viernes, 11 de marzo de 2016

La Espiritualidad


La espiritualidad es romper las cadenas de la ignorancia, el ego y el miedo. Es una orientación que tiene como senda lograr una visión más amplia de las cosas. El mundo religioso está repleto con técnicas para alcanzar mayores niveles de conciencia que culminan en un éxtasis místico. En el Islam, los sufís utilizan bailes y cantos rítmicos para lograr esto. En el hinduismo al igual que en el budismo y en el taoísmo, emplean la meditación.  En el cristianismo, los devotos a Santa Teresa y San Juan de la Cruz se valen de las oraciones contemplativas. Por otro lado,  los chamanes consumen plantas mágicas en sus rituales con los mismos fines.  La meta es la liberación del alma humana. 

En las religiones occidentales, las prácticas asociadas con la espiritualidad son adoptadas por una minoría.  Sin embargo, en las religiones orientales, esta práctica ocupa un rol central. Podemos decir que la espiritualidad generalmente  está ligada a la religión pero no en todos los casos. Hoy es posible decir que una persona tal vez sea  espiritual pero no necesariamente religiosa.  Esto se debe a que el término “religión” está relacionado por lo general a los grupos organizados con sistemas de creencias definidas. La espiritualidad es en realidad una experiencia personal. Algo subjetivo. Es la fe en uno mismo. Puede o no puede estar ligada a una religión organizada.

Cuando nacemos parece ser que la línea entre nuestro ser y lo otro es confusa.  Se nos dificulta percibir donde términos nosotros y donde comienza el mundo exterior. A los demás, en el inicio de nuestras vidas, los percibimos como parte de nuestro ser, no como seres fuera de nosotros. Cada estimulo que recibe nuestros sentidos son captados con asombro como algo nuevo e interesante. Con el tiempo en la medida que crecemos, poco a poco nos percibimos como un ser separado del todo. Nuestra visión se torna estrecha y tubular. Anteriormente, nuestra mente estaba abierta y sin prejuicios. Aceptábamos el  mundo sin miedos y sin filtros. Paulatinamente, a lo largo del camino nos empezamos a ver como seres indefensos en un mundo hostil. Perdimos la confianza en nosotros. 

La espiritualidad es seguir un sendero interno. Es construir cimientos sólidos. Es cultivar el amor, la compasión,  la paciencia, la quietud, y la tolerancia. Es abrazar la existencia. Volver al hogar. Crear lazos, uniones.  Es la experiencia personal del individuo en su soledad, en su encuentro íntimo con la totalidad.

No somos el ser pequeño y efímero que creemos ser. Siempre presos por los miedos. Llenos de sentimientos de impotencia. En realidad, somos todos los mundos. Somos todos los tiempos. Somos la totalidad. Debemos superar el falso “yo” que habita en nosotros con la realización que lo tenemos todo, que en la humilde gota está el océano infinito y que en el segundo,  la eternidad.

Uno es tan grande como lo que ve. Unos ven universos enteros, otros límites, fronteras y pequeñeces. Son miles los caminos. Son miles las posibilidades. Uno es quien se propone ser. Nada nos falta. Todo se puede. De todas las creencias la mejor creencia es la creencia en uno mismo y en la fuerza del espíritu humano para romper con todas las cadenas.

“Más allá de este lugar de ira y llantos / yace sino el horror de la sombra/ Y aún la amenaza de los años/ me halla y me hallará sin temor./ No importa cuán estrecha sea la puerta, / cuán cargada de castigos la sentencia,/soy el amo de mi destino, / soy el capitán de mi alma.” William Ernest Henley
 Gustavo Godoy
Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 11  de Marzo de 2016 en la columna Entre libros y montañas



