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viernes, 25 de mayo de 2018

Mark Twain







El 30 de noviembre del año 1835, en el estado de la Florida, en Los Estados Unidos, nació Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido por su seudónimo, Mark Twain. Fue tipógrafo, piloto de barco, minero, periodista, humorista y escritor. Pero sobre todo, aventurero.  Creció en un pueblito a las orillas de río Misisipi entre praderas y barcos de vapor. A los doce años, quedó huérfano de padre y dejó los estudios. Trabajó durante un tiempo como aprendiz de tipógrafo en una editorial. A los dieciocho, abandonó su hogar en busca de experiencias. Se convirtió en aprendiz de piloto de barco. Luego, en minero. Y después, en periodista.  En 1865, publicó su primer gran logro literario, La famosa rana saltarina de Calave. La obra la firmó con el nombre de Mark Twain.  La pieza fue un éxito. Desde entonces, Twain viajó excesivamente, dio numerosas conferencias y siguió escribiendo mucho más.  Claro, hoy en día, es mundialmente conocido por dos obras principalmente, Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1882). En esas dos novelas nos recrea los paisajes de su infancia, en la ribera del Misisipi. Los relatos, por supuesto, son ficticios, pero indudablemente  repletos con claras inspiraciones autobiográficas. El humor, la picardía y la ironía son elementos muy característicos de toda su obra.

Por muchos, Huckleberry Finn es considerada como la primera novela realmente estadounidense. Porque nos describe un mundo nuevo que nada tiene que ver en el mundo europeo. Nos narra la vida en el río Misisipi, en los estados de Missouri, Arkansas y Luisiana.  Su lenguaje también es esencialmente estadounidense, utilizando expresiones propias y desconocidas para el inglés hablado en Europa. En el libro, nos topamos con palabras como “nigger” (negro, un término hoy considerado despectivo), por ejemplo. También palabras como “hell” (diablos)  que le han traído a  la obra  algo de controversia entre los críticos. Por supuesto que el libro no es un texto racista ni vulgar. En realidad, es una narración simplemente muy autentica, espontánea y coloquial que refleja su tiempo con un sesgo sumamente irónico. 

Su lectura es magnífica. Es poderosa, emotiva y sincera. Un verdadero placer. Su humor es muy estadounidense pero de una genialidad muy universal. Su crítica social, muy profunda y avanzada. En muchos países, sus novelas son categorizadas como literatura juvenil. Pero es un error.  Huck Finn y Tom Sawyer ocupan un lugar entre los grandes de la literatura de todos los tiempos. Están a la par de Ulises, Don Quijote, Hamlet y Fausto. Los personajes de Twain son sinónimo de independencia, libertad y rebeldía. Representan esa combinación perfecta entre la libertad interior y la integridad moral; y nos hablan del conflicto entre la nobleza humana y la civilización, tan  llena de prejuicios y ataduras. Mark Twain es una verdadera maravilla. Leerlo es una gran aventura.





Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 25 de Mayo 2018 en la Columna Entre libros y montañas



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viernes, 18 de mayo de 2018

Lolita





La novela Lolita (1955)  de Vladimir Nabakov nos relata la historia de una perversión. El protagonista, un profesor de literatura, de nombre Humbert Humbert (de cuarenta años edad) se enamora locamente de una niña de doce y la convierte en su amante. Humbert nos comienza a  narrar los detalles de su obsesión desde una prisión, donde ha sido condenado por asesinato.

H.H creció en  la Riviera francesa en condicionas muy normales. Sin embargo, algo sucedió.  Un día, cuando tenía trece años,  se encuentra con  Annabel, su primer amor, de doce. A los pocos meses de aquel encuentro, la chica muere de tifus. El trágico evento lo afectó profundamente dejándolo con una herida incurable.

Su vida trascurrió pero con dificultad. Estudia literatura inglesa. Realiza diferentes trabajos. Incluso, pasa un tiempo en un centro psiquiátrico. Hasta se casa, pero el matrimonio fracasa al poco tiempo. Su gran problema es la atracción desmedida que siente por chicas en edad preadolescente, o “ninfulas” como él las llama. Eventualmente, se muda a los Estados Unidos y renta un cuarta en la casa de Charlote Haze. Ahí se conoce a la hija de Charlotte, Dolores (Lolita). Y la joven logra enloquecerlo perdidamente. Al poco tiempo, H.H se casa con Charlotte solo para poder estar cerca de su hija. El profesor registra todos estos sentimientos en un diario secreto, pero Charlotte logra encontrarlo y lo lee. Como era de esperarse, quedó aterrorizada con las revelaciones que ahí encontró. Y… ¿qué ocurre después? Una tragedia. Ese mismo día, desafortunadamente, Charlotte es atropellada por un automóvil y muere al instante.

Humbert al enterarse de la muerte de Charlotte va a buscar inmediatamente  a Lolita para contarle de lo sucedido. Entonces, los dos emprenden juntos un viaje sin destino. La escena del motel es particularmente interesante porque Humbert asegura que Lolita lo sedujo a él y no al revés. Es decir, el ratón cazó al gato.

Humbert y Lolita viajaron sin parar por casi un año. Durante ese tiempo,  la relación creció en complejidad, pero un día Lolita desaparece dejando atrás a un hombre desesperado. No más Lolita para H.H.  Después de buscarla sin éxito por dos años, Humbert, de pronto y de la nada, recibe una carta de Lolita que le informa que se casó, que está esperando un bebe y que  necesita dinero para poder trasladarse Alaska con su marido. Durante el reencuentro, Humbert le suplica que vuelva con él, pero ella lo rechaza. Lolita admite que dejó a Humbert por Clare Quilty, un dramaturgo. La relación comenzó en secreto hasta que decidieron huir. Lolita amaba a Quilty pero él eventualmente la despachó. Impresionado con la historia que escuchó, le da $4000 e inmediatamente se dirige  la casa de Quilty. Lo encuentra y lo mata a tiros.

Lolita es una novela para los amantes de la literatura. Su encanto está principalmente  en su lenguaje más que en su trama. Claro que la trama es enigmática. Bueno, porque nos plantea dilemas morales sumamente profundos. ¿Es Humbert  un villano o la victima? Pero más allá de eso. Lolita nos hechiza con sus palabras. La novela es el placer hecho lenguaje. Todo un deleite.




Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 18 de Mayo 2018 en la Columna Entre libros y montañas



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viernes, 11 de mayo de 2018

Franz Kafka



Cada vez que nos encontramos sometidos, inevitablemente,  a  humillaciones y a injusticias propiciadas por fuertes ajenas y sin poder escapar, estamos en un universo definido por Franz Kafka.  Autoridades como políticos, jueces, policías, burócratas, padres y jefes son villanos kafkianos.  Su literatura puede ser leída como una metáfora de lo peor de la vida moderna: los poderes invisibles, la burocracia infinita, la confusión de una realidad laberíntica, la falta de sentido y propósito.

Franz Kafka nació en la bella ciudad de Praga, hoy Checoslovaquia, en 1883, dentro de una familia judía y germano parlante. Era hijo de un padre sumamente severo, arbitrario  y frío. Y de una madre amorosa pero débil de carácter. Siempre fue tímido y solitario. Además, de un gran apasionado de la literatura. En su juventud leyó a Goethe y a Flaubert con entusiasmo. Nunca se casó. En una oportunidad, sí estuvo comprometido con una joven llamada Felice Bauer, pero rompió con ella para poder “estar más tiempo solo”.  Toda su vida trabajo en empleos que nunca le gustaron. Primero, como auxiliar administrativo y luego en una compañía de seguros. Siempre sometido a la imposición de horarios, rutinas y normas inflexibles. Murió de tuberculosis en 1924.

Por sus diarios sabemos que Kafka siempre vivió una doble vida. En el día, trabajaba. Por las noches, escribía (en alemán)   literatura. Durante su vida, fue un escritor desconocido, y  publicó muy poco. Solo tres colecciones de cuentos cortos, que incluyen uno de sus escritos más reconocidos, Metamorfosis. Sus otras obras fueron publicadas después de su muerte por un amigo, Max Brod,  que no destruyó sus manuscritos, desobedeciendo así los deseos del autor. El proceso, El castillo y América, sus novelas, sus verdaderas obras maestras.

Sus finales en muchos casos, inconclusos; sus comienzos, geniales. En Metamorfosis: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto. Se hallaba echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades… Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia. -¿Qué me ha sucedido? …” En El proceso: “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., puesto que, sin haber hecho nada malo, fueron a arrestarlo una mañana”.

Kafka es una de las grandes figuras del siglo XX. Un genio de la literatura alemana y universal. Esa mezcla de realismo y fantasía que utilizó en su literatura  posee una fuerza extraordinaria y una estética única. Kafka es sentimiento. Es sentirse alienado, solo, confundido, culpable. Es un autor para leer y releer. Es la modernidad.




Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 11 de Mayo 2018 en la Columna Entre libros y montañas




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viernes, 4 de mayo de 2018

Charles Dickens




Charles Dickens fue el escritor (en lengua inglesa) más famoso del siglo XIX y unos de los más populares de todos los tiempos. Creía firmemente que la literatura podía contribuir a mejorar los problemas del mundo. En sus escritos se denuncian constantemente los dramas de su tiempo: los males de la sociedad industrial, las deplorables condiciones laborales en las fábricas, el trabajo infantil, la discriminación de clase,  la burocracia,... Probablemente, su gran mérito como autor es haber combinado temas sumamente serios con  un tono, por lo general,  divertido. Sus historias presentan episodios cómicos, escenas emotivas, personajes pintorescos y felices desenlaces. Dickens demostró que se puede ser popular y, al mismo tiempo, profundo.

Charles Dickens (1812-1870) nació en Portsmouth, Inglaterra. Cuando todavía era niño tuvo que dejar la escuela para trabajar en una fábrica en el momento que  su padre fue enviado a prisión por no poder pagar sus deudas. Una experiencia que lo marcó de por vida, por supuesto. No contó con una educación formal. Sin embargo, durante su vida, escribió más de 15 novelas, cientos de cuentos cortos y muchos artículos de no ficción. Claramente, su infancia juega un rol muy importante en toda su obra. En sus libros, Dickens siempre nos muestra una inmensa compasión por las inocentes víctimas de  un mundo hostil. Siempre colocó personajes sumamente nobles en los más duros entornos de la Inglaterra victoriana como fábricas, orfanatos, y prisiones.

Dickens logró sensibilizar a toda una sociedad. Él, un gran luchador de causas sociales y  gran observador de los pequeños detalles de la vida cotidiana. Sus piezas más reconocidas son: Oliver Twist, David Copperfield, Grandes esperanzas, La historia de dos ciudades, Una canción de navidad,  entre otras.

Ahora, hablemos un poco de una de sus novelas más queridas: Oliver Twist. Oliver es un huérfano. Sus primeros años de vida trascurrieron en un establecimiento de beneficia bajo condiciones inhumanas. La crueldad de los encargados, las miserables raciones de comida, y la pobreza de su realidad son descritas brillantemente por el autor. El lector desarrolla de inmediato afectos hacia el héroe. Eso es por Oliver es un buen muchacho, pero, lamentablemente y por azares de la vida, le tocó sufrir incontables injusticias.

Eventualmente, Oliver escapa del orfanato, vaga por Londres e incursiona en los bajos fondos con una banda de ladrones. Pero, por suerte, luego encuentra un hogar con el señor Brownlow. Y Brownlow lo cuida por un tiempo. Pero, ya va, la historia no termina ahí. A Oliver le siguen pasando cosas. Lo bueno es todo finaliza felizmente. Oliver Twist es una novela sobre la soledad, el desamparo y la desesperación de los niños. Es una novela sobre las injusticias, la pobreza y la compasión. Una verdadera obra maestra.

En el siglo XIX, las grandes ciudades europeas experimentaron una gigantesca explosión demográfica consecuencia de la revolución industrial. En el año 1800, Londres tenía tan solo en unos novecientos mil habitantes. Y en apenas unas pocas décadas, este monto, de pronto,  subió a más de cinco millones. Los problemas sociales se hicieron sentir de inmediato. Dickens nos mostró la difícil realidad de este periodo de transición. ¡Gran trabajo!


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 04 de Mayo 2018 en la Columna Entre libros y montañas



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viernes, 27 de abril de 2018

El Gran Gatsby






¿Puede un hombre reinventarse a voluntad? ¿Puede alguien cambiar lo que es? ¿Es el sueño americano una quimera? El Gran Gatsby (1925), la novela de Francis Scott Fitzgerald ha sido llamada por muchos la gran novela americana. Relata la historia de un hombre rico, pero de origen humilde, que pretende ser un aristócrata para conquistar un viejo amor. Gatsby, el protagonista, se avergüenza de su pasado y lo esconde. Pero los fantasmas de su ayer nunca lo abandonan. Siempre lo están asechan. Él es un esclavo de ellos. Claro,  esta no es una novela optimista. De hecho, es una tragedia. Irónico, ¿eh? La gran novela americana presenta al sueño americano como una farsa con fatales conciencias.

