jueves, 2 de noviembre de 2017

Anny y los Marcianitos



Anny Cauz se fue a Marte para escapar de los problemas. Estaba cansada de los rollos y de los pesares del mundo. Entonces, decidió  marcharse.  La Tierra dejó de ser un lugar habitable para ella porque pasaba muchos disgustos.  


             Por eso un día, parafraseando a Mafalda, gritó .-  ¡Señor conductor, pare que me quiero bajar!-


Y ella en  Marte se bajó. Lo primero que vio al llegar a la estación terminal  marciana fue a su tío lejano Cornelio Cauz que la saludaba sonriente mientras sostenía un bonito cartel que decía:


             -   Anny, ¡Bienvenida!-.


Le quedo  chévere el cartel  y hasta un  globito tenía.


Los Cauz de Marte ya tenían muchos años viviendo allá.  El buen tío Cornelio  había crecido con el padre de Anny  en un pueblito de  Italia, hace ya muchos años atrás. No era hermano de éste sino primo, y muy lejano. Sin embargo, como habían vivido en el mismo vecindario y atendieron a la misma escuela, se tenían mucho cariño.  Una  vez adultos, los dos salieron de su pueblo natal hacia otros lares buscando mejores oportunidades.  El padre de Anny zarpó a Suramérica y se radicó por allá, lugar donde nació Anny. Pero Cornelio decidió ir un poco más lejos y se fue a Marte.


Tío Cornelio era bajito, gordito y bonachón. Tenía bigote, el cabello negro rizado y la nariz redondita como una papa. A pesar de todos los años que llevaba en Marte aún hablaba con un fuerte acento italiano. Hablaba muy alto y siempre haciendo gestos con las manos.
Cada vez que algo lo indignaba, lo cual le  sucedía a menudo, decía:  
-          ¡Mamma mia!-
Era aficionado a la ópera pero la única pieza que cantaba, sobre todo temprano en la mañana mientras se bañaba, era el  funiculì, funiculà.
🎶
Jamme, jamme 'ncoppa, jamme jà,
Jamme, jamme 'ncoppa, jamme jà,
funiculì, funiculà, funiculì, funiculà,
'ncoppa, jamme jà, funiculì, funiculà.
🎶
Vivía con su esposa, Ruperta de Cauz, una señora muy noble y paciente que quería mucho a su esposo. Era una mujer de cabello blanco y algo rechoncha. Y muy pero muy buena. Ellos dos se conocieron en la escuela y se mudaron a Marte juntos. Ella cocinaba muy sabroso y su especialidad era la pasta. Su salsa al pesto era famosa en todo el sistema solar. Juntos llevaban una vida feliz y tranquila. Así era la familia Cauz de Marte.
Anny Cauz era una niña risueña, de mejillas coloradas y de cabellos pelirrojos.  Usaba  lentes y siempre llevaba una bufanda azul como símbolo de valor y libertad.  Siempre estaba corriendo y corriendo de un lado a otro  como el conejito blanco de Alicia en el País de las Maravillas, como con retraso. Nadie, ni siquiera ella,  sabía a ciencia cierta lo que siempre tenía que hacer con tanta urgencia, pero cualquier cosa que fuera  siempre debía  hacerla con gran apuro. Era un poquito despistada y distraída. Y  siempre hacía reír a todos con sus travesuras, sus graciosas ocurrencias y sus acciones inesperadas. Todos disfrutaban de su compañía porque junto a  Anny todo era posible. Cualquier cosa podía suceder.  Las matemáticas nunca fueron  su fuerte. Y su memoria no era la mejor de todas, por decirlo de algún modo. Es decir, era un poquito desmemoriada. Algo que siempre causaba muchas risas.
Anny era muy independiente y no le gustaba que nadie la ayudara. Todo lo  hacía sola y con gran misterio. Su pasión era el  canto. Y la única manera de poderla ver sin tanto apuro era cuando cantaba.  Cantaba y lo hacía como los ángeles. Era muy agradable poder escucharla. Anny cuando cantaba era feliz.
El único detallito que debemos agregar sobre ella era que  cuando algo no le gustaba, que debemos confesar que ocurría muy a menudo, se ponía roja como un tomate y golpeaba el piso con el pie diciendo:
-          ¡No, no y no! No me parece-.
Todas las personas que la conocían ya estaban acostumbradas a eso  y sabían muy bien  que la mejor manera de  actuar en ese momento  era del mismo modo que se actúa en el caso de encontrarse con un oso. Había que  quedarse muy callado y muy quieto. Luego,  esperar que se le pasara o retirarse lentamente y con mucho cuidado. Una vez que se le pasaba la rabieta,  todo volvía a la normalidad. Y las risas y la alegría volvían como antes.   Lo cierto es que todos la querían mucho porque Anny era una niña muy especial.
Ah, algo que no mencione anteriormente es que Anny cuando no estaba corriendo por todos lados o cantando, estaba  escuchando música. Sí, música. Y a Anny le gustaba mucho la música del Brasil. Ella era como un carnaval ambulante. Samba, samba y más samba. Un día que estaba sola en su casa y ya estaba cansada de bailar tanta samba. Apagó la música. Y se puso a ver las noticias de la televisión. Todo lo que vio fue horrible. Guerras aquí. Crisis allá. Crímenes, pobreza, hambre, dolor. Y ella como tenía un gran sentido de la justicia y de la indignación se horrorizo.
El reportero  de la televisión no había terminado de informar sobre  alguna  grave tragedia que aparentemente estaba  ocurriendo por los lados de Somalia, cuando Anny se puso roja como un tomate y golpeando el piso con el pie dijo:
-            ¡No, no y no! No me parece. Me voy. Ya no soporto vivir en este planeta.
-            Pero, ¿para dónde me voy?- pensó.
-           ¿La luna? No, allá son muy locos. ¿Plutón? No,  allá hace mucho frío.  ¿Júpiter? No, tampoco, allá es un lugar demasiado grande y revoltoso. ¿Venus? No, mucho menos, allá es demasiado caliente. -
-          Lo tengo. Me voy a Marte- dijo con emoción.
De pronto recordó que allá en Marte vivía el tío Cornelio. Hasta ese entonces ella no conocía al tío Cornelio en persona. Pero ese mismo día lo llamó. Da un poquito de  pena decirlo pero Anny básicamente se auto-invitó a Marte. Pero  algo así no era raro en ella porque cuando una cosa se le metía en la cabeza no le prestaba mucha atención a los protocolos.
Muy decidida tomó el teléfono y dijo:
-          ¡Alo!, ¿tío Cornelio?  Es Anny. Prepárense que me voy a vivir con ustedes-
Y simplemente tranco. Al otro día, salió para allá.
El bueno de tío Cornelio aunque un poco  sorprendido por aquella extraña llamada por  parte de  su sobrina no le quedó otra opción que recibirla en su casa. Después de todo, eran familia. Entonces, como ya lo dijimos al principio, la espero en el terminal con gran felicidad.
Al verla a lo lejos con su bufanda azul le gritó con su fuerte acento italiano:
-          ¡Anny,  bambina! Bienvenida a Marte. Vamos a casa a comer la pasta. Andiamo, andiamo.-
Tomaron un platillo taxi y se fueron a la casa a tiempo para la pasta.
Marte era un planeta sumamente ordenado y tranquilo. En Marte, no había guerras ni violencia. En Marte, no había crimen, ni pobreza. Nadie se enfermaba ni se sufría. Todos eran felices y nada iba  mal.  Los marcianitos, que eran seres pequeñitos, de piel verde,  con antenitas y de voz chillona,  tenían  todo bajo control. En Marte todo funcionaba bien y todo era bonito. No había problemas. Algo que le gustaba mucho a Anny.
Los marcianitos amaban solo  dos cosas. La ley y el chachachá. ¿Cómo? ¿El chachachá? Sí, así mismo es. Les encantaba el baile del chachachá. Y eso era a cada rato y  por todos partes. A la más  mínima excusa y, sin importar su actividad del momento,  lo dejaban todo, formaban un trencito y comenzaba a cantar y bailar al ritmo de chachachá, con gorros, pitos, serpentinas y toda la  paraphernalia.
-          🎶¡Llegó la hora del chachachá! ¡A bailar todos! –
-          A las marcianos nos gusta el CHA  CHA CHA.
-          Aquí todos queremos al CHA CHA CHA.
-          Donde vamos bailamos el CHA CHA CHA.
-          ¿Cómo dice? Cha cha cha. Cha cha cha.
-          ¡Todos juntos! Cha cha cha. Cha cha cha🎶

