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martes, 28 de marzo de 2017

El lenguaje y el poder



Ponencia
Universidad de Los Andes , Núcleo Trujillo ( Trujillo, Venezuela)




Muy buenas tardes a todos. Muchas gracias por la introducción y  sobre todo muchas gracias por la invitación a participar en este evento tan interesante. Interesante no solo por la naturaleza de los temas que se están abordando y sino también por los descuidos que  estos estan en el debate público. A mi en lo particular, siempre me fascinó el tema del lenguaje y su relación con el poder. Por eso es que soy un gran aficionado de la obra de George Orwell porque el toca eso brillantemente. De verdad , que felicito a los organizadores de este evento por este excelente idea. Esperemos que sea el primero de muchos.


Yo conozco a muchos de ustedes. Y se que muchos han leído mis artículos. Quiero decirle que yo leído con mucho interés cada uno de sus comentarios.  Todos expresando una profundo preocupación por conocer la realidad de las cosas. Algo muy sano e importante.


Mi columna se publica todos los viernes. Sale por el diario el Tiempo, y también en otros medios en diferentes partes del mundo. A través de mi blog  también la difundo por las redes social. Desde que comenzó la columna en cierto modo ha evolucionado. Empezó con una inclinación hacia lo sociopolítico. Y  ahora tal vez  dominan más los temas psicológicos y filosóficos. En términos generales, son ensayos  pero de vez en cuando tambien publico  piezas de ficción, cuentos breves. El primer artículo que se publicó fue uno que algunos de ustedes ya leyeron llamado La Teoría Histórica de la Conspiración. Y uno de los más populares segun mis estadisticas de mi blog y de la redes como el facebook es otro llamado la Crisis del lenguaje que se que ustedes lo han estudiado. Estos dos artículos los que más relevancia  tienen sobre  los  temas que hoy estamos tratando.  


Hoy voy tratar de mencionar algo sobre ellos de la manera más breve posible. Con relación al lenguaje es importante mencionar un par de cosas porque el lenguaje está tan presente que en la mayoría de los casos pasa inadvertido. El lenguaje articulado es un sistema de representación El lenguaje mapea nuestro mundo, externo e interno.  Desde pequeños, vamos paulatinamente construyendo nuestro mundo en la medida que construimos nuestro lenguaje. Como funciona eso?  Bueno, primero debemos entender que es un símbolo. Un símbolo es algo mágico. Es una paradoja. Es algo que significa otra cosa. Es una representación. Es y no es la cosa. En el sistema simbólico que llamamos el idioma  castellano. El acuerdo es que la letras a-r-b-o-l juntas en una palabra que representa un árbol en el mundo real. Esta capacidad o esta herramienta nos confiere un gran poder porque nos da la habilidad entender nuestra ubicación en el tiempo y el espacio. Entonces, toda enriquecimiento de nuestro lenguaje es un enriquecimiento de nuestro mundo. Y todo imprecisión lingüística es una limitación personal.  El hombre pobre de lenguaje piensa, siente, y socializa pobremente. Y,  su alcance es pobre. Cuando se habla de un uso correcto del lenguaje no se habla necesariamente de la ortografía, gramática, o cosas asi. Sino del hecho de llamar al pan pan y al vino vino. Es importante usar el diccionario. Es importante leer.


El lenguaje escrito tiene la ventaja que fija el lenguaje. y lo hace un poco más controlable. La escritura es para el lenguaje lo que el reloj es para el tiempo. También estimula  notablemente el pensamiento abstracto porque tiene la capacidad de descontextualizar. En otros palabras, la escritura permite que creemos y entendemos  otros mundos posibles. Que quitemos algo y lo coloquemos en otro lado. Algo más complicado de ser con lenguaje oral que es más difícil descontextualizarlo  porque siempre esta unido al gesto, a lo visual , a lo auditivo.  En cierto modo, hoy en día con la tv y el internet estamos retrocediendo  al lenguaje oral. Por eso es que se estimula el leer libros para poder rescatar el lenguaje.


