche. El solitario quiere amar en serio, no un premio de consolación.

Son tantas las razones por los cuales  los solitarios nos hemos transformado en soñadores. Elegimos buscar consuelo más en la imaginación, en los libros, en la música y en el coqueteo inocente que en otras personas.  Elegimos apoyarnos en los vaivenes de nuestra rutina diaria y en las ilusiones, donde aún existe verdadera  pureza y esperanza. Lo que ocurre es que la mayoría de las personas están en una batalla feroz consigo mismas. Están rotas por dentro. Fingen ser fuertes para ocultar su fragilidad. Atacan anticipadamente porque están heridas.  Ladran no por valientes  sino por miedo.  Se esconden tímidamente detrás de las excusas y la banalidad. Exhiben el narcisismo, el egoísmo y el orgullo como trofeos  de una  guerra que se pelea afuera pero en realidad yace  dentro. Sus vidas reflejan sus almas. Las personas no aman porque así lo  desean. No aman porque no pueden hacerlo.

Amar es dar. Es una ofrenda y no un reclamo. Hay que ser próspero, generoso y valiente para poder amar. El inseguro se esconde porque no se cree capaz de sobrevivir a tantos peligros.  Crea fortalezas para aislarse detrás de los muros mientras son otros los que exponen su pecho desnudo a la vida dispuestos a recibir los golpes. Quien es capaz de amar  da desde adentro  porque tiene con qué dar. Siente dicha en acompañar a los demás en su crecimiento. En ser un puerto cálido y  hospitalario en este mundo hostil. Es un amigo, un apoyo.  Los verdaderos amantes son una  minoría marginada en estos tiempos de crisis  y modernidad. Son pocos  pero sin ellos nada tendría sentido. ¡Cómo hacen falta sus abrazos!

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  07 de Julio 2017 en la Columna Entre libros y montañas





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sábado, 1 de julio de 2017

Entrevista El Especial ( Literatura) Diario Los Andes



Están todos cordialmente  invitados a leer este reportaje.
Entrevista para el Especial sobre literatura en El Diario Los Andes, Valera, Edo Trujillo. Sábado 01 de Julio 2017 realizada por Andrea Briceño Toro junto a otros dos escritores trujillanos, Carlos Santiago Solarte , Fabiola Palomares. Gracias Andrea!


Gustavo Godoy

Qué es para ti la literatura ?
La literatura es la expresión simbólica de lo que llevamos dentro. Es algo íntimo y subjetivo. Es el arte de transformar las humildes  palabras del diccionario en un gran fenómeno estético. En realidad, es un encuentro con uno mismo. Es un asunto del alma.

Cuál fue el primer texto que te conmovió y por qué?
Ese texto misterioso no lo recuerdo. Se perdió en el tiempo. Pero desde niño me refugie en los libros y la imaginación para escapar el mundo de los adultos que siempre lo he considerado vulgar y frío.  Luego, con el tiempo descubrí que el escribir era el medio ideal para drenar muchas de las cosas que nos ahogan por dentro.  Porque no solo facilita un mejor pensar sino que también alivia muchos de los enredos del corazón.

Cómo y cuándo te inspirar a escribir?
Para escribir se necesitan tres cosas:  soledad, tiempo libre y estar enamorado. El escribir es algo constante. Es un oficio de tiempo completo. Lo que ocurre que en ocasiones las musas lo vistan a uno muy seguido y en otras no tanto.

El significado de la palabra, la emoción y el crear en su obra?
La palabra es la forma. La emoción es la esencia . El crear es el arte.

Tres palabras que definan tu obra?
Brevedad , simplicidad y emotividad

Cómo se diferencia del resto?
Siempre busco  crear un ambiente de intimidad e introspección. Siempre busco crear  empatía para  el lector se identifique con lo escrito y para que sienta que él fue quien realmente escribió la pieza y no yo. Así es como la lectura se convierte en un encuentro personal. Tambien se podria resaltar que en mis escritos predominan los temas universales y humanos, ignorando bastante lo local y particular.




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