viernes, 29 de abril de 2016

La soledad del escritor






El escritor checo Franz  Kafka consideró que para poder escribir era mejor permanecer soltero y decidió nunca casarse. El filósofo Danés Søren Kierkegaard rompió su compromiso con su prometida Regin Olsen por creer que no estaba hecho para el matrimonio. El controversial  filósofo alemán Friedrich Nietzsche probablemente nunca tuvo una genuina experiencia amorosa. La vida del novelista ruso Fyodor Dostoyevsky  fue una sucesión de  infortunadas aventuras con las mujeres.  Nadie dijo que sería fácil ser un solitario escritor y poder  mantener al mismo tiempo  una equilibrada vida sentimental.

Los  verdaderos compañeros de un escritor son sus libros y el mundo  que ha creado. Está y no está. En realidad, siempre está en otro planeta. El escritor, como muchos otros creadores,  frente a los demás siempre se ve  un poco ausente, un poco distante, algo distraído.  Eso es porque  el escritor habita en un lugar de ideas y sueños.  El hecho es que el oficio del escritor es el más solitario de todos los oficios porque nadie puede pensar por uno, nadie puede escribir por uno. El escribir atrae como la miel a los solitarios porque es una vía donde  pueden expresar su ser interior como ninguna otra vía.  Si publica lo escrito  o no, es solo un detalle de poca importancia. Realmente,  escribe solo para sí mismo y solo de sí mismo. 

Convivir con un escritor es como convivir con un gato. Es estar en la presencia de un ser  desconectado, autónomo, y ensimismado. Para estos personajes,  el sentido de la  vida no necesariamente depende de la interacción con las demás. Su rico interior le aporta todo lo que necesita. La mayoría trabaja desde la sensibilidad y desde lo vulnerable. Entonces, requieren mucha soledad y tiempo libre. Para él, el oficio de escribir es un encuentro perenne consigo mismo.  Escribir lo convierte en un dios, un creador de mundos. Y simplemente no tiene tiempo para las pequeñas cosas de lo cotidiano. En vez de estar buscando el pan para la cena o reparando el lavamanos, está buscando  la  palabra adecuada  para expresar sus sentimientos, o tal vez  ideando el trágico desenlace de la historia de amor que está escribiendo. Su intención no es causar daño a los demás. Es solo que a pesar que  lo vemos  junto a  nosotros, la verdad es que no está ahí. Está en otro planeta. Él sencillamente vive en su imaginación.


Para el creador, la vida real resulta gris al compararla con  la brillante realidad  que ha creado para sí. Debido a su carácter soñador y libertario  rara vez  goza de una vida funcional.  En otras palabras, es un desastre. Visita el  exterior como un turista y únicamente para cazar material para edificar su obra. Es el hecho de crear algo nuevo y fantástico su verdadera recompensa. Su obra a pesar de su valor artístico y filosófico tal vez no tenga valor comercial o social. Por lo general, descuida con facilidad los aspectos prácticos de la vida.  Es por eso que la vida del escritor es una senda llena de frustraciones, excentricidades y desafíos financieros. No es fácil estar junto a uno de estos seres.

Para el alma dispuesta a convivir con un escritor, la vida es un constante reto. Comprender a  un escritor y sobre todo  llegara quererlo  toma un esfuerzo adicional.  Convivir con él  es difícil. Sin embargo, si se presta la suficiente  atención y se  llega a descubrir  su mundo interior,  uno será parte de  algo mágico y extraordinario. Y lo más seguro que como recompensa por soportarlo, por medio de su obra,  te haga inmortal. Serás la musa de sus historias. Serás la protagonista de su mundo de amor, fantasía y resplandor.

Gustavo Godoy

Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 29 de marzo 2016




viernes, 22 de abril de 2016

¿Salvar al planeta?

 






Este planeta donde vivimos tiene su historia, una historia muy larga. Desde sus inicios hasta hoy, han pasado más de un par de cosas. Hay que verle la cara a lo que significa un millón de años y este planeta tiene un montón de esos sobre sus hombros.  Como toda vida, ha sufrido  infiernos de fuego y de hielo, momentos de calma y momentos de agitación.   Ha tenido sus ciclos de equilibro y desequilibrio.  Volcanes, terremotos, tormentas, diluvios y catástrofes que   a pesar de las especulaciones de los más estudiosos  aún no se han  podido comprender en detalle. Es un organismo complejo y vivo que evoluciona y muta constantemente. Cada etapa ha tenido sus características, y ha pasado de una a la otra,  unas veces de manera rápido y otras veces de manera lenta.  Pero ahí está. Estaba antes de los humanos, y estará probablemente después de nuestra partida. 

El ser humano es nuevo en este planeta. La historia humano es relativamente corta.   Si la historia del planeta la concentráramos en un año, la historia del hombre representaría unos escasos  14 segundos. En otras palabras, somos unos recién llegados, pero unos sumamente creídos.  Nos creemos superiores al planeta y a los seres que habitan en él. Nos autodenominados como especiales. Algo muy conveniente sobre todo si consideramos de quien fue la idea: de nosotros mismos.  Pesamos que tenemos el poder de destruir y de salvar.  Este planeta ha pasado por una infinidad de trasformaciones y cambios.  Y nosotros pensamos que lo vamos a destruir con bolsas de plástico.  El planeta estará aquí después de nosotros  por millones de los años más. El planeta sobrevivirá a la raza humana sin mayor problema. Hará lo que siempre ha hecho. Se adoptara. Se transformara. Se regenerara y seguirá. Nos expulsara  como nosotros expulsamos  al virus de la  gripe común. Un poco de fiebre y algunos  estornudos. El planeta está bien. Nosotros somos los que estamos mal.  

Desde Sócrates, Platón y Aristóteles, a través a la cultura grecorromana y judeocristiana,  la humanidad se ha convencido a si misma que la realidad posee una estructura jerarquizada, con una dimensión superior y otra inferior.  Lo superior que es el ser humano, se siente con el derecho de usar y abusar a todo lo inferior, o sea todo lo demás.  Solo lo humano tiene valor, según esta concepción.  Desde que los seres humanos estamos en este planeta, apenas 10 mil años atrás, un periodo relativamente corto según toda nuestra historia, descubrimos a la agricultura y la ganadería. Y la revolución Industrial comenzó apenas un poco más de dos siglos atrás.  Antes de todo eso, vivíamos en pequeños grupos de cazadores y recolectores viviendo como el resto de los animales en armonía con nuestro entorno.  Por supuesto con contadas excepciones como también ocurre en el caso de los demás miembros del reino animal y vegetal.
 
Nosotros somos lo que somos y vivimos como vivimos porque  las condiciones lo han permitido.  El planeta nos ha brindado las condiciones para esta evolución que hemos experimentado. ¿Qué sería del ser humano sin los cereales? ¿Qué seriamos sin el maíz, el trigo, el arroz, la cebada, y la papa?  Estas plantas de rápido crecimiento, de semillas grandes,   ricas en energía  y almacenables que mutaron después de la última glaciación de manera tan ventajosa para nosotros. ¿Qué sería de nosotros  sin el agua, el suelo o el aire? 

Nuestra verdadera crisis es una espiritual. Sufrimos de una codicia inagotable. Construimos todo un sistema basado en recursos no renovables y limitados. Y pretendemos que duraran para siempre, cuando en el fondo sabemos que esto no será así.  La tecnología que usamos quita más de lo que da.  Por un lado, nos da grandes juguetes pero por otro contamina nuestro único hogar. Es un sistema que mata y destruye. Estamos agotando las condiciones de las cuales dependemos para vivir.  ¿Salvar el planeta? Debemos salvarnos nosotros cambiando nuestras maneras. 
 
Gustavo Godoy





Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 22 de Abril 2016



viernes, 15 de abril de 2016

La burocracia


El escritor Franz Kafka vivió en Praga durante un periodo muy agitado, un periodo anterior pero cercano a la segunda guerra mundial, los regímenes totalitarios y el holocausto nazi. Estudio derecho por insistencia  de su padre, pero lo que realmente  amaba eran  los libros y la soledad. Para pagar sus cuentas, trabajo como empleado  en una empresa de seguros, oficio que detestaba.  Después  de su  jornada laboral, evadía su realidad burguesa dedicándose a la literatura durante las noches.  Escribía en secreto cuentos y novelas. Kafka es considerando como uno de los grandes escritores de la literatura.

En sus novelas reflejaba constantemente  el infierno de las  oficinas y los burócratas.  En su famosa novela “El proceso”,  Kafka relata  la historia de Josef  K. que sin ser culpable se ve envuelto en  una situación absurda y  sin salida. La novela ilustra  la pesadilla que significa tener que lidiar con la burocracia incomprensible. La imposición de los horarios y órdenes, la estrechez claustrofóbica de las oficinas,  los procedimientos sin sentido, la confusión laberíntica y la desorientación como un instrumento de tortura sin final son elementos recurrentes en sus obras.  La impotencia del individuo frente a la maquinaria del poder es una de las temáticas más presentes en Kafka.  Ahora se usa el adjetivo “Kafkiano” cuando queremos referirnos a un trámite burocrático infinito.