La historia transcurre en plena era de jazz, en el verano de 1922. El narrador, Nick Carraway, oriundo del medio oeste de los EEUU,  se muda a Nueva York y terminar rentando una pequeña casa en Long Island a un lado de la mansión de Gatsby. Nick trabaja en Manhattan vendiendo bonos para una firma financiera. Él nos muestra a Gatsby como un misterio millonario con gustos extravagantes  que ofrece fiestas increíbles. Luego, conocemos a Daisy, una mujer de sociedad. Daisy está casada con un hombre de la alta alcurnia, pero es sumamente  infeliz. Su marido, Tom Buchanan, es un verdadero patán. Resulta ser que, años atrás,  Gatsby y Daisy tuvieron un breve romance durante la guerra, guerra en donde Gatsby participó como soldado. El amor no prospero por la guerra y por la inseguridad de Gatsby con respecto a su trasfondo social. Con la ayuda de Nick, Gatsby y Daisy se encuentran nuevamente y tienen una aventura. Pero Daisy nunca deja a Tom. En medio de la novela, se descubre la verdad sobre Gatsby y como obtuvo su dinero (con el contrabando de licor). 

Ya casi al final de la obra, Gatsby es asesinado en su propia piscina.  El asesino lo culpó de matar a su hija en un accidente automovilístico.La verdadera tragedia no es su muerte, pienso. Creo que su tragedia radica en el hecho de tener que mentir y delinquir para poder tener una oportunidad. Nunca, a pesar de sus esfuerzos, logró ser lo que quería ser. No obtuvo a la chica. Daisy, al final, decidió quedarse con su esposo.   Solo su padre acudió a su entierro. Todas estas fiestas, llenas de gente, y ni un amigo. Eso es lo trágico para mí, no su muerte.  Ese es un asunto digno de una profunda reflexión.

Cuando leemos la correspondencia personal de Fitzgerald, nos damos cuenta que evidentemente existen muchos paralelismos entre la vida de Jay Gatsby y la de él. Fitzgerald (de origen humilde)  también tuvo que realizar grandes esfuerzos para poder conquistar el exigente corazón de una dama. Zelda, su esposa, no se la puso fácil al principio. En efecto, publicó sus primeros libros para impresionarla. Todo hombre  pasa, de uno u otro modo,  por algo así. Gatsby y Fitzgerald no son los únicos. La mujer es la gran motivación  en la vida de casi todo hombre. Siempre se trata de una mujer. Todo gira en torno a  la chica.


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 27 de Abril 2018 en la Columna Entre libros y montañas



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viernes, 20 de abril de 2018

Orgullo y Prejuicio






Todos conocemos a Jane Austen, la escritora inglesa y autora de la novela Orgullo y Prejuicio (1813). Tal vez, no la conozcamos por su nombre. Tal vez, no hemos leído su obra. Pero  sí hemos sentido su influencia.  Jane Austen está en el cine, en los libros y en la vida cotidiana. Sus novelas nos  muestran, por “primera vez”,  una concepción del amor muy parecida a la nuestra. Es decir, una concepción  moderna.  Esa noción, típicamente burguesa (clase media),  en la cual el matrimonio involucra sentimientos, familia y económia  nació en Inglaterra. Es una idea del amor muy contemporánea. En el  pasado, el amor y el matrimonio no estaban, necesariamente, unidos. El matrimonio, normalmente,  era un hecho práctico, principalmente. En cambio, el amor era, por general,  emotivo y breve. Se podía amar a alguien y estar casado con otra persona al mismo tiempo (investiguese: “amor cortés”). En la actualidad, eso no está bien visto. Pero no siempre fue así. Algo como por el estilo, hoy en día, sería muy difícil de comprender. Pero sí comprendemos perfectamente a   Jane Austin.

Orgullo y Prejuicio es una comedia romántica, una de los primeras del género. El señor Bingley (apuesto, adinerado, soltero y simpático) reúne todas las cualidades para poder ser considerado como un buen marido. La señora Bennet, residente del sur de Inglaterra,  tiene cinco hijas, todas solteras y en  edad casadera. Cuando en un encuentro social, Bingley invita a una de sus hijas a bailar en dos oportunidades. En los ojos de la señora se fijó una palabra: ¡Matrimonio!

Las novelas de Austen siempre incluyen tres o cuatros familias  de provincia envueltas en númerosos enredos. Malentendidos, vanidades, miedos, ofensas,  esperanzas reprimidas y miradas estrechas. Todo esto utilizando  un estilo impecable y bellamente fluido que nos hace disfrutar enormemente.

La búsqueda del compañero ideal, esa persona cumple con  las condiciones exactas  para que podamos llevar una vida en común. ¡Qué  tarea más difícil! Porque muchos son los elementos  que entran en juego. Tenemos el aspecto físico. El económico. La personalidad. Los valores. Las circunstancias. La suerte.  Cualquier cosa puede pasar. Fácilmente, un detalle puede estropearlo todo. Un paso mal dado y el amor no se da.

