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viernes, 23 de diciembre de 2016

El nacionalismo





Los nacionalistas asumen que nuestro planeta está dividido en  pequeños lugares  separados por fronteras muy bien definidas. Se cree que las personas que han nacido dentro un lugar en particular comparten una identidad común  con todas las personas del mismo lugar y del igual modo  se diferencian de las personas nacidas en otros lugares.  Según los nacionalistas, es el deber de cada individuo amar y defender el país que le toco nacer. El nacionalismo es la noción en la cual  una persona pertenece a un grupo específico dentro  un lugar específico. En este caso, el destino del individuo está predestinado por su origen.  Por lo tanto, su personalidad, su lealtad  y sus gustos deben limitarse a  la realidad colectiva predominante  dentro  de la estructura nacional. Todo aquello que esta fuera de estas fronteras artificiales es considerando como ajeno, extranjero y en cierto modo irrelevante. Dentro de esta ideología, el patriotismo  es estimulado por las instituciones nacionales  y existe la inclinación de creer  que el país donde uno nació es el mejor, el más bello, y  el más noble entre todos los países. El primer deber es defender el interés nacional y alejar las influencias externas. Las expresiones de orgullo nacional son comunes en el mundo. Las personas rinden homenajes a sus  banderas  y cantan sus himnos con gran sentimiento como muestras de amor y pertenencia.  No es raro que la gente manifieste públicamente el orgullo de ser estadounidense, inglés, francés, alemán, italiano, ruso, chino,  español o colombiano y de vez en cuando disfrute  gritar: “Somos número uno” o expresar frases como: “Definidamente, este es el país más bello del mundo”

El nacionalismo desde sus inicios estuvo estrechamente  ligado  los conceptos  de raza,  estado y territorio. Entonces, por lo general el nacionalista promueve  la idea de pureza, orden, y espacio propio.  En la actualidad,  es un fenómeno tan arraigado en la sociedad moderna que es visto como algo natural e incluso deseable. Sin embargo, este es  una construcción sociopolítica relativamente reciente difundida sistemáticamente por todo mundo como una de las  doctrinas angulares  del  imperialismo Europeo. El nacionalismo inicialmente fue creado como una política de estado para apoyar a los monarcas de la época con sus planes de dominación. Ahora es algo común y normal, pero eso no siempre fue así. Por ejemplo, en el siglo XVIII, sobre todo en Francia, empezó a crecer un fuerte entusiasmo  por los pueblos diferentes y extraños existentes  más allá de las fronteras europeas. Las personas cultas anhelaban captar espiritualmente todas las culturas del planeta en la forma de un nuevo humanismo que se difundió por toda la  Europa del periodo. El arte de otras latitudes era valorado y admirado. Las personas se interesaron por las pinturas orientales, las costumbres de los aborígenes,  los idiomas foráneos  y los paisajes de tierras ajenas. Los extranjeros no eran considerados como un peligro o molestos intrusos, sino como seres humanos de igual valor. El provincialismo heredado de la edad media se sustituyó gradualmente por una  visión mucho más universal y cosmopolita que antes. Eso lo podemos apreciar hoy muy fácilmente en la literatura de la época.  Este movimiento dio la bienvenida a un sentido de fraternidad planetaria,  un genuino deseo por aprender de los demás y la querencia por disfrutar la diversidad de la humanidad. Con el tiempo, este progreso humanista se vio entorpecido con la implementación de los estados nacionales y el imperialismo europeo que comenzó en el siglo XIX. Hoy en día  todos los países modernos se rigen prácticamente bajo el sistema de estado-nación desarrollado en Europa.

La unión artificial  entre  sangre, ley y geografía tiende a producir un peligroso efecto psicológico en el individuo.  La persona al  fusionar su  carácter individual al carácter nacional  se  ve  tentado a creer que debe colocar a  su pequeña tribu  por encima de la humanidad, que debe aceptar los valores de sus paisanos por encima de los principios de verdad y justicia, y que debe considerar  a su diminuta provincia como el mundo entero. No podemos ser tan estrechos y miopes.

En realidad, el individuo es una mezcla única que no se puede etiquetar. De hecho,  la humanidad es una; y su país es el planeta todo. 


Gustavo Godoy

Artículo publicado por El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en varios países el viernes  23 de Diciembre  2016 en la Columna Entre libros y montañas

Ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com 

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