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viernes, 16 de junio de 2017

El Ermitaño


Cuando el ermitaño por fin decidió zarpar a las montañas para vivir solitariamente en la pequeña cabaña cerca del bosque, todo el mundo se preocupó. La gente que  tan a menudo ignora las complejidades del individuo excepcional se quedó perpleja en confusión cuando el ermitaño manifestó tranquilamente  que buscaría aislarse de la sociedad  para escapar de la soledad. Según el análisis vacio de los más involucrados, esta preocupación se podía justificar debido al irreverente desinterés que demostraba el  ermitaño al incumplir con ciertas formalidades sociales y estéticas. Ya no se vestía como antes sino que adoptó las fachas rusticas y desaliñadas del indigente. Ya no hablaba  de lujos, modas o propiedades  sino que  se ocupaba de temas mucho más etéreos como  la espiritualidad, la poesía y la libertad. Lo de él era desechar todo lo superfluo para dedicarse exclusivamente a la bondad, a la reflexión y a la simplicidad. Algo inverosímil para el  limitado hombre mundano.

El repentino retiro de la vida pública del ermitaño era razón para  recurrentes debates y discusiones entre las personas que lo conocían.  Todos ,aunque con las mejores intenciones, con gran pedantería, se apresuraban  a marcar  posiciones contundentes y alegres sobre el evento  , a pesar de no conocer todos los detalles sobre  la situación . Y no hay  persona más peligrosa que la que quiere ayudar pero sin el entendimiento adecuada. El torpe diagnóstico de los  autodenominados expertos en psicología indicaba que  esta aparente decadencia del ermitaño durante  su exilio escogido no  podría significar otra cosa que  un claro deterioro de su salud mental en la forma de locura crónica con  grave crisis  melancólica. El señor enloqueció, probablemente gracias a un desaire amoroso.  Pero lo que más dejaba anonadados a  las  personas era la risueña y plácida actitud del enigmático ermitaño que de manera misteriosa parecía satisfecho  con  su realidad. Para la persona  común , esto no podía ser normal.  Es muy difícil para muchos poder aceptar  la posibilidad  que alguien pudiera abandonar  voluntariamente la religión del éxito burgués y cambiarla por una filosofía de vida que no dependa de las doctrinas del materialismo. Renunciar a la carrera social moderna es un acto descabellado según el consenso general. Nadie quiere ser tildado de fracasado. Siempre se debe aspirar a más.   La idea de reducir las necesidades y los deseos en vez de multiplicarlos es inconcebible  para la gran mayoría  en nuestros tiempos. La gratitud, la sencillez y la quietud no son valores populares en el mundo de hoy. Lamentablemente, esta sociedad  mide el éxito según el dinero en el bolso y  no según  la felicidad en el corazón.  

Ya que las explicaciones son inútiles para aquellos que no quieren entender , el ermitaño  combatía las  campañas de rescate que se  organizan constantemente por parte de  sus seres queridos para salvarlo de sí  mismo  con elegantes huidas. Era un maestro de la evasiva y el escape. Esa era la única forma de alejarse de las toxinas de la gente ;y era la solución  más eficaz para que él  pudiera conservar la dulce utopía que había edificado con tanto cariño.

Lo que ocurre es que el mundo se ha vuelto loco ;y los únicos cuerdos parecen ser los locos. Lo peor que le puede ocurrir a un hombre de nuestra época es tener la desdicha de ser normal. No hay nada más valioso que la riqueza del alma.


Gustavo Godoy

Artículo publicado en  El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) y en varios medios alternativos en diferentes países del mundo el viernes  16 de Junio 2017 en la Columna Entre libros y montañas





ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com

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