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viernes, 4 de marzo de 2016

El Tiempo



El mundo de hoy está obsesionado con la rapidez. En esta época que nos tocó vivir, cada segundo es oro. Escuchamos la frase - El tiempo es dinero- en todos partes. El hombre moderno vive atrapado en una carrera feroz en contra del tiempo. Hoy, no hay tiempo para nada. Bueno, no hay tiempo para otra cosa que no sea trabajo y dinero. Esta frenética carrera nos ha distraído y nos ha hecho olvidar el verdadero sentido de las cosas. ¿Porque corremos? ¿Para dónde vamos con tanta prisa?
Antes de la Revolución Industrial, o mejor decir, antes de la Reforma, el tiempo no era lineal sino cíclico. En algún punto, apareció la historia. Antes existían historias, pero no –Historia- como algo progresivo. El pasado se volvía futuro y el futuro pasado. Predominaba la creencia que el tiempo era una constante repetición. El concepto lineal del tiempo implica que el tiempo es un recurso finito e irrecuperable. En Europa, sobre todo en los países de norte, la vida cotidiana, en la medida que fue adaptando el capitalismo, se fue convirtiendo en algo mucho más metódico y controlado. La gente trabajo más. Las grandes ciudades ahora tenían grandes relojes en los edificios públicos como en las iglesias donde se dictaba el ritmo del día con una precisión cada vez mayor. A los relojeros se les incrementaron los pedidos y la puntualidad se transformó en una virtud.
Anteriormente, la tradición impedía los cambios. Entonces, las personas vivían una vida muy similar a la vivida por sus abuelos. Ahora, no. Los jóvenes siempre viven algo nuevo. Ahora el pasado es un tiempo oscuro y remoto. El pasado es lo viejo y debemos dejarlo atrás. Nuestra mirada se posó en el futuro. Lo bueno está en el futuro. Quien se atreva a voltear al pasado se convertirá en una estatua de sal. El presente es simplemente un instrumento del futuro. Un puente, nunca un destino. Realmente, todo gira en torno al futuro. Y de cómo llegar a él lo más rápido posible. El presente ya no es el presente sino un estorbo hacia el anhelado porvenir.
En la modernidad, todo debe ser rápido y todos deben estar ocupados. La comida, el sexo, la diversión deben realizarse rápidamente. Las librerías están repletas de libros que enseñan a la gente a ser feliz en cincos pasos, bajar de peso en siete días, aprender un idioma en tres semanas y cocinar en dos minutos. La tecnología moderna nos permite viajar velozmente, comunicarnos velozmente y trabajar velozmente. La industria médica produce todo clase de medicamentos mágicos que su principal finalidad en curar en poco tiempo.
¿Hacia dónde nos lleva está carrera? Este modo de vivir que predomina en occidente ha desgastada la salud, la tranquilidad y la calidad de vida. A pesar de nuestros grandes logros técnicos, la humanidad ha sido víctima de su propio sistema. Dejamos de disfrutar el momento presente. Entre tantos avances tecnológicos, hemos olvidado vivir. Es importante reconocer que para vivir de verdad es necesario frenar. Hay que parar este tren neurótico y reflexionar con sensatez y quietud.
El tiempo es una ilusión. No existe. Es algo subjetivo y, por ende, mutable a voluntad. El tiempo es un instrumento de medida inventado por el hombre como una referencia. No es un absoluto. Es un engaño de la percepción.
El pasado no es otra cosa que un recuerdo. El futuro es una mera expectativa. Lo único genuino es el presente. El mañana siempre estará en el mañana. Y el ayer, en el ayer. La eternidad está en el instante. La felicidad está en el momento. La plenitud habita en el aquí y el ahora.
Tómalo con calma. Disfruta la vida. Tomate tu tiempo.

Gustavo Godoy
Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 04 de marzo 2016

viernes, 26 de febrero de 2016

El genio artistico




En la Edad Media, los artesanos se limitaban a copiar viejos modelos. Estaban organizados en gremios y casi siempre permanecían en el anonimato.  Estos artesanos nunca pretendieron crear una obra original. El arte medieval prácticamente consistía en ilustrar la religión. Todo esto cambio con el Renacimiento.  Las clases adineradas de las ciudades italianas como en la Florencia del siglo XV a través del mecenazgo impulsaron un nuevo tipo de arte. El artista se convirtió en un creador.  Salió de los gremios y  gana autonomía.  Ya no era  anónimo sino un  personaje celebre. Este fue un cambio importante en la historia del arte porque significo que ya el artista no imita el mundo, sino crea nuevos mundos. A partir de ese momento histórico el artista se convirtió, en cierto sentido,  en el hermano menor de Dios: un genio.

Un símbolo, usando este término en su sentido más amplio,   es  algo que representa otra cosa. Un sentimiento por una idea. Una idea por un sentimiento. Una cosa por un recuerdo.  Una cosa por otra cosa. Y así. Algo que es y no es al mismo tiempo.  Es una asociación, pero esta para que sea entendida debe ser aceptada por los involucrados. En realidad, es un acuerdo. En algunos casos estas asociaciones son caprichosas. Por ejemplo, la palabra “libro” no tiene nada que ver con un libro.  Sin embargo esas formas que llamamos letras en ese orden en particular representan la idea de un libro real en ese sistema simbólico que es la lengua castellana. En otros casos,  las asociaciones son más obvias. Por ejemplo, una foto que representa a una persona o un objeto. Los colores, las texturas, los sonidos y las formas son  algunos elementos que los asociamos en parte según  el contexto donde los percibimos recurrentemente. El azul y el cielo, por decir algo.  La voz femenina y  la dulzura materna, otro ejemplo. Una comida con una región. Una vestimenta con una clase social. El cuadrado con algo estable. Lo suave con la comodidad. El rojo con lo caliente. Una calavera con el peligro. El llanto con la tristeza.

Muchas veces no somos conscientes de esas relaciones entre los diferentes elementos. Por ejemplo,  un episodio agradable de nuestra infancia puede estar unido al sabor de un té con un pedazo de torta como  ocurre en la novela “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust. El personaje principal de la novela de Proust un día siente una profunda emoción  de alegría y nostalgia mientras merendaba con un té y un pedazo de torta. Al principio, desconocía las verdaderas razones de este sentimiento involuntario que se despertó con algo tan simple. Luego, recordó. Ese té y esa torta eran un platillo habitual  en la casa de una tía muy querida por él y donde pasó los momentos más felices de su infancia. Para el personaje ese te combinado con la torta simbolizaron lo mejor de su infancia. Como en ese caso, algunas asociaciones  están ligadas a hechos muy personales, pero en otros   son más  universales. El hecho que una pieza artística cause un impacto en los demás se debe a la universalidad de los elementos que emplee el artista para comunicar sentimientos e ideas particulares. Sin ese lenguaje compartido no existiera  la posibilidad de comunicación.