Bueno, bueno, OK. Ahora, seriedad. Otra de las tantas cosas que también olvidamos mencionar antes sobre Anny es que Anny era comerciante. Le encantaba vender corotos viejos. Entonces un  día tocan a la puerta. Y apareció un marcianito vestido de cartero y le entrega una caja gigante al tío Cornelio. La caja tenía una etiqueta que  decía:
-          De la tierra para Anny con urgencia.  Corotos viejos. -
Al ver la caja Anny la tomó y con alegría  dijo:
-          ¡Ah!, mi pedido. Gracias, tío  Cornelio.
Al otro día, mientras sus tíos la observaban con asombro y curiosidad. Anny, con mucha seriedad y sin decir  una palabra, tomó una mesa, la lleva al frente de la casa  y le colocó  un mantel rosado con blanco. Luego, puso  un jarrón sobre la mesa  y  una flor amarilla dentro del jarrón. Y así  montó su tiendita de corotos viejos en Marte. Por supuesto, la música no le podía faltar. Se ponía los audífonos y ¡la samba!
Como era muy independiente y no le gustaba que le ayudaran,  sus tíos la dejaban sola y no le decían nada para que no se molestara. Nadie quería ver a Anny molesta. En la mañana, trabajaba en su tiendita y por las tardes ayudaba a la tía Ruperta con los mandados.
Desde que llegó a Marte, Anny fue la misma que cuando estaba en la Tierra. Vivir en Marte no la cambio.  Eso era correr de un lado a otro con mucho apuro. Eso y el hecho de ser muy despistada ponían al tío Cornelio con los nervios de punto pero la tía le recordaba a su esposo que tenía que tener  paciencia.
Le decía:
-          ¡Paciencia, Cornelio. Paciencia!-
Al principio, Anny estaba muy feliz por estar viviendo en un planeta sin problemas. Pero a las pocas semanas de estar por allá se molestaba con frecuencia del mismo modo que lo hacía en la Tierra porque Marte tenía muchas leyes y casi todo estaba prohibido. Además, todo era trabajo y más trabajo. Solo el asunto del chachachá era divertido. Pero en términos generales  era un planeta muy aburrido.  Todos sus amigos estaban en la Tierra y los extrañaba mucho. Lo cierto era que a las pocas semanas de estar viviendo en Marte ya los marcianitos  la tenían verde. Algo que es irónico porque la piel de los marcianos es, de hecho, verde.
Una tarde la tía Ruperta le pidió a Anny que fuera a la bodega para buscar unos ingredientes que necesitaba para poder preparar su famosa salsa para la pasta. Anny salió de apuro para cumplir con el mandado. Y en el camino se encontró con un parque lleno de flores. A Anny le  gustaban mucho las flores. Resulta y acontece  que como era muy despistada y siempre estaba con un apuro. Se enredó con su bufanda, se tropezó y cayó sobre la  grama accidentalmente.  No le pasó nada pero no se había terminado de levantar del suelo cuando empiezan a sonar las sirenas y se encendieron toda clase de luces. De pronto, salieron marcianitos vestidos de policía por todas partes. Eran muchos. Más de cien sino más.  Salieron del piso, de los muros, de arriba, de todos lados. Llegaron también muchos platillos voladores de la policía marciana. El escándalo fue increíble. Un marcianito policía que se veía que era el capitán porque era gordito, con bigotes y con una gran placa en forma de estrella  sacó un megáfono y dijo:
-          ¡Ann Isabel Cauz, usted está en graves problemas! En Marte, está prohibido pisar la grama.-
En ese preciso instante, un platillo volador se posó sobre Anny y una compuerta   en la parte de abajo de la nave se abrió.  De pronto,  sale una especie de tubo con luces que daban vueltas  y   succiono a Anny  hacia dentro con gran velocidad. Y como un rayo, partieron a la estación de policía.
Ya en la  estación de policía, la encerraron en un cuarto oscuro y  dos policías marcianos, que para efectos de esta historia llamaremos a uno  “el policía bueno” y al otro “el policía malo”, la  empezaron a interrogar alumbrandola con una lámpara más grande que ella que no la dejaba ver nada porque la encandilaba  mucho.