Entre los clásicos de la literatura, la obra de George Orwell es lectura obligatoria para todo  aquel que quiera comprender los siniestros métodos empleados por los regímenes de corte totalitario. En su interesante novela distopica “1984”, el escritor británico nos presenta a un Londres del futuro bajo la autoridad absoluta del Gran Hermano. El omnipotente líder lo controla todo mientras que los ciudadanos se han convertidos en simples autómatas. La guerra, la miseria y la zozobra están presentes continuamente. En realidad, las condiciones de vida son terribles. Sin embargo, el gobierno enfoca sistemáticamente sus energías a embrutecer a la población mediante la propaganda, la manipulación y el lavado de cerebro. Las fuentes oficiales tergiversan la verdad y falsean la historia. Los slogans moldean las mentes de las masas. Corrompiendo el lenguaje, los líderes del partido han logrado imponer un mundo ficticio donde la única salvación es doblegarse por completo a la voluntad del todopoderoso Estado. En “1984”, todo el pueblo ama al Gran Hermano. El dominio es total.


La obra de Orwell nos plantea serios problemas dignos de un estudio detallado. Uno de los elementos más característicos de estos sistemas es su fe fanática en una conspiración mundial contra el pueblo. Por ejemplo:  En el caso de Hitler, la conspiración judía jugó un rol central. Por otro lado, en caso de Stalin, las conspiraciones del cerco capitalista y la de los Troskystas desempeñaron este papel.


El formato a menudo sigue el mismo patrón arquetípico: El pueblo debe todas sus desgracias exclusivamente a los malvados conspiradores. El mundo está repleto de enemigos internos y externos que solo quieren causar daño a la gente. El pueblo siempre es inocente; los enemigos siempre son culpables. Luego, surge de las entrañas de la resistencia un ser superior como encarnación del pueblo mismo. Con la ayuda de todas las fuerzas del bien, el luchara una guerra santa contra las fuerzas del mal que conducirá a la inevitable victoria final donde la comunidad de fieles gozará de una larga era dorada de paz, prosperidad y fraternidad.


La realidad posee muchos aspectos incomprensibles, ambiguos y complejos. Por esto, los líderes demagogos explotan el deseo de las masas de escapar hacia una fantasía estructuralmente consistente y de sencilla compresión. El individuo pequeño anteriormente marginado y aislado abandona su personalidad para fundirse en un dinámico y numeroso movimiento popular para adquirir una fortaleza psicológica que carece individualmente. El supera sus sentimientos de inferioridad e impotencia sometiéndose al “hombre fuerte “y al “tren de la Historia”. La euforia del número disipa sus miedos. Gana status al desempeñar el acto heroico de librarse de los males en unidad absoluta alrededor de un semidiós mesiánico y su camarilla. Desde su púlpito, el orador carismático vocifera enérgicamente ser el profeta de un poder superior como Dios, el Destino, la Naturaleza o la Historia. Frente a miles de peregrinos con un tono de autoridad infalible profetiza un triunfo indiscutible sobre todo los adversarios. Convenientemente, el líder populista únicamente responde por los logros. Los retrasos, fallas, problemas internos son culpa del chivo expiatorio de turno. Oponer al movimiento solamente conlleva a un rotundo fracaso. Una persona puede sentirse desmoralizada en el plano personal, pero al estar del lado de los ganadores se siente también un ganador. Las masas adoran las victorias y los finales felices.


Los megalómanos de todos los tiempos han jugado una y otra vez con las debilidades de los rebaños confundidos y desorientados ideando atractivas fantasías para seducirlos hacia sus planes personales de poder y gloria. Por otra parte, la gente normalmente noble y sensata en lo individual cuando no se siente personalmente responsables de la situación y actúan siguiendo órdenes desde arriba son capaces de cometer las más terribles de las injusticias en nombre de las buenas intenciones. Esta simbiosis es la receta para el desastre. Cuando regalamos ciegamente nuestra libertad, iniciativa e integridad, nos estamos despojando de lo que nos hace en esencia humanos.


El objetivo de los movimientos totalitarios en destruir la comunidad de  individuos pensantes para convertirlos en una masa utilizando el miedo y la corrupción del lenguaje. No hay acto más democrático que tener criterio propio. Pensar por uno mismo.


Muchas Gracias…


Gustavo Godoy


( Ponencia en el foro “ Totalitarismo, poder y democracia” realizado en la Universidad de Los Andes , Núcleo Trujillo en la Martes 28 de Marzo de 2017 )


ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com


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