Otro aspecto importante. Parece ser que la mente humana tiene dificultades en diferenciar entre el objeto concreto y su representación simbólica. Una persona que sufre de miedo a las serpientes siente miedo al verlas en el cine. También una persona  puede sentir atracción física por una linda figura en una pintura al oleo. Para muchos, los personajes literarios muchas veces parecen más reales  que la gente de carne y hueso. Muchas veces sentimos que ellos nos comprenden mucho mejor que las personas que vemos todos los días. La música, la pintura, el cine, y la literatura son tan parte de nuestras vidas como todo lo demás. Una pieza de Beethoven, un personaje de Shakespeare, un cuadro de Van Gogh pueden llegar a impactar nuestras vidas tanto como un ser querido. E incluso podemos amor a una obra de arte mucho más que una persona. Esto no es raro.

El arte nos fascina probablemente por esa  sensación de ligereza que nos produce. Al fundirnos en el arte, este enigma que es el mundo concreto se desvanece. Todo se vuelve más sencillo, más intenso, más bello. El arte disipa los miedos y la necesidad. La arte libera al hombre de lo cotidiano. Lo eleva. Lo envuelta en un universo de imaginación y mágica, en un mundo más parecido a él.

Es verdad; todo arte es una mentira. Ah! , pero que bella mentira.



Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 26  de Febrero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

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sábado, 20 de febrero de 2016

Amor , sexo y matrimonio



La idea  de casarse por amor es una noción básicamente moderna. Anteriormente, los factores determinantes eran los económicos, políticos y sociales. Además, la elección de con quien casarse era tomada por otros, no por la pareja. Mediante un matrimonio, una familia se unía a otra familia para elevar su estatus, incrementar sus propiedades y legitimar su descendencia. El matrimonio como era concebido en otras épocas era  un contrato que implicaba una serie de derechos y obligaciones entre la pareja, sus familias,  el público y  la autoridad gubernamental. Era una institución basada en solventar necesidades concretas.

El amor romántico ha sido visto muy diferente en distintos periodos de la historia. En  Atenas de la Antigüedad, en Italia del Renacimiento, en Francia del Antiguo Régimen o en los países occidentales de la actualidad, los pensamientos sobre  el amor, el sexo y el matrimonio varían enormemente.  Dante en la Divina Comedia escribió sobre el gran amor que sentía por Beatriz. Para Dante y su época,  el concepto del amor tomaba la forma de la idealización de la mujer como encarnación de belleza y virtud. Ninguna relación con el sexo o el matrimonio. Por otro lado, para Shakespeare en la Inglaterra isabelina, el amor era una enfermedad. El amor era algo irracional, breve y pasional que casi siempre terminaba en tragedia.

Solo hasta tiempos recientes, fue posible relacionar dos aspectos que anteriormente habría sido una locura unir: el amor y el matrimonio. Esto empezó ha ocurrir en Inglaterra hace unos doscientos cincuenta años atrás. Al amor se le agrego  una nueva misión: Fundar un hogar. Anteriormente, los nobles participaban en la  galantería pero sin fines matrimoniales. Eso cambio con el surgimiento de la burguesía europea.

Como lo ponemos apreciar en la literatura del siglo XIX, en novelas como Madame Bovary de Flaubert o Anna Karerina de Tolstoi, todo el peso del matrimonio caía prácticamente en la mujer. La única expresión sexual  legítima, principalmente para la mujer,  debía ocurrir  solo dentro del matrimonio. Los niños, la familia, la moral sexual y la propiedad son los pilares de la sociedad aburguesada que  floreció en el mundo después la revolución francesa. Un descuido en  alguna de estas áreas  significaba una catástrofe.  

 El matrimonio burgués agrupo todos los elementos que antes no necesariamente estaban integrados: el amor, el sexo, lo político, lo económico y lo social.  Además, esta nueva idea exige que todas estas variables tengan que  desarrollarse para toda la vida en perfecta armonía. Algo que por supuesto es muy difícil. Sobre todo cuando para  establecer una institución tan compleja frecuentemente predominan inicialmente criterios tan subjetivos y cambiantes como los sentimientos.

Francamente, pienso que la sociedad moderna es sumamente injusta con el amor. Se le exige demasiado. Hoy, amar a alguien es una tarea titánica. Es una empresa  que va desde el físico, flores, cenas, modelo de automóvil, tamaño de cuenta bancaria, desempeño sexual, buen trato con familiares, amigos y conocidos, pasando por como lavar los platos y quien bota la basura, terminado por el precio de los pañales,  reuniones escolares y psicología infantil, entre miles de otros detalles interminables. Y si no funciona placenteramente: el divorcio, para luego volver a intentar todo de nuevo con alguien más.

La mayoría de las personas atribuyen la causa de sus fracasos amorosos a un error en la escogencia del objeto amado. En otras palabras, según el credo mayoritario, las relaciones amorosas fracasan porque elegimos mal a nuestras parejas. La solución es elegir mejor la próxima vez. Pocos dudan de la validez  de la concepción moderna que tenemos del amor. Tal vez tenga que reformarse por ser inadecuada. Tal vez se pueda simplificar para que funcione.

A veces el amor simplemente es eso, amor. Sentir que existe algo bello en el otro y acercarse. Querer encontrarse, descubrirse, cuidarse. El deseo de darse, sin el desgaste de lo cotidiano. Conocer al otro, estar con el otro y compartir un momento, sea este  efímero o eterno. Poder amar a alguien sin complicaciones; el sueño de muchos.

Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 19  de Febrero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

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viernes, 12 de febrero de 2016

Entrevista realizada por estudiantes de Comunicacion Social de la Universidad de Los Andes ( NURR)





Ver video:  https://www.youtube.com/watch?v=ZbHGtDAehaA


"Trujillo resplandece con mujeres y hombres que día a día forjan el camino para un mundo mejor. Ellos crean la poética de la cotidianidad trujillana y muchas veces pasan inadvertidos. Conoceremos a Gustavo Godoy uno de los Resplandores de mi tierra.

Entrevista realizada por estudiantes de la cátedra que imparto, Métodos y técnicas de Investigación de la carrera de Comunicación Social. "

                                                                                                                   Yizza Delgado
                                                                              Profesora de la Universidad de Los Andes ( NURR)

Producción:
*Karen Briceño
*Yoel Rodriguez Guerra
*Ernesto Cadenas
*Yizza Delgado

Agradecimientos:
Gustavo Godoy
Museo de Arte Popular Salvador Valero
Ernesto Cadenas



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El individuo y la cortesia




El concepto “individuo” comienza a surgir en Italia con el Renacimiento. Antes de esto, las personas no eran consideradas individuos, sino representantes de un grupo o una clase. Fue en el Renacimiento, cuando  las personas empezaron a darse cuenta que era legitimo tener pensamientos y sentimientos  distintos al resto de sus contemporáneos. Aparecieron ilustres personajes, como Leonardo Da Vinci o Miguel Ángel,  que  se atrevieron a crear cosas nuevas, en vez de imitar lo ya establecido. Muchos  escogieron vivir a su manera desafiando abiertamente  la tradición.

Durante la Reforma, la emancipación de la autoridad de la Iglesia contribuyo al  individualismo. Esto se debió a que la verdad ya no provenía de una organización centralizada, sino yacía  en cada uno de nosotros.  Esto abrió las posibilidades de crear un mundo subjetivo. También permitió el desarrollo de la personalidad. A lo largo de los siglos, particularmente en el Romanticismo, estos avances alcanzados durante el Renacimiento y la Reforma fueron paulatinamente  consolidándose dentro de la sociedad.  Uno podría decir que la historia moderna es la historia del surgimiento del individuo.

Simultáneamente al crecimiento del individualismo también surgió la cultura urbana y la cortesana.   

 En el siglo XVI, los nobles comenzaron  a abandonar sus castillos e ir a las cortes en busca de influencia.  Si los nobles querían conservar su poder, debían relacionarse adecuadamente  con otros nobles. Mientras que en sus castillos podían mandar caprichosamente, ahora se vieron en la obligación de considerar a los demás y ganar  la simpatía de un gran círculo de personas de diferentes  posiciones sociales.  Fue necesario un mayor dominio de los impulsos.  Esto proceso de acortesamiento,  civilizo.  Se aprendió la amabilidad y la decencia. Las cortes crearon una ética del  comportamiento basado en los buenos modales, la etiqueta, el autocontrol  y la discreción. Con el tiempo, las cortes marcaron la pauta en cuanto a los gustos, el lenguaje y la conducta para el resto de la población.

Gradualmente, los profundos cambios de las reglas de poder en Europa afectaron los modos de relacionarse socialmente. Ahora, para acceder al poder  era necesario saber comportarse.  Mientras en la Edad Media,  el uso de la violencia, la actitud ante las funciones corporales, y  las manifestaciones de las emociones carecían de normas estrictas, en épocas posteriores, estas conductas fueron sometidas a un mayor control. También, el trato brusco hacia  a las mujeres y a las personas de bajo  rango se consideró algo totalmente inapropiado. Los gritos, las peleas y los insultos se catalogaron como actos reprochables. Igualmente, imponer  nuestros deseos a los demás se creyó inaceptable.  

La combinación entre individualismo y sociabilidad  mejor se representó en los salones ilustrados de Europa durante el siglo XIX y principios del siglo XX.  En estos salones, la aristocracia, los intelectuales y los artistas disfrutaban juntos animadas veladas, apartados de la burguesía. En estos círculos sociales, en ciudades como Paris, Londres y Berlín, todo dependía de la personalidad y la capacidad de expresarla. Valores burgueses como  el dinero, el éxito o la fama no era lo más importante. Lo realmente valorado era el talento, el carácter y la personalidad.  

Cada individuo es único y de igual valor que el resto. Su valor radica en su originalidad. Sin embargo, el individuo para poder disfrutar la vida en sociedad  también debe tomar en cuenta el bienestar de los otros de la misma manera que goza de su libertad individual.

El individuo es la base de la cultura, pero la cortesía nos permite disfrutarla. Por eso es que las formas de cortesía son elementales para el buen vivir. Tratar a todos como iguales.  La persona tosca, autoritaria,  fanfarrona y pretenciosa es la principal enemiga de la cultura.  Por otro lado, la tolerancia,  el  respeto  y  la consideración hacia los demás son  elevados signos de educación y refinamiento.
 
Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 12  de Febrero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 5 de febrero de 2016

Dios y las religiones



El filósofo griego ,y discípulo de Sócrates, Platón sostuvo una concepción de la sociedad y el mundo muy particular. El pensamiento platónico se basa en la búsqueda de lo fijo, de lo permanente.  Para Platón,  la realidad es una verdad  universal y eterna  mientras que lo efímero y aparente son meras ilusiones.  La cosmología platónica  plantea el mundo como un sistema dual jerárquico  donde  existe un nivel superior  y un nivel inferior dentro de un orden estable. Su teoría política y su metafísica se entrecruzan ,y resulta difícil exponerlas por separado debido que Platón consideraba que la sociedad y el cosmos se regían según las mismas reglas.   

Platón nació en Atenas en los  tiempos de Pericles. Después de la guerra con los persas,   Atenas se convirtió en una potencia cultural, política y militar que, hasta el día de hoy, a pesar de los siglos, no deja de causar la  admiración y el asombro de todos.  Sin embargo, este periodo de esplendor  termino trágicamente en la guerra donde la poderosa Esparta resulto victoriosa.  Platón, y su pupilo Aristóteles, responsabilizaron al sistema democrático ateniense por  la derrota.  Por eso es que para entender a Platón, y a los filósofos posteriores, es necesario saber algo de Esparta.

La visión platónica, tan del universo como de la sociedad, presenta una clara influencia del modelo totalitario y rígido espartano. Los griegos admiraban la ciudad espartana por su gran estabilidad.  Esparta era un estado oligárquico y militarista que se caracterizaba por su poca libertad personal y la severidad de sus  leyes.  En Esparta, había orden. Mientras que en los demás ciudades de la región,  las revoluciones eran cosa común,  la constitución espartana permaneció sin cambios por siglos. Por otro lado, para Platón, y para su sucesor Aristóteles,  la democracia representaba  la perdida de la guerra, la destrucción y el caos. A Platón,  la democracia lo despojo de sus riquezas familiares. Además, la democracia condeno a su querido Sócrates a la muerte.

Platón y Aristóteles dominaron casi exclusivamente  el pensamiento occidental a lo largo de la edad antigua, la media y la moderna. En las religiones occidentales, como el judaísmo, el cristianismo y el islam,  la influencia griega es tremenda, sobre todo en el cristianismo, y especialmente  en el catolicismo.  Basta con leer un poco a San Agustín para notar  una fuerte corriente neoplatónica. Solo basta con ojear  algunos escritos de Santo Tomas de Aquino  para reconocer  claramente a Aristóteles.   

La Iglesia Católica al día de hoy aun acepta la doctrina de Santo Tomas como su doctrina oficial. De hecho, la teología cristiana, y la de las otras religiones abrahamicas,  siguen fielmente un orden muy semejante a un reinado de la antigüedad  regido por los esquemas platónicos y aristotélicos.

Los grupos religiosos pretenden ser  las reveladores de la  verdad absoluta convirtiendo en dogma las ideas que exponen sus autoridades y su literatura. Un dogma es  sistema de pensamiento creado por hombres del pasado tan falibles como los hombres de hoy. Sin embargo, estos hombres de mentalidad autoritaria pertenecieron a  organizaciones muy poderosas con la capacidad de imponer, con el apoyo de las fuerzas políticas, sus planteamientos como verdades incuestionables a la población civil.  Las verdades se soportan con argumentos, no con el poder. Y siempre están sujetas a refinación.

El concepto tradicional de Dios, entre muchos otros conceptos religiosos tradicionales, se deben abrir al escrutinio público, aboliendo estas ideas retrogradas  que unen la verdad con la autoridad.  Desde los tiempos de Sócrates, Platón y Aristóteles, el pensamiento humano ha avanzado mucho, y los sistemas jerárquicos ya no son tan idolatrados como antes.

 Los grandes temas de la vida no pueden enjaularse, deben liberase. Una mejor compresión de la realidad depende de una mente abierta y sin fronteras. Por eso es que el primer paso hacia el verdadero saber es: la duda.


Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 05  de Febrero de 2016 en la columna Entre libros y montañas
 

viernes, 29 de enero de 2016

La crisis del lenguaje



El lenguaje articulado es  un sistema de representación que posibilita mapear  nuestro mundo interior y exterior. No solo es nuestro principal medio de comunicación con los demás, sino también es un elemento determinante en la configuración interna de cada quien. Con el uso de símbolos, el lenguaje le permite al  individuo definir su realidad, tanto en su  relación con los demás como ante sí mismo.

Aquello que no tiene nombre es un misterio. Lo inefable siempre se mantendrá oculto. Desde la niñez, estamos  construyendo paulatinamente  nuestro mundo en la medida que desarrollamos nuestro lenguaje. Si solo conocemos una palabra para nombrar a todos los árboles, veremos a todos los arboles como una misma cosa. Sin embargo, si  conocemos diferentes palabras para denominar con exactitud a los diferentes tipos de árboles, veremos con claridad esa diversidad al entrar a un bosque, por ejemplo. Conectar una palabra específica a un elemento en específico facilita enormemente su identificación en lo particular y su  diferenciación con respecto a  lo otro. Por eso es que un enriquecimiento de nuestro lenguaje significa un enriquecimiento de nuestro mundo. Cada nueva precisión lingüística  significa una amplitud de nuestra realidad. Y de la misma manera,  toda  limitación se transforma a su vez en una  limitación  psicológica, social, cultural y espiritual. Nuestro lenguaje expresa quienes somos y como vemos las cosas.  El hombre pobre de lenguaje piensa, siente, y socializa pobremente. Y,  su alcance es pobre. 

El lenguaje está estrechamente relacionado al pensamiento. Pensar es un proceso  que se apoya del sistema simbólico del lenguaje para operar. Por eso es que todo deterioro en el lenguaje repercute en la calidad de nuestros pensamientos y, en consecuencia, en nuestro accionar personal y social. 