Mientras más grande es una organización más importante  es la  necesidad de orden.   Las instituciones monopólicas con las públicas se ven empujadas  por su tamaño al centralismo y a  la jerarquización de funciones.  Cada miembro dentro del sistema  se ve forzado por la organización a cumplir un pequeño papel.  Debe obedecer a sus superiores implementando reglas generales y abstractas  que impone la autoridad central. Mientras más grande sea  la institución, la tarea de las partes se ve más  reducida y limitada.  La libertad y la iniciativa  personal del funcionario en los últimos escalafones de poder son cada vez  menos relevantes.  En otras palabras, la burocracia por su propia naturaleza embrutece al ser humano.

El individuo inmerso en sus problemas particulares y necesidades singulares cuando entra al aparato burocrático se ve empequeñecido  a una categoría general. Es deshumanizado. Se convierte en un número, un documento o un proceso.  El burócrata  lo trata como un ser quejón y torpe,  como una molestia. Para este, el caso individual del ciudadano común le importa muy poco y si le llegase a importar no puede hacer mucho  por qué el sistema no se lo permite.  A pesar que la burocracia en el discurso formal esta para servir al público en la práctica funciona como un instrumento de dominación.  El ciudadano frustrado e impotente se ve con demasiada frecuencia víctima de un infierno de papeles y formularios  donde no tiene muchas opciones.

Dentro de las antiestéticas oficinas de la burocracia, el funcionario actúa como el  poderoso  representante de una gigantesca organización monopólica  con el poder de imponer su voluntad al ciudadano individual.  Este ambiente tiene la característica de convertir a personas nobles, capaces y talentosas, en perezosos, torpes y arrogantes ya que su campo de acción es sumamente minúsculo y la libertad para innovar  esta encadenada por los todopoderosos e interminables reglamentos internos.  El burócrata es solo responsable de obedecer los lineamientos de su oficina. No produce, no crea, no piensa.  No tiene estimulo de tratar amablemente al ciudadano porque sabe muy bien que este no tiene escapatoria.

Mientras más grande sea la burocracia de una sociedad determinada, mayor será la  ineficiencia, el  autoritarismo, y la improductividad de dicha sociedad. La burocracia es la antítesis de la creatividad, de lo humano y de lo bello.  ¡ Desafortunado aquel que tiene que someterse a un proceso burocrático!


Gustavo Godoy
Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 15 de Abril 2016




viernes, 8 de abril de 2016

La historia de él y ella



Ya había pasado cierto tiempo y  él ya se  estaba acostumbrando a la soledad. Empezaba a olvidar como era una vida en pareja. El pasado  le trajo lindos momentos, pero también infortunados desenlaces. La soledad, a pesar de que era  algo fría,  era tranquila y libre de complicaciones. Hacia lo que quería y quería lo que hacía. La libertad del hombre soltero le permitía tener su espacio y mucho tiempo libre para poder escribir en paz. Él era poeta o por lo menos tenía espíritu de poeta. En pareja sus opciones eran mucho más restringidas. Algo que recordaba a menudo mientras en su mente enumeraba orgullosamente  las abundantes ventajas de su pacífico  estado sentimental actual.  


Ella después de varios amargos amoríos escogió la soltería como una defensa permanente ante los problemas que con demasiada frecuencia para ella le había traído el amor. Ella ya se estaba acostumbrada a estar sola. La soledad, aunque un poco fría,  le parecía mucho más  la tranquila y segura  que el  campo minado   de los amoríos. Ella era artista o por lo menos tenía espíritu de artista. Debido a sus fracasos anteriores  perdió la fe en los hombres. Y de alguna manera, la fe en sí misma  en materia de  romances.  Tomó la decisión de pensar que esas antiguas decepciones tenían  culpables. Dependiendo de su ánimo  en algunos momentos  los culpables eran los demás pero en otros dudaba. Y secretamente pensaba que tal vez los culpables habitaban en ella. Por eso escogió vivir sola y tratar en lo posible evadir todos los pensamientos alrededor del amor. Era algo complicado y doloroso. La evasión le resultaba mucho más fácil. Y a su manera tenía razón.


