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viernes, 18 de diciembre de 2015

El mágico poder de lo femenino

 

Según la mitología griega, la diosa Afrodita estaba  casada con el feo dios Hefestos ,sin embargo ,en realidad, amaba al belicoso  Ares, el dios de la guerra. Para los griegos, la hermosa diosa era la personificación del amor, la belleza, y el deseo.  Se identificaba en el planeta Venus y siempre estaba asociada al mar, las rosas, los cisnes  y las manzanas. La diosa era  hija del dios Zeus y la titán Dione.  En la Grecia antigua , Afrodita era adorada como una de las principales deidades del Monte Olimpo con templos y cultos por todo el Mediterráneo.

El poeta Homero cuenta en la Ilíada sobre la compleja  influencia de esta diosa en el mundo de los mortales.  En la celebración de la boda de la diosa Tetis y el mortal Peleo, Eris , la diosa de la discordia ,  no fue invitada. Sintiéndose ofendida, Eris  se presentó en la boda  para dejar una manzana de oro. La controversial fruta dorada  ostentaba  la inscripción: “Para la más bella”.  Como era de esperarse este detalle no paso desapercibido entre los invitados. Cargadas de rivalidad, Atenea,  Hera y Afrodita reclamaron la manzana para si y le  pidieron a Zeus que escogiera entre las tres diosas. Zeus evadiendo la responsabilidad  prefirió no escoger el personalmente , sino que designo la difícil tarea a un mortal . Finalmente, la  delicada encomienda  fue delegada al príncipe troyano Paris.  

Para persuadir a Paris, cada una de las diosas le ofreció un soborno y así pretender  comprar su decisión.  Atenea, la diosa del conocimiento,  el ofreció victoria en las batallas.  Hera, la diosa del hogar, le ofreció inmensas tierras.  Y por último, Afrodita le ofreció el amor la bella Helena, la esposa de Menelao, el rey de Esparta.

Finalmente, Paris escogió el amor de Helena, la mujer más bella del mundo, a pesar de las complicaciones que esto traería.  De las tres opiniones que le presento la vida, el joven Paris tomo el duro camino de luchar por amor. Su  temeraria elección fue el origen de la mítica y trágica  guerra de Troya.

La figura de la  Diosa es el mito  dominante en las sociedades agrícolas. Sin embargo, con el surgimiento de las sociedades pastorales y luego las sociedades urbanas  el dios guerrero creció en importancia y  paulatinamente reemplazo casi en su totalidad a la diosa. Este proceso es particularmente  demostrable sobre todo en el Medio Oriente con el desarrollo de las religiones abrahamicas como el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Lo femenino representa la madre tierra.  Es la fuerza vital que todo lo cuida y lo nutre.  Lo femenino  es el vehículo de la vida, el universo y la naturaleza.  Representa la compasión en nosotros. Lo femenino  está unido a la sensibilidad,  la dulzura y la empatía en el mundo. Por otro lado,  lo masculino representa la acción, el riesgo, la aventura, y la agresividad. Todo ser humano está conformado por ambos elementos.

Por lo general, la influencia de la mujer en el entorno , más que verse , se siente. Basta con entrar a una casa, para saber si una mujer habita o no en ella.  A diferencia  del hombre, la influencia de la mujer es atmosférica y  en cierta medida omnipresente.  La mujer pasa muchas veces a segundo plano en la historia y en la sociedad porque la visión patriarcal dominante  interpreta la realidad  con una terrible ceguera ante los  valores femeninos. Grandes mujeres siempre han existido, sin embargo, la sociedad falla en valorar su impacto debido al sesgo de la mentalidad masculina y las estructuras  patriarcales. La mujer moderna comete el error de querer competir con el hombre dentro de unas instituciones inherentemente patriarcales como el ejército, el gobierno y los negocios. En su lugar, la sociedad toda debería reestructurase adoptando  valores mucho más femeninos.  Sería una lástima que en la lucha por la igualdad las mujeres abandonen su natural femineidad para  adaptar los no tan nobles valores masculinos. La sociedad es la que debe cambiar, no la mujer.

Individualmente, cada mujer es diferente. Cada mujer es única. Y cada mujer es bella en su propio estilo. En las palabras de la escritora francesa Simone de Beauvoir , “La mujer no nace, se hace”.  No son  para entenderlas, sino para quererlas.  

 El mundo no tendría sentido sin el poderoso encanto de lo femenino. No existe nada más hermoso y  poderoso  que la enigmática  mirada , la dulce sonrisa , y el cuerpo desnudo de una mujer.  Ella siempre tan misteriosa y compleja.  Es probable que  una vida sin la mujer conllevaría al hombre a una existencia  mucho más  tranquilidad, feliz y sencilla.  Pero una vida sin la mujer ,no sería vida.

 Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 18  de Diciembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

 

viernes, 11 de diciembre de 2015

El escritor y el mundo exterior





Hamlet es probablemente la mejor pieza trágica del dramaturgo inglés William Shakespeare y sin dudas uno de las más profundas e impactantes. La trama transcurre en Dinamarca. El príncipe Hamlet recibe la visita del fantasma de su fallecido  padre (el rey) que  le pide que lo  vengue de su asesino. El supuesto asesino del rey resultaría ser su propio hermano y tío del príncipe que no solo se corono como el nuevo rey, sino también se ha casado con la reina  viuda , la madre de Hamlet.


El príncipe Hamlet es un intelectual, un pensador. Debido a su formación protestante, el príncipe no cree en el purgatorio, ni en los fantasmas, sin embargo vio uno con sus propios ojos. No solo eso sino que también las afirmaciones del fantasma podrían tener fundamento, sin mencionar terribles inclinaciones.  Sumergido en abstracciones , complejos pensamientos e intensos sentimientos, Hamlet solo ve contradicciones, paradojas e inconsistencias en la realidad que percibe. Ensimismado, la línea entre lo real y lo imaginario se va perdiendo paulatinamente en su interior. Duda y se pregunta:”¿ Ser o no ser? 

La obra termina en muerte. Al final, Hamlet nunca toma una decisión. Congelado debido a tanta intelectualidad,  nunca actuó.  Hamlet fue la víctima encadenada de su propia mente.

Hoy, en la literatura y muchas veces en la realidad, el personaje del escritor típico presenta características en cierto  modo muy similares a las de un Hamlet. El excéntrico y solitario escritor, entusiasta  consumidor de tabaco, alcohol,  drogas y café, inevitablemente asociado con la locura , la depresión y  lo prohibido,  de vida bohemia y opuesto a los valores burgueses, siempre está en quiebra económica por dedicarse exclusamente a su trabajo intelectual y artístico. Aunque la sociedad generalmente  lo cree el portador  de poderes sobrenaturales y una percepción superhumana, lo margina y rara vez lo comprende.