El hombre moderno se enorgullece en anunciar que estamos viviendo en la era de la información y el conocimiento. El asunto es que hoy en día gracias a los avances tecnológicos tenemos acceso a muchos contenidos, pero poco de este contenido es realmente nuevo o de calidad. La persona promedio no conoce, ni domina su lenguaje. Su vocabulario es sumamente escaso. Su capacidad de redactar o expresarse  con claridad es muy limitada. Generalmente, se comunica, no con sus propias palabras,  sino que recita ingenuamente  la fraseología que le impone la cultura de masas.  Se perdió el respeto por las palabras y su verdadero significado. Los políticos, los publicistas, los periodistas y el resto de la sociedad pareciera que botaron los diccionarios. Palabras comunes como paz, democracia, justicia, libertad, amor, felicidad, riqueza, entre muchas otras, son utilizadas caprichosamente y alegremente por cualquiera para nombrar lo que más  convenga cuando más convenga. Esta ambigüedad idiomática estimula el pensamiento confuso y contradictorio. Hoy en día, el vino dejo de llamarse vino, y el pan dejo de llamarse pan. He aquí la causa de la carencia de gente crítica y pensante en el mundo de hoy. 

En la era de la información,  la imagen y el mensaje audiovisual se imponen sobre el lenguaje escrito. El lenguaje escrito se ha reducido al slogan, a la consigna y a la  frase corta como un mero accesorio  cosmético de lo visual.

Lo audiovisual ofrece el regreso a la comunicación oral. Lo audiovisual es un mensaje  ligado siempre al contexto. En la comunicación oral,  el sentido de la palabra depende del gesto, del tono, del sitio, de la música y de otras vertientes con fuerte carga emocional. Solo la escritura desliga el lenguaje de la situación concreta. Lo vuelve independiente del contexto y de fácil control. La escritura es para el lenguaje lo que el reloj es para el tiempo.  La escritura fija el lenguaje y estructura su sentido permitiéndole establecer un orden de pensamiento claro y  coherente.  El lenguaje escrito estimula la reflexión y la interioridad. El hombre masa moderno, adicto a la televisión, no piensa realmente porque todos sus pensamientos son ajenos.

A pesar que es un tema extremadamente descuidado y desapercibido, la verdad es que la crisis del individuo y la modernidad está inseparablemente unida  a la crisis del lenguaje. 

Un aporte útil al mundo es promover una sociedad de buenos lectores. El buen lector  es siempre un relector, no es un lector superficial.  Leer y releer buenos libros es la práctica del individuo  culto y pensante. Convertirse en un buen lector es hacer  de la literatura un compañero de vida. En los libros esta la solución a la crisis del lenguaje. Adoptar un libro es como  enamorase. Se requiere tiempo, esfuerzo, imaginación y soledad. Y una vez que se despierta la pasión, no hay vuelta atrás.  

Toda revolución empieza con un libro. Da el primer paso, regala un libro. 



Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 29  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

sábado, 23 de enero de 2016

Sobre el sufrimiento y el dolor





Gautama Siddharta nació  en la India, en el año 566  A.C, en el  seno de una familia de príncipes sumamente ricos. Durante su infancia y adolescencia, tuvo una vida mimada y opulenta. A pesar de la sobreprotección de su padre, no logro escapar de los hechos desagradables de la condición humana como la sufrimiento y el dolor.  Un día  abandono  su vida de lujos y placeres para huir  a los bosques en busca de iluminación y entendimiento. Después de largos años de meditación y austeridades, se convirtió en el Buda (el Iluminado). Funda una religión mundial llamada  budismo que nos revela una  nueva práctica espiritual basada en  una nueva concepción del universo.  El budismo enseña una teoría unitaria de la existencia, una visión no-progresiva del tiempo,  una ética igualitaria y un ascetismo moderado como un sistema filosófica para lograr libertad, tranquilidad y sabiduría.

Mientras en el pensamiento religioso occidental el sufrimiento, tanto físico como mental, es visto como un terrible mal enviado como un castigo debido a nuestros  pecados, en el budismo la visión es radicalmente diferente. El sufrimiento es el producto de una mala interpretación de la realidad por nuestra parte. En otras palabras, el sufrimiento surge en el momento que la realidad contradicen nuestras expectativas. Según Buda, la ignorancia es la causa principal del sufrimiento. Y la sabiduría y el conocimiento son sus remedios.

  Si nos apegamos a una circunstancia en particular, eventualmente sufrimos si la circunstancia cambia. Un mundo circunstancial es siempre cambiante entonces nuestro sufrimiento es constante si nos aferramos a una idea fija. Muchos de nuestros problemas son problemas creados en nuestra imaginación.  Las muertes, las pérdidas,  las desilusiones y las dificultades se convierten en decepciones en la medida que negamos la noción que  nada es permanente y  que nada es realmente nuestro para siempre.  

Según el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, estudioso de las enseñanzas de Buda,  el sufrimiento es esencial a toda forma de vida.  La voluntad de vivir, de existir está estrechamente relacionada con la lucha contra las resistencias que impone la realidad. Mientras mayor sea la lucha de la voluntad, mayor será el sufrimiento.

