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viernes, 8 de enero de 2016

El sentimiento y la libertad





Las sirenas son criaturas mitológicas presentes en muchas  leyendas alrededor del mundo. Estos seres son doncellas del mar, mitad mujer y mitad pez, de abrumadora belleza que con sus encantadores cantos  seducen, engañan y desorientan a los incautos marinos.  En el poema épico la Odisea, Homero nos relata un episodio donde el personaje  principal, Ulises,  se encuentra con ellas.

Ulises, hombre de gran astucia,  de regreso a su hogar  en Itaca , debía tomar la peligrosa ruta junto a la isla de las sirenas. Para no caer presa de sus hechizos, Ulises le pidió a su tripulación ser atado al mástil de su embarcación  para evitar perder el control. Y, de esta manera, Ulises no fue víctima de los encantos de las sirenas y pudo regresar a casa.

El intelectual alemán Herbert Marcuse utilizo  este mito  para ilustrar  la situación del ser humano ante los controles sociales que suprimen el fluir natural del alma humana. 

El padre del psicoanálisis Sigmund Freud   abordo también esta tema en su libro “El malestar de la cultura” con conclusiones similares a las de Marcuse.

La sociedad para funcionar  nos impone constantemente  sus deseos, mientras que el alma lucha por ser simplemente lo que  realmente es: Consciencia, libertad, y sentimiento.

Este debate ha sido planteando numerosas veces. A lo largo de la historia han surgido muchos individuos  con fuertes críticas a los elementos represivos de la  sociedad. Sin embargo, es prácticamente un consenso  que el ginebrino Jean-Jacques Rousseau es el fundador de la crítica moderna a la civilización.

La  famosa tesis de Rousseau consiste que la civilización impide al hombre realizarse porque impone una serie de controles que limitan su libertad. Rousseau opino que el hombre es bueno y libre en su estado natural,  sin embargo, la sociedad lo corrompe y encadena.  Por lo tanto, según el escritor, todo lo natural es bueno, y todo lo malo proviene de la sociedad. Para este, la civilización es la vida de la gran ciudad,  de los ricos y  las cortes. Por supuesto, Rousseau se refería principalmente las cortes europeas afrancesadas  inspiradas por el  Ancien regime.  En estos sitios reinaba el ajetreo, la mentira, la hipocresía y el egoísmo. Es en la naturaleza donde pueden fluir libremente  los verdaderos sentimientos humanos. La naturaleza significa  la armonía, tranquilidad, la autenticidad y la sencillez. Las ideas de Rousseau surgieron como  un contraproyecto a todo lo francés y reflejaban un espíritu más acorde con el provincianismo germano.

Aun en  su tiempo, Rousseau ya era un personaje celebre y sumamente influyente. Inspiro con el tiempo no solo la Revolución Francesa, sino también el Romanticismo.

En contraste con la rigidez y los formalismos de las cortes y las ciudades,  los románticos valoraban la expresión espontanea del individuo. El romanticismo se centra en el sujeto que siente.  Los individuos creativos ganaron prestigio. Las normas sociales establecidas empezaron a ser cuestionadas. Mientras que los oprimidos de la sociedad fueron considerandos no solo como simples iguales sino incluso mucho  más humanos que el resto de la población. Los pobres, los niños,  los indígenas, los campesinos, el rebelde y  el artista se convirtieron en objetos de admiración.  Los tiempos pasados, la vida rural, y la naturaleza se transformaron en ideales de libertad.

El pensamiento roussoniano y el romántico a pesar de sus excesos y limitaciones  proponen planteamientos muy interesantes dignos de una profunda reflexión.
Por supuesto, que los controles  y las formas  son necesarias para que la civilización prospere, pero es igualmente cierto que la familia, la cultura, y la sociedad intentan constantemente  encasillarnos en un molde. El alma humana necesita libertad para alcanzar su potencial. Y la libertad es ser lo que uno es y no lo que los otros quieren que uno sea. El primero paso hacia la realización de  uno mismo es salir de ese molde que la sociedad nos impone.

Gustavo Godoy 
 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 08  de Enero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

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