viernes, 25 de agosto de 2017

De los Titanes y sus Proezas







Cuando era niño, al crecer, quería ser un titán. No quería ser bombero, abogado, veterinario, ni doctor. Tampoco quería ser un empresario, un piloto, un explorador, ni siquiera un político. Solamente, un titán. Ahora que ya he crecido en edad, aún no lo soy. Sin embargo, todavía está entre mis anhelos el poder llegar a serlo algún día.

Los titanes son seres grandes, de corazón gigante y de enorme sensibilidad. Seres generosos, compasivos y tolerantes. Un amigo, un compañero, alguien que camina junto a ti, cuando más lo necesitas. Te saluda de frente, te mira directamente a los ojos, te estrecha la mano con firmeza y te sonríe con franqueza. Da las gracias, los buenos días, y se dirige a todos con cordialidad. Trata a los demás con cortesía, cariño y respeto. Se distingue por su nobleza y por sus valores superiores. Siente un interés sincero por tu bienestar. Busca tu crecimiento. Se preocupa por tu vida. Te apoya, te comprende, lucha a tu lado y desea tu felicidad. Nunca te abandona. Te escucha con paciencia y se coloca en tus zapatos. Nunca te juzga. Y siempre está ahí para darte un abrazo fraterno y solidario.

Un titán vive acorde con sus convicciones. Honra sus promesas. Práctica sus ideales en palabras y obras. Es puntual. Valora el compañerismo, la gentileza y el amor. Piensa en los demás y no como los seres pequeños que solo piensan en sí mismos. Se alegra por tu éxito y desconoce la envidia. Perdona. No se ofende con faltas menores. No guarda rencores. Y nunca espera un pago por los favores concedidos. Agradece lo provechoso. Sirve al bien común y rinde homenaje a los héroes y campeones de la bondad.

Es curioso y admite su ignorancia cuando desconoce algo. Siempre está aprendiendo y expandiendo su saber. No se escandaliza por lo diferente e inusual. Tiene criterio propio. Y no teme el contradecir a la mayoría para defender lo justo y verdadero. No se deja llevar por las voces del conformismo, sino que usa su propia cabeza para determinar qué es lo correcto y sabio. Reflexiona antes de actuar y actúa según un principio, que siempre es moral y genuino. Afronta compromisos, riesgos y peligros en pro de lo bueno. Asume la responsabilidad de sus decisiones. Nunca culpa a los demás de sus errores. Posee un alto sentido del sacrificio y el desprendimiento. Sus horizontes son amplios e inocentes. Reconoce sus imperfecciones y siempre busca mejorar. Quiere ser excelente en lo que hace y desea que eso sea beneficioso para todos. En lo posible ayuda a los menos afortunados. No se cree más ni menos que nadie. Desestima el halago exagerado de los demás hacia él pero aplaude con entusiasmo las virtudes y la belleza en el otro. Es considerado con todos y no le causa daño a nadie. Acepta las tristezas, los desafíos y las desilusiones con valentía y aplomo. Ante la adversidad, un titán simplemente realiza su parte. Cumple su deber con dignidad. Lucha y sigue adelante a pesar de las tormentas y las desgracias.

Las personas son tan grandes como el tamaño de su humildad. Son  enormes en la medida que dan, que aportan, y que contribuyen. Así son los titanes. Flores exoticas, raras y hermosas creciendo  inadvertidas junto a los caminos.

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 25 de Agosto 2017 en la Columna Entre libros y montañas





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viernes, 18 de agosto de 2017

El Camino






Ese día al despertar, un sentimiento familiar lo visitó de repente. Y ese sentimiento incisivo  invadió su alma con una fuerza tan indomable como el más sorpresivo y feroz de los huracanes. Era una bestia omnipotente que rugía sin parar. Crecía y crecía dentro de él, de un modo inquieto e incesante. Esa mañana por fin se liberó impetuosamente después de haber estado sujeta por mucho tiempo. Tenía una sed incontrolable de viajar. Sintió que el camino, su viejo amigo y compañero, lo llamaba a gritos. Y ya no podía contenerse por un segundo más.  Debía irse. Debía partir a como dé lugar.


Sin darse cuenta, su realidad se había tornado inmóvil. El tiempo se volvió circular y  no producía cambios sustanciales. Sus días eran todos iguales y la monotonía lo asfixiaba. Poco a poco, su vida asumió ritmos y corrientes invariables que se fueron asentando sin protesta. Su carácter subversivo se vio, de pronto y de manera involuntaria, atrapado en un encierro de rutinas y de costumbres que lo devoraban internamente. Necesitaba desesperadamente romper con ese letargo y perderse en el camino de las posibilidades sinfín. Quería que le pasaran cosas. Por distraído, ya no vivía con entusiasmo. Estaba bien pero a veces estar bien no es suficiente. Tenía que renovarse. Le llegó el momento de reconocer que su destino no era uno sedentario. Era un nómada y el viajar le aguardaba. Estaba hecho para ser de todas partes y de ningún lado. Su anhelo más profundo no era el de girar eternamente en torno a un centro fijo, sino el de desplazarse como un peregrino por el mundo entero. La vida que llevaba era contraria a sus objetivos más sentidos y la hora de corregir esa falla, por fin, había arribado.


