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viernes, 11 de marzo de 2016

La Espiritualidad


La espiritualidad es romper las cadenas de la ignorancia, el ego y el miedo. Es una orientación que tiene como senda  lograr una visión más amplia de las cosas. El mundo religioso está repleto con técnicas para alcanzar mayores niveles de conciencia que culminan en un éxtasis místico. En el Islam, los sufís utilizan bailes y cantos rítmicos para lograr esto. En el hinduismo al igual que en el budismo y en el taoísmo, emplean la meditación.  En el cristianismo, los devotos a Santa Teresa y San Juan de la Cruz se valen de las oraciones contemplativas. Por otro lado,  los chamanes consumen plantas mágicas en sus rituales con los mismos fines.  La meta es la liberación del alma humana.

En las religiones occidentales, las prácticas asociadas con la espiritualidad son adoptadas por una minoría.  Sin embargo, en las religiones orientales, esta práctica ocupa un rol central. Podemos decir que la espiritualidad generalmente  está ligada a la religión pero no en todos los casos. Hoy es posible decir que una  persona tal vez sea  espiritual pero no necesariamente religiosa.  Esto se debe a que el termino –religión- está relacionado por lo general a los grupos organizados con sistemas de creencias definidas. La espiritualidad es en realidad una experiencia personal. Algo subjetivo. Es la fe en uno mismo. Puede o no puede está ligada a una religión organizada.

Cuando nacemos parece ser que la línea entre nuestro ser y lo otro es confusa.  Se nos dificulta percibir donde términos nosotros y donde comienza el mundo exterior. A los demás, en el inicio de nuestras vidas, los percibimos como parte de nuestro ser, no como seres fuera de nosotros. Cada estimulo que  recibe  nuestros sentidos  son captados con asombro como algo nuevo e interesante. Con el tiempo en la medida que crecemos, poco a poco nos percibimos como un ser separado del todo. Nuestra visión se torna estrecha y tubular.  Anteriormente, nuestra mente estaba abierta y sin prejuicios. Aceptábamos el  mundo sin miedos y sin filtros. Paulatinamente, a lo largo del camino  nos empezamos a ver como seres indefensos en un mundo hostil. Perdimos la confianza en nosotros.

La espiritualidad es seguir un sendero interno. Es construir cimientos sólidos. Es cultivar el amor, la compasión,  la paciencia, la quietud, y la tolerancia. Es abrazar la existencia. Volver al hogar. Crear lazos, uniones.  Es la experiencia personal del individuo en su soledad, en su encuentro íntimo con la totalidad.

No somos el ser pequeño y efímero que creemos ser. Siempre presos por los miedos. Llenos de sentimientos de impotencia. En realidad, somos todos los  mundos. Somos todos los  tiempos. Somos la totalidad. Debemos superar el falso yo que habita en nosotros con la realización que lo tenemos todo, que en la humilde gota está el océano infinito y que en el segundo,  la eternidad.

Uno es tan grande como lo que ve. Unos ven universos enteros, otros  límites, fronteras y pequeñeces. Son miles los caminos. Son miles las posibilidades. Uno es quien se propone ser. Nada nos falta. Todo se puede. De todas las creencias la mejor creencia es la creencia en uno mismo y en la fuerza del espíritu humano para romper con  todas las cadenas.

“Más allá de este lugar de ira y llantos / yace sino el horror de la sombra/ Y aún la amenaza de los años/ me halla y me hallará sin temor./ No importa cuán estrecha sea la puerta, / cuán cargada de castigos la sentencia,/soy el amo de mi destino, /  soy el capitán de mi alma.” William Ernest Henley

 Gustavo Godoy
Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 11  de Marzo de 2016 en la columna Entre libros y montañas



 Ver Blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com

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