Para ambos esta especie de voto de soltería autoimpuesto, los frenaba. Ellos se conocían. Eran amigos. En realidad, eran más que  amigos pero al mismo tiempo  algo menos que amigos. Se trataban muy formalmente. En sus encuentros accidentales, su trato  manifestaba   una cortesía  tan exagerada que se tornaba  sospechosa.  Era una distancia que en el fondo enviaba un mensaje, un mensaje que solo ellos comprendían.  Normalmente era así hasta que se cruzaban sus miradas.  En aquel  momento, todo cambiaba. Por un instante  todo se reducía a nada. De repente, el pasado desaparecía por completo. Y el futuro no importaba más. Lo único que quedaba era el eterno  instante.  El  cálido y dulce destello de sus ojos, con algo de timidez, con algo de picardía. Y por supuesto sus sonrisas, tan  tiernas y libres como  mariposas en el viento.  Era un  poco las diferencias. Era un poco las coincidencias. Era un poco lo fácil que podría  resultar. Era un poco lo difícil que podría llegar a  ser.  Pero eso pasaba fugazmente. No duraba mucho.  Luego de un par de segundos , se desvanecía. Al rato, todo volvía a la normalidad. Y la formalidad y la cortesía retornaban como dos pesados grilletes.

Ese era su secreto. No era mucho, pero era mucho. Era amor o por lo menos un tipo de amor.  No se pedían nada. Con saber que el otro existía les bastaba.  El y ella eran dos solitarios separados por la  distancia y los fantasmas del pasado que compartían  una inusual pero  linda historia de amor.  Así  de simple. Así de mágico. Es que el amor nunca es sobre el otro. El amor es principalmente sobre uno. Es  sobre vencer los demonios internos que habitan ocultos dentro de nosotros  y construyen grandes muros difíciles de derrumbar. Para triunfar en los espinosos senderos del amor, hay que luchar en contra de  gigantes:   La duda, el miedo, el orgullo y los prejuicios.  

Gustavo Godoy



Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 08 de Abril 2016



viernes, 1 de abril de 2016

Sobre los amores imposibles


Eros, el dios del amor, también conocido como Cupido, es representado en el arte como un adolecente desnudo, alado, con arco y flecha.  Eros, hijo de la diosa Afrodita,  con sus flechazos  es bien conocido por complicarles las cosas  a las mortales. El mito de Eros y Psique es particularmente hermoso. Psique, que en griego quiere decir Alma, era una joven bellísima que despertó el amor de Eros. Todo  conspiro en contra de ellos. La historia está repleta de  obstáculos, reveces y complicaciones.  Afrodita ofendida que una mortal conquistase el corazón de su hijo la entrego a la Tristeza y la Soledad para que la atormentaran.  Eros que nunca la abandono pidió una audiencia ante los dioses del Olimpo. Finalmente,  la asamblea favoreció a Psique.  Debido a este gran amor,  los dioses le concedieron  a la bella Psique la inmortalidad. Esta es la historia de un amor imposible que fue posible debido a  la gracia divina. Parece ser que cuando el alma  encuentra el amor, logra la eternidad.

En la Italia  renacentista, el poeta  florentino Dante Alighieri un día conoció a Beatriz e hizo de ella la  razón de su existir. Esta bella y virtuosa dama, casada con un rico banquero, jamás se fijó en el poeta. Sin embargo, él la quiso y lo inspiro para crear mundos enteros. Dante se refería a ella como  "la gloriosa señora de mis  pensamientos". Solo su sonrisa le bastaba para ser feliz. Por Beatriz,  Dante escribió la Divina Comedia, una de las más grandes obras de la literatura universal. Dante atravesó todo el infierno, el purgatorio, y el cielo por ella. Su belleza lo salvo.

El personaje de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, el caballero andante, dedicaba todas sus proezas a su amada Dulcinea del Toboso, una joven de la cual se enamoró ,pero ella nunca supo. A pesar de que nunca aparece en la novela,  ella se convirtió en el impulso de sus aventuras. Ante los incrédulos, Don Quijote responde: "La importancia está en que sin verla la habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia".

Hay un -no sé qué- en algunas mujeres que nos seduce con gran facilidad. Algo que nos hechiza y de repente  sentimos que volamos y la existencia  que fue, deja de ser para siempre. Algunos de estos amores encuentran la unión, pero otros no. Algunos amores se topan con grandes dificultades y nunca prosperan. Tal vez son las viejas heridas del pasado que no terminan  de sanar. Tal vez las dudas o los miedos. A veces simplemente son las jugadas del destino. O los gustos. O a veces la soledad parece más segura, más tranquila y menos complicada.

