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viernes, 29 de enero de 2016

La crisis del lenguaje



El lenguaje articulado es  un sistema de representación que posibilita mapear  nuestro mundo interior y exterior. No solo es nuestro principal medio de comunicación con los demás, sino también es un elemento determinante en la configuración interna de cada quien. Con el uso de símbolos, el lenguaje le permite al  individuo definir su realidad, tanto en su  relación con los demás como ante sí mismo.

Aquello que no tiene nombre es un misterio. Lo inefable siempre se mantendrá oculto. Desde la niñez, estamos  construyendo paulatinamente  nuestro mundo en la medida que desarrollamos nuestro lenguaje. Si solo conocemos una palabra para nombrar a todos los árboles, veremos a todos los arboles como una misma cosa. Sin embargo, si  conocemos diferentes palabras para denominar con exactitud a los diferentes tipos de árboles, veremos con claridad esa diversidad al entrar a un bosque, por ejemplo. Conectar una palabra específica a un elemento en específico facilita enormemente su identificación en lo particular y su  diferenciación con respecto a  lo otro. Por eso es que un enriquecimiento de nuestro lenguaje significa un enriquecimiento de nuestro mundo. Cada nueva precisión lingüística  significa una amplitud de nuestra realidad. Y de la misma manera,  toda  limitación se transforma a su vez en una  limitación  psicológica, social, cultural y espiritual. Nuestro lenguaje expresa quienes somos y como vemos las cosas.  El hombre pobre de lenguaje piensa, siente, y socializa pobremente. Y,  su alcance es pobre. 

El lenguaje está estrechamente relacionado al pensamiento. Pensar es un proceso  que se apoya del sistema simbólico del lenguaje para operar. Por eso es que todo deterioro en el lenguaje repercute en la calidad de nuestros pensamientos y, en consecuencia, en nuestro accionar personal y social. 

El hombre moderno se enorgullece en anunciar que estamos viviendo en la era de la información y el conocimiento. El asunto es que hoy en día gracias a los avances tecnológicos tenemos acceso a muchos contenidos, pero poco de este contenido es realmente nuevo o de calidad. La persona promedio no conoce, ni domina su lenguaje. Su vocabulario es sumamente escaso. Su capacidad de redactar o expresarse  con claridad es muy limitada. Generalmente, se comunica, no con sus propias palabras,  sino que recita ingenuamente  la fraseología que le impone la cultura de masas.  Se perdió el respeto por las palabras y su verdadero significado. Los políticos, los publicistas, los periodistas y el resto de la sociedad pareciera que botaron los diccionarios. Palabras comunes como paz, democracia, justicia, libertad, amor, felicidad, riqueza, entre muchas otras, son utilizadas caprichosamente y alegremente por cualquiera para nombrar lo que más  convenga cuando más convenga. Esta ambigüedad idiomática estimula el pensamiento confuso y contradictorio. Hoy en día, el vino dejo de llamarse vino, y el pan dejo de llamarse pan. He aquí la causa de la carencia de gente crítica y pensante en el mundo de hoy. 

En la era de la información,  la imagen y el mensaje audiovisual se imponen sobre el lenguaje escrito. El lenguaje escrito se ha reducido al slogan, a la consigna y a la  frase corta como un mero accesorio  cosmético de lo visual.

Lo audiovisual ofrece el regreso a la comunicación oral. Lo audiovisual es un mensaje  ligado siempre al contexto. En la comunicación oral,  el sentido de la palabra depende del gesto, del tono, del sitio, de la música y de otras vertientes con fuerte carga emocional. Solo la escritura desliga el lenguaje de la situación concreta. Lo vuelve independiente del contexto y de fácil control. La escritura es para el lenguaje lo que el reloj es para el tiempo.  La escritura fija el lenguaje y estructura su sentido permitiéndole establecer un orden de pensamiento claro y  coherente.  El lenguaje escrito estimula la reflexión y la interioridad. El hombre masa moderno, adicto a la televisión, no piensa realmente porque todos sus pensamientos son ajenos.

A pesar que es un tema extremadamente descuidado y desapercibido, la verdad es que la crisis del individuo y la modernidad está inseparablemente unida  a la crisis del lenguaje. 

Un aporte útil al mundo es promover una sociedad de buenos lectores. El buen lector  es siempre un relector, no es un lector superficial.  Leer y releer buenos libros es la práctica del individuo  culto y pensante. Convertirse en un buen lector es hacer  de la literatura un compañero de vida. En los libros esta la solución a la crisis del lenguaje. Adoptar un libro es como  enamorase. Se requiere tiempo, esfuerzo, imaginación y soledad. Y una vez que se despierta la pasión, no hay vuelta atrás.  