-          Terrícola, ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? - gritó el policía malo desesperadamente y caminando en círculos.
-          ¡Terricola, usted está en graves problemas!-
-          Solo fue un accidente.- explico Anny
-          La ley es dura pero es la ley. Sin ley, hay anarquía, terrícola. Aquí en Marte, usted viola la ley, usted va a la cárcel. - gritó el policía malo pegandole a la mesa.
-          ¿Y por cuánto tiempo? - preguntó Anny angustiada.
-          Aquí en Marte siempre se aplica la misma condena para todos los crímenes.  Mil años de cárcel. - dijo el policía bueno  muy serio.
-          ¿Qué? Pero mil años de cárcel por pisar accidentalmente la grama en el parque es demasiado  - exclamó  Anny muy sorprendida.
-          ¿Y le parece poco?- gritó  el policía malo enloquecido  golpeando esta vez a  la pared.
-          Usted en Marte viola la ley y usted va a la cárcel por mil años. Esta no es la Tierra. Nosotros tenemos orden. - dijo el policía  bueno con gran orgullo.
-          ¡Oh, no! ¡Ahora si estoy en problemas! - dijo Anny llorando.
Y un piano sonó gravemente: tan, tan, taaannn
Mientras tanto en la Tierra...
La noticia de su encarcelamiento no tardó mucho en llegar.  Todos los periódicos del planeta tenían en su primera página una foto de Anny,  roja como un tomate, llorando detrás de los barrotes de la cárcel marciana con titulares como este:
-          Anny Cauz presa en Marte. Sera condenada a mil años. Detalles desconocidos.-
Lo ocurrido  causó gran conmoción en toda la Tierra y todos, que la querían mucho,   se preocuparon muchísimo. Pero sabían perfectamente sin necesidad de conocer todos los detalles del caso que Anny era inocente. Sin embargo,  seguramente se metió en problemas por  ser tan despistada y por estar siempre con sus  apuros.
En cuestión de minutos ya había un gentío en frente  de   la embajada marciana para solicitar su libertad. Gritaban consignas y marchaban de un lado a otro con pancartas que decían:
-           ¡Libren a Anny!- Ser despistada no es un crimen-
De vuelta en Marte  y afuera de la estación de policía, se encontraba tío Cornelio con las manos en la cabeza y a punto de  explotar de los nervios y de la preocupación. A su lado estaba la tía Ruperta también  sumamente preocupada pero  con una vianda de pasta en caso de que a Cornelio le diera hambre más tarde. Con ellos estaban reporteros de todo el sistema solar que vienen a cubrir el dramático evento, amigos de Anny y muchos curiosos. Lo cierto es que eso estaba repleto. No cabía ni una persona más. Y la tensión no se aguantaba. Era la locura.
Todos los canales de televisión estaban cubriendo el acontecimiento. Y todo el mundo, tanto en la calle como en las casas, estaban atentos y alertas de este  hecho en pleno desarrollo.
-          ¡Avance, avance, avance!- se escuchó en la televisión.
-          Adelante Juan. –
-          Aquí Juan El Chaparrito del canal Terravision.
-          Reportando desde Marte en vivo y en directo para  todo el planeta Tierra y más allá. Nos encontramos en frente de la estación policial marciana donde la cantante y comerciante de corotos viejos Anny Cauz ha sido detenida por sus crímenes. Estamos esperando la salida del alcalde de Marte que estará dando próximamente unos importantes y reveladoras declaraciones sobre este  espeluznante  caso que ha conmovido a todo el sistema solar. ¡Oh!, un momento.  Ya sale el alcalde. Escuchamos. -
En ese momento se ve salir a un marcianito vestido con mucha elegancia. Tenía  un sombrero de copa y en su cuerpo una cinta roja con las palabras:
-          Gran alcalde de Marte-
Y dijo:
-          Damas y caballeros, marcianas y marcianos, todas y todos:  
-          Antes de hablar me gustaría decir unas palabras. Los sucesos del día de hoy no tienen precedentes en la historia de nuestro muy pacífico planeta. Es decir, nos ha tomado a todos por  sorpresa. Ahora bien, aquí en Marte somos sumamente respetuosos de la ley. Sin ley, hay anarquía. En Marte tenemos orden gracias a nuestro amor por la ley. La ley es dura pero es la ley. Entonces, leo: Ley marciana 1.239.873.  Si en dado caso,  una terrícola comete un crimen menor  de modo accidental en Marte será perdonada, puesta en libertad y se le dará una segunda oportunidad. Es un regalo de Marte para la Tierra por ser los creadores del chachachá. Anny Cauz queda en libertad.-  
En ese momento, se abre de par en par las puertas de la estación y sale Anny con una sonrisa de oreja a oreja, agitando las manos y saludando  como una estrella de cine a todo el mundo  que ya estaban como locos de alegría con la noticia. Los gritos, la música, el baile,  los fuegos artificiales, las serpentinas. Fue lo máximo.  Samba, samba y más samba. ¡je!
La gente no había celebrado así desde la última copa intergaláctica de fútbol. Ese día Marte y la Tierra eran una fiesta. ¡Qué rumba!
Ya en la casa de los Cauz y después de la pasta. Anny expresó sus intenciones de dar unas palabras.
Se levantó de la mesa y se dirigió al frente. Luego, con su cara muy seria  mientras movía su dedito índice dijo con un tono muy solemne:

-          Yo estuve en la cárcel solo por un par de horas. Sin embargo, ese tiempo me sirvió mucho para reflexionar sobre la vida.-
Y los Cauz se miraron con asombro por la profundidad de sus palabras y siguieron escuchando con gran expectativa.
Anny prosiguió como la misma seriedad:
    
-          Los problemas siempre van a existir. Ya sea en la Tierra o aquí en Marte. Lo importante es tener la sabiduría de afrontarlos con paciencia. –
-          Claro, mucha paciencia. ¿Viste, Cornelio? - dijo tía Ruperta, moviendo la cabeza y mirando a su marido.
-          Sí, Ruperta. - admitió tío Cornelio con resignación.
-          La felicidad está en uno. Debemos disfrutar las cosas buenas de la vida y tratar de mejorar las malas. Pero sin angustias ni amarguras. Tal vez no podemos cambiar al mundo nosotros solos pero sí podemos hacer un poquito más feliz nuestro pequeño entorno. De hoy en adelante seré otra. He dicho. Muchas gracias-
Después de compartir con sus tíos estos  tan elevados pensamientos  que expresó con tanta teatralidad, Anny asumió una pose triunfal,  alzó la mirada orgullosamente  e hizo una graciosa mueca con su boca esperando de reojo los aplausos.

                     -       ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravísimo! - Los Cauz se emocionaron mucho con su discurso. Y con lágrimas en los ojos gritaban elogios  y aplaudían sin cesar.

Se levantaron y corrieron a darle un gran abrazo. Y todos contentos saltaban de alegría.
Al rato se calmaron y después de un largo silencio. Anny de pronto volvió a hablar y dijo:
-          O  mejor me voy a Saturno.  Tal vez en Saturno es mejor.
-          ¡Mamma mia!-
-          ¡Paciencia, Cornelio.  patienciaaaaa! -
Y como aún estamos en Marte:
-          ¡Llegó la hora del chachachá! ¡A bailar todos! –
-          🎶A las marcianos nos gusta el CHA  CHA CHA.
-          Aquí todos queremos al CHA CHA CHA.
-          Donde vamos bailamos el CHA CHA CHA.
-          ¿Cómo dice? Cha cha cha. Cha cha cha.
-          ¡Todos juntos! Cha cha cha. Cha cha cha🎶

Fin
Dedicatoria: Este cuento está debicado a la cantante venezolana y trujillana Anny Cauz. Para Anny. Especialmente a la linda y traviesa niña que aún llevas  dentro. Con mucho cariño y mi eterna admiración.

Gustavo Godoy


viernes, 27 de octubre de 2017

A Mi Hija Imaginaria



En dado caso que algún día tenga  una hija, me gustaría poder  aconsejarla   como es debido porque estaría en mis deseos  que sea feliz. Y el tema del amor y la familia es central.  Entonces, conversaría con ella y diría algo en sintonía con las siguientes  líneas:

Querida hija, crea en la felicidad y gánesela  con sabiduría. Primero,  sepa que la felicidad está principalmente en uno. No necesitas de nadie y mucho menos de un hombre para ser feliz.  Eres un ser humano completo, ya sea en compañía o en soltería.