Ahí en esa cama donde aún reposaba renació un ansia. El impulso salvaje de reescribir su historia y retomar el camino cobró un vigor imposible de detener. Sí, sentía miedo. La jaula que lo aprisionaba  también lo protegía.  Lo desconocido le recuerda  su  vulnerabilidad. E ir de trotamundos por las lejanías lo obligarían a confiar en el extraño, a desafiar  su habilidad de soportar penurias y a probar su capacidad de adaptación. Algo duro pero no había vuelta atrás. Requería crecimiento, sorpresa, cambiar de ideas y ver otros mundos. Entonces, su corazón acelerando dejó de escuchar a los temores para enfrentarse a ellos con valor. El deseo de amar en otros idiomas, sentir en otros lugares y vivir en otras fronteras resultó ser mucho más poderoso que la peor de sus dudas. No tenía opción. Debía salir.


El pecho le retumbaba y una sensación de angustia lo dominaba. No podía contener la emoción que esa mañana lo impulsaba a moverse. Sus pensamientos antes complejos y contradictorios desaparecieron y empezó a entender todo con gran lucidez. No aguantaba más y se levantó con esa nueva vitalidad que lo poseía. Busco su bolso y sus cosas enérgicamente mientras su cuerpo se movía como una máquina imparable. Parecía que estaba bajo de los efectos de un hechizo o una hipnosis. Luego de unos minutos, estaba listo. Ya tenía todo. Se ajustó sus botas, se coloco su sombrero y tomo su equipaje. Dio un primer paso. Luego el otro. Empujo la puerta de salida y ese mismo día, se fue.

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  18 de Agosto 2017 en la Columna Entre libros y montañas







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viernes, 11 de agosto de 2017

El Vagabundo





Por alguna desconocida razón, desde muy temprana edad, la vida del nómada siempre le había resultado deslumbrante. Para él, yacía algo sumamente poderoso y liberador en una existencia itinerante. Pocas cosas le eran tan atractivas como el unirse a los marginados y ser el capitán de su destino al convertirse en un vagabundo. Sin embargo, desligarse de las ataduras y dejar todo atrás no es para cualquiera. Para enfrentarse a lo nuevo, a lo distinto, y a lo desconocido de manera recurrente se debe poseer un espíritu muy particular. Tolerar las austeridades y adaptarse a los cambios necesita una tipología especial de persona. El vagabundo quería una vida rica en vivencias, no en cosas. El trotamundos busca conquistar la inmensidad para descubrirse a sí mismo. El viaje externo es solo una excusa. El objetivo principal está en lo interno. En la mochila del vagabundo, los objetos que podríamos encontrar eran libros, cigarrillos, una botella con algún licor, lápiz y papel para su poesía, y algún recuerdo para la suerte. Cuando necesitaba dinero, se apoyaba en su guitarra y en la generosidad del extraño. Su medio de transporte favorito eran sus zapatos desgastados, pero no era raro que navegara como huésped de algún navío amigo. El lugar era irrelevante. Para quien no tiene rumbo fijo, cualquier camino es bueno. Nunca está perdido quien no es de ninguna parte. Lo importante era seguir moviéndose. Una vez acostumbrado al camino es casi imposible detenerse. Toda rutina parece una prisión. Abandonar la seguridad del sedentario exige fe. Hay que tener confianza en nuestras capacidades y un gran optimismo en la bondad ajena. Conscientemente o no, un vagabundo siempre huye de algo y al mismo tiempo siempre anhela algo. Esa senda no está exenta de los retos y las contrariedades de la condición humana. Esta es universal. Por un lado y de cierto modo, la vida del vagabundo era muy simple. El errante no sufre las cargas del hombre responsable con asiento fijo. Tiene poco. Entonces, tiene poco que cuidar. Sus deberes son mínimos y por eso puede disfrutar tranquilamente las virtudes del ocio y la sencillez. Por otro lado, por ser un lobo estepario goza de la libertad del solitario que no tiene por qué considerar a los demás en cada paso que da al andar. Lo suficiente es lo estrictamente necesario. Algo de comida, algo de ropa cálida, algo donde reclinar la cabeza por las noches, un suelo para caminar y un cielo para soñar. Los lujos sobran. Eso de vivir liviano tiene una gran ventaja. Le permite a uno moverse con soltura. Si se cuenta con el carácter requerido este planeta ofrece una gama infinita de oportunidades y experiencias en cada rincón. Solo hay que dar un paso al frente y uno está listo para vivir lo que seguramente será una gran aventura. Al tener creatividad y fortaleza, la vida te sorprenderá. Eso es seguro. Por otro lado y cómo es de suponerse, no todo es felicidad en la ruta del vagabundo. El mundo puede llegar a ser un lugar muy frío y duro con aquel que no tiene raíces, con aquel que no pertenece a ningún lado. Y a veces hace falta una familia para abrazar durante los días de lluvia. Sin lugar a dudas, el calor humano es una de nuestras más sentidas necesidades. Hasta el más vagabundo en ocasiones suspira por un hogar.



Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  11 de Agosto 2017 en la Columna Entre libros y montañas


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viernes, 4 de agosto de 2017

El Artista








Ya habían pasado varios días y el artista aún  no salía de su taller. La buena vecina que por casualidad estaba en la casa para ayudar con el lavado de la ropa ya estaba acostumbrada al excéntrico comportamiento de su amigo el artista. Ella informó con gran naturalidad a los desorientados visitantes que esperaban en el patio lo poco inusual de la situación. Solo había una razón lo suficientemente fuerte para que el artista abandonara su taller una vez inmerso en el proceso creativo: Buscar más provisiones de tabaco y vino. La verdad es que era una pena ya que las deudas se estaban acumulando y entre estas personas se encontraban un par de potenciales compradores. Eran reconocidos coleccionistas.


Los visitantes no estaban del todo decepcionados de no poder ver al artista porque éste vivía en un sitio realmente encantador y solo con el paseo ya el viaje había valido el esfuerzo. La casa, aunque muy bonita, estaba algo descuidada. Obviamente, el orden y el quitado del polvo no estaban entre las prioridades del artista. Sin embargo, el anarquismo del lugar no era para nada incómodo. Todo lo contrario. Este ambiente romántico y bohemio resultaba muy interesante y estimulante para sus huéspedes. Pero se debía carecer de prejuicios y tener una mente abierta porque en esa casa todo parecía repudiar a lo tradicionalmente burgués con una irreverencia desenfrenada y descarada. La disciplina, el pragmatismo y la formalidad de la burguesía no existían en la casa del artista. Allá reinaba solo  el ocio, la frugalidad y el caos de los sentimientos. Los viejos paradigmas de la familia, el trabajo y la normalidad eran destruidos  con desdén para ser reemplazados por otros mundos. La obra del artista consistía en romper los moldes, forzar los límites y cuestionar lo establecido. Era natural que con frecuencia ofendiera a la sensible moral de la obtusa clase media. Nuestro polémico artista era un rebelde y un provocador, como es común entre los artistas.


El profesor que era gran aficionado a la tertulia y que, sin lugar a dudas, poseía un talento muy peculiar para el discurso filosófico elevado se sintió particularmente inspirando ese día en la casa del artista con sus amigos. Entonces, decidió compartir sus teorías personales sobre el arte y la vida con la fuerza de un poeta. Se levantó elegantemente de su silla y, con el porte  aplomado de aquel que recién ha conquistado la cima de la montaña más alta, dijo :

Ese pequeño corredor que llamamos vida no es otra cosa que una estrella fugaz que desaparece rápidamente en el cielo inconmensurable. Al nacer somos arrojados al abismo y en un instante, apenas sin darnos cuenta, ya nos estamos golpeado la cara con nuestra fosa, como la manzana que cae de su árbol. La vida es un parpadeo. La muerte, por otro lado, es inmensa y eterna. Nosotros los mortales solo  existimos por un instante de este infinito. Y hay que vivir ese instante con pasión, por muy efímero que éste sea. No nos quedamos aquí por mucho tiempo, pero siempre podemos dejar una huella. El arte es la fijación de esos frágiles momentos que vivimos y se resisten a ser olvidados. Es nuestra huella en la vasta eternidad. Del hoy, mañana solo quedarán las cenizas y las botellas vacías. Pero el arte, el arte es inmortal. Vive para siempre.


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  04 de Agosto 2017 en la Columna Entre libros y montañas





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viernes, 28 de julio de 2017

Aquellos Tiempos







Así nomás y de repente, un día todo cambió. La vida cambió. En aquellos tiempos, todo parecía un contrasentido. Todo era difícil. Los viejos aires fueron reemplazados por un ambiente sofocante. Lo que antes nos unía, la familia, la amistad, el respeto, la decencia, la honradez, todo eso se rompió. Fue un jarrón de fino cristal que de pronto se cayó de la mesa. Daba la sensación de que todo sentimiento de humanidad se había olvidado. El rencor. El resentimiento. Las injusticias. Las divisiones. La mentira. Y sobre todo la codicia. Esos parecían ser los nuevos valores. Las ideas del prójimo y del buen vecino se esfumaron. En aquel entonces solo había malas compañías. Nos habíamos convertido en una sociedad de enemigos, criaturas rabiosas y odiosos que con sus garras se torturaban entre sí. Un infierno donde los propios condenados eran los primeros cómplices del mismo pavoroso tormento que los agobiaba. O por lo menos, así era como se sentía el mundo en aquellos tiempos.  ¡Y pensar que todo aquello empezó con la idea de crear un paraíso! Todo el mal residió en el hecho de pretender impartir justicia fomentando el odio entre hermanos. No se logró el paraíso. En su lugar, se logró la ruina. De ese sueño tan prometido, solo quedaba, entre la sangre y la mugre, los vidrios rotos en el suelo. Una cruel estafa, eso fue todo aquello.