El escritor, al igual que otros aristócratas del espíritu, es  el temerario creador de un mundo original. Para muchos, el peso de jugar a ser uno entre los  dioses es muy grande.  Muchos, por la culpa,  por  las dudas, por tanta responsabilidad o tanta libertad,  convierten sus vidas en un infierno. Ernest Hemingway, Virginia Woolf, Edgar Allan Poe, y Jack London se refugiaron en el suicido anhelando  consuelo eterno. Entre  los escritores, músicos, artistas e intelectuales,  cuando su interior se vuelve demasiado oscuro y melancólico, es porque que esa rica  subjetividad que les permite crear maravillosas se ha transformo en un doloroso divorcio entre el alma y la realidad.

La salida del infierno interior es abrirse al mundo exterior. Salir de  la reclusión permanente y construir puentes entre el ser y la circunstancia externa. Los escritores pueden hacer mucho bien al mundo si comparten sus ideas y sus opiniones  participando en la esfera pública para buscar el mejoramiento de las cosas. 

El rol público del escritor  consiste en despertar  consciencias y difundir modos distintos de pensar y actuar como una contribución al cambio social. El escritor público debe ser un intelectual que  se dedica al estudio crítico de la sociedad. Un individuo de ideas, leal  solo a su propia conciencia,  critico de los poderosos, y poseedor de una visión alternativa de la realidad.  No debe ser un erudito, su interés debe ser  la  actualidad; no  un  académico, sino periodístico. Su interés está en desenmascarar  los mecanismos ocultos utilizados por las  elites, cuestionar las falsas suposiciones colectivas y develar  los defectos  de la sociedad.  La misión es participar en una contienda a muerte contra los mitos, los dogmas, las supersticiones y las farsas sociales.

Más allá del valor estético que pueda tener la obra de los escritores, estos hombres y mujeres de letras tienen el deber moral de fomentar la reflexión crítica. El amor por el arte puede perfectamente acompañarse con la noble tarea de educar a la población, fomentar polémicas, ridiculizar los prejuicios, proponer debates y explicar ciertos fenómenos. Una palabra bien escrita tiene el poder de cambiar al mundo.


Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 11  de Diciembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 4 de diciembre de 2015

La industria y el planeta


Algunos años después  de la revolución industrial,  el novelista y critico social Charles Dickens escribió  emotivas historias donde expuso los defectos de la sociedad victoriana. En el siglo XIX,  las grandes metrópolis europeas como Londres experimentaron  intensas y profundas transformaciones. Y  eso represento un proceso muy doloroso para muchos. En las novelas de Dickens, sus personajes principales, generalmente niños, con demasiada frecuencia  fueron víctimas de las gigantescas y hostiles ciudades. El urbanismo excesivo surgió de manera  explosiva como consecuencia del sistema industrial.  La desalentadora sensación de desarraigo y desorientación invadía a la mayor parte de la población.  Era una época donde imperaba  la desigualdad  y la cruel indiferencia. Este es el trasfondo permanente de las novelas del popular escritor inglés, Charles Dickens.
 Es cierto que la revolución industrial aporto muchos avances técnicos pero de la misma manera  también trajo consigo un importante atraso en lo social.  La obra de Dickens resalta ese lado más oscuro de esa revolución.
A diferencia del sofisticado personal que requiere el taller artesanal tradicional, el industrial con el uso de la maquina pudo contratar mano  de obra no calificada  a sueldos irrisorios. Ahora una persona con poco o ningún entrenamiento en la confección de textiles podía producir gran cantidad de piezas  solo siguiendo unas pocas  instrucciones simples.  Por otro lado, la superproducción le permitió al industrial  inundar el mercado con productos a muy bajo precio. Bajo esta nueva realidad económica y tecnológica, la actividad industrial se  centralizo en las grandes ciudades en prejudicio del campo. Al mismo tiempo,  el proceso de industrialización  beneficio principalmente a la minoría burguesa, pero significo la quiebra del  productor artesanal en los poblados pequeños y también significo serios estragos para la creciente y empobrecida masa urbana que representaba la mayoría de la población de entonces. Ahora el mercado laboral estaba distorsionado.  Y aunque el mercado de las mercancías  estaba abarrotado de productos económicos, la calidad y servicio sufrieron enteramente. En la actualidad, esta dinámica la podemos observar perfectamente cuando el pequeño sastre independiente se ve forzado a competir con los trajes hechos en las fábricas chinas. Estos trajes no tienen comparación con la calidad de los trajes y el servicio personalizado que puede ofrecer un sastre profesional pero al sastre le es  muy difícil competir con los precios chinos.  Lo más probable es que con el tiempo los chinos obliguen al sastre a salir del mercado.
Uno de los más grandes errores de nuestra época consiste en creer que gracias a la industrialización  el problema de la producción ha sido resulto.  Muchos reconocen las fallas del sistema industrial pero lo justifican porque creen en esa falsa idea  que con la industrialización se  logró solventar todas las necesidades materiales de la humanidad  y que si existe un problema radica únicamente en la distribución.
Como explica el economista británico  E.F Schumancher este error surge porque “el hombre no se siente como parte de la naturaleza sino más bien como una fuerza externa destinada a dominarla y conquistarla”.  El problema de la producción aún no ha sido resultado. El problema aún existe porque el sistema productivo mundial dependiente del consumo irresponsable del capital natural.  La industria se alimenta principalmente de recursos no renovables como el petróleo, los metales y los minerales. Y además la producción industrial genera grandes daños, muchísima basura y  demasiadas sustancias nocivas. Por esta razón,  esta asombrosa capacidad de producción que el hombre contemporáneo presume poseer  debido a la tecnología moderna es una vulgar ilusión. El capital proporcionado por la naturaleza es mucho mayor que el aporte real que hace el hombre. En otras palabras, estamos viviendo alegremente de un capital heredado y limitado que algún día se agotara y no de la renta que creamos con nuestro trabajo.
Las maravillosas  creaciones que ha producido el sistema industrial moderno conllevan también un alto costo que pocos se han molestado en  contabilizar.  Lamentablemente, nuestro balance nos dice que en la realidad cada día somos más pobres.   Los costos de nuestra irresponsabilidad lo ha pagado nuestro planeta. El deterioro de los suelos, de las aguas, de los bosques, de la flora, de la fauna, de  los cielos y del medio ambiente en general ha sido el precio que hemos pagado. Ya es hora que empecemos a reconocerlo para comenzar a cambiar.
La solución al problema de la producción y al desequilibro social no la encontraremos en el modelo actual.  Este modelo es la causa de la crisis y no ofrece una solución sustentable. Es en la gran producción en masa centralizada donde  yace el error principal.  Por otro lado, la pequeña producción por  las masas de manera  descentralizada  con la implementación una tecnología apropiada y ambientalmente  saludable significaría un bálsamo para la sociedad y para el planeta.  Para curar a la humanidad y sanar a nuestro  planeta Tierra, debemos primeramente cambiar el sistema.



 Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 04  de Diciembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 27 de noviembre de 2015

El Islam y la modernidad (II)*





(I)
El Islam es una religión  mundial nacida en la península Arábiga de las enseñanzas de Mahoma en el siglo VII D.C. Según la tradición islámica, Mahoma fue un comerciante oriundo de la ciudad de la Meca que un día recibió de la boca  del ángel Gabriel  la última revelación de Dios. Acorde con esta religión,  El mismo Dios adorado por Abraham, Moisés, David y Jesús manifiesto su voluntad por medio de la palabra, en la forma de un libro sagrado llamado el Corán. Curiosamente,  el Corán se nutre en gran medida de las religiones abrahámicas  monoteístas, como el judaísmo y el cristianismo. Este libro está repleto de historias del Antiguo  y Nuevo testamento. Es más, se considera a sí misma como la versión más reciente de estas religiones.  De la misma manera como el cristianismo ve al judaísmo con su precursora. El Islam reconoce al judaísmo y al cristianismo como sus precursores. A pesar de lo que piensan muchos en occidente, el islam está estrechamente relacionado a la fe cristiana y judía. 

En menos de un siglo  después de su fundación,  la religión musulmana se difundió desde Persia hasta la península ibérica.  Luego, con los siglos, el islam penetro en  la India y gran parte del sureste  Asiático. Hoy, el mundo musulmán cuenta con  más de mil millones de adeptos  en todo el globo, superando en números a los católicos. Por cada cinco personas en el mundo, una es musulmana. En todas las ciudades de Europa,  la América anglosajona  y  Latinoamérica, existe una vibrante comunidad musulmana. Son nuestros  vecinos, amigos,  compañeros  y socios de negocios.

El Islam, a diferencia del cristianismo, es una religión que presta poca atención a las creencias. Su énfasis está en el modo como un musulmán debe vivir su vida. Mientras que la Biblia en  el Nuevo Testamento contiene pocos detalles en torno a los aspectos políticos y sociales de la vida, en el Corán y las tradiciones musulmanes ocurre totalmente lo contrario.  En el Islam,  la atención no se centra en la teología, ni el misticismo, sino en los aspectos legales de la comunidad de fieles. Por ejemplo, mientras un religioso profesional en el cristianismo atiende por años a la escuela de teología, y un hindú acude al Ashram para meditar según la instrucciones de un gurú, sus contrapartes en el Islam atienden  a una madrasa, o sea, una escuela de leyes. Mientras los budistas destacan la calma y el desprendimiento de Buda, y los cristianos, el amor y el sacrificio de Cristo, el musulmán  destaca la virtud de la justicia, Mahoma siendo su perfecto ejemplo.  En otras palabras, se podría decir que el Islam es una religión comparativamente mucho más legalista que las demás.  En este particular, se asemeja más al judaísmo que al cristianismo o las religiones orientales como el budismo o el hinduismo.
De las civilizaciones islámicas han surgido grandes científicos, matemáticos, filósofos, literatos y artistas a lo largo de la historia.  Hoy en día la humanidad toda  se ha beneficiado enormemente de estos aportes. Por ejemplo, el alfabeto numérico que utilizamos en la actualidad en nuestras operaciones matemáticas es solo uno de estos importantes aportes. 

En cuanto a la organización política, es fundamental conocer algo de la historia del imperio Otomano. El Imperio turco Otomano comenzó en el año 1299  y se extendió a través de  los siglos por el Sureste Europeo, el Medio Oriente y el norte de África regido por la dinastía osmanlí . La ciudad hoy conocida como Estambul en la moderna Turquía funciono como su capital. En este imperio, el Islam jugo un rol principal. Acorde con la clásica teoría social y política islámica,   la comunidad musulmán es una sola, dirigida por  una autoridad religiosa y política única denominada : califa.  Tras la caída del Imperio  Otomano  como resultado de la primera guerra mundial, Ataturk abolió la figura del califa en el año 1924. Esto produjo una gran crisis de liderazgo dentro del mundo musulmán. A partir de ese momento , la comunidad musulmana ( ummah)  que antes gozaba de unidad y coherencia,  se encuentro fragmentada en una serie de estados nacionales recién creados controlados por imperios europeos, principalmente el británico y francés. Luego, después de la segunda guerra mundial, a medios del siglo XX, estos países recién creados   comenzaron su  duro camino del colonialismo hacia la formación de estados nacionales modernos y democráticos después de haber vivido por siglos gobernados  por regímenes autoritarios. Algo que no ha sido para nada fácil.

(II)
La modernidad ha sacudido a las sociedades tradicionales en todo el planeta. En los últimos cien años,  las comunidades basadas en viejas costumbres se han visto forzadas  a un difícil proceso de  la occidentalización.  En algunos casos, se ha logrado la adaptación, pero en otros casos  ha sido mucho más tormentoso el proceso. Todas las religiones han sufrido con la modernidad. Los nuevos avances de la ciencia, la tecnología y el conocimiento han cuestionado férreamente muchos de sus principios; y el sistema democrático ha puesto en duda  la legitimidad de los viejos sistemas.   El mundo moderno es cada vez menos religioso. Y con esto, muchos  ven  su estilo de vida, su historia, su identidad y sus costumbres en peligro. Como resultado  al miedo de perder su cultura, se han formado grupos que  han recurrido al extremismo, e incluso a la violencia como una solución. Claro está que, por supuesto, estos pequeños grupos extremistas no representan a  la gran mayoría que por lo general comparten posturas mucho más moderadas.

El terrorismo como arma política ha sido utilizado por muchos grupos radicales. En 1995, en la ciudad de Oklahoma en los Estados Unidos, Timothy McVeigh  bombardeo un edificio gubernamental matando 168 personas inocentes como venganza en contra del gobierno.  Ese mismo año, en Japón, el líder de una secta budista Aum Shinrikyo ataco con gas sarín  el metro de Tokio dejando un saldo de más diez muertos y un centenar de heridos.  Otros ataques terroristas han sido atribuidos a grupos con distintos fines ,  de diversos cortes  ideológicos y procedentes de todas las religiones, por ejemplo separatistas vascos, nacionalistas irlandeses,  guerrilleros marxistas  y agrupaciones racistas  como el Ku Klux Klan, entre otros.