Para Nietzsche, siguiendo un poco la línea de Schopenhauer,  el sufrimiento es una afirmación de la voluntad de poder. Y todo gran individuo se caracteriza por experimentar un inmenso dolor frente al mundo.   Según el filósofo, toda expansión requiere conquistar una frontera. Esta barrera significa una lucha entre fuerzas enfrentadas, y eso es el dolor. 

Una persona promedio todos los días se enfrenta a diversas dificultades para lograr sus objetivos. Seguramente, su vida sería mucho más fácil  si no tuviera aspiraciones, pero también sería una vida sumamente limitada.  Si no tuviera nada, pues no perdería nada. El que se rinde por miedo a los peligros, no llegara a conocer nunca su verdadero potencial. Debemos recordar que  estar vivos es estar en peligro. Solo los muertos están en paz. La pérdida de un ser querido o los problemas con los demás  son la envidia del hombre solitario quien no tiene a quien perder o con quien pelear. 

Todo talento, posesión o logro es fruto de un esfuerzo que resulta muchas veces doloroso, pero es  esencial para nuestro crecimiento. Las adversidades y los obstáculos son parte  de la vida. El sufrimiento y el dolor no es otra cosa que la  afirmación que estamos viviendo y debemos afrontarlos con dignidad. Evadir los riesgos es evitar la vida. Cada experiencia difícil nos aporta una nueva capacidad. 
En las palabras de Nietzsche “Lo que no te mata, te hace más fuerte”.  




Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Sábado 23  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

sábado, 16 de enero de 2016

La sociedad tecnologica


 
 
Según la mitología griega, Dedalus fue un ingenioso inventor y hábil arquitecto. Dedalus construyo, a solicitud del Rey Minos, el famoso laberinto de Creta  para encerrar  en el centro  a la monstruosa criatura con cabeza de toro y cuerpo humano llamada Minotauro.  El diseño de Dedalus llego a ser tan intrincado y complejo que su propio constructor, en la compañía  a su hijo Icarus , se convirtió en  prisionero de su propia creación.

Para escapar esta prisión,  Dedalus fabrico unas alas de cera y plumas para su hijo y para él. Según el relato, Dedalus aconsejo a su hijo  volar con prudencia. Le pidió moderación con la clara instrucción que no se excediera. No debía volar demasiado alto, pero tampoco demasiado bajo. Sin embargo, Icarus, fascinado  con su nuevo poder, se distrajo y  se acercó  demasiado al sol. El calor  del sol  derritió sus alas e Icarus cayó al vacío debido a su descuido.

En la novela gótica “Frankenstein o el Moderno Prometeo”,  la autora inglesa Mary Shelley cuenta  la historia del brillante joven Victor Frankenstein quien, obsesionado con los inmensos alcances de la ciencia,  crea una criatura viviente en el laboratorio de su castillo. A pesar de poseer una gran confianza en los poderes de su mente, el científico nunca pudo controlar al monstruo que creo. Para Doctor Frankenstein, sus logros y  descubrimientos al final se le fueron de las manos, y eventualmente  causaron su ruina y  locura.

Desde muy temprano,  en la historia de la humanidad, el hombre  ha construido herramientas usando los recursos de su entorno. Desde un principio, la finalidad de la tecnología ha sido facilitar la vida del ser humano  ahorrándole tiempo y esfuerzo en la  satisfacción de  sus necesidades y   propósitos.  Esa capacidad humana de encontrar una aplicación práctica al  conocimiento adquirido mediante la observación y experimentación le   ha dado a  la humanidad  un inmenso poder técnico sobre el mundo físico. Sin embargo, en la actualidad, a pesar que presumimos controlar la obra de nuestras manos, pareciera que el impacto de la tecnología en nosotros es tan fuerte que no se sabe con certeza quien controla a quién. Paradójicamente, la tecnología nos ha dado mucho poder pero, al mismo tiempo, nos ha hecho más dependientes.  La tecnología nos ahorra tiempo por un lado, y, por el otro lado, nos roba tiempo. Muchas veces nos une y, al mismo tiempo, nos divide. Da liberad e irónicamente nos  quita también libertad.

Anteriormente a la invención del tocadiscos, las comunidades creaban su propia música. La gran mayoría de las personas tocaban por lo menos  un instrumento musical. El músico y su audiencia eran lo mismo. La persona promedio participaba de manera activa  y  directa en el acto de crear y escuchar música. Después de cierto esfuerzo y disciplina, la persona desarrollaba una destreza musical que le permitía gozar libremente de esta actividad artística. Se poseía un control directo sobre la producción musical.  Hoy, el músico aficionado es una  reducida minoría porque  en su mayoría  ha sido sustituido por el músico profesional y extranjero. La voz y los instrumentos musicales han sido reemplazados por avanzados  dispositivos de audio. A diferencia de épocas anteriores, en el mundo de hoy,  las personas se relacionan con la música pasivamente. Y   la industria moderna de la música domina casi  exclusivamente toda producción musical.

Al principio, el automóvil le permitió a la gente trasladarse de un lugar a otro en menos tiempo que antes.  Una persona que caminando le tomaba media hora moverse de su casa a su lugar de trabajo con el uso del automóvil podía lograrlo en tan solo cinco minutos. Eso por supuesto significo un avance considerable.   Luego, cuando los automóviles se volvieron más números,  las ciudades  se rediseñaron adaptándose  a este nuevo modo de transporte. El automóvil permitió que la distancia que las personas pudieran  cubrir fuera mucho más grande que antes y la gente se mudó a sitios más lejanos.  Este cambio hizo  la vida del sencillo caminante mucho más complicada. Las distancias se volvieron más largas, y la misma persona que anteriormente tardaba caminado media hora en llegar su lugar de trabajo, ahora en automóvil tarda esa misma media hora. En realidad, la invención no le está ahorrando nada, pero prescindir del automóvil ahora es muy difícil porque caminar ya dejo de ser una opción práctica.  El creador se convirtió en esclavo de su propia creación.