Un trágico y gigantesco error fue cometido. Unos timadores, con sus  nocivas supercherías y su retorica engañosa, embaucaron a una masa incauta. Nunca vimos ese Dorado de igualdad y paz que se ofreció.  Solo obtuvimos un futuro incierto y un presente fantasmal. La avaricia de unos y la ingenuidad de muchos causaron aquella pesadilla. Todos, tanto los que creyeron en las charlatanerías de esos bandidos como los que no, caímos en el abismo, un abismo cuyo fondo parecía no tener final. La destrucción no fue solamente de caracter externo. También fue en lo interno. Las heridas llegaron al alma. Ya no había personas. No había personas ni en las casas ni en las calles. Solo sombras de personas, seres aturdidos y confundidos que deambulaban entre los escombros tratando de sobrevivir en medio de una realidad de angustia, muerte y miseria. El país que algún día tuvimos ya no estaba. Se lo habían robado.¡Qué cosa tan terrible es extrañar a tu país aún viviendo en él! En aquel país, todos éramos exiliados. Estuviéramos fuera. Estuviéramos dentro. No importaba.  Sí, era la nostalgia. Más que los lugares, se extrañan determinados tiempos.  Siempre se desea  volver a ese periodo en particular donde uno fue feliz.  Siempre se quiere  la tierra donde un día la vida se amó. Siempre anhelamos recrear esos instantes de plenitud y calidez que vivimos en el pasado, instantes que con frecuencia asociamos a un espacio singular. "País": una palabra  que utilizamos cuando en realidad queremos decir hogar. En aquellos años, lo que  aspirabamos realmente  era recuperar nuestro hogar perdido. Simplemente eso.


Eran  los tiempos finales de la tiranía en Venezuela. Sus días ya estaban contados. Su caída era inminente.  Era un periodo de héroes y villanos, de triunfos y fracasos, de pobreza y riqueza, de sueños y  tristeza,  de locura y reflexión. Eran momentos  de aciertos y desaciertos, de esperanza y frustración, de lucidez e ignorancia, de lucha y apatía,   de mucha nobleza y  mucha  maldad. Todo era verdad. Todo era falso.  Era una época dura donde la luz y la oscuridad se entrecruzaban. Sin embargo, al final, ganaron los buenos. . ¡Gloria al bravo pueblo!

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes 28 de Julio 2017 en la Columna Entre libros y montañas






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lunes, 24 de julio de 2017

Penumbra







La eterna penumbra.
El castillo destruido.
El terror de un sueño  gris.
El grito infinito de la noche.  
Un negro ejército sinfín.
El rugido poderoso de la bestia.
El miedo, la soledad.
La  oscura y orgullosa batalla.
Nube terrible y de espanto.
La tierra se estremece.
La guerra en el cielo está cerca.
Los demonios, sus carruajes.
Un latir de lanzas y metales.
El fuego, las flechas y el llanto.
La  lluvia, la duda  y el fango
La amargura, la nada y el fin.
Así son mis días sin ti.


Gustavo Godoy

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viernes, 21 de julio de 2017

Los Cantos de la Sirena






Mi historia, que a la vez es la historia de muchos, es simplemente un absurdo. Fue mi culpa, la suya  y la nuestra.  Ahora, que la ilusión se esfumó y veo todo más claro, puedo narrar lo que pasó. Necesito contarlo todo.  No es un relato hermoso pero  es sincero.


Un día en algún lugar y bajo circunstancias muy peculiares conocí a una mujer. Mi primera impresión de ella fue modesta. Físicamente, no era mi tipo. Y desde un principio me pareció una niña mimada. Sin embargo, había algo en ella que me llamaba poderosamente la atención. Luego de un par de encuentros casuales, la empecé a detallar. Por un lado, era una criatura creída, egoísta e inconforme, cuyo narcisismo resaltaba. Pero por otro, también fue cierto que era un ser sensible, inseguro y seductor, cuyo encanto hechizaba. Y así, de repente, su magnética persona, tan saturada con contradicciones y extremos, despertó en mí una curiosidad. He ahí la primera señal del peligro que me aguardaba y debo confesar que yo me lo busque.


Fue de ese modo como decidí invitarle un café para saber más. Quería averiguar sobre este interesante personaje. Luego de un par de evasivas y múltiples esperas, aceptó a mi invitación. Pero lo hizo con altivez, halagada y a la vez algo ofendida. Muy extraño. Puedo haberse negado pero, a fin de cuentas, aceptó. Francamente, su actitud principesca siempre me pareció ridícula pero yo tercamente seguí adelante con ese sin sentido. La curiosidad me dominaba. Entonces, asumí todo el asunto con una sonrisa burlona. Al fin y al cabo, una puerta se abría y yo la aproveche sin pensarlo.


Tanto esa como las demás citas que le siguieron confirmaron mis sospechas. A pesar de que todo transcurrió con normalidad, mi intriga fue creciendo cada día porque sentía en ella algo inquietante, algo perturbador. Detrás de su fachada amable, resuelta y divertida se escondía una soledad desesperada, una vida llena de miedos, secretos y dudas. Había algo roto. Estaba herida. Yo quise ayudarla. Sus temores, tan intensos y profundos, me atraían y yo pensaba en ella sin medida. Sus ansias de amar eran tan fuertes como su frígida convicción de no hacerlo. Se acercaba a mí y se alejaba de mí, de modo intermitente. Esa vacilante alternancia entre interés y desdén me enloqueció. Aquel juego macabro que inicialmente solo fue un mero entretenimiento se transformó con el pasar del tiempo en una obsesión, un capricho insensato cargado de agitaciones, decepciones y tonterías. Caí en la trampa sin salida de quererla sin querer. Un merecido castigo por mi descuido.


El amor es un acero misterioso y despiadado. El amor, cualquier amor, siempre nos revela nuestra pequeñez desnuda. Por eso es que a veces causa heridas tan profundas. ¡Se parece tanto a la locura! Es ilógico y enigmático. La vida deja de ser nuestra para ser de otro, de alguien que muchas veces no le importamos. ¡Triste realidad! Ahora, después de tantos años perdidos, solo me queda el amargo sabor de haber malgastado mi tiempo en ese solitario amor secreto. Tanta angustia, tanta ingratitud y tantos desvelos por nada. Una pena, la verdad, la de esta trágica ironía de haber amado tan apasionadamente a esa mujer, una mujer desagradable que en realidad nunca me gustó.


Gustavo Godoy


Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  21 de Julio  2017 en la Columna Entre libros y montañas


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viernes, 14 de julio de 2017

Una Vida Junto a Ti







Anoche soñé contigo. Soñé que vivíamos juntos en un país lejano. Tú estabas bellísima. Teníamos una linda casa de techos naranjas y caminos de piedra. El jardín era hermoso. Teníamos un árbol de limón, aunque no era muy generoso. El huerto cada día era más variado. Ya casi no comprabamos hierbas en el mercado. Había muebles afuera y plantas adentro. Todo era cómodo, suave y abierto. No provocaba salir a la calle. Yo tenía espacio para mis libros y tú, la cocina que siempre quisiste. Nos costaba trabajo mantener el orden pero de algún modo siempre lo lograbamos. Nada del otro mundo pero sí a un nivel aceptable. Aunque no lo creas, tú eras la más responsable de los dos. Yo me esforzaba aunque caía con facilidad en las distracciones. Pero tú me recordabas mis deberes, a veces dulcemente, a veces no tanto. Yo cuando me lo proponía hacía un gran trabajo. Pero debía seguir tus instrucciones exactas para que todo terminará en sana paz. Tú te veías contenta. También eras muy paciente y tolerante conmigo. De hecho, éramos muy felices. Ya no estábamos solitarios por el mundo. Éramos compañeros.


Usábamos el mismo champú y el mismo gel de baño. Pero tú siempre olías mejor. Los fines de semana los dedicábamos estrictamente a holgazanear. Comíamos tus deliciosas creaciones y descorchábamos una buena botella de vino. Veíamos películas una detrás de otra, y escuchábamos música sin parar. Siempre tenías en algún lado suministros de tus ricas galletas de chocolate y algún postre. De vez en cuando salíamos de fiesta  todo la noche. Bailábamos, bebíamos y celebrábamos con los amigos en algún lugar especial. En las vacaciones, nos íbamos de campamento a las montañas para regenerarnos. Todas las noches conversábamos bastante, siempre acostados en la cama o en el sofá grande de la sala mientras yo te acariciaba el cabello. Sin falta, nos saludábamos siempre con un beso y un abrazo. Era nuestra norma. A veces,  discutiamos y nos enojábamos. Pero a los días recapacitamos y lo hablamos. Teníamos nuestros acuerdos. Y nos prometimos siempre ser muy sinceros y muy respetuosos entre nosotros. Tratábamos de no imponernos muchas reglas. Lo importante era que la cosa funcionara y nos sintiéramos bien. Todo era válido pero si lo acordábamos como equipo.


Teníamos dos hijos y un perro. El mayor tenía seis. En el físico salió a mí, aunque tenía tus ojos y tus gestos. Era muy reservado y serio. Siempre veía nuestras infantiladas con una risueña desaprobación como el hombre maduro que era. Sus aficiones eran los dinosaurios y las miniaturas. Era muy tranquilo e inteligente aunque cuando se ponía bravo la tierra temblaba. El perro era de él aunque, a pesar de nuestro trato, nosotros éramos los que atendíamos sus desastres. La bebé tenía cuarto. Se parecía a ti en casi todo. Era muy traviesa y poseía grandes dotes de artista. Tuvimos que crear un taller de arte para ella en la casa con pinturas, materiales y objetos para que se pudiera expresar libremente. Ella era la que realmente le ponía  disciplina a la casa, de otro modo un tanto liberal. Da risa pero era cierto. Los dos eran hermosos y tiernos como su madre. Y los adorábamos con locura.