Es posible ser feliz soltero y es posible ser feliz en pareja. Aunque creo, por experiencia, que la felicidad acompañada es más intensa. Pero también considero  que la infelicidad acompaña es, de hecho, más intensa que en soltería. Es decir, entre solo y en pareja es mejor una vida en pareja. Pero  es mejor estar solo que mal acompañado. Es por eso  que estos asuntos no deben tomarse a la ligera. Si está en tus planes formar una familia,  hágalo. Pero hágalo bien y sin improvisaciones. La vida familiar es muy bonita pero hay que saber hacer las cosas. Póngale empeño. Busque pareja con seriedad y escoja bien. Encuentre un buen muchacho. No para llenar vacíos o  carencias tuyas sino motivada por tu consciente voluntad de construir un futuro  compartido como compañeros en igualdad de condiciones.  Recuerda que será tu acompañante vital y el padre de tus futuros hijos.  No te dejes llevar por los primeros impulsos. Uno debe aprender a controlar las emociones.  Cuando las pasiones se desbordan, causan grandes y lamentables errores más adelante. La disciplina y el autocontrol son claves en estos menesteres.  

No le prestes una atención desproporcionada a lo superficial ni a las circunstancias pasajeras, como el estatus y el dinero. Cualquier limitación  material que tenga de momento,  con el  tiempo las  superará si  el joven  tiene determinación y capacidad. Sé paciente y tolerante con  eso. Tranquila que si es buen árbol, dará buenos frutos, eventualmente.  Y acuérdate  que la atracción inicial es un instinto irracional. El verdadero amor se construye poco a poco  con pequeños actos de bondad.  Tal vez al principio no estés locamente enamorada de él pero si es noble y excelente vale la pena. Dale una oportunidad.  Fíjate primordialmente en su carácter, en sus valores y en sus aspiraciones. Debe ser educado, respetuoso, responsable,  formal, centrado y trabajador. Debe  ser amable, comprensivo,  conciliador y valiente. Debe ser humilde ante los reclamos y cumplidor de su palabra.  Debe ser fiel a los acuerdos y razonable en la conversación.  Definitivamente, aléjate de los fanfarrones, de los tramposos, de los arrogantes y de los rencores. Aléjate de los posesivos, de los inseguros,  de los groseros, de los patanes y de los excesivamente miedosos.  Hablen cuando sea oportuno de las necesidades prácticas de la vida. Hablen de casa, trabajo, y proyectos. Conózcanse. Disfruten. Conversen. Apóyense. Nunca se falten el respeto ni se descalifiquen. Por muy ilusionada que estés desde un principio nunca le permitas  malos tratos.   Hablen sus diferencias, y llegan a sanos convenios. No es fácil pero es sumamente necesario. Si luego las cosas entre ustedes no funcionan por fallas personales y  divergencias irreparables, terminen la relación en sana paz. Pero no caigas en la amargura ni en la frustración después de la ruptura.  Las decepciones amorosas son normales. Tómate un tiempo para sanar y  aprende de la experiencia. Luego vuelve a buscar otro candidato esta vez más preparada.

Por último, no creas en los  príncipes azules  como los personajes de los cuentos de hadas. No esperes que nadie te salve de nada. Las relaciones exitosas se forjan con trabajo mutuo y mucho cariño. Será duro  pero para triunfar debes poner mucho de tu parte.  Si otros lo han logrado, seguramente tú también podrás. Si afrontas la vida con gallardía, lo que te espera será la felicidad.


Te quiero, te apoyo y  deseo  que cumplas todos tus sueños.  Tu, imperfecto  y a veces muy distraído,  padre.



Gustavo Godoy


Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  27 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros y montañas
 

viernes, 20 de octubre de 2017

Sobre el Perdón



Con frecuencia se habla del perdón pero pocas veces se profundiza sobre ello como es debido.  Casi siempre se aborda el asunto  de un modo tan superficial que el concepto se pierde entre tanta oscuridad. En muchos casos la  idea se corrompe tanto que incluso se llega a  utilizar como chantaje.  Porque quien transgrede   siempre pide perdón  y  acusa de injusto a quien se lo niega. Invirtiendo de esta manera el lugar  de la  víctima y con el del victimario. Es decir, los hampones  piden clemencia y al verdugo lo convierten en un  villano.

El mundo está repleto de familiares, amigos y extraños que abusan reiteradamente de nuestra paciencia.  Luego, pretenden que nada pase y que los daños que han ocasionado sean olvidados sin mayores consecuencias. Entonces, cuando llegan los reclamos se transforman en los grandes profetas del perdón para más tarde reincidir.   Es por eso que el perdón  malentendido es una injusticia.  Ahora bien, el perdón para que sea provechoso debe servir al bien y  alejarse de sus extremos, la indulgencia y la venganza.