Hay amores  imposibles.  Amores que no pueden ser por las excusas de siempre. La sociedad, las formas o las circunstancias. Pero de los distintos  amores, tal vez estos sean los más honestos y puros de todos. Amores que desafían el tiempo, los prejuicios y  los muros.  Posibles solo en la imaginación y en el corazón.  Amores sin egoísmo, sin condiciones. Esas historias llenas de música, poesía, flores y bombones que inspiran mundos de aire,  fantasía y esperanza pero que nunca ocurren realmente.

Detrás de toda alma romántica  siempre existe una musa que con su encanto  lo inspira. Una hermosa dama ,real o ficticia, que representa todo lo  bello de este mundo.  Ese lindo pedacito de humanidad que se debe cuidar, querer y valorar. Esa dulce ilusión, ese amor correspondido o no,  que lo impulsa a seguir soñando y luchando.  No siempre es un iluso aquel que tiene una ilusión. Tal vez , lo imposible solo tarda un poco más.

 Gustavo Godoy

Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 01 de Abril 2016


viernes, 18 de marzo de 2016

El judio errante


 


Cuanta una leyenda medieval que cuando Jesús de Nazaret  caminaba sediento hacia la crucifixión   un personaje de origen judío  le negó un poco de agua.  Entonces, Dios  lo condeno a vagar sin rumbo por el mundo hasta el fin de los tiempos. Este mito se convirtió en una metáfora de la diáspora judía. Y la justificación de algunos antisemitas para  discriminar a  los judíos como grupo racial y religioso.

En la literatura, en obras como la de Shakespeare entre muchos otros,  los judíos han sido representados como seres avaros, ambiciosos y  obsesionados por el dinero y la ganancia. El estereotipo del judío es la persona arrogante, posesiva  y gritona de cabello oscuro y rizado, de ojos negros y de nariz grande. Una población extraña, cerrada,  vil y sin raíces explotando  a la sociedad donde viven pero sin  pertenecer a ella realmente.   En la Europa cristiana  de épocas anteriores, los judíos no podían poseer tierras. Sin embargo, las leyes cristianas en contra de la usura (prestar dinero con intereses) no aplicaba a ellos.  Entonces, muchos se dedicaron al comercio y a la banca.

En el siglo XIX y en las primeras décadas de siglo XX, gracias a la ilustración y al pensamiento humanista,  los judíos ganaron más libertades y privilegios. La sociedad empezó a verlos como individuos y no como una masa homogénea y separada. Debido a esta nueva apertura, muchos se vieron impulsados a educarse. El judío culto, educado y tolerante de ideas liberales logro acceso a distinguidos círculos de la europea ilustrada en ciudades como París, Londres y Berlín. Artistas, intelectuales, músicos, doctores, abogados y comerciantes judíos  obtuvieron gran visibilidad.  Los reyes y jefes de Estado a menudo hacían negocios con los prestamistas judíos. Familias judías acaudaladas  como los Rothschild se convirtieron en famosos por sus vínculos con las monarquías y los gobiernos de turno. Desde entonces,  los judíos han sido personajes recurrentes en diferentes teorías de conspiración. El ejemplo más notorio, la Alemania nazi de Hitler. Los judíos, siempre asociados al poder opresor. Según estas ideas cargadas de prejuicios y medias verdades, los judíos controlan los medios de comunicación, Hollywood,  y las finanzas del planeta siendo así  los principales enemigos de la gente común.  

Con la creación del estado de Israel, después de la II Guerra Mundial, y a raíz de los conflictos bélicos con los países árabes en el Medio Oriente, la comunidad judía internacional se ha visto estrechamente relacionada  al imperialismo norteamericano. Las organizaciones judíos en Europa y los Estados Unidos ha sido muy eficientes en encontrar apoyo entre los políticos y el empresariado para la consolidación de Israel como país. Muchos dicen que Nueva York es una ciudad judía, sobre todo Wall Street, el distrito financiero. Esto para los movimientos de izquierda en todas partes del globo ha causado una profunda desconfianza y los viejos prejuicios hacia los judíos  han florecido con gran fuerza dentro de muchos sectores.

Los conflictos en el Medio Oriente parecen de nunca acabar. Pero muchos comenten el error de  pensar que en realidad todo se lo debemos al odio entre religiones cuando sus causas son más complejas. Más que a la religión, estos conflictos se los debemos a las secuelas de la guerra entre las potencias mundiales y en la dificultad de diversos  grupos en  adaptarse a  la modernidad. La penetración del sistema democrático, la ciencia, las nuevas tecnologías, y  el estilo de vida occidental  en sociedades dominadas por la tradición y ancladas en el pasado son factores determinantes  en esta zona de arraigada inestabilidad política y social.

Las teorías conspirativas siempre han fascinado al hombre común y sin poder. Es una gran tentación pensar que muchos de nuestros  males son una simple consecuencia de las acciones de malvadas fuerzas  oscuras cuando a menudo nuestros males son causados por nuestras propias fallas, fallas en la educación, en la organización o en nuestro carácter.

Es posible que la enorme cantidad de nombres celebres de judíos destacados en la historia, la cultura y las ciencias es gracias a  la importancia que los judíos le dan a la educación y no a una siniestra conspiración. Y también es probable que  el hecho de tener una cultura distinta y aparte  les haya  dado  una gran ventaja para la innovación por no estar tan compenetrados a las sociedades en donde han vivido como el resto de la población.  

Israel tendrá paz cuando las partes se reconozcan y se abran a los cambios. El respeto, la tolerancia, la convivencia, y el dialogo deben imponerse ante la estrechez, la mezquindad, y el radicalismo. Jerusalén será la ciudad de la paz para toda la humanidad solo si los seres humanos de todas las procedencias  abrazan su verdadera nobleza. Con paz, generosidad y sensatez, estos problemas entre hermanos pronto serán simplemente un amargo recuerdo.
 
Gustavo Godoy

Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 18 de marzo 2016



 

viernes, 11 de marzo de 2016

La Espiritualidad


La espiritualidad es romper las cadenas de la ignorancia, el ego y el miedo. Es una orientación que tiene como senda lograr una visión más amplia de las cosas. El mundo religioso está repleto con técnicas para alcanzar mayores niveles de conciencia que culminan en un éxtasis místico. En el Islam, los sufís utilizan bailes y cantos rítmicos para lograr esto. En el hinduismo al igual que en el budismo y en el taoísmo, emplean la meditación.  En el cristianismo, los devotos a Santa Teresa y San Juan de la Cruz se valen de las oraciones contemplativas. Por otro lado,  los chamanes consumen plantas mágicas en sus rituales con los mismos fines.  La meta es la liberación del alma humana. 

En las religiones occidentales, las prácticas asociadas con la espiritualidad son adoptadas por una minoría.  Sin embargo, en las religiones orientales, esta práctica ocupa un rol central. Podemos decir que la espiritualidad generalmente  está ligada a la religión pero no en todos los casos. Hoy es posible decir que una persona tal vez sea  espiritual pero no necesariamente religiosa.  Esto se debe a que el término “religión” está relacionado por lo general a los grupos organizados con sistemas de creencias definidas. La espiritualidad es en realidad una experiencia personal. Algo subjetivo. Es la fe en uno mismo. Puede o no puede estar ligada a una religión organizada.

Cuando nacemos parece ser que la línea entre nuestro ser y lo otro es confusa.  Se nos dificulta percibir donde términos nosotros y donde comienza el mundo exterior. A los demás, en el inicio de nuestras vidas, los percibimos como parte de nuestro ser, no como seres fuera de nosotros. Cada estimulo que recibe nuestros sentidos son captados con asombro como algo nuevo e interesante. Con el tiempo en la medida que crecemos, poco a poco nos percibimos como un ser separado del todo. Nuestra visión se torna estrecha y tubular. Anteriormente, nuestra mente estaba abierta y sin prejuicios. Aceptábamos el  mundo sin miedos y sin filtros. Paulatinamente, a lo largo del camino nos empezamos a ver como seres indefensos en un mundo hostil. Perdimos la confianza en nosotros. 

La espiritualidad es seguir un sendero interno. Es construir cimientos sólidos. Es cultivar el amor, la compasión,  la paciencia, la quietud, y la tolerancia. Es abrazar la existencia. Volver al hogar. Crear lazos, uniones.  Es la experiencia personal del individuo en su soledad, en su encuentro íntimo con la totalidad.

No somos el ser pequeño y efímero que creemos ser. Siempre presos por los miedos. Llenos de sentimientos de impotencia. En realidad, somos todos los mundos. Somos todos los tiempos. Somos la totalidad. Debemos superar el falso “yo” que habita en nosotros con la realización que lo tenemos todo, que en la humilde gota está el océano infinito y que en el segundo,  la eternidad.

