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viernes, 15 de julio de 2016

El beso








¿De qué se componen las grandes historias de amor? Primero que nada, necesitan como telón de fondo lo monótono, lo tedioso y lo ordinario. Se nutren de ese ambiente lleno de códigos sociales y rígidas fronteras donde todo es pesado y rutinario. También requieren un pasado perdido, un viejo dolor, un fuerte deseo de felicidad. Los protagonistas deben estar impulsados por anhelos muy profundos. La meta debe ser noble, difícil, enorme;  la oposición, terrible. La sociedad, el destino, y el miedo son antagonistas muy duros, siempre muy presentes en toda historia de amor que valga la pena.  Por otro lado, no existe aliado más poderoso que la suerte. Con suerte, no hay nada imposible.


En torno al amor, no encontramos en el mundo desafío  más insensato, imposible y temerario que  conquistar a un corazón roto. Se debe estar loco para emprender semejante aventura. Sin embargo, ha pasado. Poco, pero ha pasado.


Como es típico en estos relatos, ficticios o no ,  a pesar que existía cierta simpatía y afinidad, no era buen momento. Nunca lo es. Había algo de atracción pero no estaban dadas las condiciones o por lo menos no las ideales. Había algo que no cuadraba. El tiempo pasaba y los protagonistas de esta breve historia  fueron acercándose , pero muy tímidamente. Se envían señales mixtas y contradictorias. A veces manifestaban interés, otras veces indiferencia. A veces avanzan dos pasos y de pronto retrocedían tres.  Y ,por supuesto, como es natural, surgieron los obstáculos y los enredos. Convenientemente,   estos meollos sirvieron como  excusas para que las cosas no se dieran. Los riesgos a menudo salen muy caros. Y los corazones rotos tienden a protegerse. Viven en negación. Escondiéndose en los rincones. Siempre cubiertos por un velo de misterio. Rara vez dan acceso a su mundo por temor a ser heridos.

Aquel día, ellos no andan buscándose pero se encontraron por causalidad. Por suerte, contaban con mucho tiempo libre. Entonces, comenzaron a conversar de manera espontánea y sin apuros. No estaba en sus planes ,pero se  tomaron un café.  Luego, una torta de manzana. Muy sabrosa, por cierto. Y  hablaron como nunca. Hablaron del pasado, de sus sueños, de trivialidades  y de intentos fallidos. Una vez que fueron sinceros el uno con el otro y se bajaron de sus pedestales , descubrieron que entre los dos eran una verdadera antología de defectos y fallas.  Lo perfecto ,aunque al principio resulte atractivo, a la final aburre. En cambio,  lo imperfecto   seduce ,porque  nos abre  al sensible mundo de la intimidad, de lo vulnerable. Ese mundo que enamora y hechiza de manera tan fascinante.
Al rato de conversar,  se dibujo en sus rostros una sonrisa cómplice y  maliciosa. Esta acompañada de una mirada picara y desafiante.  No se sabe como, pero él , de pronto, se llenó de valor y le robo un beso.  La beso descaradamente. Así mismo. Simple y sin rodeos. Y como por arte de magia, todo fluyo como cuando los muros se desploman por  la fuerza de un rio crecido. Fue la gloria. Pura vida. Fueron segundos, pero parecía la eternidad.  Dicen que cuando los amantes se besan,  se escucha música. Hay fiesta, bailes y violines como en un cuadro de Chagall. Y eso en este caso fue verdad. Durante ese tierno beso de amor se escuchó  Puccini en todo su esplendor. La orquesta, el escenario, los actores, el gran teatro. Todo.  O por lo menos así se sentía. Mientras duro ese encuentro causal, fueron la pareja  más afortunada del mundo. Ellos habían perdido la fe, pero en un instante renació. Tal vez el amor no era tan mala idea después de todo.

Es que el amor todo lo sana, todo lo puede.  En este mundo lleno de sufrimiento, dolor y mentiras, es como quiere el ser humano lo que hace de la vida algo hermoso,  algo mágico. El amor es el centro de todas las cosas. Es lo que mantiene todo unido. El autentico amor es paciente, considerado, generoso, cortés,  incondicional. Nunca es  cobarde, mezquino, orgulloso o rencoroso. No juzga, ni condena. Desafía todos los prejuicios. Entiende. Comprende.  No hiere , ni rompe el corazón.  El amor es darse, entregarse, confiar, valorar. El amor no está hecho de polvo de hadas, sino de voluntad. No se predica. Se vive. Renunciar al amor es renunciar a la vida.
Para conquistar a un corazón roto se necesita: mucha suerte y mucho amor.
Gustavo Godoy
Artículo publicado por El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) el viernes  15 de Julio 2016 en la Columna Entre libros y montañas
Ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com    

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