La idea de casarse por amor es una noción básicamente moderna.
Anteriormente, los factores determinantes eran los económicos, políticos y
sociales. Además, la elección de con quien casarse era tomada por otros, no por
la pareja. Mediante un matrimonio, una familia se unía a otra familia para
elevar su estatus, incrementar sus propiedades y legitimar su descendencia. El
matrimonio como era concebido en otras épocas era un contrato que implicaba una serie de derechos
y obligaciones entre la pareja, sus familias, el público y la autoridad gubernamental. Era una institución
basada en solventar necesidades concretas.
El amor romántico ha sido visto
muy diferente en distintos periodos de la historia. En Atenas de la Antigüedad, en Italia del
Renacimiento, en Francia del Antiguo Régimen o en los países occidentales de la
actualidad, los pensamientos sobre el amor, el sexo y el matrimonio varían enormemente.
Dante en la Divina Comedia escribió sobre
el gran amor que sentía por Beatriz. Para Dante y su época, el concepto del amor tomaba la forma de la idealización
de la mujer como encarnación de belleza y virtud. Ninguna relación con el sexo
o el matrimonio. Por otro lado, para Shakespeare en la Inglaterra isabelina, el
amor era una enfermedad. El amor era algo irracional, breve y pasional que casi
siempre terminaba en tragedia.
Solo hasta tiempos recientes, fue
posible relacionar dos aspectos que anteriormente habría sido una locura unir:
el amor y el matrimonio. Esto empezó ha ocurrir en Inglaterra hace unos
doscientos cincuenta años atrás. Al amor se le agrego una nueva misión: Fundar un hogar. Anteriormente,
los nobles participaban en la galantería
pero sin fines matrimoniales. Eso cambio con el surgimiento de la burguesía europea.
Como lo ponemos apreciar en la
literatura del siglo XIX, en novelas como Madame Bovary de Flaubert o Anna
Karerina de Tolstoi, todo el peso del matrimonio caía prácticamente en la mujer.
La única expresión sexual legítima,
principalmente para la mujer, debía ocurrir
solo dentro del matrimonio. Los niños,
la familia, la moral sexual y la propiedad son los pilares de la sociedad aburguesada
que floreció en el mundo después la revolución
francesa. Un descuido en alguna de estas
áreas significaba una catástrofe.
El matrimonio burgués agrupo todos los
elementos que antes no necesariamente estaban integrados: el amor, el sexo, lo político,
lo económico y lo social. Además, esta
nueva idea exige que todas estas variables tengan que desarrollarse para toda la vida en perfecta armonía.
Algo que por supuesto es muy difícil. Sobre todo cuando para establecer una institución tan compleja
frecuentemente predominan inicialmente criterios tan subjetivos y cambiantes
como los sentimientos.
Francamente, pienso que la
sociedad moderna es sumamente injusta con el amor. Se le exige demasiado. Hoy,
amar a alguien es una tarea titánica. Es una empresa que va desde el físico, flores, cenas, modelo
de automóvil, tamaño de cuenta bancaria, desempeño sexual, buen trato con familiares,
amigos y conocidos, pasando por como lavar los platos y quien bota la basura, terminado
por el precio de los pañales, reuniones
escolares y psicología infantil, entre miles de otros detalles interminables. Y
si no funciona placenteramente: el divorcio, para luego volver a intentar todo de
nuevo con alguien más.
La mayoría de las personas
atribuyen la causa de sus fracasos amorosos a un error en la escogencia
del objeto amado. En otras palabras, según el credo mayoritario, las relaciones
amorosas fracasan porque elegimos mal a nuestras parejas. La solución es elegir
mejor la próxima vez. Pocos dudan de la validez de la concepción moderna que
tenemos del amor. Tal vez tenga que reformarse por ser inadecuada. Tal vez se
pueda simplificar para que funcione.
A veces el amor simplemente es eso,
amor. Sentir que existe algo bello en el otro y acercarse. Querer encontrarse, descubrirse,
cuidarse. El deseo de darse, sin el desgaste de lo cotidiano. Conocer al otro,
estar con el otro y compartir un momento, sea este efímero o eterno. Poder amar a alguien sin
complicaciones; el sueño de muchos.
Gustavo Godoy
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