Uno es tan grande como lo que ve. Unos ven universos enteros, otros límites, fronteras y pequeñeces. Son miles los caminos. Son miles las posibilidades. Uno es quien se propone ser. Nada nos falta. Todo se puede. De todas las creencias la mejor creencia es la creencia en uno mismo y en la fuerza del espíritu humano para romper con todas las cadenas.

“Más allá de este lugar de ira y llantos / yace sino el horror de la sombra/ Y aún la amenaza de los años/ me halla y me hallará sin temor./ No importa cuán estrecha sea la puerta, / cuán cargada de castigos la sentencia,/soy el amo de mi destino, / soy el capitán de mi alma.” William Ernest Henley
 Gustavo Godoy
Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 11  de Marzo de 2016 en la columna Entre libros y montañas



 Ver Blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com

viernes, 4 de marzo de 2016

El Tiempo



El mundo de hoy está obsesionado con la rapidez. En esta época que nos tocó vivir, cada segundo es oro. Escuchamos la frase - El tiempo es dinero- en todos partes. El hombre moderno vive atrapado en una carrera feroz en contra del tiempo. Hoy, no hay tiempo para nada. Bueno, no hay tiempo para otra cosa que no sea trabajo y dinero. Esta frenética carrera nos ha distraído y nos ha hecho olvidar el verdadero sentido de las cosas. ¿Porque corremos? ¿Para dónde vamos con tanta prisa?
Antes de la Revolución Industrial, o mejor decir, antes de la Reforma, el tiempo no era lineal sino cíclico. En algún punto, apareció la historia. Antes existían historias, pero no –Historia- como algo progresivo. El pasado se volvía futuro y el futuro pasado. Predominaba la creencia que el tiempo era una constante repetición. El concepto lineal del tiempo implica que el tiempo es un recurso finito e irrecuperable. En Europa, sobre todo en los países de norte, la vida cotidiana, en la medida que fue adaptando el capitalismo, se fue convirtiendo en algo mucho más metódico y controlado. La gente trabajo más. Las grandes ciudades ahora tenían grandes relojes en los edificios públicos como en las iglesias donde se dictaba el ritmo del día con una precisión cada vez mayor. A los relojeros se les incrementaron los pedidos y la puntualidad se transformó en una virtud.
Anteriormente, la tradición impedía los cambios. Entonces, las personas vivían una vida muy similar a la vivida por sus abuelos. Ahora, no. Los jóvenes siempre viven algo nuevo. Ahora el pasado es un tiempo oscuro y remoto. El pasado es lo viejo y debemos dejarlo atrás. Nuestra mirada se posó en el futuro. Lo bueno está en el futuro. Quien se atreva a voltear al pasado se convertirá en una estatua de sal. El presente es simplemente un instrumento del futuro. Un puente, nunca un destino. Realmente, todo gira en torno al futuro. Y de cómo llegar a él lo más rápido posible. El presente ya no es el presente sino un estorbo hacia el anhelado porvenir.
En la modernidad, todo debe ser rápido y todos deben estar ocupados. La comida, el sexo, la diversión deben realizarse rápidamente. Las librerías están repletas de libros que enseñan a la gente a ser feliz en cincos pasos, bajar de peso en siete días, aprender un idioma en tres semanas y cocinar en dos minutos. La tecnología moderna nos permite viajar velozmente, comunicarnos velozmente y trabajar velozmente. La industria médica produce todo clase de medicamentos mágicos que su principal finalidad en curar en poco tiempo.
¿Hacia dónde nos lleva está carrera? Este modo de vivir que predomina en occidente ha desgastada la salud, la tranquilidad y la calidad de vida. A pesar de nuestros grandes logros técnicos, la humanidad ha sido víctima de su propio sistema. Dejamos de disfrutar el momento presente. Entre tantos avances tecnológicos, hemos olvidado vivir. Es importante reconocer que para vivir de verdad es necesario frenar. Hay que parar este tren neurótico y reflexionar con sensatez y quietud.
El tiempo es una ilusión. No existe. Es algo subjetivo y, por ende, mutable a voluntad. El tiempo es un instrumento de medida inventado por el hombre como una referencia. No es un absoluto. Es un engaño de la percepción.
El pasado no es otra cosa que un recuerdo. El futuro es una mera expectativa. Lo único genuino es el presente. El mañana siempre estará en el mañana. Y el ayer, en el ayer. La eternidad está en el instante. La felicidad está en el momento. La plenitud habita en el aquí y el ahora.
Tómalo con calma. Disfruta la vida. Tomate tu tiempo.