Anoche soñé contigo. Soñé que decidimos compartir una vida juntos. Soñé que por fin decidimos aplicar nuestras exóticas ideas y que realmente sí funcionaban. Cada día nos queríamos más y cada día éramos mejores amigos. No todo era fácil, pero nos teníamos el uno al otro. Yo no sé qué significa este sueño que tuve. No sé si fue un vistazo al futuro o la simple ilusión de algo que nunca ocurrirá. Pero la verdad es que no imagino realizar este sueño con otra que no seas tú. ¡Qué linda sería una vida junto a ti!


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  14 de Julio 2017 en la Columna Entre libros y montañas






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martes, 11 de julio de 2017

Entrevista Prensa Upel Impm






Universidad Pedagógica Experimental Libertador 
Prensa Upel Impm, Caracas 11.07.17



Gustavo Godoy, entre libros y montañas


Gustavo Godoy es un joven escritor, activista Social y Político e intelectual venezolano, que se destaca por su actividad literaria acompañada de acciones sociales como la preservación del monumento a la Paz.


Desde muy joven, experimentó una profunda inconformidad con la sociedad que le rodeaba, Tal vez por eso, desarrolló un carácter solitario y soñador y gracias a esa naturaleza perezosa y distraída que le caracterizaba, desatendía con regularidad los deberes.


Entonces, su madre Yvonne Peña de Javier, consideró imprudente darle el derecho a un televisor en su habitación, pensó que ver televisión estimularía su acentuada tendencia a la distracción. Ello lo obligó a evaluar en que ocupar su tiempo y como tenía acceso a la vieja biblioteca de su padre se convirtió en un lector insaciable de libros, lo cual le permitió comprender muchísimo mejor todo lo que leía en los libros y todo lo que pensaba, con el tiempo se convertiría en un joven escritor que goza de una alta aceptación y estima en su ciudad natal.
Actualmente vive en su casa de montaña en los Andes Venezolanos (Trujillo, Trujillo), escribe todos los viernes la columna “Entre libros y montañas” publicada por El Diario El Tiempo de la ciudad de Valera en Venezuela es colaborador de Revistas y medios alternativos en países como Costa Rica, Alemania, Argentina, Venezuela, entre otros.

Godoy, nos cuenta que La literatura, sobre todo la narrativa y la poesía, normalmente es apreciada por su valor estético, es una de estas cosas que se valoran por sí mismas y carecen como tal de utilidad, sin embargo, “también es evidente que la literatura es importante en otro sentido, la literatura nos sensibiliza, nos refina y nos abre a un mundo de posibilidades. Nos vuelve más críticos y más exactos. Agranda nuestro universo interior y exterior. Es una rebeldía ante lo considerado normal. No admite dogmas, ni pensamientos únicos. En ese aspecto, es muy útil porque está asociada a la libertad. Es una aliada eterna de la democracia y el antitotalitarismo”.

“Leer debe ser un acto voluntario; no se debe plantear como una obligación” expresa el joven escritor. “Cuando uno habla de la literatura con pasión, la gente se contagia. Si la sociedad presta más atención a los escritores y a sus obras, más lectores nacerán”. El problema es que ahora lo intelectual ocupa una posición periférica y por ello en la actualidad, la literatura es presentada como una actividad tediosa que solo atrae a una extraña y aburrida minoría.

“Es cierto que muchos jóvenes no leen literatura. Yo creo que una de las razones es la escuela, porque allí son obligados a leer libros de poco interés para ellos. Por ejemplo, El Mío Cid, La Ilíada, Doña Bárbara. Esos libros no motivan mucho al lector joven y novato. Hay otros libros que seguramente serían más estimulantes. Hay que conocer cuál es el interés de estos jóvenes lectores y así poder crear espacios para la lectura y la discusión con libros apasionantes, seguro más jóvenes se convertirían en asiduos lectores”

El columnista del diario El Tiempo, expresa que la imaginación, el lenguaje y la emoción son elementos estrechamente relacionados a la literatura. La retroalimentación entre estos es constante y, la brevedad, la simplicidad y la emotividad son tres palabras que podrían describir mi obra. La intención de este estilo es el derribar las barreras en el escritor y el lector creando un ambiente de intimidad y empatía. De esta manera, la literatura se convierte en una experiencia significativa.

“Existen elementos de forma y técnica, pero lo más importante es el alma del texto. Este debe transformar al lector de alguna forma. Debe causar asombro. Debe despertar emociones, dudas e inquietudes en la fibra del lector”

En relación a la Educación Universitaria, el joven escritor expresa que la educación universitaria necesita más conversación. En otras palabras, el educador debe dejar de ser una autoridad, o un simple representante de un aparato burocrático, para convertirse en un compañero. El estudio debe ir directamente a la fuente. Y estas tienen que ser sometidas a la crítica y al debate. Entonces, la literatura en su sentido más amplio es un pilar de este proceso. La universidad no solo debe ocuparse de producir trabajadores con conocimientos técnicos. También es un espacio para el mejoramiento personal. Debe formar seres pensantes. En este esfuerzo, la literatura es clave.