Bingley lleva a un amigo al entorno de los Bennet, Darcy. Y ahí es cuando se complican las cosas. Cuando Darcy, un joven atractivo pero arrogante,  e Isabel, la segunda hija de la familia, se encuentran por primera vez, los problemas no tardan en llevar. Darcy comete un error e  Isabel lo rechaza.

 Ellos son la pareja ideal. Pero los “prejuicios” por un lado, y el “orgullo”  por el otro,  impiden que lo reconozcan. Al final, consiguen entenderse y terminan juntos. Pero no fue fácil. Nunca lo es.

El amor en las novelas de Austen no es caos. Sus novelas, de hecho,  son sencillas. Nos enseñan que para amar debemos superarnos como personas. Algo sumamente duro. Sin embargo, posible.



Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 20 de Abril 2018 en la Columna Entre libros y montañas



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viernes, 13 de abril de 2018

Agatha Christie





Agatha Christie (1890-1976)   llegó a escribir más de 60 novelas y  por lo menos 14 colecciones de cuentos cortos. Esta escritora británica es la novelista más vendida de todos los tiempos. ¡Increíble! ,¿no?  Sorprendentemente, sus libros yacen, en distribución, solo por debajo de la Biblia y las obras de Shakespeare. Es una  gigante de las ventas y un  icono  del siglo XX.  ¿Su especialidad? : Las historias de detectives, claro. Es la “Reina del Misterio”. Escribió  en la tradición de Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes. Es decir, un detective privado, sumamente excéntrico, que colabora con la policía y particulares para resolver algún tipo de misterio, usualmente un crimen.  Sus personajes más famosos: Hercule Poirot y la señora  Marple, Poirot siendo el más querido.

Hercule Poirot es un detective de origen belga que arribó  a Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial como refugiado.  En su tierra natal, trabajó como policía, pero una vez en su nuevo país se dedicó a la investigación privada. Apareció en 33 novelas. Y ha sido presentado un sinfín de veces en adaptaciones para el cine y la televisión, en producciones de variada calidad. Es caracterizado como alguien de muy baja estatura y de digno andar.  Su cabeza  (clava) se asemeja a un huevo en su forma. Su vestir, meticulosamente pulido. Y su bigote, peculiarmente cuidado y extravagante. Es sumamente ordenado y puntal con un gran gusto por los detalles. Un hombre verdaderamente  brillante,  aunque a veces demasiado vanidoso y necio.

El capitán Arthur Hastings es el compañero, cronista y mejor amigo de Poirot. Él es un individuo común y corriente. Contrasta con el detective y nos sirve de narrador. Vemos a Poirot bajo su luz. El dúo destaca por su eficiencia. Son una gran pareja.

De los libros de Agatha Chistie que he leído, mis favoritos son dos: Diez negritos y Asesinado en el Oriente Express. En la primera, no aparece Poirot;  pero en la segunda, sí. Asesinado en el Oriente Express tiene todo lo bueno de su autora, pero posee un elemento adicional. Al final de la historia, el misterio se descubre, pero también quedan  varias preguntas sin responder. Eso le da mayor profundidad a la narrativa y un efecto más duradero. Como sugiere claramente el título, la novela relata la historia de un asesinato que ocurre en un tren, el Oriente Expess. Este  tren sigue una ruta muy largo. Y se asocia principalmente con dos ciudades: Paris y Estambul.


En esta oportunidad, la persona asesinada es un hombre terrible, una persona malvada y desagradable  con un pasado   sumamente oscuro. A pesar de sus crímenes, ha logro, exitosamente, y por muchos años, evadir la justicia con  artimañas y abusos. Los asesinos resultan ser sus viejas  víctimas. Y Poirot, a pesar de haber descubierto la verdad al final, guarda silencio y no la  revela  a las autoridades. Ahora bien, ¿Todo asesinato es inmoral? ¿Qué pasa cuando el asesinado es peor persona que el asesino? ¿Se justifica implementar justicia por cuenta propia cuando los autoridades estimular la impunidad? ¿Poirot hizo lo correcto? 



Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 13 de Abril 2018 en la Columna Entre libros y montañas



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viernes, 6 de abril de 2018

Sherlock Holmes


Normalmente, las historias de detectives no gozan  del prestigio de otros géneros literarios. Son muy populares, pero tienden a ser desestimadas. No son consideradas lo suficientemente “artísticas”. Es cierto, sus tramas logran  captar la atención del lector. Sus tramas están llenas de sorpresas y asombros desenlaces. Pero algunos críticos tienen sus observaciones. Obviamente, estoy generalizando.  En fin, ¿qué se les reprocha? Digamos que  estas historias suele seguir  esquemas sumamente trillados. Además, el lenguaje en sí carece de tratamiento literario. Es decir, su estética como tal usualmente no es tomada en cuenta. Otra cosa, al final de la pieza el misterio se resuelve, pero los personajes rara vez evolucionan. La verdad se sabe, pero la vida sigue igual. No hay un cambio interno. Los temas elevados y las complejidades  morales, tan presentes en obras de alta cultura, por lo  general, están ausentes en la historia detectivesca tradicional. Hay quienes opinan que son demasiado triviales. Son entretenidas, pero hasta ahí. Por supuesto, no hay nada malo en entrenarse, todo lo contrario. El disfrute es válido y las historias de detectives, en efecto, son bastantes entretenidas. Y se adaptan divinamente a la televisión y al cine. En estos medios, sus fortalezas se realzan y sus debilidades (en el papel) no se trasladan a la pantalla. ¿Acoso Sherlock Holmes no es un personaje admirable? Tengo que admitirlo. Yo soy un fan.

El detective londinense Sherlock Holmes es  obra  del escritor escocés Sir Arthur Conan Doyle. Pareció por primera vez en  Estudio en escarlata (1887). Y desde entonces, se ha convertido en un icono universal. Holmes es un genio de la observación y de la lógica. Como persona es insoportable, pero su habilidad para resolver misterios es realmente sorprendente.

Vive solo, aunque la señora Hudson le sirve de ama de llaves, en el 221B de Baker Street, Londres. Es desordenado, vanidoso, arrogante y depresivo. Sus manías son muchas; sus gustos, variados.  Toca el violín relativamente bien. Fuma tabaco con frecuencia. También, consume cocaína. Además, es un ávido lector de la prensa amarilla. Curiosamente, desconoce muchas cosas. No sabe casi nada de literatura y de filosofía, por ejemplo. Sin embargo, sabe mucho de otras: sabe de boxeo, de esgrima, de baritsu (técnica de lucha asiática) y de química. Ha estudiado a profundidad los diferentes tipos de huellas, cenizas, suelos y escrituras. Y es un maestro del disfraz.


El Doctor Watson (su amigo, su cronista, un frecuente colaborador y el narrador de sus aventuras) contrasta con él por ser una persona “normal”. Watson es nuestros ojos. Junto a él, conocemos ese mundo de crimen y misterio tan fascinante. Claro, también hay otros personajes dignos de ser mencionado: Los inspectores de Scotland Yard, los “irregulares” de la calle Baker, el profesor James Moriarty, “El Napoleón del crimen”, e Irene Adler, “La mujer”. A mí me gusta mucho Irene Adler. Aunque es mencionada en varias ocasiones, en realidad, solo aparece en una oportunidad. Sin embargo, es un personaje que deslumbra. Ella representa en la obra nada más y nada menos que  la belleza y la astucia femenina. Y ante eso, no hay Sherlock Holmes que valga. Los libros de Sir Arthur Conan Doyle nos atrapan con ese universo de dulces detalles y pequeños placeres. Son una lectura obligatoria.

Gustavo Godoy



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viernes, 23 de marzo de 2018

Muerte en Venecia




Todos tenemos nuestros secretos culposos, pecados que amamos pero nunca confesamos. Sí, es cierto, las personas son mucho más pervertidas de lo que comúnmente aparentan. Detrás de esta fachada de "normalidad" y " decencia" que se muestra, vive un lado oscuro que siempre se oculta. En pocas palabras: la gente se las trae. Claro, esto lo sabemos perfectamente. Sin embargo, estas son las cosas que se callan y se esconden. ¡Qué vergüenza! ¡Qué pena! ... Bueno, se entiende. Comprendemos que la sociedad tiene sus normas. También, la moral impone sus límites. Pero, ¿y las pasiones? ¿Qué pasa con las locas pasiones? Ah, ellas existen. Existen y no tienen freno. Ellas vuelan sin control y sin medida aspirando transgredir todas las fronteras. Así son los seres humanos, una mezcla de pudores y de prohibidas pasiones.



Muerte en Venecia (1912), de Thomas Mann, es una novela sobre la muerte, la vida y las atracciones ilícitas. Sin duda, es una obra que impacta. Nos relata la historia del Gustav von Aschenbach, un consagrado escritor alemán, de unos cincuenta y tantos años de edad. Él es un hombre, disciplinado y severo, dedicado a su arte. Pero, estando en Múnich, sufre de un bloqueo creativo. Entonces, decide hacer un viaje para cambiar de aires. Primero, se dirige a Pula, en la costa Austro-Húngara, pero estando allá cambia de opinión. Finalmente, se traslada a Venecia donde se registra en el Gran Hotel des Bains en la isla del Lido.