Mientras vemos que  las sociedades con menos tecnología moderna viven una vida mucha más relajada y tranquila, en las sociedades más avanzadas tecnológicamente vemos ajetreo por doquier. Eso no deja de causar asombro ya que los defensores de la sociedad tecnológica nos venden la idea que a mayor  tecnología mayor  tiempo libre para realizar las actividades que realmente nos gustan.

Hoy hay mucha tecnología, pero poca sabiduría. No es cuestión de abolir la tecnología, sino de pensar bien las cosas. El hombre moderno vive constantemente adquiriendo la última maravilla tecnológica por el miedo a quedarse por afuera.  La modernidad nos ha obligado a adaptarnos a la tecnología cuando la tecnología debería adaptarse al ser humano. En el  camino se nos ha olvidado que la tecnología esta para servir del ser humano y no al revés. En la actualidad, somos herramientas de las herramientas que hemos creado.




Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Sábado 16  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

 

viernes, 8 de enero de 2016

El sentimiento y la libertad





Las sirenas son criaturas mitológicas presentes en muchas  leyendas alrededor del mundo. Estos seres son doncellas del mar, mitad mujer y mitad pez, de abrumadora belleza que con sus encantadores cantos  seducen, engañan y desorientan a los incautos marinos.  En el poema épico la Odisea, Homero nos relata un episodio donde el personaje  principal, Ulises,  se encuentra con ellas.

Ulises, hombre de gran astucia,  de regreso a su hogar  en Itaca , debía tomar la peligrosa ruta junto a la isla de las sirenas. Para no caer presa de sus hechizos, Ulises le pidió a su tripulación ser atado al mástil de su embarcación  para evitar perder el control. Y, de esta manera, Ulises no fue víctima de los encantos de las sirenas y pudo regresar a casa.

El intelectual alemán Herbert Marcuse utilizo  este mito  para ilustrar  la situación del ser humano ante los controles sociales que suprimen el fluir natural del alma humana. 

El padre del psicoanálisis Sigmund Freud   abordo también esta tema en su libro “El malestar de la cultura” con conclusiones similares a las de Marcuse.

La sociedad para funcionar  nos impone constantemente  sus deseos, mientras que el alma lucha por ser simplemente lo que  realmente es: Consciencia, libertad, y sentimiento.

Este debate ha sido planteando numerosas veces. A lo largo de la historia han surgido muchos individuos  con fuertes críticas a los elementos represivos de la  sociedad. Sin embargo, es prácticamente un consenso  que el ginebrino Jean-Jacques Rousseau es el fundador de la crítica moderna a la civilización.

La  famosa tesis de Rousseau consiste que la civilización impide al hombre realizarse porque impone una serie de controles que limitan su libertad. Rousseau opino que el hombre es bueno y libre en su estado natural,  sin embargo, la sociedad lo corrompe y encadena.  Por lo tanto, según el escritor, todo lo natural es bueno, y todo lo malo proviene de la sociedad. Para este, la civilización es la vida de la gran ciudad,  de los ricos y  las cortes. Por supuesto, Rousseau se refería principalmente las cortes europeas afrancesadas  inspiradas por el  Ancien regime.  En estos sitios reinaba el ajetreo, la mentira, la hipocresía y el egoísmo. Es en la naturaleza donde pueden fluir libremente  los verdaderos sentimientos humanos. La naturaleza significa  la armonía, tranquilidad, la autenticidad y la sencillez. Las ideas de Rousseau surgieron como  un contraproyecto a todo lo francés y reflejaban un espíritu más acorde con el provincianismo germano.

Aun en  su tiempo, Rousseau ya era un personaje celebre y sumamente influyente. Inspiro con el tiempo no solo la Revolución Francesa, sino también el Romanticismo.

En contraste con la rigidez y los formalismos de las cortes y las ciudades,  los románticos valoraban la expresión espontanea del individuo. El romanticismo se centra en el sujeto que siente.  Los individuos creativos ganaron prestigio. Las normas sociales establecidas empezaron a ser cuestionadas. Mientras que los oprimidos de la sociedad fueron considerandos no solo como simples iguales sino incluso mucho  más humanos que el resto de la población. Los pobres, los niños,  los indígenas, los campesinos, el rebelde y  el artista se convirtieron en objetos de admiración.  Los tiempos pasados, la vida rural, y la naturaleza se transformaron en ideales de libertad.

El pensamiento roussoniano y el romántico a pesar de sus excesos y limitaciones  proponen planteamientos muy interesantes dignos de una profunda reflexión.
Por supuesto, que los controles  y las formas  son necesarias para que la civilización prospere, pero es igualmente cierto que la familia, la cultura, y la sociedad intentan constantemente  encasillarnos en un molde. El alma humana necesita libertad para alcanzar su potencial. Y la libertad es ser lo que uno es y no lo que los otros quieren que uno sea. El primero paso hacia la realización de  uno mismo es salir de ese molde que la sociedad nos impone.

Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 08  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas