Anny Cauz se fue a Marte para escapar de los problemas. Estaba cansada de los rollos y de los pesares del mundo. Entonces, decidió marcharse. La Tierra dejó de ser un lugar habitable para ella porque pasaba muchos disgustos.
Por eso un día, parafraseando a Mafalda, gritó .- ¡Señor conductor, pare que me quiero bajar!-
Y ella en Marte se bajó. Lo primero que vio al llegar a la estación terminal marciana fue a su tío lejano Cornelio Cauz que la saludaba sonriente mientras sostenía un bonito cartel que decía:
- Anny, ¡Bienvenida!-.
Le quedo chévere el cartel y hasta un globito tenía.
Los Cauz de Marte ya tenían muchos años viviendo allá. El buen tío Cornelio había crecido con el padre de Anny en un pueblito de Italia, hace ya muchos años atrás. No era hermano de éste sino primo, y muy lejano. Sin embargo, como habían vivido en el mismo vecindario y atendieron a la misma escuela, se tenían mucho cariño. Una vez adultos, los dos salieron de su pueblo natal hacia otros lares buscando mejores oportunidades. El padre de Anny zarpó a Suramérica y se radicó por allá, lugar donde nació Anny. Pero Cornelio decidió ir un poco más lejos y se fue a Marte.
Tío Cornelio era bajito, gordito y bonachón. Tenía bigote, el cabello negro rizado y la nariz redondita como una papa. A pesar de todos los años que llevaba en Marte aún hablaba con un fuerte acento italiano. Hablaba muy alto y siempre haciendo gestos con las manos.
Cada vez que algo lo indignaba, lo cual le sucedía a menudo, decía:
- ¡Mamma mia!-
Era aficionado a la ópera pero la única pieza que cantaba, sobre todo temprano en la mañana mientras se bañaba, era el funiculì, funiculà.
🎶
Jamme, jamme 'ncoppa, jamme jà,
Jamme, jamme 'ncoppa, jamme jà,
funiculì, funiculà, funiculì, funiculà,
'ncoppa, jamme jà, funiculì, funiculà.
🎶
Vivía con su esposa, Ruperta de Cauz, una señora muy noble y paciente que quería mucho a su esposo. Era una mujer de cabello blanco y algo rechoncha. Y muy pero muy buena. Ellos dos se conocieron en la escuela y se mudaron a Marte juntos. Ella cocinaba muy sabroso y su especialidad era la pasta. Su salsa al pesto era famosa en todo el sistema solar. Juntos llevaban una vida feliz y tranquila. Así era la familia Cauz de Marte.
Anny Cauz era una niña risueña, de mejillas coloradas y de cabellos pelirrojos. Usaba lentes y siempre llevaba una bufanda azul como símbolo de valor y libertad. Siempre estaba corriendo y corriendo de un lado a otro como el conejito blanco de Alicia en el País de las Maravillas, como con retraso. Nadie, ni siquiera ella, sabía a ciencia cierta lo que siempre tenía que hacer con tanta urgencia, pero cualquier cosa que fuera siempre debía hacerla con gran apuro. Era un poquito despistada y distraída. Y siempre hacía reír a todos con sus travesuras, sus graciosas ocurrencias y sus acciones inesperadas. Todos disfrutaban de su compañía porque junto a Anny todo era posible. Cualquier cosa podía suceder. Las matemáticas nunca fueron su fuerte. Y su memoria no era la mejor de todas, por decirlo de algún modo. Es decir, era un poquito desmemoriada. Algo que siempre causaba muchas risas.
Anny era muy independiente y no le gustaba que nadie la ayudara. Todo lo hacía sola y con gran misterio. Su pasión era el canto. Y la única manera de poderla ver sin tanto apuro era cuando cantaba. Cantaba y lo hacía como los ángeles. Era muy agradable poder escucharla. Anny cuando cantaba era feliz.
El único detallito que debemos agregar sobre ella era que cuando algo no le gustaba, que debemos confesar que ocurría muy a menudo, se ponía roja como un tomate y golpeaba el piso con el pie diciendo:
- ¡No, no y no! No me parece-.
Todas las personas que la conocían ya estaban acostumbradas a eso y sabían muy bien que la mejor manera de actuar en ese momento era del mismo modo que se actúa en el caso de encontrarse con un oso. Había que quedarse muy callado y muy quieto. Luego, esperar que se le pasara o retirarse lentamente y con mucho cuidado. Una vez que se le pasaba la rabieta, todo volvía a la normalidad. Y las risas y la alegría volvían como antes. Lo cierto es que todos la querían mucho porque Anny era una niña muy especial.
Ah, algo que no mencione anteriormente es que Anny cuando no estaba corriendo por todos lados o cantando, estaba escuchando música. Sí, música. Y a Anny le gustaba mucho la música del Brasil. Ella era como un carnaval ambulante. Samba, samba y más samba. Un día que estaba sola en su casa y ya estaba cansada de bailar tanta samba. Apagó la música. Y se puso a ver las noticias de la televisión. Todo lo que vio fue horrible. Guerras aquí. Crisis allá. Crímenes, pobreza, hambre, dolor. Y ella como tenía un gran sentido de la justicia y de la indignación se horrorizo.