Aquello que nos ofende en cierto modo también nos mide. Porque el cuchillo puede cortar fácilmente el papel pero rara vez  logra romper la roca.  La rabia, el rencor y la amargura que despiertan las injurias  lo que exponen no es nuestro alto sentido de la justicia sino nuestras propias  debilidades y carencias. Lo que necesitamos no es dañar a quien nos hizo daño. Lo que necesitamos es crecer. Las ofensas pueden ser verídicas  pero la lesión que estas causan depende de nuestro grado de vulnerabilidad. Hay que  ver las cosas con una perspectiva mucho más elevada. E interpretar los hechos  con una visión mucho  más amplia y generosa.  Porque lo que nos  lastima en realidad nos hace más fuertes. Los arrebatos, de hecho, nos hacen más independientes. Quien nos critica, en el fondo, nos hace importantes  Quien nos  envidia  nos hace valiosos.  Y quien nos  rechaza y menosprecia realmente nos está haciendo un favor.  Ni las nubes ni las fechas  intimidan a la luna. El pasado es  para el progreso, el  aprendizaje y la reflexión, no para el odio. El odio es una carga.

Todos tenemos nuestras fallas y defectos. Nadie es perfecto. Es algo muy común que  las personas tiendan a hacerse daño entre sí. Esto se lo debemos a nuestra  inclinación natural por la codicia, la ignorancia y  la flojera. En resumen, de pícaros, tontos y holgazanes  está lleno  el planeta.  Hay que reconocerlo sin mucho alboroto. Las cosas son así.

El perdón es admitir que todos somos humanos y nos equivocamos. Además,  es dar a los demás la oportunidad de reparar sus errores.   Palabras menos, palabras más, el perdón  es eso.

Esto, por supuesto, no quiere decir que debemos aceptar los ataques,  los atropellos y los agravios  con toda impunidad.  Eso sería insano y ofensivo para la persona que debe defender su dignidad. El amor puede impulsar a un padre a perdonar las faltas de su hijo pero el deber lo obliga a corregirlo. Si pasa por alto sus faltas y no lo forma,  estaría cometiendo un grave error. Es por ello que el perdón debe aplicarse correctamente para que sea noble.

Este proceso tiene dos partes. Primero,  es importante sanar las heridas  formando una piel mucho más gruesa.  Segundo, es necesario educar  con correctivos al injurioso.  El perdón sin correctivos es indulgencia. Correctivos  para castigar innecesariamente y no para edificar es venganza. El perdón libera mientras que  sus extremos encadenan. Siempre el perdón debe incluir un elemento educativo y benéfico para que sea útil para las partes. Debe dejar una enseñanza.   De lo contrario  es tóxico y muy prejudicial. El perdón debe impulsar el bien, no incentivar el mal.

El perdón es un componente esencial para una vida feliz. Perdonar nos hace grandes.

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  20 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros y montañas

viernes, 13 de octubre de 2017

Los Trabajos de Hércules





¿Por qué le ocurren cosas malas a los hombres buenos? ¿Por qué existe el infortunio? ¿Por qué vive desgracias el inocente? No hay persona más desdichada que aquella que no tenga problemas. No hay carácter más débil e indefenso  que el de  aquel que nunca ha sufrido contratiempos. No hay crecimiento sin oposición. Porque solo es sólido y fuerte  el musculo que pasa trabajo. No es crueldad. Es lucha y esfuerzo. Los nuevos retos fomentan nuevas capacidades. Por otro lado, el  confort exagerado todo lo atrofia.  Como sucede con las buenas espadas, las grandes almas se forjan en el fuego. Es decir, la virtud necesita pruebas y dificultades para su desarrollo. La moral se fortalece con el ejercicio, no durmiendo en los laureles.  Sin heridas ni sacrificios,  no hay mejoras sustanciales.  El frágil desea lo fácil mientras que  el fuerte pide desafíos. Pero para llegar alto, se debe  sudar. Los flojos se quejan pero es más sabio ser constante como las hormigas. Se llega más lejos. El espíritu se nutre con las experiencias, tanto buenas como malas. Porque la vida no golpea ni arrebata, solo enseña.

El valor de una persona está en la dignidad con la que afronta su destino.  Los problemas son inevitables. Estos siempre estarán presentes. Es nuestra actitud ante ellos lo que realmente nos define. En otras palabras, en la tormenta  se conoce al piloto.

Hércules fue hijo del dios Zeus y una mujer mortal. Se dice que la esposa de Zeus, la diosa Hera, celosa, lo odio desde siempre y lo persiguió desde su nacimiento.  A los pocos días de nacer la diosa envió a dos serpientes para que lo devoraran pero el bebe gracias a su gran fuerza las pudo matar  solo con sus  manos. Desde niño,  fue instruido en el manejo de toda clase de armas. Y al crecer se convirtió en el mejor de los guerreros. Su talla era tan grande como su apetito y su sed.  Era noble y bondadoso. Y siempre usaba su habilidad para el bien. Sin embargo, un desafortunado día Hera con sus artimañas lo llevo a la locura  y por error mato trágicamente a sus propios hijos. Al recuperar la cordura y reconocer  lo ocurrido, se dirigió atormentado al templo de Apolo en Delfos para buscar una manera de redimir su crimen. El oráculo le dijo que debía encomendase al rey Euristeo para que el monarca  le asignara doce trabajos imposibles. Solo con el cumplimiento de estos trabajos obtendría la paz que tanto anhelaba. 

En contra de  todos los pronósticos, Hércules, al estilo de un caballero andante,  triunfo en cada uno de ellos. Debido a su valor, destreza y determinación, Hércules no solo fue perdonado por su crimen sino que también alcanzo la inmortalidad. Ahora es el símbolo eterno de la persona que con la fuerza de su propia voluntad consigue superar todos los obstáculos.