Francamente, el terrorismo como tal no se alimenta de la religión. En realidad, si analizamos el problema de fondo no está relacionado al Islam, al cristianismo, al judaísmo u otra religión en particular. Por lo general, los terroristas desconocen sus propias religiones. El terrorismo está relacionado  con  el aislamiento, la marginalización, la opresión, la miseria y la desesperanza de la juventud.  La justicia, la igualdad, el progreso, la paz, la educación y la tolerancia son las verdaderas armas para luchar  contra el terrorismo. 
Gustavo Godoy 

 
Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Parte (I) Viernes 20 de Noviembre de 2015 y parte (II) Viernes 27 de Noviembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 20 de noviembre de 2015

El Islam y la modernidad (I)*


(I)
El Islam es una religión  mundial nacida en la península Arábiga de las enseñanzas de Mahoma en el siglo VII D.C. Según la tradición islámica, Mahoma fue un comerciante oriundo de la ciudad de la Meca que un día recibió de la boca  del ángel Gabriel  la última revelación de Dios. Acorde con esta religión,  El mismo Dios adorado por Abraham, Moisés, David y Jesús manifiesto su voluntad por medio de la palabra, en la forma de un libro sagrado llamado el Corán. Curiosamente,  el Corán se nutre en gran medida de las religiones abrahámicas  monoteístas, como el judaísmo y el cristianismo. Este libro está repleto de historias del Antiguo  y Nuevo testamento. Es más, se considera a sí misma como la versión más reciente de estas religiones.  De la misma manera como el cristianismo ve al judaísmo con su precursora. El Islam reconoce al judaísmo y al cristianismo como sus precursores. A pesar de lo que piensan muchos en occidente, el islam está estrechamente relacionado a la fe cristiana y judía. 

En menos de un siglo  después de su fundación,  la religión musulmana se difundió desde Persia hasta la península ibérica.  Luego, con los siglos, el islam penetro en  la India y gran parte del sureste  Asiático. Hoy, el mundo musulmán cuenta con  más de mil millones de adeptos  en todo el globo, superando en números a los católicos. Por cada cinco personas en el mundo, una es musulmana. En todas las ciudades de Europa,  la América anglosajona  y  Latinoamérica, existe una vibrante comunidad musulmana. Son nuestros  vecinos, amigos,  compañeros  y socios de negocios.

El Islam, a diferencia del cristianismo, es una religión que presta poca atención a las creencias. Su énfasis está en el modo como un musulmán debe vivir su vida. Mientras que la Biblia en  el Nuevo Testamento contiene pocos detalles en torno a los aspectos políticos y sociales de la vida, en el Corán y las tradiciones musulmanes ocurre totalmente lo contrario.  En el Islam,  la atención no se centra en la teología, ni el misticismo, sino en los aspectos legales de la comunidad de fieles. Por ejemplo, mientras un religioso profesional en el cristianismo atiende por años a la escuela de teología, y un hindú acude al Ashram para meditar según la instrucciones de un gurú, sus contrapartes en el Islam atienden  a una madrasa, o sea, una escuela de leyes. Mientras los budistas destacan la calma y el desprendimiento de Buda, y los cristianos, el amor y el sacrificio de Cristo, el musulmán  destaca la virtud de la justicia, Mahoma siendo su perfecto ejemplo.  En otras palabras, se podría decir que el Islam es una religión comparativamente mucho más legalista que las demás.  En este particular, se asemeja más al judaísmo que al cristianismo o las religiones orientales como el budismo o el hinduismo.
De las civilizaciones islámicas han surgido grandes científicos, matemáticos, filósofos, literatos y artistas a lo largo de la historia.  Hoy en día la humanidad toda  se ha beneficiado enormemente de estos aportes. Por ejemplo, el alfabeto numérico que utilizamos en la actualidad en nuestras operaciones matemáticas es solo uno de estos importantes aportes. 

En cuanto a la organización política, es fundamental conocer algo de la historia del imperio Otomano. El Imperio turco Otomano comenzó en el año 1299  y se extendió a través de  los siglos por el Sureste Europeo, el Medio Oriente y el norte de África regido por la dinastía osmanlí . La ciudad hoy conocida como Estambul en la moderna Turquía funciono como su capital. En este imperio, el Islam jugo un rol principal. Acorde con la clásica teoría social y política islámica,   la comunidad musulmán es una sola, dirigida por  una autoridad religiosa y política única denominada : califa.  Tras la caída del Imperio  Otomano  como resultado de la primera guerra mundial, Ataturk abolió la figura del califa en el año 1924. Esto produjo una gran crisis de liderazgo dentro del mundo musulmán. A partir de ese momento , la comunidad musulmana ( ummah)  que antes gozaba de unidad y coherencia,  se encuentro fragmentada en una serie de estados nacionales recién creados controlados por imperios europeos, principalmente el británico y francés. Luego, después de la segunda guerra mundial, a medios del siglo XX, estos países recién creados   comenzaron su  duro camino del colonialismo hacia la formación de estados nacionales modernos y democráticos después de haber vivido por siglos gobernados  por regímenes autoritarios. Algo que no ha sido para nada fácil.
(II)
La modernidad ha sacudido a las sociedades tradicionales en todo el planeta. En los últimos cien años,  las comunidades basadas en viejas costumbres se han visto forzadas  a un difícil proceso de  la occidentalización.  En algunos casos, se ha logrado la adaptación, pero en otros casos  ha sido mucho más tormentoso el proceso. Todas las religiones han sufrido con la modernidad. Los nuevos avances de la ciencia, la tecnología y el conocimiento han cuestionado férreamente muchos de sus principios; y el sistema democrático ha puesto en duda  la legitimidad de los viejos sistemas.   El mundo moderno es cada vez menos religioso. Y con esto, muchos  ven  su estilo de vida, su historia, su identidad y sus costumbres en peligro. Como resultado  al miedo de perder su cultura, se han formado grupos que  han recurrido al extremismo, e incluso a la violencia como una solución. Claro está que, por supuesto, estos pequeños grupos extremistas no representan a  la gran mayoría que por lo general comparten posturas mucho más moderadas.

El terrorismo como arma política ha sido utilizado por muchos grupos radicales. En 1995, en la ciudad de Oklahoma en los Estados Unidos, Timothy McVeigh  bombardeo un edificio gubernamental matando 168 personas inocentes como venganza en contra del gobierno.  Ese mismo año, en Japón, el líder de una secta budista Aum Shinrikyo ataco con gas sarín  el metro de Tokio dejando un saldo de más diez muertos y un centenar de heridos.  Otros ataques terroristas han sido atribuidos a grupos con distintos fines ,  de diversos cortes  ideológicos y procedentes de todas las religiones, por ejemplo separatistas vascos, nacionalistas irlandeses,  guerrilleros marxistas  y agrupaciones racistas  como el Ku Klux Klan, entre otros.