El reportero de la televisión no había terminado de informar sobre alguna grave tragedia que aparentemente estaba ocurriendo por los lados de Somalia, cuando Anny se puso roja como un tomate y golpeando el piso con el pie dijo:
- ¡No, no y no! No me parece. Me voy. Ya no soporto vivir en este planeta.
- Pero, ¿para dónde me voy?- pensó.
- ¿La luna? No, allá son muy locos. ¿Plutón? No, allá hace mucho frío. ¿Júpiter? No, tampoco, allá es un lugar demasiado grande y revoltoso. ¿Venus? No, mucho menos, allá es demasiado caliente. -
- Lo tengo. Me voy a Marte- dijo con emoción.
De pronto recordó que allá en Marte vivía el tío Cornelio. Hasta ese entonces ella no conocía al tío Cornelio en persona. Pero ese mismo día lo llamó. Da un poquito de pena decirlo pero Anny básicamente se auto-invitó a Marte. Pero algo así no era raro en ella porque cuando una cosa se le metía en la cabeza no le prestaba mucha atención a los protocolos.
Muy decidida tomó el teléfono y dijo:
- ¡Alo!, ¿tío Cornelio? Es Anny. Prepárense que me voy a vivir con ustedes-
Y simplemente tranco. Al otro día, salió para allá.
El bueno de tío Cornelio aunque un poco sorprendido por aquella extraña llamada por parte de su sobrina no le quedó otra opción que recibirla en su casa. Después de todo, eran familia. Entonces, como ya lo dijimos al principio, la espero en el terminal con gran felicidad.
Al verla a lo lejos con su bufanda azul le gritó con su fuerte acento italiano:
- ¡Anny, bambina! Bienvenida a Marte. Vamos a casa a comer la pasta. Andiamo, andiamo.-
Tomaron un platillo taxi y se fueron a la casa a tiempo para la pasta.
Marte era un planeta sumamente ordenado y tranquilo. En Marte, no había guerras ni violencia. En Marte, no había crimen, ni pobreza. Nadie se enfermaba ni se sufría. Todos eran felices y nada iba mal. Los marcianitos, que eran seres pequeñitos, de piel verde, con antenitas y de voz chillona, tenían todo bajo control. En Marte todo funcionaba bien y todo era bonito. No había problemas. Algo que le gustaba mucho a Anny.
Los marcianitos amaban solo dos cosas. La ley y el chachachá. ¿Cómo? ¿El chachachá? Sí, así mismo es. Les encantaba el baile del chachachá. Y eso era a cada rato y por todos partes. A la más mínima excusa y, sin importar su actividad del momento, lo dejaban todo, formaban un trencito y comenzaba a cantar y bailar al ritmo de chachachá, con gorros, pitos, serpentinas y toda la paraphernalia.
- 🎶¡Llegó la hora del chachachá! ¡A bailar todos! –
- A las marcianos nos gusta el CHA CHA CHA.
- Aquí todos queremos al CHA CHA CHA.
- Donde vamos bailamos el CHA CHA CHA.
- ¿Cómo dice? Cha cha cha. Cha cha cha.
- ¡Todos juntos! Cha cha cha. Cha cha cha🎶
Bueno, bueno, OK. Ahora, seriedad. Otra de las tantas cosas que también olvidamos mencionar antes sobre Anny es que Anny era comerciante. Le encantaba vender corotos viejos. Entonces un día tocan a la puerta. Y apareció un marcianito vestido de cartero y le entrega una caja gigante al tío Cornelio. La caja tenía una etiqueta que decía:
- De la tierra para Anny con urgencia. Corotos viejos. -
Al ver la caja Anny la tomó y con alegría dijo:
- ¡Ah!, mi pedido. Gracias, tío Cornelio.
Al otro día, mientras sus tíos la observaban con asombro y curiosidad. Anny, con mucha seriedad y sin decir una palabra, tomó una mesa, la lleva al frente de la casa y le colocó un mantel rosado con blanco. Luego, puso un jarrón sobre la mesa y una flor amarilla dentro del jarrón. Y así montó su tiendita de corotos viejos en Marte. Por supuesto, la música no le podía faltar. Se ponía los audífonos y ¡la samba!
Como era muy independiente y no le gustaba que le ayudaran, sus tíos la dejaban sola y no le decían nada para que no se molestara. Nadie quería ver a Anny molesta. En la mañana, trabajaba en su tiendita y por las tardes ayudaba a la tía Ruperta con los mandados.
Desde que llegó a Marte, Anny fue la misma que cuando estaba en la Tierra. Vivir en Marte no la cambio. Eso era correr de un lado a otro con mucho apuro. Eso y el hecho de ser muy despistada ponían al tío Cornelio con los nervios de punto pero la tía le recordaba a su esposo que tenía que tener paciencia.
Le decía:
- ¡Paciencia, Cornelio. Paciencia!-
Al principio, Anny estaba muy feliz por estar viviendo en un planeta sin problemas. Pero a las pocas semanas de estar por allá se molestaba con frecuencia del mismo modo que lo hacía en la Tierra porque Marte tenía muchas leyes y casi todo estaba prohibido. Además, todo era trabajo y más trabajo. Solo el asunto del chachachá era divertido. Pero en términos generales era un planeta muy aburrido. Todos sus amigos estaban en la Tierra y los extrañaba mucho. Lo cierto era que a las pocas semanas de estar viviendo en Marte ya los marcianitos la tenían verde. Algo que es irónico porque la piel de los marcianos es, de hecho, verde.
Una tarde la tía Ruperta le pidió a Anny que fuera a la bodega para buscar unos ingredientes que necesitaba para poder preparar su famosa salsa para la pasta. Anny salió de apuro para cumplir con el mandado. Y en el camino se encontró con un parque lleno de flores. A Anny le gustaban mucho las flores. Resulta y acontece que como era muy despistada y siempre estaba con un apuro. Se enredó con su bufanda, se tropezó y cayó sobre la grama accidentalmente. No le pasó nada pero no se había terminado de levantar del suelo cuando empiezan a sonar las sirenas y se encendieron toda clase de luces. De pronto, salieron marcianitos vestidos de policía por todas partes. Eran muchos. Más de cien sino más. Salieron del piso, de los muros, de arriba, de todos lados. Llegaron también muchos platillos voladores de la policía marciana. El escándalo fue increíble. Un marcianito policía que se veía que era el capitán porque era gordito, con bigotes y con una gran placa en forma de estrella sacó un megáfono y dijo:
- ¡Ann Isabel Cauz, usted está en graves problemas! En Marte, está prohibido pisar la grama.-
En ese preciso instante, un platillo volador se posó sobre Anny y una compuerta en la parte de abajo de la nave se abrió. De pronto, sale una especie de tubo con luces que daban vueltas y succiono a Anny hacia dentro con gran velocidad. Y como un rayo, partieron a la estación de policía.
Ya en la estación de policía, la encerraron en un cuarto oscuro y dos policías marcianos, que para efectos de esta historia llamaremos a uno “el policía bueno” y al otro “el policía malo”, la empezaron a interrogar alumbrandola con una lámpara más grande que ella que no la dejaba ver nada porque la encandilaba mucho.
- Terrícola, ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? - gritó el policía malo desesperadamente y caminando en círculos.
- ¡Terricola, usted está en graves problemas!-
- Solo fue un accidente.- explico Anny
- La ley es dura pero es la ley. Sin ley, hay anarquía, terrícola. Aquí en Marte, usted viola la ley, usted va a la cárcel. - gritó el policía malo pegandole a la mesa.
- ¿Y por cuánto tiempo? - preguntó Anny angustiada.
- Aquí en Marte siempre se aplica la misma condena para todos los crímenes. Mil años de cárcel. - dijo el policía bueno muy serio.
- ¿Qué? Pero mil años de cárcel por pisar accidentalmente la grama en el parque es demasiado - exclamó Anny muy sorprendida.
- ¿Y le parece poco?- gritó el policía malo enloquecido golpeando esta vez a la pared.
- Usted en Marte viola la ley y usted va a la cárcel por mil años. Esta no es la Tierra. Nosotros tenemos orden. - dijo el policía bueno con gran orgullo.
- ¡Oh, no! ¡Ahora si estoy en problemas! - dijo Anny llorando.
Y un piano sonó gravemente: tan, tan, taaannn
Mientras tanto en la Tierra...
La noticia de su encarcelamiento no tardó mucho en llegar. Todos los periódicos del planeta tenían en su primera página una foto de Anny, roja como un tomate, llorando detrás de los barrotes de la cárcel marciana con titulares como este:
- Anny Cauz presa en Marte. Sera condenada a mil años. Detalles desconocidos.-
Lo ocurrido causó gran conmoción en toda la Tierra y todos, que la querían mucho, se preocuparon muchísimo. Pero sabían perfectamente sin necesidad de conocer todos los detalles del caso que Anny era inocente. Sin embargo, seguramente se metió en problemas por ser tan despistada y por estar siempre con sus apuros.
En cuestión de minutos ya había un gentío en frente de la embajada marciana para solicitar su libertad. Gritaban consignas y marchaban de un lado a otro con pancartas que decían:
- ¡Libren a Anny!- Ser despistada no es un crimen-
De vuelta en Marte y afuera de la estación de policía, se encontraba tío Cornelio con las manos en la cabeza y a punto de explotar de los nervios y de la preocupación. A su lado estaba la tía Ruperta también sumamente preocupada pero con una vianda de pasta en caso de que a Cornelio le diera hambre más tarde. Con ellos estaban reporteros de todo el sistema solar que vienen a cubrir el dramático evento, amigos de Anny y muchos curiosos. Lo cierto es que eso estaba repleto. No cabía ni una persona más. Y la tensión no se aguantaba. Era la locura.
Todos los canales de televisión estaban cubriendo el acontecimiento. Y todo el mundo, tanto en la calle como en las casas, estaban atentos y alertas de este hecho en pleno desarrollo.
- ¡Avance, avance, avance!- se escuchó en la televisión.
- Adelante Juan. –
- Aquí Juan El Chaparrito del canal Terravision.
