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viernes, 11 de diciembre de 2015

El escritor y el mundo exterior





Hamlet es probablemente la mejor pieza trágica del dramaturgo inglés William Shakespeare y sin dudas uno de las más profundas e impactantes. La trama transcurre en Dinamarca. El príncipe Hamlet recibe la visita del fantasma de su fallecido  padre (el rey) que  le pide que lo  vengue de su asesino. El supuesto asesino del rey resultaría ser su propio hermano y tío del príncipe que no solo se corono como el nuevo rey, sino también se ha casado con la reina  viuda , la madre de Hamlet.


El príncipe Hamlet es un intelectual, un pensador. Debido a su formación protestante, el príncipe no cree en el purgatorio, ni en los fantasmas, sin embargo vio uno con sus propios ojos. No solo eso sino que también las afirmaciones del fantasma podrían tener fundamento, sin mencionar terribles inclinaciones.  Sumergido en abstracciones , complejos pensamientos e intensos sentimientos, Hamlet solo ve contradicciones, paradojas e inconsistencias en la realidad que percibe. Ensimismado, la línea entre lo real y lo imaginario se va perdiendo paulatinamente en su interior. Duda y se pregunta:”¿ Ser o no ser? 

La obra termina en muerte. Al final, Hamlet nunca toma una decisión. Congelado debido a tanta intelectualidad,  nunca actuó.  Hamlet fue la víctima encadenada de su propia mente.

Hoy, en la literatura y muchas veces en la realidad, el personaje del escritor típico presenta características en cierto  modo muy similares a las de un Hamlet. El excéntrico y solitario escritor, entusiasta  consumidor de tabaco, alcohol,  drogas y café, inevitablemente asociado con la locura , la depresión y  lo prohibido,  de vida bohemia y opuesto a los valores burgueses, siempre está en quiebra económica por dedicarse exclusamente a su trabajo intelectual y artístico. Aunque la sociedad generalmente  lo cree el portador  de poderes sobrenaturales y una percepción superhumana, lo margina y rara vez lo comprende.

El escritor, al igual que otros aristócratas del espíritu, es  el temerario creador de un mundo original. Para muchos, el peso de jugar a ser uno entre los  dioses es muy grande.  Muchos, por la culpa,  por  las dudas, por tanta responsabilidad o tanta libertad,  convierten sus vidas en un infierno. Ernest Hemingway, Virginia Woolf, Edgar Allan Poe, y Jack London se refugiaron en el suicido anhelando  consuelo eterno. Entre  los escritores, músicos, artistas e intelectuales,  cuando su interior se vuelve demasiado oscuro y melancólico, es porque que esa rica  subjetividad que les permite crear maravillosas se ha transformo en un doloroso divorcio entre el alma y la realidad.

La salida del infierno interior es abrirse al mundo exterior. Salir de  la reclusión permanente y construir puentes entre el ser y la circunstancia externa. Los escritores pueden hacer mucho bien al mundo si comparten sus ideas y sus opiniones  participando en la esfera pública para buscar el mejoramiento de las cosas. 

El rol público del escritor  consiste en despertar  consciencias y difundir modos distintos de pensar y actuar como una contribución al cambio social. El escritor público debe ser un intelectual que  se dedica al estudio crítico de la sociedad. Un individuo de ideas, leal  solo a su propia conciencia,  critico de los poderosos, y poseedor de una visión alternativa de la realidad.  No debe ser un erudito, su interés debe ser  la  actualidad; no  un  académico, sino periodístico. Su interés está en desenmascarar  los mecanismos ocultos utilizados por las  elites, cuestionar las falsas suposiciones colectivas y develar  los defectos  de la sociedad.  La misión es participar en una contienda a muerte contra los mitos, los dogmas, las supersticiones y las farsas sociales.

Más allá del valor estético que pueda tener la obra de los escritores, estos hombres y mujeres de letras tienen el deber moral de fomentar la reflexión crítica. El amor por el arte puede perfectamente acompañarse con la noble tarea de educar a la población, fomentar polémicas, ridiculizar los prejuicios, proponer debates y explicar ciertos fenómenos. Una palabra bien escrita tiene el poder de cambiar al mundo.


Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 11  de Diciembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

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