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viernes, 11 de noviembre de 2016

La filosofía de la soledad





A través de la historia, no es raro toparse con seres excepcionales que han preferido una vida solitaria a una vida social. Grandes nombres como Nietzsche,  Kafka,   Thoreau , entre otros ,  han escogido vidas esencialmente solitarias. A pesar de esto, pocos nos atreveríamos  a decir que estos individuos  no vivieron vidas fecundas o que  sus aportes a la humanidad fueron insignificantes. Muchos de estos grandes solitarios fueron ingeniosos innovadores en lo literario,  filosófico, moral o espiritual,  cuya influencia no ha sido pequeña.

Mientras algunos ven la soledad como algo peligroso e indeseable, muchos pensadores han visto la experiencia de la soledad como una necesidad para la reflexión y el autodescubrimiento. El filósofo griego Platón creía que la soledad es deseable porque nos permite  pensar sin distracciones. Líderes religiosos como Lao-Tse,  Buda, Elías, Juan el Bautista  y Jesús de Nazaret practicaron la soledad por largos periodos como un método para el desarrollo espiritual.  En muchos contextos , tanto religiosos como seculares, se piensa que el cortar contacto con otros seres humanos  aporta beneficios.  El aislarse de los demás facilita  una relación más estrecha con Dios,  la naturaleza, la verdad o uno mismo. En diferentes tradiciones espirituales o filosóficas, la vida del ermita que se retira hacia al desierto, a las montañas, o a un estudio privado para vivir solitariamente en busca de pureza, sabiduría y plenitud es un arquetipo común.

El filósofo renacentista  Michel de Montaigne, inspirado por los clásicos, en sus “Ensayos “  escribió que solo en soledad el ser humano puede encontrar genuinamente la  libertad. Los románticos y los trascendentalitas americanos vieron la soledad, sobre todo la soledad en medio  de la naturaleza, como un escenario ideal para el crecimiento porque  permite silenciar las voces de la sociedad y despertar los mejores atributos del alma. Para estos, la soledad era considerada como un estado ideal. 

A pesar de sus beneficios, comodidades y satisfacciones, la vida en sociedad también está llena de distracciones, imposiciones, deberes, y vicios. La sociedad por un lado puede ser enriquecedora pero para algunos también  puede resultar sumamente  limitante y opresiva. La soledad puede ofrecer tranquilidad, silencio, privacidad, amplitud de pensamiento y mayor libertad de acción. Una vida en soledad enfatiza la subjetividad, la mente, y la imaginación. Alienta la individualidad. En soledad, lejos de las fuerzas del conformismo, es más sencillo innovar y desafiar el estatus quo.  Es mucho más  fácil construir un mundo propio.

En la actualidad, con frecuencia la soledad se asocia a la timidez, la depresión, el rechazo social  y las ideas absurdas.  Por lo general, es algo considerado como una especie de castigo, un símbolo  de derrota o  problemas emocionales.  Sus críticos piensan que en soledad uno está mucho más expuesto a la locura, el egoísmo, el error, el fracaso, y  los delirios de grande. Todos estos rasgos atribuidos a la soledad aunque en algunos casos particulares resultan ser ciertos  por lo general son solo prejuicios.

La sociedad contemporánea subestima los valores terapéuticos de la soledad. Al mismo tiempo, con demasiada frecuencia juzga a las personas solitarias como incompletas o defectuosas. En esta sociedad, solo  las experiencias validadas socialmente son consideradas  las legítimas. Esto es un error. Esta creencia probablemente está relacionada a la poco importancia que en la actualidad se le da  del mundo interior del ser humano. Sin embargo,  la inclinación por la soledad  no  es algo necesariamente patológico. La soledad es simplemente un retorno al ser. Es algo sano.  Lo que ocurre es que existen algunos individuos que  sienten que sus  talentos y aptitudes florecen mucho mejor en soledad y han escogido un proyecto de vida  y unos objetivos que depende poco en las relaciones humanas.  La soledad los libera.

Mientras vivía solo en su cabaña en el bosque, Henry David Thoreau escribió: “Jamás hallé compañera más sociable que la soledad.”




Gustavo Godoy

@GusGo

Artículo publicado por El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) el viernes  11 de Noviembre  2016 en la Columna Entre libros y montañas


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