- Reportando desde Marte en vivo y en directo para todo el planeta Tierra y más allá. Nos encontramos en frente de la estación policial marciana donde la cantante y comerciante de corotos viejos Anny Cauz ha sido detenida por sus crímenes. Estamos esperando la salida del alcalde de Marte que estará dando próximamente unos importantes y reveladoras declaraciones sobre este espeluznante caso que ha conmovido a todo el sistema solar. ¡Oh!, un momento. Ya sale el alcalde. Escuchamos. -
En ese momento se ve salir a un marcianito vestido con mucha elegancia. Tenía un sombrero de copa y en su cuerpo una cinta roja con las palabras:
- Gran alcalde de Marte-
Y dijo:
- Damas y caballeros, marcianas y marcianos, todas y todos:
- Antes de hablar me gustaría decir unas palabras. Los sucesos del día de hoy no tienen precedentes en la historia de nuestro muy pacífico planeta. Es decir, nos ha tomado a todos por sorpresa. Ahora bien, aquí en Marte somos sumamente respetuosos de la ley. Sin ley, hay anarquía. En Marte tenemos orden gracias a nuestro amor por la ley. La ley es dura pero es la ley. Entonces, leo: Ley marciana 1.239.873. Si en dado caso, una terrícola comete un crimen menor de modo accidental en Marte será perdonada, puesta en libertad y se le dará una segunda oportunidad. Es un regalo de Marte para la Tierra por ser los creadores del chachachá. Anny Cauz queda en libertad.-
En ese momento, se abre de par en par las puertas de la estación y sale Anny con una sonrisa de oreja a oreja, agitando las manos y saludando como una estrella de cine a todo el mundo que ya estaban como locos de alegría con la noticia. Los gritos, la música, el baile, los fuegos artificiales, las serpentinas. Fue lo máximo. Samba, samba y más samba. ¡je!
La gente no había celebrado así desde la última copa intergaláctica de fútbol. Ese día Marte y la Tierra eran una fiesta. ¡Qué rumba!
Ya en la casa de los Cauz y después de la pasta. Anny expresó sus intenciones de dar unas palabras.
Se levantó de la mesa y se dirigió al frente. Luego, con su cara muy seria mientras movía su dedito índice dijo con un tono muy solemne:
- Yo estuve en la cárcel solo por un par de horas. Sin embargo, ese tiempo me sirvió mucho para reflexionar sobre la vida.-
Y los Cauz se miraron con asombro por la profundidad de sus palabras y siguieron escuchando con gran expectativa.
Anny prosiguió como la misma seriedad:
- Los problemas siempre van a existir. Ya sea en la Tierra o aquí en Marte. Lo importante es tener la sabiduría de afrontarlos con paciencia. –
- Claro, mucha paciencia. ¿Viste, Cornelio? - dijo tía Ruperta, moviendo la cabeza y mirando a su marido.
- Sí, Ruperta. - admitió tío Cornelio con resignación.
- La felicidad está en uno. Debemos disfrutar las cosas buenas de la vida y tratar de mejorar las malas. Pero sin angustias ni amarguras. Tal vez no podemos cambiar al mundo nosotros solos pero sí podemos hacer un poquito más feliz nuestro pequeño entorno. De hoy en adelante seré otra. He dicho. Muchas gracias-
Después de compartir con sus tíos estos tan elevados pensamientos que expresó con tanta teatralidad, Anny asumió una pose triunfal, alzó la mirada orgullosamente e hizo una graciosa mueca con su boca esperando de reojo los aplausos.
- ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravísimo! - Los Cauz se emocionaron mucho con su discurso. Y con lágrimas en los ojos gritaban elogios y aplaudían sin cesar.
Se levantaron y corrieron a darle un gran abrazo. Y todos contentos saltaban de alegría.
Al rato se calmaron y después de un largo silencio. Anny de pronto volvió a hablar y dijo:
- O mejor me voy a Saturno. Tal vez en Saturno es mejor.
- ¡Mamma mia!-
- ¡Paciencia, Cornelio. patienciaaaaa! -
Y como aún estamos en Marte:
- ¡Llegó la hora del chachachá! ¡A bailar todos! –
- 🎶A las marcianos nos gusta el CHA CHA CHA.
- Aquí todos queremos al CHA CHA CHA.
- Donde vamos bailamos el CHA CHA CHA.
- ¿Cómo dice? Cha cha cha. Cha cha cha.
- ¡Todos juntos! Cha cha cha. Cha cha cha🎶
Fin
Dedicatoria: Este cuento está debicado a la cantante venezolana y trujillana Anny Cauz. Para Anny. Especialmente a la linda y traviesa niña que aún llevas dentro. Con mucho cariño y mi eterna admiración.
Gustavo Godoy
|
jueves, 2 de noviembre de 2017
Anny y los Marcianitos
viernes, 27 de octubre de 2017
A Mi Hija Imaginaria
En dado caso que algún día tenga una hija, me gustaría poder aconsejarla como es debido porque estaría en mis deseos que sea feliz. Y el tema del amor y la familia es central. Entonces, conversaría con ella y diría algo en sintonía con las siguientes líneas:
Querida hija, crea en la felicidad y gánesela con sabiduría. Primero, sepa que la felicidad está principalmente en uno. No necesitas de nadie y mucho menos de un hombre para ser feliz. Eres un ser humano completo, ya sea en compañía o en soltería.