Como escritor y lector ¿cuáles recomendaciones puede darle a todos aquellas personas que quieran iniciarse en la lectura de una u otra forma? Primero, deben convertirse en lectores y re-lectores de buenos libros, no necesariamente los libros de moda. La calidad es más importante que la cantidad. Se debe escoger bien y luego hay que leer lento, acariciando los detalles. Estudiar el texto con paciencia. Releer mucho. También sería genial que mantengan un diario donde pueden anotar sus experiencias y conclusiones. Usar el diccionario. Y para perder la timidez inicial, es necesario entender que el escribir es algo muy subjetivo. Si eres sincero y te gusta a ti probablemente está bien. Los detalles técnicos son problemas de forma, no de fondo. Estos se pueden solucionar fácilmente con un editor que ayude a corregir, pero nunca las debilidades respecto a los aspectos técnicos, deben frenar una actividad que es mucho más elevada que las reglas de la real academia.


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viernes, 7 de julio de 2017

De las Relaciones y Otros Meollos



Existimos personas que, aunque aparentemos ser sociales, de hecho, somos grandes solitarios. Tenemos amigos,  muchos conocidos y diversas ocupaciones pero guardamos un secreto.  Vamos a las fiestas, a los cafés y a los matrimonios como todos los  demás pero participamos en todo eso con escepticismo y desconfianza. Sonreímos, hablamos  y convivimos entre la gente  pero siempre algo distraídos  y ausentes. Recorremos inadvertidos la multitud como  un explorador  de otro planeta que se mezcla entre los nativos disfrazado de igual pero que en el fondo sabe perfectamente  que no pertenece a ese lugar. Somos espectadores incrédulos  que habitamos el mundo desde  la distancia a pesar de estar sumergidos en él.   Incluso de vez en cuando podemos salir con alguien para jugar al romance ocasional, esas nubes pasajeras  que vienen y se van. Esos amores eternos, llenos de muchas promesas y pocos compromisos, que se caracterizan por su brevedad y su falta de esfuerzo.  Esos  momentos gratos y  perecederos que cuando se vuelven muy reales e intensos los convertimos en pasado. No es que no queremos caminar de la mano, desayunos los domingos y viajes  a la luna con alguien especial dentro de un feliz para siempre. En realidad, es otra cosa. En el fondo, deseamos amar a alguien pero le huimos a esas uniones insustanciales que distan mucho de ser conexiones genuinas y profundas. Preferimos respirar un  aire  independiente que caer presos   con personas no disponibles emocionalmente que confunden la comprensión, el cariño y el compañerismo con el cálculo socio-económico, la posesión y el reproche. El solitario quiere amar en serio, no un premio de consolación.

Son tantas las razones por los cuales  los solitarios nos hemos transformado en soñadores. Elegimos buscar consuelo más en la imaginación, en los libros, en la música y en el coqueteo inocente que en otras personas.  Elegimos apoyarnos en los vaivenes de nuestra rutina diaria y en las ilusiones, donde aún existe verdadera  pureza y esperanza. Lo que ocurre es que la mayoría de las personas están en una batalla feroz consigo mismas. Están rotas por dentro. Fingen ser fuertes para ocultar su fragilidad. Atacan anticipadamente porque están heridas.  Ladran no por valientes  sino por miedo.  Se esconden tímidamente detrás de las excusas y la banalidad. Exhiben el narcisismo, el egoísmo y el orgullo como trofeos  de una  guerra que se pelea afuera pero en realidad yace  dentro. Sus vidas reflejan sus almas. Las personas no aman porque así lo  desean. No aman porque no pueden hacerlo.

Amar es dar. Es una ofrenda y no un reclamo. Hay que ser próspero, generoso y valiente para poder amar. El inseguro se esconde porque no se cree capaz de sobrevivir a tantos peligros.  Crea fortalezas para aislarse detrás de los muros mientras son otros los que exponen su pecho desnudo a la vida dispuestos a recibir los golpes. Quien es capaz de amar  da desde adentro  porque tiene con qué dar. Siente dicha en acompañar a los demás en su crecimiento. En ser un puerto cálido y  hospitalario en este mundo hostil. Es un amigo, un apoyo.  Los verdaderos amantes son una  minoría marginada en estos tiempos de crisis  y modernidad. Son pocos  pero sin ellos nada tendría sentido. ¡Cómo hacen falta sus abrazos!

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  07 de Julio 2017 en la Columna Entre libros y montañas





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sábado, 1 de julio de 2017

Entrevista El Especial ( Literatura) Diario Los Andes



Están todos cordialmente  invitados a leer este reportaje.
Entrevista para el Especial sobre literatura en El Diario Los Andes, Valera, Edo Trujillo. Sábado 01 de Julio 2017 realizada por Andrea Briceño Toro junto a otros dos escritores trujillanos, Carlos Santiago Solarte , Fabiola Palomares. Gracias Andrea!


Gustavo Godoy

Qué es para ti la literatura ?
La literatura es la expresión simbólica de lo que llevamos dentro. Es algo íntimo y subjetivo. Es el arte de transformar las humildes  palabras del diccionario en un gran fenómeno estético. En realidad, es un encuentro con uno mismo. Es un asunto del alma.

