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viernes, 30 de junio de 2017

El Pueblo







La idea de pasar una larga temporada en el campo siempre le atrajo. Alberto soñaba con escapar del ajetreo de la gran ciudad para poder descansar tranquilamente entre la gente sencilla. Entonces un día se decidió. El lugar que escogió era en extremo apartado. De hecho, era un lugar tan remoto y distante como una mariposa lo es de un elefante. Su lejanía no tenía relación con el espacio físico sino con algo mucho más intangible. Quien llegaba a ese sitio en un principio no percibía nada extraño. Pero al poco tiempo descubría que en realidad estaba en un mundo fuera de este mundo. Sus leyes, sus idiomas y sus credos componían un entorno kafkiano tan enigmático como el más intrincado de los laberintos. Los forasteros pronto se daban cuenta de que se encontraban en un pueblo fantástico de esos que únicamente existen en las novelas del realismo mágico iberoamericano. Muy bien podía ser Macondo o Comala.


Ignorando lo que le esperaba, Alberto llegó al pueblo con un entusiasmo tan grande como su ingenuidad. Logró rentar una pequeña casa con una ubicación idónea. Inicialmente, todo fue idílico pero eso duró poco. Porque para el pueblerino lo foráneo significaba problemas. El pueblo era igualado al universo entero. Lo que ocurría más allá de sus fronteras importaba muy poco. En realidad, nadie sabía a ciencia cierta lo que pasaba afuera. Solamente que estaba lleno de peligros y de rarezas. Desde un primer día la noticia de la llegada de Alberto, que se difundió por todos lados en cuestión de segundos, ya estaba causando polémica. Ya existían varias teorías sobre el misterioso citadino. Muchos decían que vino a esconderse de las autoridades. Un crimen, tal vez. Otros decían que vino huyendo de sus familiares por estar lleno de vicios. Alcohol o drogas. Otros que era homosexual o que sufría de alguna crisis sentimental. Llegó solo y alguien le escuchó decir que era soltero. Otros que tenía apuros económicos. Su viejo carro tenía una ventana medio rota. Sin embargo, en lo que todos coincidían era que el exótico hombrecillo no era digno de mucha confianza. Debían vigilarlo.


En el pueblo, el difundir las intimidades de los demás con todo lujo de detalles era considerado un servicio público. Era de sumo valor conocer dónde estaba cada quien dentro del gran orden de los cosas. Se creía que la vida privada era la más importante para investigar. Sin mencionar una fuente inagotable de entretenimiento. Entonces, el deporte local era ocultar los secretos propios e indagar en los ajenos. El asunto se complicaba cuando la realidad se mezclaba con la ficción. Entonces, de la nada surgían las historias más elaboradas, las cuales todos creían vehementemente. Si alguien lo decía, era verdad. Era así de sencillo.


A los pocos días, ya Alberto estaba implicado sin saberlo en varios amoríos. Había varios jóvenes celosos que querían darle una golpiza. Algunas chicas lo culpaban de regar habladurías sobre ellas. Y ellas también lo estaban buscando para confrontarlo. Otras por el contrario querían casarse con él y afirmaban falsamente ante los demás los rumores. Incluso, algunos niños ya lo llamaban papá. Por otro lado, mucha gente estaba indignada con su conducta y casi todo de él causaba escándalo y asombro. Sus cabellos estaban muy largos. A veces,  usaba sandalias. Se despertaba a las nueve o no a las cinco como todos. Para colmo, algunos días que no salía a socializar. Y así, luego de un tiempo, prácticamente medio pueblo estaba molesto con él.

Alberto, antes una persona común y anónima, en el pueblo era una gran controversia. Hastiado, agotado y confundido no le quedó otra que volver a la ciudad. En la ciudad, se podía descansar.


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  30 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas







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martes, 27 de junio de 2017

¿Cómo?







¿Cómo sabré de ella ahora,  
si ha escogido un nuevo hogar?
Nos separaba una montaña.
Ahora el muro es  todo un mar
¿Cómo le  explico al corazón,
que nos quedamos sin belleza?
¿Cómo   escribo más poemas,
si mi musa ya no está?


Gustavo Godoy

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viernes, 23 de junio de 2017

Mi Afrodita y la Lluvia




Hace frío porque hoy amaneció de lluvia. Las nubes acarician las laderas. La luz es débil. Solo se escucha el frágil murmullo del agua y el de las hojas. Los árboles del bosque bailan suavemente con el viento mientras los pájaros deciden posponer sus cantos para más tarde. Es demasiado temprano para separarse de estas cálidas cobijas y de estas almohadas de algodón. Es un clima que se presta para la intimidad y el afecto. Hoy todo es lento, tranquilo y silencioso. Nada pasa porque todo parece haber quedado suspendido entre el rocío, la neblina, y las emociones. Solo provoca seguir durmiendo. Solo me provoca abrazarte totalmente para sentir calor, en esta cama inmensa. Hace frío esta mañana y lo único que quiero es estar junto a ti. Estar contigo y nada más.