Es posible ser feliz soltero y es posible ser feliz en pareja. Aunque creo, por experiencia, que la felicidad acompañada es más intensa. Pero también considero que la infelicidad acompaña es, de hecho, más intensa que en soltería. Es decir, entre solo y en pareja es mejor una vida en pareja. Pero es mejor estar solo que mal acompañado. Es por eso que estos asuntos no deben tomarse a la ligera. Si está en tus planes formar una familia, hágalo. Pero hágalo bien y sin improvisaciones. La vida familiar es muy bonita pero hay que saber hacer las cosas. Póngale empeño. Busque pareja con seriedad y escoja bien. Encuentre un buen muchacho. No para llenar vacíos o carencias tuyas sino motivada por tu consciente voluntad de construir un futuro compartido como compañeros en igualdad de condiciones. Recuerda que será tu acompañante vital y el padre de tus futuros hijos. No te dejes llevar por los primeros impulsos. Uno debe aprender a controlar las emociones. Cuando las pasiones se desbordan, causan grandes y lamentables errores más adelante. La disciplina y el autocontrol son claves en estos menesteres.
No le prestes una atención desproporcionada a lo superficial ni a las circunstancias pasajeras, como el estatus y el dinero. Cualquier limitación material que tenga de momento, con el tiempo las superará si el joven tiene determinación y capacidad. Sé paciente y tolerante con eso. Tranquila que si es buen árbol, dará buenos frutos, eventualmente. Y acuérdate que la atracción inicial es un instinto irracional. El verdadero amor se construye poco a poco con pequeños actos de bondad. Tal vez al principio no estés locamente enamorada de él pero si es noble y excelente vale la pena. Dale una oportunidad. Fíjate primordialmente en su carácter, en sus valores y en sus aspiraciones. Debe ser educado, respetuoso, responsable, formal, centrado y trabajador. Debe ser amable, comprensivo, conciliador y valiente. Debe ser humilde ante los reclamos y cumplidor de su palabra. Debe ser fiel a los acuerdos y razonable en la conversación. Definitivamente, aléjate de los fanfarrones, de los tramposos, de los arrogantes y de los rencores. Aléjate de los posesivos, de los inseguros, de los groseros, de los patanes y de los excesivamente miedosos. Hablen cuando sea oportuno de las necesidades prácticas de la vida. Hablen de casa, trabajo, y proyectos. Conózcanse. Disfruten. Conversen. Apóyense. Nunca se falten el respeto ni se descalifiquen. Por muy ilusionada que estés desde un principio nunca le permitas malos tratos. Hablen sus diferencias, y llegan a sanos convenios. No es fácil pero es sumamente necesario. Si luego las cosas entre ustedes no funcionan por fallas personales y divergencias irreparables, terminen la relación en sana paz. Pero no caigas en la amargura ni en la frustración después de la ruptura. Las decepciones amorosas son normales. Tómate un tiempo para sanar y aprende de la experiencia. Luego vuelve a buscar otro candidato esta vez más preparada.
Por último, no creas en los príncipes azules como los personajes de los cuentos de hadas. No esperes que nadie te salve de nada. Las relaciones exitosas se forjan con trabajo mutuo y mucho cariño. Será duro pero para triunfar debes poner mucho de tu parte. Si otros lo han logrado, seguramente tú también podrás. Si afrontas la vida con gallardía, lo que te espera será la felicidad.
Te quiero, te apoyo y deseo que cumplas todos tus sueños. Tu, imperfecto y a veces muy distraído, padre.
Gustavo Godoy
Artículo publicado en El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 27 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros y montañas
viernes, 20 de octubre de 2017
Sobre el Perdón
Con frecuencia se habla del perdón pero pocas veces se profundiza sobre ello como es debido. Casi siempre se aborda el asunto de un modo tan superficial que el concepto se pierde entre tanta oscuridad. En muchos casos la idea se corrompe tanto que incluso se llega a utilizar como chantaje. Porque quien transgrede siempre pide perdón y acusa de injusto a quien se lo niega. Invirtiendo de esta manera el lugar de la víctima y con el del victimario. Es decir, los hampones piden clemencia y al verdugo lo convierten en un villano.
El mundo está repleto de familiares, amigos y extraños que abusan reiteradamente de nuestra paciencia. Luego, pretenden que nada pase y que los daños que han ocasionado sean olvidados sin mayores consecuencias. Entonces, cuando llegan los reclamos se transforman en los grandes profetas del perdón para más tarde reincidir. Es por eso que el perdón malentendido es una injusticia. Ahora bien, el perdón para que sea provechoso debe servir al bien y alejarse de sus extremos, la indulgencia y la venganza.
Aquello que nos ofende en cierto modo también nos mide. Porque el cuchillo puede cortar fácilmente el papel pero rara vez logra romper la roca. La rabia, el rencor y la amargura que despiertan las injurias lo que exponen no es nuestro alto sentido de la justicia sino nuestras propias debilidades y carencias. Lo que necesitamos no es dañar a quien nos hizo daño. Lo que necesitamos es crecer. Las ofensas pueden ser verídicas pero la lesión que estas causan depende de nuestro grado de vulnerabilidad. Hay que ver las cosas con una perspectiva mucho más elevada. E interpretar los hechos con una visión mucho más amplia y generosa. Porque lo que nos lastima en realidad nos hace más fuertes. Los arrebatos, de hecho, nos hacen más independientes. Quien nos critica, en el fondo, nos hace importantes Quien nos envidia nos hace valiosos. Y quien nos rechaza y menosprecia realmente nos está haciendo un favor. Ni las nubes ni las fechas intimidan a la luna. El pasado es para el progreso, el aprendizaje y la reflexión, no para el odio. El odio es una carga.