Francamente, el terrorismo como tal no se alimenta de la religión. En realidad, si analizamos el problema de fondo no está relacionado al Islam, al cristianismo, al judaísmo u otra religión en particular. Por lo general, los terroristas desconocen sus propias religiones. El terrorismo está relacionado  con  el aislamiento, la marginalización, la opresión, la miseria y la desesperanza de la juventud.  La justicia, la igualdad, el progreso, la paz, la educación y la tolerancia son las verdaderas armas para luchar  contra el terrorismo. 
Gustavo Godoy 

 
Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Parte (I) Viernes 20 de Noviembre de 2015 y parte (II) Viernes 27 de Noviembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 13 de noviembre de 2015

La felicidad


En la  novela futurista  “Un mundo feliz” del escritor británico Aldous Huxley, nadie es infeliz.  No hay pobreza, enfermedad o  guerra. Nadie envejece. No existe el miedo, ni la desesperanza.  Todo es divertido. Hay de todo para todos. Es un paraíso de consumo. Se practica el sexo libre. Una droga llamada soma es la gran panacea para  cualquier problema. Todos están satisfechos y bien cuidados.

En esta realidad ficticia, todo es estandarizado, fácilmente consumible, siempre igual y previsible. El orden, la limpieza,  la producción y el consumo son la norma del día. Henry Ford, el inventor de las primeras cadenas de montajes, es considerado como uno de los fundadores de la sociedad de consumo. En la novela,  Ford es “Dios”. Se exclama “Ford mío” en vez de “Dios mío”.

Este futuro perfecto descrito por Huxley produce escalofríos en vez de ganas de vivir en él. Aldous Huxley publico esta sátira social en 1932. Después de visitar los Estados Unidos, escribió su novela de ciencia ficción a manera de crítica ante lo que  veía venir.  A Huxley le preocupaba la Americanización del mundo.  En el periodo de las dos guerras mundiales se podía anticipar un porvenir repleto de cosas, pero carente  de sentido. 

Otro escritor británico George Orwell, sobre todo en su novela distopica “1984”, temía de un mañana donde los libros fueran prohibidos,  donde la verdad fuera censura  y donde la gente fuera contralada mediante  la represión por parte de un Estado totalitario.  Sin embargo, Huxley lo que le inquietaba era un futuro donde nadie le interesara  leer  los libros, sin importar que estuviera  permitido o no.  Huxley  creía que la pasividad, el egoísmo y la  indiferente de una población atontada  por lo trivial eran más graves que la represión.  En la actualidad, la gente es contralada, no por el terror como lo pensaba Orwell, sino por la superficialidad y la comodidad de una sociedad de masas y de consumo. El placer y el deseo tienen el poder de esclavizar tanto con la fuerza o el miedo.

En la parte final de la novela “Un mundo feliz”, transcurre una conversación muy interesante donde el personaje de John El salvaje, indignado ante ese lugar que presencio, reclama su derecho a  la incomodidad. “Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero el verdadero riesgo, quiero la libertad, quiero bondad, quiero el pecado”.  El otro personaje responde con asombro “Usted quiere el derecho a ser infeliz”, “por no hablar del derecho a envejecer y a volverse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a tener hambre, a no saber qué ocurrirá mañana….”. John El salvaje después de un largo silencio respondió, “Si, eso quiero” . John prefería  vivir con riesgos que ser un autómata dentro de un sistema perfecto y completamente seguro.

En la sociedad contemporánea,  la felicidad esta erróneamente  asociada con la satisfacción de las necesidades físicas  y los deseos múdanos.  Incluso, se considera el sufrimiento, los obstáculos y el esfuerzo  como opuestos a la felicidad.  Contrariamente,  los sabios de la historia como Aristóteles, Confucio, Buda, Lao Tzu , entre otros, nos han advertido desde tiempos remotos que mientras más buscamos la felicidad en las circunstancias externas más nos alejaremos de ella. Eso se debe a  que la felicidad  es esencialmente un hecho interno, depende exclusamente de nosotros mismos. La felicidad es el resultado de llevar una vida rica en valores y provista de sentido. Darle un significado a nuestra existencia nos aportará la plenitud existencial.

Contrario a la opinión mayoritaria, la felicidad no es sobre tenerlo  todo.  Tampoco es la ausencia de la tristeza, el  dolor o el malestar. La felicidad es elegir  la actitud más elevada  en cada circunstancia que se nos presenta. Es un acto de voluntad.  Una elección.  Es una disposición mental  optimista  ante el pasado, el presente, y el futuro. Es perdonar. Dar gracias a la vida por lo que somos. Es los momentos simples de la vida: un café, un amigo, una canción, una montaña, un libro, la mujer. La felicidad es querer lo que se hace, amar a los demás, y vivir  por nuestros  sueños.

En las palabras de Viktor Frankl "La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida."

 Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 13 de Noviembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 6 de noviembre de 2015

El imperialismo por dentro y por fuera







A finales del siglo XIX, como consecuencia de la revolución industrial y la emancipación política de la burguesía, las principales potencias europeas impulsaron una política imperialista como una solución para sus  problemas internos. Durante el periodo imperial en Europa,  los ambiciosos hombres de negocios convencieron a los gobiernos nacionales de tomar la ruta de la política mundial por razones meramente económicas. La expansión como objetivo permanente y supremo de la política es la idea central del imperialismo. El sistema económico burgués está basado en el crecimiento ilimitado y las fronteras nacionales empezaban a estorbar.


Las potencias capitalistas europeas como Inglaterra, Países Bajos y Francia necesitaban uno lugar seguro donde invertir  sus capitales sobrantes, una fuente barata  de materias primas, un mercado para sus productos y un asentamiento para sus emigrantes.

Los principales imperios fueron el británico y el francés, aunque otros países como Alemania, Bélgica o Italia también se apoderaron de territorios foráneos. Igualmente, Estados Unidos y Japón impulsaron su propia expansión imperial. Gran Bretaña formo el mayor imperio de la época. Sus colonias estaban repartidas por todos los continentes, sobre todo en África y Asia.  Los británicos al poseer  puntos estratégicos  en todo el planeta obtuvieron  el control de las rutas marítimas y la hegemonía del comercio mundial. Sin duda alguna, la posesión más preciada del imperio británico era la India.

La segunda guerra mundial represento el fin del dominio europeo en el mundo. Luego con  el fin de la Guerra Fría y el colapso de la Unión Soviética en 1991,  comienzo un nuevo periodo llamado “globalización” que no es otra cosa que un tipo de imperialismo adaptado al  contexto actual.