Toda revolución empieza con un libro. Da el primer paso, regala un libro. 



Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 29  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

sábado, 23 de enero de 2016

Sobre el sufrimiento y el dolor





Gautama Siddharta nació  en la India, en el año 566  A.C, en el  seno de una familia de príncipes sumamente ricos. Durante su infancia y adolescencia, tuvo una vida mimada y opulenta. A pesar de la sobreprotección de su padre, no logro escapar de los hechos desagradables de la condición humana como la sufrimiento y el dolor.  Un día  abandono  su vida de lujos y placeres para huir  a los bosques en busca de iluminación y entendimiento. Después de largos años de meditación y austeridades, se convirtió en el Buda (el Iluminado). Funda una religión mundial llamada  budismo que nos revela una  nueva práctica espiritual basada en  una nueva concepción del universo.  El budismo enseña una teoría unitaria de la existencia, una visión no-progresiva del tiempo,  una ética igualitaria y un ascetismo moderado como un sistema filosófica para lograr libertad, tranquilidad y sabiduría.

Mientras en el pensamiento religioso occidental el sufrimiento, tanto físico como mental, es visto como un terrible mal enviado como un castigo debido a nuestros  pecados, en el budismo la visión es radicalmente diferente. El sufrimiento es el producto de una mala interpretación de la realidad por nuestra parte. En otras palabras, el sufrimiento surge en el momento que la realidad contradicen nuestras expectativas. Según Buda, la ignorancia es la causa principal del sufrimiento. Y la sabiduría y el conocimiento son sus remedios.

  Si nos apegamos a una circunstancia en particular, eventualmente sufrimos si la circunstancia cambia. Un mundo circunstancial es siempre cambiante entonces nuestro sufrimiento es constante si nos aferramos a una idea fija. Muchos de nuestros problemas son problemas creados en nuestra imaginación.  Las muertes, las pérdidas,  las desilusiones y las dificultades se convierten en decepciones en la medida que negamos la noción que  nada es permanente y  que nada es realmente nuestro para siempre.  

Según el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, estudioso de las enseñanzas de Buda,  el sufrimiento es esencial a toda forma de vida.  La voluntad de vivir, de existir está estrechamente relacionada con la lucha contra las resistencias que impone la realidad. Mientras mayor sea la lucha de la voluntad, mayor será el sufrimiento.

Para Nietzsche, siguiendo un poco la línea de Schopenhauer,  el sufrimiento es una afirmación de la voluntad de poder. Y todo gran individuo se caracteriza por experimentar un inmenso dolor frente al mundo.   Según el filósofo, toda expansión requiere conquistar una frontera. Esta barrera significa una lucha entre fuerzas enfrentadas, y eso es el dolor. 

Una persona promedio todos los días se enfrenta a diversas dificultades para lograr sus objetivos. Seguramente, su vida sería mucho más fácil  si no tuviera aspiraciones, pero también sería una vida sumamente limitada.  Si no tuviera nada, pues no perdería nada. El que se rinde por miedo a los peligros, no llegara a conocer nunca su verdadero potencial. Debemos recordar que  estar vivos es estar en peligro. Solo los muertos están en paz. La pérdida de un ser querido o los problemas con los demás  son la envidia del hombre solitario quien no tiene a quien perder o con quien pelear. 

Todo talento, posesión o logro es fruto de un esfuerzo que resulta muchas veces doloroso, pero es  esencial para nuestro crecimiento. Las adversidades y los obstáculos son parte  de la vida. El sufrimiento y el dolor no es otra cosa que la  afirmación que estamos viviendo y debemos afrontarlos con dignidad. Evadir los riesgos es evitar la vida. Cada experiencia difícil nos aporta una nueva capacidad. 
En las palabras de Nietzsche “Lo que no te mata, te hace más fuerte”.  




Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Sábado 23  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

sábado, 16 de enero de 2016

La sociedad tecnologica


 
 
Según la mitología griega, Dedalus fue un ingenioso inventor y hábil arquitecto. Dedalus construyo, a solicitud del Rey Minos, el famoso laberinto de Creta  para encerrar  en el centro  a la monstruosa criatura con cabeza de toro y cuerpo humano llamada Minotauro.  El diseño de Dedalus llego a ser tan intrincado y complejo que su propio constructor, en la compañía  a su hijo Icarus , se convirtió en  prisionero de su propia creación.