Todos tenemos nuestras fallas y defectos. Nadie es perfecto. Es algo muy común que las personas tiendan a hacerse daño entre sí. Esto se lo debemos a nuestra inclinación natural por la codicia, la ignorancia y la flojera. En resumen, de pícaros, tontos y holgazanes está lleno el planeta. Hay que reconocerlo sin mucho alboroto. Las cosas son así.
El perdón es admitir que todos somos humanos y nos equivocamos. Además, es dar a los demás la oportunidad de reparar sus errores. Palabras menos, palabras más, el perdón es eso.
Esto, por supuesto, no quiere decir que debemos aceptar los ataques, los atropellos y los agravios con toda impunidad. Eso sería insano y ofensivo para la persona que debe defender su dignidad. El amor puede impulsar a un padre a perdonar las faltas de su hijo pero el deber lo obliga a corregirlo. Si pasa por alto sus faltas y no lo forma, estaría cometiendo un grave error. Es por ello que el perdón debe aplicarse correctamente para que sea noble.
Este proceso tiene dos partes. Primero, es importante sanar las heridas formando una piel mucho más gruesa. Segundo, es necesario educar con correctivos al injurioso. El perdón sin correctivos es indulgencia. Correctivos para castigar innecesariamente y no para edificar es venganza. El perdón libera mientras que sus extremos encadenan. Siempre el perdón debe incluir un elemento educativo y benéfico para que sea útil para las partes. Debe dejar una enseñanza. De lo contrario es tóxico y muy prejudicial. El perdón debe impulsar el bien, no incentivar el mal.
El perdón es un componente esencial para una vida feliz. Perdonar nos hace grandes.
Gustavo Godoy
Artículo publicado en El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 20 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros y montañas
viernes, 13 de octubre de 2017
Los Trabajos de Hércules
¿Por qué le ocurren cosas
malas a los hombres buenos? ¿Por qué existe el infortunio? ¿Por qué vive
desgracias el inocente? No hay persona más desdichada que aquella que no tenga
problemas. No hay carácter más débil e indefenso que el de
aquel que nunca ha sufrido contratiempos. No hay crecimiento sin oposición.
Porque solo es sólido y fuerte el
musculo que pasa trabajo. No es crueldad. Es lucha y esfuerzo. Los nuevos retos
fomentan nuevas capacidades. Por otro lado, el
confort exagerado todo lo atrofia.
Como sucede con las buenas espadas, las grandes almas se forjan en el
fuego. Es decir, la virtud necesita pruebas y dificultades para su desarrollo.
La moral se fortalece con el ejercicio, no durmiendo en los laureles. Sin heridas ni sacrificios, no hay mejoras sustanciales. El frágil desea lo fácil mientras que el fuerte pide desafíos. Pero para llegar
alto, se debe sudar. Los flojos se
quejan pero es más sabio ser constante como las hormigas. Se llega más lejos.
El espíritu se nutre con las experiencias, tanto buenas como malas. Porque la
vida no golpea ni arrebata, solo enseña.
El valor de una persona está
en la dignidad con la que afronta su destino.
Los problemas son inevitables. Estos siempre estarán presentes. Es
nuestra actitud ante ellos lo que realmente nos define. En otras palabras, en
la tormenta se conoce al piloto.
Hércules fue hijo del dios
Zeus y una mujer mortal. Se dice que la esposa de Zeus, la diosa Hera, celosa,
lo odio desde siempre y lo persiguió desde su nacimiento. A los pocos días de nacer la diosa envió a
dos serpientes para que lo devoraran pero el bebe gracias a su gran fuerza las
pudo matar solo con sus manos. Desde niño, fue instruido en el manejo de toda clase de
armas. Y al crecer se convirtió en el mejor de los guerreros. Su talla era tan
grande como su apetito y su sed. Era
noble y bondadoso. Y siempre usaba su habilidad para el bien. Sin embargo, un
desafortunado día Hera con sus artimañas lo llevo a la locura y por error mato trágicamente a sus propios
hijos. Al recuperar la cordura y reconocer
lo ocurrido, se dirigió atormentado al templo de Apolo en Delfos para
buscar una manera de redimir su crimen. El oráculo le dijo que debía encomendase
al rey Euristeo para que el monarca le
asignara doce trabajos imposibles. Solo con el cumplimiento de estos trabajos obtendría
la paz que tanto anhelaba.
En contra de todos los pronósticos, Hércules, al estilo de
un caballero andante, triunfo en cada
uno de ellos. Debido a su valor, destreza y determinación, Hércules no solo fue
perdonado por su crimen sino que también alcanzo la inmortalidad. Ahora es el símbolo
eterno de la persona que con la fuerza de su propia voluntad consigue superar
todos los obstáculos.
Los caminos de vida están
llenos de duras piedras. Las tristezas, las perdidas y los tropiezos son parte
natural del trayecto. No son razones para detenerse en lamentos. Todo lo
contrario. Son estímulos para seguir adelante. De las tareas difíciles
surgen los grandes héroes. Por eso es que los hombres se recuerdan no por la
suerte que han tenido sino por las barreras que han logrado vencer.