El imperialismo es centralismo. Es una forma de organización social y política donde un centro metropolitano domina directa o indirectamente a sus  territorios periféricos marcando las pautas económicas, políticas, sociales y culturales. Esta actitud centralista deriva  de la idea que un centro superior es el proveedor  de  orden y eficiencia para el resto del sistema. De otra manera, el caos y el atraso reinarían. El centro define el estándar. El papel de la periferia es imitar y servir el centro.  La periferia para  desarrollarse debe  seguir  el estándar que impone el centro.

Si estudiamos a fondo los mecanismos del sistema imperialista, sería un error dividir el mundo entre naciones imperialistas y naciones oprimidas porque el imperialismo primeramente es un fenómeno interno.  Todas las naciones capitalistas tanto “desarrolladas “como “subdesarrolladas” practican en lo interno una economía dual propia de la estructura imperial.  Dentro de cada país, existe un sector moderno y próspero donde habita una  minoritaria concentrada en las grandes ciudades. Por otro lado,  también existe un sector mayoritario que se encuentra  disperso en los campos, los pequeños pueblos  y las zonas marginales de los centros  urbanos. En otras palabras, está  un sector  dominante que  mantiene en sus manos todo el  poder político y económico; y  también está un sector dominado que  funciona como una reserva de mano de obra barata, de materias primas, y de productos agrícolas.  Por ejemplo, en Francia, la región parisina y la del valle de Ródano presentan un ritmo de desarrollo muy diferente al resto del país. En los Estados Unidos, el desarrollo económico ha sido dirigido al polo este del país  y algunas otras ciudades. Sin embargo,  el resto del país no se ha beneficiado de la prosperidad nacional de la misma manera. Es un hecho que en las naciones “desarrolladas” nos encontramos con sectores importantes de la población  viviendo bajo condiciones muy  similares a las de  los países “subdesarrollados”. Esto se lo debemos los desequilibrios internos inherentes al modelo imperialista.

Toda esta retorica antiimperialista proveniente de muchos líderes del tercer mundo, particularmente  en Latinoamérica,  por lo general , es mero populismo y pura hipocresía, sobre todo cuando actúan en la práctica como colonias del sistema imperial mundial y en lo interno defienden un centralismo de económico dual más despiadado que los países que critican. Para ser libre, no basta con hablar de libertad, lo más importante es  vivir en libertad.

 Mahatma Gandhi en su lucha contra el imperio británico ataco  al imperialismo en su corazón  al impulsar  la autonomía local y el orgullo nacional. Gandhi alentó la producción local con métodos autóctonos y  ´promovió el boicot de los  productos británicos en la India. Gandhi comprendió los modos de dominación del imperio y  los   combatió desde su raíz.

En el mundo globalizado de hoy, las corporaciones transnacionales  son las dueñas de los grandes capitales;  y todas las decisiones realmente importantes son tomadas por un muy reducido número de personas en  alguna  oficina en Nueva York, Londres o Tokio. Las grandes corporaciones multinacionales lo controlan todo, mientras que el  hombre común es una simple marioneta.

La mejor manera de contribuir a  la liberación de los pueblos es apoyando lo local. Lo local significa  los granjeros locales, los pequeños negocios independientes, los medios de comunicaciones locales interactivos,  la producción artesanal,  y las actividades sociales, políticas y  culturales comunitarias.  Con  pequeñas acciones desde nuestras  propias comunidades, cambiaremos el mundo. Como dice una expresión que  se ha hecho muy popular recientemente: Piensa globalmente, actúa localmente.




Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 06 de Noviembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 30 de octubre de 2015

El amante de su propia esclavitud





 El peor esclavo es aquel que se esclaviza a sí mismo. Pareciera que el
hombre moderno ha llegado, tristemente,  a ser amante de su propia
esclavitud. Nos creemos libres, pero en realidad no lo somos. Tenemos
dueño y lo ignoramos.

De la misma manera que los vasallos de antaño eran los primeros en
defender el orden que los oprimía, en la actualidad, las masas son tan
dependientes al sistema que lo defienden a toda costa. La sociedad
contemporánea  con “sangre, sudor y lágrimas” ha logrado grandes
proezas técnicas y materiales, pero ha pagado por ello un precio
demasiado alto: su humanidad.

El hombre moderno promedio es el más primitivo de los seres. Mucho más
pobre, en la práctica,  que sus antepasados. El hombre moderno
individualmente es como un ser mimado  acostumbrado únicamente a vivir
en el cautiverio y que debido a esto  carece de  las destrezas para
vivir independientemente en su entorno natural. Gordos y bonitos
gracias al sistema pero no  por lo que hacen por ellos mismos. Sueltos
en su entorno natural, no tendrían la más remota idea de cómo cubrir
autónomamente sus necesidades más básicas. La modernidad lo ha
involucionado.  Ser moderno significa que el sistema haga todo por él,
pero él no hace  nada por sí solo. Perdió el control de su vida.  La
única función  del hombre moderno es obedecer para  bailar al son que
el tocan.

Los animales criados en  cautiverio  pierden algo difícil de
recuperar. Para ellos, es inconcebible volver a vivir como sus
ancestros salvajes. En su estado natural, serían incapaces de
sobrevivir.  Por esta razón, prefieren vivir en una jaula bajo el
cuidado de sus carceleros. Incluso llegan a amar a sus carceleros y no
conciben una vida sin ellos.  Han cambiado libertad por comodidad. Eso
es lo que le sucede al hombre dentro del modelo socio-tecnológico
moderno. Son ya varias generaciones criados por la televisión, la
computadora, el internet y los videojuegos. Se desconoce  las
implicaciones y exigencias técnicas, físicas y mentales de una vida en
libertad. Y lo peor de todo  es que se  siente orgulloso de ello. A
este alejamiento de los procesos naturalmente humanos  lo llamamos hoy
en día: modernidad.

El sistema  controla la población imponiéndole  constantemente nuevos
necesidades y nuevos deseos. Centramos nuestras vidas en buscar dinero
para comprar cosas que en realidad no necesitamos. Crecimos con un
aparato propagandístico  que nos hizo creer que el camino a la
felicidad es ser millonarios.  El sistema valora lo trivial y lo
verdaderamente importante lo desestima.

El hombre moderno esta  distraído buscando “el éxito”. Esta idolatría
basada en la acumulación insaciable de deseos  gobierna la mente del
neurótico hombre moderno de forma totalitario  y se ha convertido en
el nuevo opio de las masas que no solo está destruyendo el alma humana
sino también el ecosistema de nuestro planeta Tierra.

Todos los problemas que en la actualidad nos preocupan: La pobreza, la
guerra, el crimen, las desigualdades, el desastre ecológico, las
enfermedades psicológicas, la infelicidad, la injusticia y muchas
otras tragedias  en realidad no son las causas de la crisis mundial
que hoy padecemos. Estos problemas son  el simple reflejo externo de
la crisis en nuestro interior.  La crisis  mundial es la crisis
espiritual dentro de cada uno de nosotros. He ahí el problema. He ahí
la solución.  Solo nosotros mismos podemos liberar nuestra mente de la
esclavitud. Solo desde el alma, podremos construir el mundo nuevo que
todos anhelamos.

Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 30 de octubre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 23 de octubre de 2015

La frenetica carrera social


 

En el prologado  periodo del Paleolítico, los seres humanos vivieron en pequeños grupos de cazadores y recolectores  con estructuras sociales muy horizontales. Parece ser que  tan solo aproximadamente diez mil años atrás a partir del periodo conocido como el Neolítico, esto comenzó a cambiar gradualmente. Primero, el cambio se originó en determinados lugares y luego, con el tiempo, se expandió  a lo largo y ancho del planeta.   Fue la implementación de la agricultura y la domesticación de animales que permitió un vertiginoso aumento de la población y la aparición de la división de trabajo y la especialización. Mientras que en la sociedad paleolítica, todos se conocían personalmente y cooperaban estrechamente en tareas comunes, en etapas posteriores, aunque biológicamente éramos los mismos , debido a las nuevas realidades, la sociedad humana se volvió mucho más compleja y dinámica. Las personas se vieron forzadas a convivir con extraños. Los relaciones tomaron un carácter mucho más impersonal e indirecto que antes. Esto aumento el grado de desconfianza y tensión entre los miembros de la sociedad.

Todo grupo requiere de un orden interno  para funcionar adecuadamente. Mientras mayor sea el tamaño del grupo, mayor es la necesidad de orden. En los seres gregarios con grandes poblaciones como las hormigas y las abejas se puede apreciar un orden social mecánico y perfectamente regulado.  El hombre paleolítico dentro de sus pequeñas bandas se ayudaba entre sí pero nada parecido a las grandes colonias de algunos insectos. Biológicamente, el ser humano no evoluciono como uno entre miles, mucho menos como uno entre millones.

En la edad Media, la vida en general se hallaba pesadamente regida por la tradición. Aunque había poco libertad personal en el sentido moderno, no todo era malo. Todas las personas ocupaban un determinado lugar en el orden global de las cosas. Esto aportaba un sentido de seguridad y pertenencia. Las personas no aspiraban más de lo que le estaba establecido por nacimiento.  A partir del Renacimiento hasta nuestros días, la humanidad ha logrado liberarse de los muchas de las cadenas que la oprimían en el pasado, pero, por otro lado, se ha desarraigada de tal manera que carece de puntos de orientación en donde apoyarse. Se siente solo y perdido entre la muchedumbre sin saber qué rumbo tomar. Perdió el beneficio de contar con un mundo fijo y estable, esto se convirtió en ansiedad, aislamiento e impotencia. Tanta libertad lo aturde y lo ha vuelto neurótico. Corre desesperadamente  buscando frenéticamente ser reconocido por los demás para ganar algo de seguridad y confianza en sí mismo.

En nuestros días, la carrera social consiste en consumir cosas, acumular  cosas y ostentar cosas. El consumismo es la gran quimera de la modernidad. Hoy somos valorados en la medida que consumimos. Títulos, carros, casas, ropa, aparatos, personas, de todo.   Hoy en día , el valor simbólico de los objetos es mucho más importante que su valor utilitario.  El consumismo consiste en utilizar las cosas como símbolos de nuestra posición social que cada momento debe mejorar. El paraíso siempre estará en la próxima compra.

 Esta es una carrera sin final que  en la actualidad adquiere patrones circulares, absurdos y  muchas veces ridículos.  Por ejemplo, una celebridad viste un atuendo original para que de esta manera puede distinguirse  y lucir especial ante la  gente común. Luego, las masas aspiran lograr un estatus social similar a la celebridad mediante la imitación. Con el tiempo, este atuendo es común entre todos y pierde su carácter distintivo. Naturalmente, la celebridad pronto nota esta contradicción y cambia rápidamente de atuendo. Y todo comienza de nuevo. Esto es un ciclo que se repite a ritmos cada vez más acelerados. Todos los miembros de la sociedad participan en esta carrera de manera frenética por miedo a descender en la escala social. La presión es inmensa. Esto afecta principalmente a la  clase media que son los primeros consumidores y el publico predilecto de la televisión , las cadenas de tiendas y las corporaciones multinacionales. Consumimos compulsivamente para llenar nuestro vacío existencial porque carecemos de lazos  verdaderos que nos conecten al mundo. La sociedad contemporánea está padeciendo de  una profunda crisis espiritual.

Esta locura del “más es mejor” es una gigantesca tontería. Juzgar a los demás por su poder adquisitivo y su nivel de consumo es una tremenda ridiculez. La verdad es que cada ser humano es único y especial. Todos somos miembros de la humanidad y todos pertenecemos a este lindo planeta. La mejor manera de distinguirnos y al mismo tiempo pertenecer no es comprando cosas que en realidad no necesítanos, sino siendo auténticos,  aprendiendo cosas nuevas, contribuyendo a los demás, creando, y sobre todo, cultivando un gran corazón.  No valemos por lo que tenemos, sino valemos por lo que somos.  
 
Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 23 de octubre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

viernes, 16 de octubre de 2015

El colapso de las civilizaciones


 


Normalmente, las civilizaciones son sistemas de organización humana muy inestables. Por lo general, tienden a morir con relativa facilidad. La creencia moderna del perpetuo avance de la civilización es una falsedad que carece de toda prueba histórica. Este mito se desarrolló después de la revolución industrial como una herramienta para el autoengaño y para justificar nuestros destructivos delirios de grandeza.

El escritor inglés Edward Gibbon   en su muy debatido libro “El decline y la caída del Imperio Romano “  expuso una  tesis muy interesante sobre la caída del Imperio Romano. En resumen, él dijo que  el declive  moral del ciudadano romano promedio fue la causa principal  de la caída del Imperio. 

Es paradójico, que la civilización misma crea las condiciones para  su propia destrucción.  Paulatinamente, los avances sociales, técnicos y materiales debilitaron moralmente   a los  miembros del sistema.  El ciudadano romano perdió gradualmente  ese civismo que lo categorizo inicialmente.  El colapso del Imperio se debió al descuido de los mismos romanos. Una vez que el ciudadano romano como individuo comenzó a extraer más del sistema de lo que este  aportaba al mismo era cuestión de tiempo para que el conjunto se desquebrajara. Debido al consumo exagerado y la poca producción real, el Imperio se volvió una estructura inviable que se cayó por su propio peso.  En contra de todo propositico de las masas, aunque inconcebible para la época, el antiguo Imperio Romano, después de siglos de existencia, se derrumbó debido a sus propias fallas internas.