Te propongo que nos tomemos este día libre y nos dediquemos a hablar de nada por horas como dos perezosos. Podemos hacer de hoy un fin de semana para soñar con bellas utopías y olvidarnos del bullicioso exterior. Hoy nos toca holgazanear porque afuera está lloviendo. Es mejor que nos quedemos aquí adentro.

Hay tiempos en la vida cuando se debe aceptar que toda la felicidad del mundo a veces se puede reducir simplemente a quedarse en casa durante un día lluvioso. Y al mundo le tocará extrañaremos. A veces las cosas son así de simples. Ya habrá oportunidad de reparar las consecuencias de nuestra ausencia.

Quédate un rato más. No te vayas. No te marches que aún me faltan besos para darte y canciones para dedicarte. Quiero quererte bonito. Quiero consentirte mientras llueve. Quédate aquí. Quédate hoy. Quiero que te quedes porque esta mañana estás más linda que nunca.


Si alguna vez la pase mejor con alguien más, simplemente hoy no me acuerdo. Hoy solo existes tú. Contigo todo es risa, pasión y tu piel infinita. No me importa si allá afuera en el mundo real yo no soy tu prioridad. Aquí ese mundo ya no existe. Aquí solo estamos tú, yo, este cuarto mágico y esta locura nuestra. Todo lo demás es un borroso y vago  recuerdo.  Yo no te pido nada. No te pido que nombremos o regulemos lo nuestro.  Yo te amo libre. Yo te quiero libre. Sin complicaciones. Gracias por enséñame tu universo, por confiar en mí, por tanto cielo azul, por tantas noches inolvidables y por darme esta bella historia de amor.  Así exactamente como  eres es que siempre me has gustado. Solo dame más de tu sonrisa. Obsequiame  más de tu mirada. Deleitame más con tu presencia.  Tan solo sigue regalándome más momentos  junto a ti.  Eternos  momentos a tu lado es todo lo que anhelo, porque contigo soy feliz. ¡ Qué bueno que  estás  aquí, hoy  que está lloviendo!



Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  23 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas



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lunes, 19 de junio de 2017

Las líneas




¿Dónde terminas tú y empiezo yo?
¿Es acaso en tus cabellos o en mis manos?
¿En mis pensamientos o en tus evasivas?
No lo sé.
Entre tú  y yo las líneas se confunden.
Es que me pierdo en tu mirada,
y tu mirada se pierde en mi recuerdo.
Son mis sueños , es tu boca.
Son  tus ojos que me rozan.
Son mis labios que te piensan.
Es tu alma que me toca.
Son tus miedos los que brotan,
y este amor de hacia  ti.


Gustavo Godoy




viernes, 16 de junio de 2017

El Ermitaño


Cuando el ermitaño por fin decidió zarpar a las montañas para vivir solitariamente en la pequeña cabaña cerca del bosque, todo el mundo se preocupó. La gente que  tan a menudo ignora las complejidades del individuo excepcional se quedó perpleja en confusión cuando el ermitaño manifestó tranquilamente  que buscaría aislarse de la sociedad  para escapar de la soledad. Según el análisis vacio de los más involucrados, esta preocupación se podía justificar debido al irreverente desinterés que demostraba el  ermitaño al incumplir con ciertas formalidades sociales y estéticas. Ya no se vestía como antes sino que adoptó las fachas rusticas y desaliñadas del indigente. Ya no hablaba  de lujos, modas o propiedades  sino que  se ocupaba de temas mucho más etéreos como  la espiritualidad, la poesía y la libertad. Lo de él era desechar todo lo superfluo para dedicarse exclusivamente a la bondad, a la reflexión y a la simplicidad. Algo inverosímil para el  limitado hombre mundano.