Mientras más borrascoso sea el sendero hacia
la cumbre, mayor será nuestro mérito.
Gustavo Godoy
Artículo publicado en El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en
varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 13 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros
y montañas
viernes, 6 de octubre de 2017
Los Laberintos
Los laberintos son
estructuras intrincadas y llenas de rodeos especialmente diseñadas para que la
gente se pierda en ellas. Entrar es fácil. Lo difícil es salir. Las prisiones
son diferentes. En una prisión uno no está perdido. Uno sabe perfectamente donde
está. El ingreso es generalmente involuntario y la salida depende de la
voluntad del carcelero. La función de una prisión es castigar y esta usa el
aislamiento y la soledad forzada como
métodos. Por otro lado, los laberintos son lugares intencionalmente mucho más complejos. Entrar a un laberinto usualmente es un acto
voluntario. Y a diferencia de las
prisiones generalmente los laberintos desconocen la figura del carcelero o algo
que se le parezca. El carcelero es la propia estructura. Esto se debe a que
estos sitios no usan la fuerza para envolver, sino el engaño. Mientras más ingenua sea la persona con mayor
facilidad será víctima de sus artimañas. Mientras más avance, más se perderá.
Hallar la salida es casi imposible debido a la desorientación que invade al
intruso al poco tiempo de estar inverso en él. Dentro, los giros del perdido
son tomados con azar y desespero ya que un mapa no está disponible, herramienta
indispensable en estos lugares por la
naturaleza enmarañada de sus caminos. La incapacidad de recordar el
trayecto recorrido o tan siquiera de saber a dónde está una salida lleva solo a
la frustración y al desconsuelo. El avanzar confunde porque quien está perdido
necesita puntos de referencia que lo orienten para superar de su situación. Siempre
hacen falta señales que nos indiquen el camino a seguir. El laberinto más que un castigo es un
obstáculo y más que un destino para el
culpable parece estar diseñado para enredar al inocente.
El Minotauro era una
criatura con el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro que vivía en la Isla
de Creta en los tiempos del Rey Minos. Se cuenta que nació como consecuencia de la relación entre la esposa del rey y un
toro. Hecho que siempre ha estado lleno de misterios y contradicciones. Luego,
el Rey, al descubrir su existencia, encomendó al arquitecto e inventor Dédalos la construcción de un laberinto que confinara al monstro. El
edificio se construyó y este sirvió de hogar para la bestia hasta el momento de
su muerte.
Según la leyenda, tras la
derrota militar que sufrió Atenas de las
manos del rey Minos, la ciudad fue forzada a enviar sacrificios humanos como
tributos al laberinto para satisfacer el
hambre de su temible inquilino. Los desafortunados elegidos debían entrar al
palacio del Minotauro para perderse en él y eventualmente ser devorados por
este. Eso transcurrió por mucho tiempo
hasta la aparición de Teseo.
Teseo, nativo de Atenas, se
ofreció voluntariamente como tributo.
Pero el héroe tenía un plan. No quería ser devorado. En su lugar, su intención era matar a la bestia. Ariadna,
la hermana del Minotauro, sirvió de cómplice para Teseo dándole el arma más
poderosa con la que una persona puede contar: Una estrategia. Con la ayuda de un hilo que ella le dio,
Teseo puedo recordar el camino de
regreso. Y ese fue el trágico final del famoso, y en cierto modo inocente, Minotauro de Creta.
Vivir una vida sin sentido
es como estar dentro de un laberinto. Y como en los laberintos, en la vida la única manera de salir airoso es con mucho
valor y mucho ingenio.
Gustavo Godoy
Artículo publicado en El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en
varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 06 de Octubre
2017 en la Columna Entre libros y montañas
viernes, 29 de septiembre de 2017
Las Familias Locas
Hay familias locas. Familias que piensan que ellos son los únicos decentes, los únicos buenos y los únicos cuerdos en todo el planeta. Mientras que ellos son los mejores, todos los demás son sospechosos. Estas familias creen que solo ellos saben cocinar, saben limpiar y saben pensar. Ellos, y solo ellos, son bellos y exitosos. Todos los demás son un fraude. Su visión y proceder están en la cúspide de la existencia. Su casa es siempre la más bonita de la comarca. Sus creencias son siempre las más acertadas. Y su estofado es indudablemente el más sabroso de todos. Todo aquel que ose en opinar lo contrario será tratado como un vulgar hereje. Solo lo que impera en la familia es lo correcto y natural. Más allá de la familia, solo existen salvajes, fealdad y platillos sin sabor. ¡Qué suerte, el haber nacido en esta familia!
Las familias locas nunca cometen errores y siempre tienen la razón. Lo saben todo. Bueno, sus jerarcas. Los demás van bien solo en la medida que obedezcan los sabios preceptos del orden familiar. La disidencia solo lleva al fracaso, rotundo e inevitable. Solo un insensato se niega a seguir su sabiduría. Los pensantes siguen consejo. Al fin y al cabo, es por su propio bien.