A lo largo de la historia, muchas  civilizaciones también han desaparecido. Por ejemplo,  los mayas de Mesoamérica, las antiguos habitantes de la isla de Pascua, los Anasazi de la Norteamérica precolombina, y la Groenlandia noruega, entre muchas otras, representan civilizaciones que han nacido, crecido, florecido y luego colapsado como resultado de su propia estupidez. En realidad, aunque parezca sorprendente  este es un fenómeno muy  frecuencia. Son muchas las civilizaciones que han colapsado a través de la historia debido a razones similares. Parece ser más la norma que la excepción. 

El sistema actual no es otra cosa que  un gigantesco tren desenfrenado aproximándose al abismo.  Las señales de alerta del desastre están en todos lados. El planeta mismo está enfermando con síntomas muy palpables debido a nuestro descuido.

En la antigua Roma, surgieron innumerables movimientos filosóficos y religiosos que cuestionaron la vigencia de los valores dominantes que imponía Roma, entre ellos, por ejemplo, el cristianismo primitivo. Estos grupos proponían una  reforma. Lamentablemente, no fueron escuchados. Muchos de ellos escogieron el exilo. Escapaban al desierto o a las montañas asqueados de la corrupción de un Imperio en decadencia y cercano a una caída inminente. La mayoría se negó a ver la hecatombe  que se avecinaba. 

A pesar de que seguimos fielmente los mismos patrones de una civilización en rumbo a la debacle, debemos confiar en la nobleza y la inteligencia de la gente. Aún podemos corregir los errores cometidos. Es cuestión de que la humanidad tome conciencia de su propia condición ignominiosa.

La verdadera civilización coloca al ser humano en el centro y  lo empodera para que desarrolle sus facultades. Por lo contrario, la civilización actual carece de una orientación adecuada y todo anuncia un colapso en el futuro.  No hay que ser un genio para saber que  muchas cosas  no marchan  bien.  Por todo el planeta se puede percibir  esta incomoda verdad que la mayoría de las veces la negamos y la escondemos como si se tratase de  una penosa enfermedad. Todavía el miedo, la pereza, el orgullo, y la ignorancia nos empañan los ojos. El sistema actual debe ser transformado urgentemente. Esto es obvio.  Hay que  comenzar de nuevo y retomar el camino de la sensatez.


 Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 16 de octubre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

 


viernes, 9 de octubre de 2015

Otro modo de vivir


 




A mediados del siglo XIX, el autor norteamericano Henry Thoureau decidió vivir solo y de manera sencilla en el bosque en una pequeña cabaña construida por el mismo en las orillas del lago Walden, cerca del poblado de Concord en el Estado de Massachusetts en los Estados Unidos. Henry Thoureau defendio la  simplicidad, la autosuficiencia, la soledad, los libros, la naturaleza y la interioridad. Fue un crítico del tipo de progreso que se vino a  imponer  después de la revolución industrial. El novelista ruso León Tolstoi , el líder Hindú Mahatma Gandhi, John F. Kennedy  y  el reverendo Martin Luther King Junior reconocieron su admiración por el excéntrico escritor en más de una ocasión.


Como era de esperarse la mayoría de sus contemporáneos no comprendieron el sentido de sus experimentos. Es natural esperar que la vida de un ermitaño y asceta dedicado mayormente  a la reflexión, el misticismo y la contemplación artística también conlleve, intrínsecamente, un gran costo social. La resistencia de los demás será inevitable. Desde que el mundo es mundo, las sociedades subdesarrolladas  siempre ha marginado despiadadamente  a  las personas excepcionales  que se empecinan en andar obstinadamente  contracorriente. El hombre común va a ser  el peor enemigo del reformador social.

Thoureau decía que cuando uno escuche que alguien se preocupa  por uno y  se acerca para ayudar, la opción más inteligente que tenemos es la huida. En estos casos, la sociedad juega el papel de un mono que quiere salvar a un pez porque piensa que se está ahogando. El que quiera ayudar, pero no se interesa por comprender al otro, termina asfixiando al otro a pesar de sus buenas intenciones.

Según la obtusa moral burguesa, una vida frugal y llena de gratitud es la vida de un chiflado. Para la gran masa cegada por sus prejuicios, estos “desadaptados “no son otra cosa que meros holgazanes sin objetivos, ni futuro. Francamente, un verdadero desperdicio de talentos y potencial.  En nuestra sociedad, el hombre desprovisto de egoísmo, codicia, y ambición es un perfecto pelmazo carente de anhelos concretos.

Los prejuicios de la sociedad de masas y consumo actual asocia la soledad escogida con la depresión y el desamparo, no con la espiritualidad, el campo con el atraso, no con la salud, la paz, o el alma, la sencillez con la pobreza forzosa y las privaciones, no con la elevación cultural y espiritual,  el ocio con la vagancia,  no con el estudio  y la nobleza. Según la concepción totalitaria del capitalismo vigente y los valores de la gran clase media, absolutamente todo debe hacerse siguiendo exclusivamente  un  interés comercial y una apariencia.  Hoy vivimos en una especie de oscurantismo donde un mediocre espíritu gregario lo domina todo.



Emprender  un proyecto de vida alternativo, una visión original del mundo, o  simplemente una manera diferente de hacer las cosas  requiere confianza, fortaleza y grandes sacrificios. La gran mayoría se queda en la teoría porque en realidad es duro crear algo nuevo.  La labor del innovador sobre todo el reformador moral, social y filosófico nunca ha sido fácil. Los verdaderos sueños solo son comprendidos por quien los sueña. El mundo ideal para muchos, muchas veces no coincide con el mundo ideal de algunos.

Por ejemplo, León Tolstoi escribió sobre otro modo de vivir que espantaría  al hombre moderno y bien adaptado:

"He pasado por muchas vicisitudes y ahora creo haber descubierto que se necesita para ser feliz. Una vida tranquila de reclusión en el campo, con la posibilidad de ser útil a aquellas personas a quienes es fácil hacer el bien y que no están acostumbradas a que nadie se preocupe por ellas. Después, trabajar, con la esperanza de que tal vez sirva para algo, luego el descanso, la naturaleza, los libros, la música, el amor al prójimo... En esto consiste mi idea de la felicidad. Y finalmente, por encima de todo, tenerte a ti por compañera y, quizás, tener hijos...¿ Qué más puede desear el corazón de un hombre?"



Gustavo Godoy

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 09 de octubre de 2015 en la columna Entre libros y montañas