Para escapar esta prisión,  Dedalus fabrico unas alas de cera y plumas para su hijo y para él. Según el relato, Dedalus aconsejo a su hijo  volar con prudencia. Le pidió moderación con la clara instrucción que no se excediera. No debía volar demasiado alto, pero tampoco demasiado bajo. Sin embargo, Icarus, fascinado  con su nuevo poder, se distrajo y  se acercó  demasiado al sol. El calor  del sol  derritió sus alas e Icarus cayó al vacío debido a su descuido.

En la novela gótica “Frankenstein o el Moderno Prometeo”,  la autora inglesa Mary Shelley cuenta  la historia del brillante joven Victor Frankenstein quien, obsesionado con los inmensos alcances de la ciencia,  crea una criatura viviente en el laboratorio de su castillo. A pesar de poseer una gran confianza en los poderes de su mente, el científico nunca pudo controlar al monstruo que creo. Para Doctor Frankenstein, sus logros y  descubrimientos al final se le fueron de las manos, y eventualmente  causaron su ruina y  locura.

Desde muy temprano,  en la historia de la humanidad, el hombre  ha construido herramientas usando los recursos de su entorno. Desde un principio, la finalidad de la tecnología ha sido facilitar la vida del ser humano  ahorrándole tiempo y esfuerzo en la  satisfacción de  sus necesidades y   propósitos.  Esa capacidad humana de encontrar una aplicación práctica al  conocimiento adquirido mediante la observación y experimentación le   ha dado a  la humanidad  un inmenso poder técnico sobre el mundo físico. Sin embargo, en la actualidad, a pesar que presumimos controlar la obra de nuestras manos, pareciera que el impacto de la tecnología en nosotros es tan fuerte que no se sabe con certeza quien controla a quién. Paradójicamente, la tecnología nos ha dado mucho poder pero, al mismo tiempo, nos ha hecho más dependientes.  La tecnología nos ahorra tiempo por un lado, y, por el otro lado, nos roba tiempo. Muchas veces nos une y, al mismo tiempo, nos divide. Da liberad e irónicamente nos  quita también libertad.

Anteriormente a la invención del tocadiscos, las comunidades creaban su propia música. La gran mayoría de las personas tocaban por lo menos  un instrumento musical. El músico y su audiencia eran lo mismo. La persona promedio participaba de manera activa  y  directa en el acto de crear y escuchar música. Después de cierto esfuerzo y disciplina, la persona desarrollaba una destreza musical que le permitía gozar libremente de esta actividad artística. Se poseía un control directo sobre la producción musical.  Hoy, el músico aficionado es una  reducida minoría porque  en su mayoría  ha sido sustituido por el músico profesional y extranjero. La voz y los instrumentos musicales han sido reemplazados por avanzados  dispositivos de audio. A diferencia de épocas anteriores, en el mundo de hoy,  las personas se relacionan con la música pasivamente. Y   la industria moderna de la música domina casi  exclusivamente toda producción musical.

Al principio, el automóvil le permitió a la gente trasladarse de un lugar a otro en menos tiempo que antes.  Una persona que caminando le tomaba media hora moverse de su casa a su lugar de trabajo con el uso del automóvil podía lograrlo en tan solo cinco minutos. Eso por supuesto significo un avance considerable.   Luego, cuando los automóviles se volvieron más números,  las ciudades  se rediseñaron adaptándose  a este nuevo modo de transporte. El automóvil permitió que la distancia que las personas pudieran  cubrir fuera mucho más grande que antes y la gente se mudó a sitios más lejanos.  Este cambio hizo  la vida del sencillo caminante mucho más complicada. Las distancias se volvieron más largas, y la misma persona que anteriormente tardaba caminado media hora en llegar su lugar de trabajo, ahora en automóvil tarda esa misma media hora. En realidad, la invención no le está ahorrando nada, pero prescindir del automóvil ahora es muy difícil porque caminar ya dejo de ser una opción práctica.  El creador se convirtió en esclavo de su propia creación.

Mientras vemos que  las sociedades con menos tecnología moderna viven una vida mucha más relajada y tranquila, en las sociedades más avanzadas tecnológicamente vemos ajetreo por doquier. Eso no deja de causar asombro ya que los defensores de la sociedad tecnológica nos venden la idea que a mayor  tecnología mayor  tiempo libre para realizar las actividades que realmente nos gustan.