Al poco tiempo de estar ahí, se encuentra con una familia polaca durante una cena. Aschenbach queda deslumbrado ante la asombrosa y atrayente belleza de Tadzio, un chico de unos catorce años. Nunca habla con el joven, pero desarrolla una especie de obsesión. Se desvive por él. Esto genera por supuesto un conflicto interno muy profundo en Aschenbach. Por un lado, la culpa. Por el  otro, nunca se había sentido tan vivo. Ahora su vida estaba llena de emoción y sentimientos.

Mientras eso ocurre, brota en Venecia una epidemia de cólera, epidemia  que las autoridades esconden para no perjudicar el turismo. Aschenbach se entera. Pero calla. No huye ni alerta a los demás. Él se queda para poder seguir contemplando al chico. La novela termina con su muerte en la playa mientras veía de lejos a Tadzio jugar.

En esta novela, Thomas Mann confiesa indirectamente sus impulsos reprimidos. Confiesa un secreto que lo atormentó toda su vida. Ojo, no especulo. Sus diarios privados así lo afirman. El Tadzio real, en efecto,  existió. Por muy sorprendente que parezca, la novela es en parte autobiográfica.

Bien dijo Freud: "Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde en sus peores formas."

Gustavo Godoy



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viernes, 16 de marzo de 2018

Siddhartha




Hermann Hesse publicó Siddhartha, en el año 1921, después de  la primera guerra mundial. La primera parte está dedicada a Romain Rolland;   la segunda, a  Wilhelm Gundert (su sobrino). Por muchos años, su lectura estuvo confinada, se podría decir, básicamente al mundo alemán. Pero, luego, con su publicación en Los Estados Unidos en el año 1951, la obra  obtuvo un público  mucho más amplio en Occidente, sobre todo entre la juventud rebelde de la posguerra. Es una pieza breve, pero de una profundidad inmensa. El autor nos presenta aquí, en un lenguaje sencillo y sumamente poético, una filosofía de vida muy peculiar. Es un texto para reflexionar, sin lugar a dudas. Sobre todo, porque contradice mucho lo que generalmente se supone de una búsqueda espiritual. Sí, la novela nos cuenta la historia de un viaje, un viaje personal de autodescubrimiento. Como bien sabemos, Hesse siempre tuvo un lado blando por las religiones orientales. Sin embargo, esta simpatía no le impidió formar  ideas propias e  independientes. Nunca fue un seguidor ciego  de ningún dogma en particular. Al contrario,  sus exploraciones   siempre fueron activas y avanzadas. Autodidacta por naturaleza.

Ahora bien, la historia toma lugar  en la India/Nepal en la época que vivió Buda. Después muy temprana edad, Siddhartha, el hijo preferido de un muy respetado Brahmán (Brahmán: miembro de la casta sacerdotal hindú), siente un fuerte deseo, el deseo de conseguir  la iluminación. Claro, todos esperan que él siga los pasos de su padre como líder religioso en la comunidad. Pero Siddhartha tiene otras aspiraciones. Había aprendido sus lecciones al pie de la letra pero aún así no estaba contento con su progreso interno. Entonces, toma la decisión de radicalizar sus métodos. Se convirte en asceta (asceta: el que renuncia al mundo material).  Junto a su  amigo Govinda, se va al bosque y se somete,  como elemento clave de su nueva vida de renuncia,  a una fuerte  rutina de disciplina y austeridad.  

Al tiempo, los dos escuchan historias sobre el Buda (“Gotama” en el libro)  y van a su encuentro para escucharlo con la esperanza que obtener repuestas. Bueno, Buda les representa con perfecta retórica  su doctrina, las cuatro nobles verdades, los ocho nobles caminos. Después de las lecciones,  Govinda se convierte al Budismo haciéndose un monje, pero Siddhartha no. Él no cree en maestros, ni recetas de salvación.

Paso siguiente, Siddhartha conoce a Kamala, una cortesana, que le enseña los secretos del amor. También, comienza a trabajar con el comerciante Kamaswami que enseña el arte del dinero. Estos caminos también resultan insatisfactorios. Frustrado y desesperado, casi se suicida en medio de una crisis.  Pero algo pasa.

Siddhartha, después de una especie de epifanía junto al río,  decide cambiar de vida nuevamente y se une al barquero Vasudeva, trabajando y viviendo con él. Una vez en el río, y luego de convivir brevemente con el hijo que tuvo con Kamala,  por fin, encuentra algunas respuestas y cierta plenitud de espíritu.


¿Qué aprendió Siddhartha?: que la experiencia directa es la mejor escuela porque la teoría presenta grandes limitaciones. Es decir, para realmente aprender algo que valga la pena sobre la vida es necesario vivirla en carne propia. Los dogmas son ajenos y perjudiciales. No hay maestros, ni sabios en este mundo, únicamente estudiantes. Las respuestas finales están solo en nuestro corazón.  

Gustavo Godoy 

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 16 de Marzo 2018 en la Columna Entre libros y montañas

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viernes, 9 de marzo de 2018

Rayuela






En Rayuela (1963), de Julio Cortázar, leemos sobre muchas cosas.  La novela es un entretejido de múltiples búsquedas, concepciones y lamentos. De hecho, tiene mucho de surreal. Leyéndola, al poco tiempo, nos damos cuenta que abordarla con absoluta seriedad es absurdo.  Hay una historia, sí. Pero mucho de la trama  se nos presenta más como posibilidades que como hechos concretos  y definitivos.  Porque coherente, coherente, no es.  Parece más un juego inquietante, participativo y abierto que una pieza literaria  formal. A veces, incluso, hasta ilegible es.  En efecto, Cortázar le gustaba llamarla una “contranovela”. Ya que rompe con las reglas comúnmente asociadas con  la novela “tradicional”. Normalmente, la novela tradicional nos muestra una realidad fija, ordenada y acabada. Pero Rayuela es diferente. Ella nos mostrará un mundo mucho más caótico, engañoso y movedizo,  y menos realista que otras  las novelas (tradicionales).

Tiene un total de 115 capítulos. Y estos pueden leerse de muchas maneras. Uno puede elegir la secuencia. De modo lineal, claro. Es decir, de principio a fin. Pero, también, del modo como al lector se le antoje. Ahora bien, esto es lo que propone el autor. Sin embargo, honestamente, creo que, en la práctica, los lectores (en su mayoría),   escogen ignorar este elemento (como yo). Bueno, es algo curioso, sí. Pero no considero que sea  gran cosa. Para mí, Rayuela es una novela genial, no por ese asunto  del orden  variable de los capítulos, sino, principalmente,  por la magia de su prosa, que  es majestuosa (léase Cap.7). La obra se abre plenamente  a la experimentación y la libertad del lenguaje. Es más,  el texto está lleno de  frases en otros idiomas, palabras inventadas, y entretenidas ocurrencias lingüísticas. Una gloria estética.  

Esto es lo que “ocurre”, si hacemos una reducción: Todo gira en torno a Horacio Oliveira, un intelectual argentino, y su peculiar amorío  con la Maga (Lucía), una joven uruguaya, que tiene un bebé (Francisco pero apodado extrañamente: Rocamadour). Ambos viven en París como “falsos estudiantes” y son parte de un grupo de bohemios autodenominados el “Club de la Serpiente”. El club mata el tiempo conversando, fumando cigarrillos, tomando mate y escuchando jazz. Claro, la Maga es muy distinta a todos los demás. Ella es  tierna, ingenua,  espontánea, sentimental y valiente. Contrasta radicalmente con las actitudes y pedanterías del resto de la banda. Lo cierto es que una noche,  Rocamadour muere repentinamente, y, luego, la Maga desaparece. Entonces, Oliveira se traslada a la ciudad de Buenos Aires. Ya en Argentina, trabaja con su viejo amigo Traveler y su pareja (Talita). Pero, eventualmente, Oliveira, turbado por el recuerdo,  entra en una crisis emocional. Piensa en el suicidio. Lo intenta, pero finalmente Traveler y Talita le frustran el intento.

Lo interesante aquí es la vasta exploración psicológica de los personajes más que sus  acciones. Los temas: el amor, la ausencia, el exilio, el desarraigo, la muerte, los celos y el arte. 
Como insinúa su título, la novela retrata al típico hombre en busca de algo sin poder hallarlo (pero con la sensación que ya tiene lo que busca). Acierta en captar una sensibilidad muy particular. Hay algo muy juvenil en la obra. Un tipo de  atmósfera muy seductora. Dista mucho de la novela latinoamericana tradicional. Rayuela: Los bohemios, París,  la ciudad (sus calles, sus puentes y sus cafés), el arte, el jazz, la vanguardia, la inconformidad. ¡La Maga! Ah, uno se enamora de la Maga, de sus imperfecciones, de sus divertidas locuras, de sus absurdas manías y de sus ganas de vivir. “¿Encontraría a la Maga?...”


Gustavo Godoy



Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el Viernes 09 de Marzo 2018 en la Columna Entre libros y montañas