GusGo

GusGo

.

.
Sígueme también en las redes sociales:

viernes, 4 de diciembre de 2015

La industria y el planeta


Algunos años después  de la revolución industrial,  el novelista y critico social Charles Dickens escribió  emotivas historias donde expuso los defectos de la sociedad victoriana. En el siglo XIX,  las grandes metrópolis europeas como Londres experimentaron  intensas y profundas transformaciones. Y  eso represento un proceso muy doloroso para muchos. En las novelas de Dickens, sus personajes principales, generalmente niños, con demasiada frecuencia  fueron víctimas de las gigantescas y hostiles ciudades. El urbanismo excesivo surgió de manera  explosiva como consecuencia del sistema industrial.  La desalentadora sensación de desarraigo y desorientación invadía a la mayor parte de la población.  Era una época donde imperaba  la desigualdad  y la cruel indiferencia. Este es el trasfondo permanente de las novelas del popular escritor inglés, Charles Dickens.
 Es cierto que la revolución industrial aporto muchos avances técnicos pero de la misma manera  también trajo consigo un importante atraso en lo social.  La obra de Dickens resalta ese lado más oscuro de esa revolución.
A diferencia del sofisticado personal que requiere el taller artesanal tradicional, el industrial con el uso de la maquina pudo contratar mano  de obra no calificada  a sueldos irrisorios. Ahora una persona con poco o ningún entrenamiento en la confección de textiles podía producir gran cantidad de piezas  solo siguiendo unas pocas  instrucciones simples.  Por otro lado, la superproducción le permitió al industrial  inundar el mercado con productos a muy bajo precio. Bajo esta nueva realidad económica y tecnológica, la actividad industrial se  centralizo en las grandes ciudades en prejudicio del campo. Al mismo tiempo,  el proceso de industrialización  beneficio principalmente a la minoría burguesa, pero significo la quiebra del  productor artesanal en los poblados pequeños y también significo serios estragos para la creciente y empobrecida masa urbana que representaba la mayoría de la población de entonces. Ahora el mercado laboral estaba distorsionado.  Y aunque el mercado de las mercancías  estaba abarrotado de productos económicos, la calidad y servicio sufrieron enteramente. En la actualidad, esta dinámica la podemos observar perfectamente cuando el pequeño sastre independiente se ve forzado a competir con los trajes hechos en las fábricas chinas. Estos trajes no tienen comparación con la calidad de los trajes y el servicio personalizado que puede ofrecer un sastre profesional pero al sastre le es  muy difícil competir con los precios chinos.  Lo más probable es que con el tiempo los chinos obliguen al sastre a salir del mercado.
Uno de los más grandes errores de nuestra época consiste en creer que gracias a la industrialización  el problema de la producción ha sido resulto.  Muchos reconocen las fallas del sistema industrial pero lo justifican porque creen en esa falsa idea  que con la industrialización se  logró solventar todas las necesidades materiales de la humanidad  y que si existe un problema radica únicamente en la distribución.
Como explica el economista británico  E.F Schumancher este error surge porque “el hombre no se siente como parte de la naturaleza sino más bien como una fuerza externa destinada a dominarla y conquistarla”.  El problema de la producción aún no ha sido resultado. El problema aún existe porque el sistema productivo mundial dependiente del consumo irresponsable del capital natural.  La industria se alimenta principalmente de recursos no renovables como el petróleo, los metales y los minerales. Y además la producción industrial genera grandes daños, muchísima basura y  demasiadas sustancias nocivas. Por esta razón,  esta asombrosa capacidad de producción que el hombre contemporáneo presume poseer  debido a la tecnología moderna es una vulgar ilusión. El capital proporcionado por la naturaleza es mucho mayor que el aporte real que hace el hombre. En otras palabras, estamos viviendo alegremente de un capital heredado y limitado que algún día se agotara y no de la renta que creamos con nuestro trabajo.
Las maravillosas  creaciones que ha producido el sistema industrial moderno conllevan también un alto costo que pocos se han molestado en  contabilizar.  Lamentablemente, nuestro balance nos dice que en la realidad cada día somos más pobres.   Los costos de nuestra irresponsabilidad lo ha pagado nuestro planeta. El deterioro de los suelos, de las aguas, de los bosques, de la flora, de la fauna, de  los cielos y del medio ambiente en general ha sido el precio que hemos pagado. Ya es hora que empecemos a reconocerlo para comenzar a cambiar.
La solución al problema de la producción y al desequilibro social no la encontraremos en el modelo actual.  Este modelo es la causa de la crisis y no ofrece una solución sustentable. Es en la gran producción en masa centralizada donde  yace el error principal.  Por otro lado, la pequeña producción por  las masas de manera  descentralizada  con la implementación una tecnología apropiada y ambientalmente  saludable significaría un bálsamo para la sociedad y para el planeta.  Para curar a la humanidad y sanar a nuestro  planeta Tierra, debemos primeramente cambiar el sistema.



 Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 04  de Diciembre de 2015 en la columna Entre libros y montañas

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada