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viernes, 14 de agosto de 2015

El culto a la naturaleza









 El polifacético alemán y hombre universal Johann Wolfgang Goethe escribió en 1774 su famosa obra “Las desventuras del joven Werther”. El joven Werther es un rebelde descontento con la sociedad que busca consuelo en la naturaleza, los libros y el sentimiento. Goethe nos presenta el clásico héroe romántico en la figura de este personaje. Werther personifica la retirada del mundo artificial de los hombres y el refugio dentro del alma. 


 Este libro escrito en forma de cartas narra la historia de un joven intelectual y sus amarguras ante el amor y la sociedad. Por razones de una herencia, Werther tuvo que viajar a la provincia. Lejos de la ciudad y rodeado de campo, naturaleza y libros, convierte su estadía en un periodo de autodescubrimiento. Durante toda esta etapa, escribía emotivas cartas a un amigo que son las que componen el libro. Al poco tiempo de su llegada a la provincia, Werther conoce a la bella Lotte de la cual se enamora perdidamente. Ella es hermosa, sencilla y natural. Sin embargo, es un amor imposible porque Lotte se ha casado con el burgués Albert, un hombre totalmente diferente a Werther. Al final, nuestro héroe desafortunadamente se suicida.

La pasión desbordante y gran sensibilidad de Werther conmociono a toda Europa de finales del siglo XVIII. La obra fue todo un fenómeno que llegó a llamarse “la fiebre Werther”. Todo el mundo hablaba de la novela. El monstruo del Doctor Frankenstein la leía. Napoleón Bonaparte siempre mantenía una copia en su bolsillo. Jóvenes de todo el continente se identificaban con Werther. Empezaron a vestirse como él y a comportarse como el mientras rendían culto a la sensibilitéen medio de la naturaleza. La obra se convirtió en un símbolo del rebelde solitario enfrentado a la sociedad.

El mundo burgués de hoy tiene un corazón de metal, asfalto y cemento. La modernidad transcurre en la gran ciudad entre humo y bullaranga. La naturaleza es vista por el burgués como una mera mercancía necesaria para alimentar su insaciable codicia.


 Sin embargo, la naturaleza es sagrada para muchos. Románticos, tolstoyanos, taoístas, pueblos indígenas, hippies, conservacionistas, ecologistas, montañistas, senderistas y aristócratas le rinden culto. Ellos buscan sus propiedades terapéuticas para restablecer el balance espiritual, mental y físico. Ven en ella el poder de restaurar el equilibrio de las cosas.

El culto a la naturaleza se presenta en directa oposición a la religión del éxito burgués que impera en nuestros días. Para muchos, una vida sencilla en armonía con la naturaleza es una vida mucho más humana y mucho más plena que unaen lagran metrópolis moderna.

El entorno natural prueba el carácter de los hombres con sus desafíos. Le brinda al devoto un sentido de poder personal y de libertad. Premia a sus fieles con sabiduría y habilidad. Los purifica. Los sana. Un paraíso bucólico de simplicidad rural siempre ha atraído al individuo romántico que se siente asqueado por el lujo, el consumismo, la corrupción, el materialismo de la civilización urbano-industrial donde habitan las masas filisteas.

Para las personas de gran sensibilidad, la naturaleza se transforma en el espacio perfecto para escapar de los prejuicios, las costumbres artificiales y la falsedad de la civilización enajenante. La naturaleza es el escenario ideal para el alma. La naturaleza es la caja de resonación del espíritu humano en su encuentro con sus verdaderos sentimientos.

Mientras la ciudad es el sitio propio para la actividad comercial, el ambiente natural del campo es el sitio para el individuo en busca de sí mismo




Gustavo Godoy

Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 14 de agosto de 2015 en la columna Entre libros y montañas
 

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