Los caminos de vida están llenos de duras piedras. Las tristezas, las perdidas y los tropiezos son parte natural del trayecto. No son razones para detenerse en lamentos. Todo lo contrario.  Son estímulos para  seguir adelante. De las tareas  difíciles  surgen los grandes héroes. Por eso es que  los hombres se recuerdan no por  la  suerte que han tenido sino por las barreras que han logrado vencer. Mientras más borrascoso sea el sendero hacia  la cumbre, mayor será nuestro mérito.


Gustavo Godoy


Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  13 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros y montañas

viernes, 6 de octubre de 2017

Los Laberintos




Los laberintos son estructuras intrincadas y llenas de rodeos especialmente diseñadas para que la gente se pierda en ellas. Entrar es fácil. Lo difícil es salir. Las prisiones son diferentes. En una prisión uno no está perdido. Uno sabe perfectamente donde está. El ingreso es generalmente involuntario y la salida depende de la voluntad del carcelero. La función de una prisión es castigar y esta usa el aislamiento y la soledad forzada como  métodos. Por otro lado, los laberintos son lugares intencionalmente  mucho más complejos.  Entrar a un laberinto usualmente es un acto voluntario.  Y a diferencia de las prisiones generalmente los laberintos desconocen la figura del carcelero o algo que se le parezca. El carcelero es la propia estructura. Esto se debe a que estos sitios no usan la fuerza para envolver, sino el engaño.  Mientras más ingenua sea la persona con mayor facilidad será víctima de sus artimañas. Mientras más avance, más se perderá. Hallar la salida es casi imposible debido a la desorientación que invade al intruso al poco tiempo de estar inverso en él. Dentro, los giros del perdido son tomados con azar y desespero ya que un mapa no está disponible, herramienta indispensable en estos lugares por la  naturaleza enmarañada de sus caminos. La incapacidad de recordar el trayecto recorrido o tan siquiera de saber a dónde está una salida lleva solo a la frustración y al desconsuelo. El avanzar confunde porque quien está perdido necesita puntos de referencia que lo orienten para superar de su situación. Siempre hacen falta señales que nos indiquen el camino a seguir.  El laberinto más que un castigo es un obstáculo y más que un  destino para el culpable parece estar diseñado para enredar al inocente.

El Minotauro era una criatura con el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro que vivía en la Isla de Creta en los tiempos del Rey Minos. Se cuenta que nació como consecuencia  de la relación entre la esposa del rey y un toro. Hecho que siempre ha estado lleno de misterios y contradicciones. Luego, el Rey, al descubrir su existencia, encomendó al arquitecto e inventor  Dédalos la construcción   de un laberinto que confinara al monstro. El edificio se construyó y este sirvió de hogar para la bestia hasta el momento de su muerte.

Según la leyenda, tras la derrota militar que  sufrió Atenas de las manos del rey Minos, la ciudad fue forzada a enviar sacrificios humanos como tributos al laberinto  para satisfacer el hambre de su temible inquilino. Los desafortunados elegidos debían entrar al palacio del Minotauro para perderse en él y eventualmente ser devorados por este.  Eso transcurrió por mucho tiempo hasta la aparición de  Teseo.


Teseo, nativo de Atenas, se ofreció voluntariamente  como tributo. Pero el héroe tenía un plan. No quería ser devorado. En su lugar,  su intención era matar a la bestia. Ariadna, la hermana del Minotauro, sirvió de cómplice para Teseo dándole el arma más poderosa con la que una persona puede contar: Una estrategia.  Con la ayuda de un hilo que ella le dio, Teseo puedo recordar  el camino de regreso.  Y ese fue el trágico final del famoso, y en cierto modo inocente, Minotauro de Creta.

Vivir una vida sin sentido es como estar dentro de un laberinto. Y como en los laberintos, en la vida  la única manera de salir airoso es con mucho valor y mucho ingenio.

Gustavo Godoy


Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 06 de Octubre 2017 en la Columna Entre libros y montañas


viernes, 29 de septiembre de 2017

Las Familias Locas




Hay familias locas. Familias que piensan que ellos son los únicos decentes, los únicos buenos y los únicos  cuerdos en todo el planeta. Mientras que ellos son los mejores,  todos los demás son sospechosos.  Estas familias creen que solo ellos saben cocinar, saben limpiar y saben pensar.  Ellos, y solo ellos, son bellos y exitosos. Todos los demás son un fraude. Su visión y proceder están en la cúspide de la existencia. Su casa es siempre la más bonita de la comarca.  Sus creencias son siempre  las más acertadas. Y su estofado es indudablemente el más sabroso de todos. Todo aquel que ose en  opinar  lo contrario será tratado como un vulgar hereje. Solo lo que impera en la familia es lo correcto  y natural. Más allá de la familia, solo existen salvajes, fealdad  y platillos sin sabor.  ¡Qué suerte, el haber nacido en esta familia!


Las familias locas nunca cometen errores y siempre tienen la razón. Lo saben todo. Bueno, sus jerarcas.  Los demás van bien solo en la medida que  obedezcan los sabios preceptos del orden familiar. La disidencia  solo lleva al fracaso, rotundo e inevitable.  Solo un insensato se niega a seguir  su sabiduría.   Los pensantes siguen consejo. Al fin y al cabo, es por su propio bien.