El repentino retiro de la vida pública del ermitaño era razón para  recurrentes debates y discusiones entre las personas que lo conocían.  Todos ,aunque con las mejores intenciones, con gran pedantería, se apresuraban  a marcar  posiciones contundentes y alegres sobre el evento  , a pesar de no conocer todos los detalles sobre  la situación . Y no hay  persona más peligrosa que la que quiere ayudar pero sin el entendimiento adecuada. El torpe diagnóstico de los  autodenominados expertos en psicología indicaba que  esta aparente decadencia del ermitaño durante  su exilio escogido no  podría significar otra cosa que  un claro deterioro de su salud mental en la forma de locura crónica con  grave crisis  melancólica. El señor enloqueció, probablemente gracias a un desaire amoroso.  Pero lo que más dejaba anonadados a  las  personas era la risueña y plácida actitud del enigmático ermitaño que de manera misteriosa parecía satisfecho  con  su realidad. Para la persona  común , esto no podía ser normal.  Es muy difícil para muchos poder aceptar  la posibilidad  que alguien pudiera abandonar  voluntariamente la religión del éxito burgués y cambiarla por una filosofía de vida que no dependa de las doctrinas del materialismo. Renunciar a la carrera social moderna es un acto descabellado según el consenso general. Nadie quiere ser tildado de fracasado. Siempre se debe aspirar a más.   La idea de reducir las necesidades y los deseos en vez de multiplicarlos es inconcebible  para la gran mayoría  en nuestros tiempos. La gratitud, la sencillez y la quietud no son valores populares en el mundo de hoy. Lamentablemente, esta sociedad  mide el éxito según el dinero en el bolso y  no según  la felicidad en el corazón.  

Ya que las explicaciones son inútiles para aquellos que no quieren entender , el ermitaño  combatía las  campañas de rescate que se  organizan constantemente por parte de  sus seres queridos para salvarlo de sí  mismo  con elegantes huidas. Era un maestro de la evasiva y el escape. Esa era la única forma de alejarse de las toxinas de la gente ;y era la solución  más eficaz para que él  pudiera conservar la dulce utopía que había edificado con tanto cariño.

Lo que ocurre es que el mundo se ha vuelto loco ;y los únicos cuerdos parecen ser los locos. Lo peor que le puede ocurrir a un hombre de nuestra época es tener la desdicha de ser normal. No hay nada más valioso que la riqueza del alma.


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  16 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas





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lunes, 12 de junio de 2017

Envidia




Siento envidia de esa lejanía,
del suave  aire que respiras,
de aquel espejo que te mira,
de aquella flor  a la que cuidas,
de aquel manto que te abriga,
de aquel lugar donde no estoy.
Envidia pura y loca siento
de ese espacio junto a ti.

Gustavo Godoy


*Serie Brevedades


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viernes, 9 de junio de 2017

La Decisión de Paris






Era una epoca dificil en la vida del joven Paris  porque aún no había encontrado su verdadera vocación. Estaba  algo desorientado y carecía de un plan concreto. No sabía lo que quería realmente porque aún  estaba conociendose. Los moldes que le imponía  la sociedad no se ajustaban a su medida. Y no hacía otra cosa que participar en un lento viaje de autodescubrimiento. Sus familiares  ya estaban frustrados. Al principio fueron muy comprensivos pero debido a  la larga duración de este supuesto viaje ya últimamente estaban perdiendo la paciencia. Los argumentos de la familia de hecho eran muy sensatos. El muchacho debía crecer y asumir la responsabilidad de su vida. El no podía vivir sin aportar  a la economía doméstica de forma  indefinida . O por lo menos debía hacer algo productivo. Estudiar, trabajar, mudarse, o  algo.  Las semanas se le pasaban tocando la guitarra, leyendo libros de poesía, visitando a los amigos y refrescándose con la buena cerveza mientras el resto de las personas trabajaban duramente durante todo el día. En su hogar, ya se sentía la tensión. Era el objeto de moda de numerosos  sermones moralistas  por parte de las figuras de autoridad de su entorno que aprovechaban la ocasión para jactarse de sus glorias pasadas, a veces reales pero en muchos casos  ficticias,  y  su reputación  de holgazán ya estaba establecida dentro de su casa.

Irónicamente, más allá de los límites de su morada familiar, su fama no podía ser mejor. Disfrutaba de la estima de todos y poseía la aprobación de la opinión pública.   El chaval en realidad era muy agradable. Era amigo de todos. Gracias a su gran corazón y su trato divertido se había ganado a todos los vecinos, sobre todo a los niños. Como era muy atento y disponía de mucho tiempo libre, en el vecindario era considerado un personaje de suma utilidad. Sus servicios  gozaban de enorme popularidad dentro de la comunidad. Sus proezas eran muy variadas, desde cargar objetos pesados en una mudanza, hasta resolver una crisis de plomería, desde cuidar a los más chicos,  hasta escuchar las  historias del abuelo, desde cambiar un bombillo, hasta bajar el gato del árbol, desde ser árbitro  en los juegos deportivos, hasta ser el animador estrella de las fiestas infantiles.  Su nombre se podía escuchar por toda la cuadra como la consigna más sentida en tiempos de una revolución. Paris, ven un momentito! Y el controversial joven ,con su relajado andar y su generosa sonrisa,  llegaba  listo para afrontar cualquier misión.

