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viernes, 24 de julio de 2015

La retirada de los sabios




 Según la tradición, el sabio Lao Tzu mantuvo la posición de
bibliotecario imperial durante la dinastía Chou hace unos 2600 años
atrás en la región que hoy llamamos China. Cuanta la leyenda que
durante un periodo de caos y corrupción, hastiado decidió escapar de
la civilización e irse a vivir solo en las montañas. Lao Tzu es el
autor del “Tao te Ching “, una de los obras filosóficas más hermosas y
profundas jamás escritas.

Los grandes sabios y reformadores morales de todos los tiempos con
frecuencia se han apartado del entorno social donde nacieron y se han
retirado lejos de la gente en busca de los valores espirituales que
proporciona la soledad en medio de la naturaleza. Los chamanes a
menudo se adentran a zonas salvajes para encontrarse con el mundo
espiritual. El profeta del antiguo Imperio Persa Zoroastro en su época
partió a territorios inhóspitos anhelando sabiduría. También, Buda,
en el ambiente hindú del noreste de la India del siglo VI A.C, dedico
varios años a la meditación en el bosque para luego lograr la
iluminación. Por otro lado, Jesús de Nazaret, en el trasfondo judío de
Palestina bajo el dominio del Imperio Romano, pasó cuarenta días en el
desierto soportando severas austeridades para después iniciar su
ministerio donde se proclamó como el mesías de la humanidad. Este tema
se presenta muy menudo a través de la historia sobre todo en periodos
de atraso o transición.

El viaje migratorio y el retiro hacia el alma se han convertido en una
metáfora del rompimiento del viejo orden de las cosas y la búsqueda de
algo nuevo y mejor. El retiro sana y purifica. La soledad prueba y
disipa las dudas. Latranquilidad, la libertad interior y el
alejamiento del mundo aportan una lucidez que permite cuestionar lo
obsoleto y facilita las innovaciones.

Sin duda alguna, en el mundo de la literatura, sobre todo la moderna,
este tema se presenta repetidamente. Por ejemplo, en las primeras
décadas del siglo XX, el escritor irlandés James Joyce en su novela
de aprendizaje, “Retrato del artista adolecente “, relata la lucha del
joven intelectual Stephen Dedalus por romper con el ordenamiento
social con el que se crio y crear en el exilo un nuevo orden en
armonía con su espíritu. Escapa del hogar materno y se muda a la
ciudad de Dublín para recrearse libre de las ataduras del pasado.

Igualmente, en una obra de teatro también de Joyce, “Exiliados “este
tema es explorado con gran belleza. El personaje del escritor Richard
Rowan, como Stephen Dedalus, se afronta también similares sentimientos
de extrañamiento con la sociedad y busca una respuesta en una especie
de exilo espiritual, esta vez, enclaustrado en su estudio donde se
dedica a la escritura. El protagonista ha renunciado a su familia, a
la amistad y al amor para vivir en su propio mundo según sus propias
reglas.

Como un refugio solitario y apartado en el exilo lejos de las fuerzas
conservadores de la sociedad, la muy criticada torre de marfil del
sabio ermitaño proporciona un marco fijo y estable donde desenvolverse
sosegadamente para poder crear libremente un mundo original sin las
distracciones, las presiones y las limitaciones de los contextos
gregarios y retrógrados.

El exilio es un viaje externo que alienta y estimula el viaje
interno. En la mayoría de los casos, la renuncia con el pasado o lo
establecido debe ir acompañada necesariamente con un cambio de entorno
físico que se adapte mejor a las nuevas realidades espirituales del
viajero.

 Gustavo Godoy

 Articulo publicado por el Diario El Tiempo de Valera 24 de julio de 2015 en la columna Entre libros y montañas

 

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