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viernes, 20 de noviembre de 2015

El Islam y la modernidad (I)*


(I)
El Islam es una religión  mundial nacida en la península Arábiga de las enseñanzas de Mahoma en el siglo VII D.C. Según la tradición islámica, Mahoma fue un comerciante oriundo de la ciudad de la Meca que un día recibió de la boca  del ángel Gabriel  la última revelación de Dios. Acorde con esta religión,  El mismo Dios adorado por Abraham, Moisés, David y Jesús manifiesto su voluntad por medio de la palabra, en la forma de un libro sagrado llamado el Corán. Curiosamente,  el Corán se nutre en gran medida de las religiones abrahámicas  monoteístas, como el judaísmo y el cristianismo. Este libro está repleto de historias del Antiguo  y Nuevo testamento. Es más, se considera a sí misma como la versión más reciente de estas religiones.  De la misma manera como el cristianismo ve al judaísmo con su precursora. El Islam reconoce al judaísmo y al cristianismo como sus precursores. A pesar de lo que piensan muchos en occidente, el islam está estrechamente relacionado a la fe cristiana y judía. 

En menos de un siglo  después de su fundación,  la religión musulmana se difundió desde Persia hasta la península ibérica.  Luego, con los siglos, el islam penetro en  la India y gran parte del sureste  Asiático. Hoy, el mundo musulmán cuenta con  más de mil millones de adeptos  en todo el globo, superando en números a los católicos. Por cada cinco personas en el mundo, una es musulmana. En todas las ciudades de Europa,  la América anglosajona  y  Latinoamérica, existe una vibrante comunidad musulmana. Son nuestros  vecinos, amigos,  compañeros  y socios de negocios.

El Islam, a diferencia del cristianismo, es una religión que presta poca atención a las creencias. Su énfasis está en el modo como un musulmán debe vivir su vida. Mientras que la Biblia en  el Nuevo Testamento contiene pocos detalles en torno a los aspectos políticos y sociales de la vida, en el Corán y las tradiciones musulmanes ocurre totalmente lo contrario.  En el Islam,  la atención no se centra en la teología, ni el misticismo, sino en los aspectos legales de la comunidad de fieles. Por ejemplo, mientras un religioso profesional en el cristianismo atiende por años a la escuela de teología, y un hindú acude al Ashram para meditar según la instrucciones de un gurú, sus contrapartes en el Islam atienden  a una madrasa, o sea, una escuela de leyes. Mientras los budistas destacan la calma y el desprendimiento de Buda, y los cristianos, el amor y el sacrificio de Cristo, el musulmán  destaca la virtud de la justicia, Mahoma siendo su perfecto ejemplo.  En otras palabras, se podría decir que el Islam es una religión comparativamente mucho más legalista que las demás.  En este particular, se asemeja más al judaísmo que al cristianismo o las religiones orientales como el budismo o el hinduismo.
De las civilizaciones islámicas han surgido grandes científicos, matemáticos, filósofos, literatos y artistas a lo largo de la historia.  Hoy en día la humanidad toda  se ha beneficiado enormemente de estos aportes. Por ejemplo, el alfabeto numérico que utilizamos en la actualidad en nuestras operaciones matemáticas es solo uno de estos importantes aportes. 

En cuanto a la organización política, es fundamental conocer algo de la historia del imperio Otomano. El Imperio turco Otomano comenzó en el año 1299  y se extendió a través de  los siglos por el Sureste Europeo, el Medio Oriente y el norte de África regido por la dinastía osmanlí . La ciudad hoy conocida como Estambul en la moderna Turquía funciono como su capital. En este imperio, el Islam jugo un rol principal. Acorde con la clásica teoría social y política islámica,   la comunidad musulmán es una sola, dirigida por  una autoridad religiosa y política única denominada : califa.  Tras la caída del Imperio  Otomano  como resultado de la primera guerra mundial, Ataturk abolió la figura del califa en el año 1924. Esto produjo una gran crisis de liderazgo dentro del mundo musulmán. A partir de ese momento , la comunidad musulmana ( ummah)  que antes gozaba de unidad y coherencia,  se encuentro fragmentada en una serie de estados nacionales recién creados controlados por imperios europeos, principalmente el británico y francés. Luego, después de la segunda guerra mundial, a medios del siglo XX, estos países recién creados   comenzaron su  duro camino del colonialismo hacia la formación de estados nacionales modernos y democráticos después de haber vivido por siglos gobernados  por regímenes autoritarios. Algo que no ha sido para nada fácil.
(II)
La modernidad ha sacudido a las sociedades tradicionales en todo el planeta. En los últimos cien años,  las comunidades basadas en viejas costumbres se han visto forzadas  a un difícil proceso de  la occidentalización.  En algunos casos, se ha logrado la adaptación, pero en otros casos  ha sido mucho más tormentoso el proceso. Todas las religiones han sufrido con la modernidad. Los nuevos avances de la ciencia, la tecnología y el conocimiento han cuestionado férreamente muchos de sus principios; y el sistema democrático ha puesto en duda  la legitimidad de los viejos sistemas.   El mundo moderno es cada vez menos religioso. Y con esto, muchos  ven  su estilo de vida, su historia, su identidad y sus costumbres en peligro. Como resultado  al miedo de perder su cultura, se han formado grupos que  han recurrido al extremismo, e incluso a la violencia como una solución. Claro está que, por supuesto, estos pequeños grupos extremistas no representan a  la gran mayoría que por lo general comparten posturas mucho más moderadas.

El terrorismo como arma política ha sido utilizado por muchos grupos radicales. En 1995, en la ciudad de Oklahoma en los Estados Unidos, Timothy McVeigh  bombardeo un edificio gubernamental matando 168 personas inocentes como venganza en contra del gobierno.  Ese mismo año, en Japón, el líder de una secta budista Aum Shinrikyo ataco con gas sarín  el metro de Tokio dejando un saldo de más diez muertos y un centenar de heridos.  Otros ataques terroristas han sido atribuidos a grupos con distintos fines ,  de diversos cortes  ideológicos y procedentes de todas las religiones, por ejemplo separatistas vascos, nacionalistas irlandeses,  guerrilleros marxistas  y agrupaciones racistas  como el Ku Klux Klan, entre otros.

Francamente, el terrorismo como tal no se alimenta de la religión. En realidad, si analizamos el problema de fondo no está relacionado al Islam, al cristianismo, al judaísmo u otra religión en particular. Por lo general, los terroristas desconocen sus propias religiones. El terrorismo está relacionado  con  el aislamiento, la marginalización, la opresión, la miseria y la desesperanza de la juventud.  La justicia, la igualdad, el progreso, la paz, la educación y la tolerancia son las verdaderas armas para luchar  contra el terrorismo. 
Gustavo Godoy 

 
Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Parte (I) Viernes 20 de Noviembre de 2015 y parte (II) Viernes 27 de Noviembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

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