Esta locura, por supuesto, en la mayoría de los casos pasa inadvertida entre los que la padecen por el simple hecho de ser un delirio compartido. Es decir, entre ellos se dan aliento. Este grupo por su propia naturaleza compacta y cerrada se retroalimenta de la confirmación mutua. O sea, ellos mismos se declaran mentalmente sanos por clamor popular. Y no es sorpresa que la votación siempre sea unánime. Sí, unánime. Porque aquel que se atreva a refutar esta sagrada premisa es despojado automáticamente de su derecho al sufragio, por malagradecido y terco. Su voto no cuenta.
Cabe destacar que en toda familia loca siempre existe un mito de origen. Cuentos mitológicos que narran las grandes proezas de un pasado heroico y lejano. Hechos increíbles realizados brillantemente por sus nobles fundadores. Los padres y los abuelos. A veces incluso un hermano mayor. Seres de una trayectoria impoluta. Ilustres individuos cuyo prudencia se vio reflejada sin excepciones en su elevada moral sexual, en sus astutas decisiones profesionales y en su excelente gusto a la hora de escoger pareja. Trabajadores incansables, desconocedores del vicio y la mala educación, poseedores de claros objetivos y dueños de una mente lúcida e infalible. Verídicas historias de disciplina, obediencia, y triunfo. Sin lugar a dudas, dignos ejemplos a seguir.
El universo de las familias locas es inagotable. Se podrían escribir bibliotecas enteras sobre el tema. Es un mundo lleno de ritos extraños, costumbres exóticas y una fraseología terriblemente amplia. Reinos totalitarios ricos en risas y llantos. Absurdos, pero con muchos encantos. Un ambiente opresivo y dulce a la vez. La persona que descubra que ha crecido en medio de la locura debe aprender que para vivir entre locos lo mejor es sonreír y fingir ser uno de ellos. Pretender otra cosa sería una verdadera locura.
Gustavo Godoy
Artículo publicado en El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 29 de Septiembre 2017 en la Columna Entre libros y montañas
ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com
viernes, 22 de septiembre de 2017
Narciso y los Espejos
El problema con los espejos es su carácter ilusorio. En realidad, son un engaño. Cuando nos contemplamos en un espejo, no vemos objetivamente. Vemos solo una ilusión. Vemos la imagen que más nos complace. He ahí la trampa.
Al nacer, sentimos que todo nos pertenece. Esa fina línea entre lo interno y lo externo resulta algo borrosa. Para un recién nacido, lo subjetivo todo lo domina y el exterior es una mera extensión de sí. De hecho, el exterior no existe. El yo y el todo son la misma cosa. Esto es porque el infante carece de sentido de realidad. No entiende cuál es su relación con el mundo porque el se cree el mundo en su totalidad. Lo que no es él no existe. Lo interesante es que al crecer, con el tiempo, este fenómeno en vez de desaparecer se complica.
Un espejo es un objeto inquietante porque nos permite percibir al mundo como un simple reflejo de nosotros. Nos convertimos en el universo entero. En el espejo, vemos lo mejor de nosotros. El nos permite ver lo que queramos ver. Ahí nadie nos contradice. Es un lugar mágico donde la imaginación se transforma en realidad. Sin embargo, hay personas que sienten vergüenza al verse en un espejo. Esto es cierto tanto para los espejos como para las fotografías. Hay personas que sienten vergüenza de su imagen fotográfica. ¿Por qué ?
Sin lugar a dudas, este planeta está plagado de locos. Y la variedad es innumerable. Hay de todo tipo. Estamos los vanidosos. Seres inseguros que necesitan de los halagos para poder disipar sus dudas internas. Estamos los egoístas. Seres miedosos que necesitan poseer todo para sentirse más tranquilos. Estamos los frustrados y deprimidos. Estos son los eternos insatisfechos que encuentran injusticias en todos lados y viven como víctimas en el retiro, llenos de rabia y tristeza. Estamos los idealistas. Estos son los que se enamoran de algo para vivir de ese amor ingenuo. También estamos los narcisistas. Seres delirantes que han eliminado el mundo para poder interpretarse como mejor les convenga. Y la lista sigue infinitamente. Pero lo más seguro es que todos somos una mezcla de todas estas tipologías. Es difícil saberlo a ciencia cierta. Todo depende del individuo en cuestión.
El problema de los espejos es su carácter ilusorio. Y nada es más difícil de soltar que una ilusión. A veces, nuestro único consuelo son nuestras fantasías. Cuando Narciso se enamoró de su propia imagen en el espejo, toda su existencia se volvió familiar. Todo giró en torno a sus gustos, sus valores y sus delirios. Dejó de existir lo desconocido, lo hostil y lo peligroso. Sorprendentemente, el mundo se ajustó perfectamente a sus deseos y de ese modo su realidad se convirtió en un dulce paraíso. Era una ilusión, pero una muy bonita. Incomprensible para los demás, pero fascinante para él.
El mundo es un gran espejo. Lo que vemos revela más de nosotros mismos que del mundo en sí. Narciso se dejó seducir por los misteriosos encantos de su pequeño universo. Un universo fantástico pero, al mismo tiempo, hermoso. Siempre me he preguntado:De todos los finales posibles, ¿Por qué será que su final fue el de convertirse en una linda flor?
Gustavo Godoy
Artículo publicado en El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 22 de Septiembre 2017 en la Columna Entre libros y montañas
ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