Cuál fue el primer texto que te conmovió y por qué?
Ese texto misterioso no lo recuerdo. Se perdió en el tiempo. Pero desde niño me refugie en los libros y la imaginación para escapar el mundo de los adultos que siempre lo he considerado vulgar y frío.  Luego, con el tiempo descubrí que el escribir era el medio ideal para drenar muchas de las cosas que nos ahogan por dentro.  Porque no solo facilita un mejor pensar sino que también alivia muchos de los enredos del corazón.

Cómo y cuándo te inspirar a escribir?
Para escribir se necesitan tres cosas:  soledad, tiempo libre y estar enamorado. El escribir es algo constante. Es un oficio de tiempo completo. Lo que ocurre que en ocasiones las musas lo vistan a uno muy seguido y en otras no tanto.

El significado de la palabra, la emoción y el crear en su obra?
La palabra es la forma. La emoción es la esencia . El crear es el arte.

Tres palabras que definan tu obra?
Brevedad , simplicidad y emotividad

Cómo se diferencia del resto?
Siempre busco  crear un ambiente de intimidad e introspección. Siempre busco crear  empatía para  el lector se identifique con lo escrito y para que sienta que él fue quien realmente escribió la pieza y no yo. Así es como la lectura se convierte en un encuentro personal. Tambien se podria resaltar que en mis escritos predominan los temas universales y humanos, ignorando bastante lo local y particular.




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viernes, 30 de junio de 2017

El Pueblo







La idea de pasar una larga temporada en el campo siempre le atrajo. Alberto soñaba con escapar del ajetreo de la gran ciudad para poder descansar tranquilamente entre la gente sencilla. Entonces un día se decidió. El lugar que escogió era en extremo apartado. De hecho, era un lugar tan remoto y distante como una mariposa lo es de un elefante. Su lejanía no tenía relación con el espacio físico sino con algo mucho más intangible. Quien llegaba a ese sitio en un principio no percibía nada extraño. Pero al poco tiempo descubría que en realidad estaba en un mundo fuera de este mundo. Sus leyes, sus idiomas y sus credos componían un entorno kafkiano tan enigmático como el más intrincado de los laberintos. Los forasteros pronto se daban cuenta de que se encontraban en un pueblo fantástico de esos que únicamente existen en las novelas del realismo mágico iberoamericano. Muy bien podía ser Macondo o Comala.


Ignorando lo que le esperaba, Alberto llegó al pueblo con un entusiasmo tan grande como su ingenuidad. Logró rentar una pequeña casa con una ubicación idónea. Inicialmente, todo fue idílico pero eso duró poco. Porque para el pueblerino lo foráneo significaba problemas. El pueblo era igualado al universo entero. Lo que ocurría más allá de sus fronteras importaba muy poco. En realidad, nadie sabía a ciencia cierta lo que pasaba afuera. Solamente que estaba lleno de peligros y de rarezas. Desde un primer día la noticia de la llegada de Alberto, que se difundió por todos lados en cuestión de segundos, ya estaba causando polémica. Ya existían varias teorías sobre el misterioso citadino. Muchos decían que vino a esconderse de las autoridades. Un crimen, tal vez. Otros decían que vino huyendo de sus familiares por estar lleno de vicios. Alcohol o drogas. Otros que era homosexual o que sufría de alguna crisis sentimental. Llegó solo y alguien le escuchó decir que era soltero. Otros que tenía apuros económicos. Su viejo carro tenía una ventana medio rota. Sin embargo, en lo que todos coincidían era que el exótico hombrecillo no era digno de mucha confianza. Debían vigilarlo.


En el pueblo, el difundir las intimidades de los demás con todo lujo de detalles era considerado un servicio público. Era de sumo valor conocer dónde estaba cada quien dentro del gran orden de los cosas. Se creía que la vida privada era la más importante para investigar. Sin mencionar una fuente inagotable de entretenimiento. Entonces, el deporte local era ocultar los secretos propios e indagar en los ajenos. El asunto se complicaba cuando la realidad se mezclaba con la ficción. Entonces, de la nada surgían las historias más elaboradas, las cuales todos creían vehementemente. Si alguien lo decía, era verdad. Era así de sencillo.


A los pocos días, ya Alberto estaba implicado sin saberlo en varios amoríos. Había varios jóvenes celosos que querían darle una golpiza. Algunas chicas lo culpaban de regar habladurías sobre ellas. Y ellas también lo estaban buscando para confrontarlo. Otras por el contrario querían casarse con él y afirmaban falsamente ante los demás los rumores. Incluso, algunos niños ya lo llamaban papá. Por otro lado, mucha gente estaba indignada con su conducta y casi todo de él causaba escándalo y asombro. Sus cabellos estaban muy largos. A veces,  usaba sandalias. Se despertaba a las nueve o no a las cinco como todos. Para colmo, algunos días que no salía a socializar. Y así, luego de un tiempo, prácticamente medio pueblo estaba molesto con él.

Alberto, antes una persona común y anónima, en el pueblo era una gran controversia. Hastiado, agotado y confundido no le quedó otra que volver a la ciudad. En la ciudad, se podía descansar.


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  30 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas







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