Esta locura, por supuesto, en la mayoría de los casos pasa  inadvertida entre los que  la padecen por el simple hecho de ser un delirio compartido.  Es decir, entre ellos se dan aliento. Este grupo por su propia naturaleza compacta y cerrada se retroalimenta de la confirmación mutua. O sea, ellos mismos se declaran mentalmente sanos por clamor popular. Y no es sorpresa que la votación siempre sea unánime. Sí,  unánime. Porque aquel que se atreva a refutar esta sagrada  premisa es despojado automáticamente de su  derecho al sufragio, por malagradecido y terco.  Su voto no cuenta.


Cabe destacar que en toda familia loca siempre existe un mito de origen. Cuentos mitológicos que narran las grandes  proezas  de un pasado heroico y lejano. Hechos increíbles realizados brillantemente por sus nobles fundadores.  Los padres y los abuelos. A veces incluso un hermano mayor. Seres de una trayectoria impoluta. Ilustres individuos cuyo prudencia se vio reflejada sin excepciones en su elevada moral sexual, en sus astutas decisiones profesionales y en su excelente gusto a la hora de escoger  pareja. Trabajadores incansables, desconocedores del vicio y la mala educación, poseedores de claros objetivos  y  dueños de una mente  lúcida e infalible. Verídicas historias de disciplina, obediencia, y triunfo. Sin lugar a dudas, dignos ejemplos a seguir.

El universo de las familias locas es inagotable. Se podrían escribir bibliotecas enteras sobre el tema. Es un mundo lleno de ritos extraños, costumbres exóticas y una fraseología terriblemente amplia. Reinos totalitarios ricos en risas y llantos. Absurdos,  pero con muchos encantos. Un ambiente opresivo y dulce a la vez.  La persona que descubra que ha crecido en medio de la locura debe aprender que para vivir entre locos lo mejor es sonreír y fingir ser uno de ellos.  Pretender otra cosa sería una verdadera locura.




Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 29 de Septiembre 2017 en la Columna Entre libros y montañas








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viernes, 22 de septiembre de 2017

Narciso y los Espejos




El  problema con los espejos es su carácter ilusorio. En realidad, son un engaño.  Cuando nos contemplamos en un espejo,  no vemos objetivamente.  Vemos solo una ilusión. Vemos la imagen que más nos complace.  He ahí la trampa.


Al nacer, sentimos que todo nos pertenece. Esa  fina línea entre lo interno y lo externo resulta algo borrosa. Para un recién nacido, lo subjetivo todo lo domina y el exterior es una mera extensión de sí.  De hecho, el  exterior no existe.  El yo y el todo son la misma cosa.  Esto es porque el infante carece de sentido de realidad.  No entiende cuál es su relación con el mundo porque el se cree el mundo en su totalidad.  Lo que no es él no  existe.  Lo interesante es que al crecer, con el tiempo, este fenómeno en vez de desaparecer se complica.


Un espejo es un objeto inquietante porque nos permite percibir al mundo como un simple reflejo de nosotros.  Nos convertimos en el universo entero.  En el espejo, vemos lo mejor de nosotros. El nos permite ver lo que queramos ver.  Ahí nadie nos contradice.  Es un lugar mágico donde la imaginación se transforma en realidad.  Sin embargo, hay personas que sienten vergüenza al verse en un espejo. Esto es cierto tanto para  los espejos como para las fotografías. Hay personas que sienten vergüenza de su imagen fotográfica.  ¿Por qué ?


Sin lugar a dudas, este planeta está plagado de locos. Y la variedad es innumerable. Hay de todo tipo. Estamos los vanidosos. Seres inseguros que necesitan de  los halagos para poder disipar sus  dudas internas. Estamos los egoístas. Seres miedosos que necesitan poseer todo para sentirse más tranquilos. Estamos los frustrados y deprimidos. Estos son los eternos insatisfechos que encuentran injusticias en todos lados y viven como víctimas en el retiro, llenos de rabia y tristeza. Estamos los idealistas.  Estos son los que se enamoran de algo para vivir de ese amor ingenuo. También estamos los narcisistas. Seres delirantes que han eliminado el mundo para poder interpretarse como mejor  les convenga.   Y  la lista sigue  infinitamente.  Pero lo más seguro es que todos somos una mezcla de todas estas tipologías.  Es difícil saberlo a ciencia cierta. Todo depende del individuo en cuestión.



El problema de los espejos es su carácter ilusorio. Y  nada es más difícil de soltar que una ilusión. A veces, nuestro único consuelo son nuestras fantasías.  Cuando Narciso se enamoró de su propia imagen en el espejo, toda su existencia se volvió familiar. Todo giró en torno a sus gustos,  sus valores y sus delirios. Dejó de existir lo desconocido, lo hostil y lo peligroso. Sorprendentemente,  el mundo se ajustó perfectamente a sus deseos  y de ese modo su realidad se convirtió en un dulce paraíso. Era una ilusión, pero una muy bonita. Incomprensible para los demás, pero fascinante para él.

El mundo es un gran espejo. Lo que vemos revela más de nosotros mismos que del mundo en sí. Narciso se dejó seducir por los misteriosos encantos de su pequeño universo.  Un universo fantástico pero, al mismo tiempo, hermoso. Siempre me he preguntado:De todos los finales posibles, ¿Por qué será que su final fue el de convertirse en una linda flor?



Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 22 de Septiembre 2017 en la Columna Entre libros y montañas








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