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sábado, 20 de febrero de 2016

Amor , sexo y matrimonio



La idea  de casarse por amor es una noción básicamente moderna. Anteriormente, los factores determinantes eran los económicos, políticos y sociales. Además, la elección de con quien casarse era tomada por otros, no por la pareja. Mediante un matrimonio, una familia se unía a otra familia para elevar su estatus, incrementar sus propiedades y legitimar su descendencia. El matrimonio como era concebido en otras épocas era  un contrato que implicaba una serie de derechos y obligaciones entre la pareja, sus familias,  el público y  la autoridad gubernamental. Era una institución basada en solventar necesidades concretas.

El amor romántico ha sido visto muy diferente en distintos periodos de la historia. En  Atenas de la Antigüedad, en Italia del Renacimiento, en Francia del Antiguo Régimen o en los países occidentales de la actualidad, los pensamientos sobre  el amor, el sexo y el matrimonio varían enormemente.  Dante en la Divina Comedia escribió sobre el gran amor que sentía por Beatriz. Para Dante y su época,  el concepto del amor tomaba la forma de la idealización de la mujer como encarnación de belleza y virtud. Ninguna relación con el sexo o el matrimonio. Por otro lado, para Shakespeare en la Inglaterra isabelina, el amor era una enfermedad. El amor era algo irracional, breve y pasional que casi siempre terminaba en tragedia.

Solo hasta tiempos recientes, fue posible relacionar dos aspectos que anteriormente habría sido una locura unir: el amor y el matrimonio. Esto empezó ha ocurrir en Inglaterra hace unos doscientos cincuenta años atrás. Al amor se le agrego  una nueva misión: Fundar un hogar. Anteriormente, los nobles participaban en la  galantería pero sin fines matrimoniales. Eso cambio con el surgimiento de la burguesía europea.

Como lo ponemos apreciar en la literatura del siglo XIX, en novelas como Madame Bovary de Flaubert o Anna Karerina de Tolstoi, todo el peso del matrimonio caía prácticamente en la mujer. La única expresión sexual  legítima, principalmente para la mujer,  debía ocurrir  solo dentro del matrimonio. Los niños, la familia, la moral sexual y la propiedad son los pilares de la sociedad aburguesada que  floreció en el mundo después la revolución francesa. Un descuido en  alguna de estas áreas  significaba una catástrofe.  

 El matrimonio burgués agrupo todos los elementos que antes no necesariamente estaban integrados: el amor, el sexo, lo político, lo económico y lo social.  Además, esta nueva idea exige que todas estas variables tengan que  desarrollarse para toda la vida en perfecta armonía. Algo que por supuesto es muy difícil. Sobre todo cuando para  establecer una institución tan compleja frecuentemente predominan inicialmente criterios tan subjetivos y cambiantes como los sentimientos.

Francamente, pienso que la sociedad moderna es sumamente injusta con el amor. Se le exige demasiado. Hoy, amar a alguien es una tarea titánica. Es una empresa  que va desde el físico, flores, cenas, modelo de automóvil, tamaño de cuenta bancaria, desempeño sexual, buen trato con familiares, amigos y conocidos, pasando por como lavar los platos y quien bota la basura, terminado por el precio de los pañales,  reuniones escolares y psicología infantil, entre miles de otros detalles interminables. Y si no funciona placenteramente: el divorcio, para luego volver a intentar todo de nuevo con alguien más.

La mayoría de las personas atribuyen la causa de sus fracasos amorosos a un error en la escogencia del objeto amado. En otras palabras, según el credo mayoritario, las relaciones amorosas fracasan porque elegimos mal a nuestras parejas. La solución es elegir mejor la próxima vez. Pocos dudan de la validez  de la concepción moderna que tenemos del amor. Tal vez tenga que reformarse por ser inadecuada. Tal vez se pueda simplificar para que funcione.

A veces el amor simplemente es eso, amor. Sentir que existe algo bello en el otro y acercarse. Querer encontrarse, descubrirse, cuidarse. El deseo de darse, sin el desgaste de lo cotidiano. Conocer al otro, estar con el otro y compartir un momento, sea este  efímero o eterno. Poder amar a alguien sin complicaciones; el sueño de muchos.

Gustavo Godoy 

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 19  de Febrero de 2016 en la columna Entre libros y montañas

Ver Blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com

1 comentario:

  1. Qué valiente Gustavo! Estos temas siempre serán polémicos y nunca nos ponemos de acuerdo, el amor como la educación, luego que se institucionaliza pierde la esencia, parece que es automático, se amaban pero al institucionalizarse ¡listo! fue suficiente. La cotidianidad en vez de ser la riqueza, deteriora y le da muerte lenta al amor y entre más tiempo se complica la cosa con otros factores, y es que la historia demuestra que en la mayoría de los casos a la mujer le ha tocado poseer y ser a la vez el secreto de un matrimonio “exitoso”, ocultando bajo qué pretexto lo ha hecho. Nos hemos convertidos en alquimistas y artífices de estrategias para el amor con la intención de reinventarlo en la medida de lo posible, sin darnos cuenta que entre menos es más. Parece que a la persona “amada” le hacemos una especie de convención manoseada: tienes que hacer esto, aquello, (…) y pare de contar. Olvidamos que donde hay libertad se fomenta la creatividad, el compromiso, el placer, y el deseo de estar con la persona amada, la idea es reflexionar y tener una concepción del amor más elaborada, menos superflua y sin darle tanta primacía a las reacciones bioquímicas de nuestro cuerpo para abrirnos y dar paso a lo sencillo: amar así, sin más. Pienso que es delicioso amar y ser libre a la vez, sin que sean excluyentes. ¿por qué no es posible esto? Simone y Sartre si que nos enseñan sobre esto … ¿para qué tanta complicación? urgente: ¡más amor por favor!

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