Un elemento muy característico de la compleja y contradictoria personalidad de París era su elegante afición por la belleza femenina. En otras palabras, el hombre era un gran enamorado. Se la pasaba de amorío en amorío. Lamentablemente, sus temerarias aventuras sentimentales siempre terminaban  estruendosamente. Sin embargo,   de  algún modo u otro, y con  la fortaleza de un valiente  guerrero,  su corazón roto sanaba rápidamente y  su fe en el amor renacía de los cenizas  como nunca antes,  preparado para una  nueva ilusión. Era un romántico empedernido y no tenía remedio.

Se encontraba en una encrucijada. Y de las muchas soluciones que existían para  hacer desaparecer a la manzana de la discordia que yacía dentro su casa como un gran elefante blanco las había reducido  a solo tres. Podía buscar un trabajo. Podía inscribirse en la universidad. O podía fugarse con la bella vecina para  viajar de  mochileros por el mundo. Aún lo estaba pensando porque todavía no estaba muy seguro. Solo estaba seguro de que , fuese cual fuese su decisión final y cualquier cosa que terminara haciendo con su disipada vida,  deseaba vivir  con desenfreno. Paris quería una vida extraordinaria  y sumamente apasionada.

Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  09 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas






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viernes, 2 de junio de 2017

La Musa






El Escritor  tocaba a la  puerta una y otra vez pero La Musa nunca  le abría. Ella solo lo veía escondida tímidamente detrás la ventana  pero hasta ahí. Al tiempo,  él luego partía  caminando lentamente y cabizbajo por las calles baldías solo dejando atrás una flor y la promesa de siempre volver , y también pensando en el porqué de no intentarlo si ambos  sabían  que funcionaria. Al rato, ella salia con una falsa indiferencia para recoger ,como todos los días, esa  flor que reposaba ahí , desprotegida y emotiva. Con el ceño fruncido y fingiendo que nada transcendental realmente había ocurrido buscaba el florero para ponerlo en el centro de la mesa tratando de disfrazarse de normalidad. Pero cada vez que se ocupaba de esta  tarea cotidiana y trivial que le acarreaba su admirador no correspondido, no podía evitar  respirar hondo y con picardía a veces sonreír.



El  contrariado y enamorado Escritor  estaba muy consciente que La Musa para él siempre sería  un amor imposible.  Él estaba claro en su tormento que  su querer era algo inaccesible. Su triste condena era quererla para siempre a lo lejos, como se quieren a las estrellas del cielo. El único consuelo que le quedaba era soñar con ella desesperadamente, pero nada más. Solo con eso debía conformarse  porque él  sabía perfectamente que su amargo destino era amarla inadvertido  desde la distancia y el  silencio de un rincón escondido,  durante toda la vida. Para su agonía,  él debía disimular calladamente  ante los demás para tapar de ese  modo que aquel  algo llamado amor seguía creciendo sin parar en su alma incluso estando siempre separados y que ese  vacío que sentía en el pecho  por aquello que pudo ser pero nunca fue y nunca  será jamás dejaba de causar  dolor.


Sin embargo, tanto ella como él sabían muy bien sobre el secreto que ambos compartían.  A  veces durante las noches  solitarias y los domingos sombríos a ella le  ocurría  que  los miedos y la negación abrían paso a  las dudas   por un sutil momento y ,como una rafaga de viento que viene y se va, la pequeña idea  de un amor tardío rozaba sus cabellos y le erizaba la piel. Un pensamiento atrevido le cruzaba la mente ligeramente como una gota de agua que cae y se evapora rápidamente. Pero lamentablemente después de los suspiros y de aquellos breves extravíos pronto volvía  a recordar su antigua costumbre de protegerse y esconderse como si esa vida no vivida que llevaba fuera una deuda eterna que debía pagar infinitamente. La verdad era que por mucho que lo intentaba y en contra de lo que constantemente ella misma decía que  deseaba nunca lograba alejarse totalmente de la ilusión de  amar.  Al amor siempre lo esperaba y siempre lo despedía como aquella vieja señora que iba a la estación  todos los días aguardando al tren para luego  decirle   adiós  llorando.  Lo anhelaba, pero jamás  se atrevía a  marcharse en él.

El  obsequio más hermoso y generoso en  todo el mundo es  un corazón. Quien lo regala solo crece. Pero siempre pierde  quien ,a pesar que lo añora, por temor no lo recibe y huye de él como si se tratara del  más terrible de los espantos.




Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  02 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas





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