Gustavo Godoy
Articulo publicado por El diario El Tiempo el viernes 04 de marzo 2016

viernes, 26 de febrero de 2016

El genio artistico




En la Edad Media, los artesanos se limitaban a copiar viejos modelos. Estaban organizados en gremios y casi siempre permanecían en el anonimato.  Estos artesanos nunca pretendieron crear una obra original. El arte medieval prácticamente consistía en ilustrar la religión. Todo esto cambio con el Renacimiento.  Las clases adineradas de las ciudades italianas como en la Florencia del siglo XV a través del mecenazgo impulsaron un nuevo tipo de arte. El artista se convirtió en un creador.  Salió de los gremios y  gana autonomía.  Ya no era  anónimo sino un  personaje celebre. Este fue un cambio importante en la historia del arte porque significo que ya el artista no imita el mundo, sino crea nuevos mundos. A partir de ese momento histórico el artista se convirtió, en cierto sentido,  en el hermano menor de Dios: un genio.

Un símbolo, usando este término en su sentido más amplio,   es  algo que representa otra cosa. Un sentimiento por una idea. Una idea por un sentimiento. Una cosa por un recuerdo.  Una cosa por otra cosa. Y así. Algo que es y no es al mismo tiempo.  Es una asociación, pero esta para que sea entendida debe ser aceptada por los involucrados. En realidad, es un acuerdo. En algunos casos estas asociaciones son caprichosas. Por ejemplo, la palabra “libro” no tiene nada que ver con un libro.  Sin embargo esas formas que llamamos letras en ese orden en particular representan la idea de un libro real en ese sistema simbólico que es la lengua castellana. En otros casos,  las asociaciones son más obvias. Por ejemplo, una foto que representa a una persona o un objeto. Los colores, las texturas, los sonidos y las formas son  algunos elementos que los asociamos en parte según  el contexto donde los percibimos recurrentemente. El azul y el cielo, por decir algo.  La voz femenina y  la dulzura materna, otro ejemplo. Una comida con una región. Una vestimenta con una clase social. El cuadrado con algo estable. Lo suave con la comodidad. El rojo con lo caliente. Una calavera con el peligro. El llanto con la tristeza.

Muchas veces no somos conscientes de esas relaciones entre los diferentes elementos. Por ejemplo,  un episodio agradable de nuestra infancia puede estar unido al sabor de un té con un pedazo de torta como  ocurre en la novela “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust. El personaje principal de la novela de Proust un día siente una profunda emoción  de alegría y nostalgia mientras merendaba con un té y un pedazo de torta. Al principio, desconocía las verdaderas razones de este sentimiento involuntario que se despertó con algo tan simple. Luego, recordó. Ese té y esa torta eran un platillo habitual  en la casa de una tía muy querida por él y donde pasó los momentos más felices de su infancia. Para el personaje ese te combinado con la torta simbolizaron lo mejor de su infancia. Como en ese caso, algunas asociaciones  están ligadas a hechos muy personales, pero en otros   son más  universales. El hecho que una pieza artística cause un impacto en los demás se debe a la universalidad de los elementos que emplee el artista para comunicar sentimientos e ideas particulares. Sin ese lenguaje compartido no existiera  la posibilidad de comunicación.

Otro aspecto importante. Parece ser que la mente humana tiene dificultades en diferenciar entre el objeto concreto y su representación simbólica. Una persona que sufre de miedo a las serpientes siente miedo al verlas en el cine. También una persona  puede sentir atracción física por una linda figura en una pintura al oleo. Para muchos, los personajes literarios muchas veces parecen más reales  que la gente de carne y hueso. Muchas veces sentimos que ellos nos comprenden mucho mejor que las personas que vemos todos los días. La música, la pintura, el cine, y la literatura son tan parte de nuestras vidas como todo lo demás. Una pieza de Beethoven, un personaje de Shakespeare, un cuadro de Van Gogh pueden llegar a impactar nuestras vidas tanto como un ser querido. E incluso podemos amor a una obra de arte mucho más que una persona. Esto no es raro.

El arte nos fascina probablemente por esa  sensación de ligereza que nos produce. Al fundirnos en el arte, este enigma que es el mundo concreto se desvanece. Todo se vuelve más sencillo, más intenso, más bello. El arte disipa los miedos y la necesidad. La arte libera al hombre de lo cotidiano. Lo eleva. Lo envuelta en un universo de imaginación y mágica, en un mundo más parecido a él.

Es verdad; todo arte es una mentira. Ah! , pero que bella mentira.



Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 26  de Febrero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

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