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viernes, 9 de diciembre de 2016

El camino de la melancolia






En la vida no todas las historias tienen felices desenlaces. El tiempo pasa y seguramente nos encontraremos en situaciones que decepcionarán nuestras expectativas. Hay momentos cuando parece que el sufrimiento  es mucho más fácil de alcanzar que la felicidad. Hay tiempos cuando los sentimientos negativos parecen que nos atacan por todas partes y  la dicha se torna demasiada frágil y evasiva. La dura verdad  es que la derrota es parte de la vida. Y de vez en cuando es sano simplemente aceptar dignamente que en ocasiones  nuestra vida no coincide con nuestros sueños. A veces es necesario retirarse en silencio y admitir que las cosas no resultaron como las deseamos.  Basta  con escuchar una vieja canción melancólica o leer alguna  frase trágica en una gran novela para realizar curiosamente  que este estado de ánimo  nos toca profundamente.  A veces, de manera inexplicable para nosotros, se siente bien estar triste.

La melancolía es la condición humana comúnmente asociada con nuestra reacción ante la pérdida, el desamparo y la desilusión. En cierto modo, el termino se confunde a la emoción que comúnmente  llamamos tristeza. Normalmente, la melancolía se  entiende como una condición desagradable y de función desconocida que debemos evitar como si fuese la peste. Sin embargo, esto podría ser explorado con mayor hondura.

Según el viejo sistema de la medicina griega, la melancolía era uno de los cuatro líquidos básicos dentro de nuestro cuerpo que controlaban directamente nuestra salud. Se pensaba que las enfermedades tanto físicas como mentales eran producto de un desequilibrio entre estos fluidos llamados humores. El famoso médico de la Grecia antigua Hipócrates pensaba que la melancolía  era causada por el exceso de la bilis negra en nuestro organismo. Esta sustancia estaba relacionada con el elemento tierra, la estación del otoño, y el planeta Saturno. Una persona que en cuya configuración interna predominara este fluido desarrollaba una disposición melancólica. Las personas con este  temperamento manifestaban características como la seriedad, la introspección y la desconfianza. Buscaban la soledad hastiadas por las injusticias y las crueldades del mundo.

La medicina moderna ha desplazado la antigua teoría de los humores. Sin embargo, en el mundo del arte  en cierto modo aún perdura. En la Inglaterra del siglo XVI algunos autores comenzaron un culto a la melancolía. La condición se puso de moda y de repente  el sentimiento melancólico se vio asociado a los sabios, a los intelectuales y a los artistas  como una marca de genialidad. La melancolía se  asumió  como el estado ideal para la reflexión y la contemplación espiritual. El culto vinculo la melancolía con la profundidad.  Entonces los pintores en sus retratos presentaban a sus modelos con los brazos cruzados, rostros inclinados y  miradas pensativas en un fondo gris. Los escritores crearon personajes  desamparados y frustrados que luego de una calmada retirada volvían regenerados para intentar lo imposible una vez más. Ese movimiento temprano luego influyo a los románticos. Se adoptó el concepto y gracias al romanticismo nos llegó al mundo de hoy. Ahora la música, el arte, y la literatura que disfrutamos constantemente nos presentan la melancolía en su estética. Esto no es accidental sino prueba de la gran utilidad que los estados de ánimos más grises tienen en la experiencia humana.

En el arte, la melancolía ha sido representada con la figura del artista alienado e insatisfecho  esperando su inspiración en la forma de una musa o un genio.  Esta noción  busca ayudarnos a entender que la melancolía es una oportunidad para superar las dificultades de la vida cambiando nuestra perspectiva. Nos recuerda que la imaginación puede superar en sus alcanzas a la realidad y a la razón. De hecho, la creación artística puede satisfacer aquello que el mundo físico muchas veces  no puede.


La melancolía no es un estado que debe  avergonzarnos.  Es algo natural y necesario. Estar vivo es también  sentirse triste de vez en cuando. La melancolía es una invitación a la creación y al autoconocimiento.  Es la dificultad  transformada en belleza. 


Gustavo Godoy

@GusGo


Artículo publicado por El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) el viernes  09 de Diciembre  2016 en la Columna Entre libros y montañas

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