Hoy hay mucha tecnología, pero poca sabiduría. No es cuestión de abolir la tecnología, sino de pensar bien las cosas. El hombre moderno vive constantemente adquiriendo la última maravilla tecnológica por el miedo a quedarse por afuera.  La modernidad nos ha obligado a adaptarnos a la tecnología cuando la tecnología debería adaptarse al ser humano. En el  camino se nos ha olvidado que la tecnología esta para servir del ser humano y no al revés. En la actualidad, somos herramientas de las herramientas que hemos creado.




Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Sábado 16  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

 

viernes, 8 de enero de 2016

El sentimiento y la libertad





Las sirenas son criaturas mitológicas presentes en muchas  leyendas alrededor del mundo. Estos seres son doncellas del mar, mitad mujer y mitad pez, de abrumadora belleza que con sus encantadores cantos  seducen, engañan y desorientan a los incautos marinos.  En el poema épico la Odisea, Homero nos relata un episodio donde el personaje  principal, Ulises,  se encuentra con ellas.

Ulises, hombre de gran astucia,  de regreso a su hogar  en Itaca , debía tomar la peligrosa ruta junto a la isla de las sirenas. Para no caer presa de sus hechizos, Ulises le pidió a su tripulación ser atado al mástil de su embarcación  para evitar perder el control. Y, de esta manera, Ulises no fue víctima de los encantos de las sirenas y pudo regresar a casa.

El intelectual alemán Herbert Marcuse utilizo  este mito  para ilustrar  la situación del ser humano ante los controles sociales que suprimen el fluir natural del alma humana. 

El padre del psicoanálisis Sigmund Freud   abordo también esta tema en su libro “El malestar de la cultura” con conclusiones similares a las de Marcuse.

La sociedad para funcionar  nos impone constantemente  sus deseos, mientras que el alma lucha por ser simplemente lo que  realmente es: Consciencia, libertad, y sentimiento.

Este debate ha sido planteando numerosas veces. A lo largo de la historia han surgido muchos individuos  con fuertes críticas a los elementos represivos de la  sociedad. Sin embargo, es prácticamente un consenso  que el ginebrino Jean-Jacques Rousseau es el fundador de la crítica moderna a la civilización.

La  famosa tesis de Rousseau consiste que la civilización impide al hombre realizarse porque impone una serie de controles que limitan su libertad. Rousseau opino que el hombre es bueno y libre en su estado natural,  sin embargo, la sociedad lo corrompe y encadena.  Por lo tanto, según el escritor, todo lo natural es bueno, y todo lo malo proviene de la sociedad. Para este, la civilización es la vida de la gran ciudad,  de los ricos y  las cortes. Por supuesto, Rousseau se refería principalmente las cortes europeas afrancesadas  inspiradas por el  Ancien regime.  En estos sitios reinaba el ajetreo, la mentira, la hipocresía y el egoísmo. Es en la naturaleza donde pueden fluir libremente  los verdaderos sentimientos humanos. La naturaleza significa  la armonía, tranquilidad, la autenticidad y la sencillez. Las ideas de Rousseau surgieron como  un contraproyecto a todo lo francés y reflejaban un espíritu más acorde con el provincianismo germano.

Aun en  su tiempo, Rousseau ya era un personaje celebre y sumamente influyente. Inspiro con el tiempo no solo la Revolución Francesa, sino también el Romanticismo.

En contraste con la rigidez y los formalismos de las cortes y las ciudades,  los románticos valoraban la expresión espontanea del individuo. El romanticismo se centra en el sujeto que siente.  Los individuos creativos ganaron prestigio. Las normas sociales establecidas empezaron a ser cuestionadas. Mientras que los oprimidos de la sociedad fueron considerandos no solo como simples iguales sino incluso mucho  más humanos que el resto de la población. Los pobres, los niños,  los indígenas, los campesinos, el rebelde y  el artista se convirtieron en objetos de admiración.  Los tiempos pasados, la vida rural, y la naturaleza se transformaron en ideales de libertad.

El pensamiento roussoniano y el romántico a pesar de sus excesos y limitaciones  proponen planteamientos muy interesantes dignos de una profunda reflexión.
Por supuesto, que los controles  y las formas  son necesarias para que la civilización prospere, pero es igualmente cierto que la familia, la cultura, y la sociedad intentan constantemente  encasillarnos en un molde. El alma humana necesita libertad para alcanzar su potencial. Y la libertad es ser lo que uno es y no lo que los otros quieren que uno sea. El primero paso hacia la realización de  uno mismo es salir de ese molde que la sociedad nos impone.

Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 08  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas