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viernes, 5 de agosto de 2016

Los viajes



 

 


En la literatura, a menudo nos topamos con un personaje libre de ataduras que ha renunciado a la seguridad y al bienestar  para vivir de la improvisación y de la libertad.  El vagabundo que vive de nada acepta con coraje y sin quejas las experiencias que los caminos tienen que ofrecer. Camina y construye su camino. Viaja para encontrarse.


Dejar el hogar para recorrer el mundo es una de las aventuras más tentadoras de la vida. Viajar es abandonar  la comodidad en busca la inmensidad de lo  posible. A lo  largo de la historia los viajeros y exploradores nos han deslumbrado con sus relatos sobre tierras lejanas y enigmáticas.   Viajar es para pocos. Por lo general, se trata de personas intrépidas y valientes movidas por una búsqueda, un deseo. Al  regresar, han traído una nueva visión, incompresible para aquellos que desdeñan lo extraño y diferente.  Quien viaja al volver es otro. Pocas empresas nos enseñan tanto como viajar. Viajar es aprender en la escuela del mundo y de la vida. Es un enriquecimiento, un amor.  Nos ayuda a una mejor compresión de nosotros mismos. Nos ayuda a encontrar el sentido de nuestras vidas.


Marco Polo, Cristóbal Colon, Humboldt, y Fernando de Magallanes son algunos  ejemplos de viajeros famosos.  Por otro lado, la literatura también nos ha regalado fantásticos  viajes ficticios en novelas  como Robinson Crusoe, Moby Dick, La vuelta al mundo en 80 días, Las aventuras de Huck Finn, y  La isla del tesoro.  Selvas densas, islas escondidas, majestuosas montañas, aldeas remotas, modernas ciudades, templos históricos y territorios exóticos son sitios ideales para aventurarse. Los rincones poco transitados y los caminos espinosos son los mejores para la aventura y el descubrimiento.


Viajar insinúa una capacidad, una actitud. Es abrirse a lo desconocido. Es distanciarse del pasado y de los miedos. Quien viaja crece; se reinventa. El mundo se le hace más grande, más  generoso. También es una huida, un escape de la rutina, de lo común, de las convenciones sociales, y del entorno donde pertenecemos. Viajar es libertad. Es pasión por la vida.  


El ser humano está hecho de hábitos, acciones que se repiten de manera cotidiana y le dan un orden a nuestras vidas.  Las costumbres son compañeros que nos definen y nos vinculan a nuestro entorno inmediato.  El sedentario vive seguro, pero también vive preso.  Quien viaja empieza a querer  el todo y entiende que la humanidad es una gran familia.  El viajero necesita confiar en el extraño y está  obligado a olvidarse de lo familiar.  Cuando viajamos nos vemos forzados a resolver constantemente pequeños problemas e inconvenientes que desvían nuestra atención lejos de las trivialidades que tan menudo nos preocupan en nuestro día a día. Nos salimos de nosotros.  Este enfoque nos brinde una ligereza sumamente terapéutica. Viajando uno vive siempre en desequilibrio y no nos quede otra opción que aferrarnos de aquello que es eterno. La vida, el cielo, la voluntad, el amor. Se disfruta, se aprende, se crece, se cultiva sensibilidad.
El mundo está lleno de  maravillas esperando a ser descubiertas por nosotros. La falta de movimiento, lo fijo, lo estático significa mediocridad. La vida es moverse, cambiar, caminar por los senderos. El viaje nunca es sobre el lugar, el camino o el destino. Es siempre sobre el viajero. El viaje interno. La transformación. Ese es el verdadero viaje. El que ocurre en el alma del viajero.  Vivir es un gran viaje.



Gustavo Godoy


Artículo publicado por El diario El Tiempo ( Valera, Venezuela) el viernes  05 de Agosto 2016 en la Columna Entre libros y montañas
Ver blog: www.entrelibrosymontanas.blogspot.com    


 

 

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