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viernes, 10 de julio de 2015

El mito de sisifo



 
 
 Según la mitología griega, Sísifo fue rey de Corinto y un hombre muy
sabio y prudente. Sin embargo, cometió una gravísima falta que ofendió
terriblemente a los dioses. Debido a esta transgresión, este mortal,
símbolo de la humanidad, fue condenado al Hades y castigado de un modo
muy particular. Su pena consistió en hacer subir una pesada roca hasta
la cima de una altísima montaña para volverla a subir inmediatamente
sin descanso por toda la eternidad. Este curioso mito fue
brillantemente utilizado por el escritor franco-argelino y premio
nobel de literatura Albert Camus para ilustrar su famosa filosofía de
lo absurdo.

El mundo de Sísifo es un mundo similar al nuestro. Esta es una
realidad donde los problemas verdaderamente importantes no tienen una
solución definitiva. Este es, sin duda, un mundo incompresible desde
la razón. En las palabras de William Butler Yeats “La vida es una
larga preparación para algo que nunca llegara”

En el arte de vivir nos topamos frecuentemente con profundas
contracciones y difíciles dilemas que desafían constantemente el
pensamiento. Sin embargo, la vida concreta no se piensa, se vive.

Este mundo no es racional sino paradójico. Eso que comúnmente llamamos
realidad no es otra cosa que un complejo sistema de procesos y cambios
constantes. Es inútil especular de manera absoluta acerca de la
totalidad del universo y su finalidad. Lo único cierto es lo incierto.
La comprensión humana es limitada porque su persecución del entorno es
también limitada. Para los seres humanos no existen verdades objetivas
ni absolutas sino subjetivas y relativas. Ya el filosofo griego
Protagoras lo dijo en el siglo V antes de Cristo “El hombre es la
medida de todas las cosas “. De forma parecida lo postulo el filosofo
danés Soran Kierkegaard en su famosa frase “La verdad es la
subjetividad”

La incapacidad de la mente humana de comprender objetivamente los
misterios del universo en su totalidad absoluta se extiende
inevitablemente a la incapacidad de construir ideales y valores
basados en un orden metafísico cerrado y universal.

Las leyes de los hombres no vienen de los dioses o de una realidad
supranatural. Nuestras leyes, costumbres y principios morales son
convencionalismos construidos por nosotros mismos para nuestra propia
utilidad como resultado de la experiencia. No hay normas
transcendentes de conducta. No hay patrones absolutos que impongan el
como se debe vivir.

¿Como vivir la vida en un mundo absurdo, un mundo sin sentido ultimo?

Como en el caso de Sísifo, el caminante en un camino sin final debe
encontrar plenitud en el hecho mismo de caminar. Seria absurdo poner
sus esperanzas en una meta inalcanzable desde el inicio.

La vida carece de un fin último fuera de nosotros mismos.
Sencillamente, somos en la medida que vivimos. La vida es simplemente
el momento presente donde cada individuo existente vive, siente y
experimenta en ese movimiento místico entre el ser y su circunstancia.

Todo cambia. Hay tiempos malos y buenos. La suerte viene y se va. Sin
embargo, hay algo para aferrarse y nadie no los puede arrebatar:
Nuestra actitud personal ante el destino. La vida es el acto mismo de
vivir.
 
 
 
Gustavo Godoy

Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera , Viernes 10 de julio de 2015 en la columna Entre libros y montañas
 

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